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Un antiguo bastión anticomunista se abre a China

América Central abandona a Taipéi

Par Guillaume Beaulande  |  5 mai 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Durante mucho tiempo, los Gobiernos anticomunistas de América Central ofrecieron a Taiwán algunas de sus alianzas más fieles. Sin embargo, la evolución política de China y el refuerzo de sus vínculos comerciales con la región han modificado la situación... Los dos rivales del estrecho de Formosa no luchan con armas iguales y el aislamiento diplomático amenaza a Taipéi.

“Un acto de realismo elemental” (1). Con estas palabras, Óscar Arias Sánchez, entonces presidente de Costa Rica, comentaba en 2007 su decisión de reconocer a la República Popular de China cincuenta y ocho años después de su fundación. A partir de 1949 y del exilio de los nacionalistas del Kuomintang, derrotados por los comunistas, en la otra orilla del estrecho de Formosa –que separa la China continental de la isla de Formosa o Taiwán–, Taipéi se veía como el emblema de la lucha anticomunista. Pudo contar muy rápidamente con los favores de los dirigentes latinoamericanos, alineados con la diplomacia de Estados Unidos. La isla tejió vínculos estrechos con los regímenes militares de la región. Aún hoy, la imponente estatua de Chiang Kai-shek –el dirigente del Kuomintang–, erigida por Alfredo Stroessner en pleno centro de Asunción, la capital paraguaya, es prueba de la amistad entre los dos dictadores. Ambos eran miembros muy activos de la Liga Anticomunista Mundial, fundada en 1967 por el primero. Paraguay sigue siendo un punto clave para Taiwán en Sudamérica y su única vía de acceso al Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

En 1969, sólo Cuba había reconocido a la República Popular de China en la región. Tras haber obtenido el reconocimiento estadounidense en 1971 y haber conseguido un sillón en la Organización de Naciones Unidas (ONU) –reemplazando así a Taiwán–, el Imperio del Medio se empeña en poner en jaque a la red diplomática de la entidad rival. Una red de aliados cuyo voto puede resultar valioso para la isla, que, a pesar de sus reiteradas peticiones, permanece excluida de las instancias internacionales, a excepción de la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde es parte integrante desde 2002. Por otra parte, Pekín impone un criterio de exclusividad que obliga a que los países tomen una decisión : la apertura de una embajada en Taiwán provoca de facto la ruptura diplomática con China. Una regla no negociable que le permitirá aislar aún más a la isla.

Pekín se encuentra más cómoda en Sudamérica que en el istmo : hasta los años 2000, América Central pasaba por ser un bastión protaiwanés. De ahí la sorpresa que provocó la decisión costarricense. Aunque no modifica las relaciones de fuerza entre Pekín y Taipéi en el istmo (2), el “realismo elemental” que menciona Arias Sánchez podría imponerse en otras capitales. En el plano político en primer lugar, ya que los anticomunistas latinoamericanos advirtieron que la “amenaza roja” se había disipado ; pero, sobre todo, a nivel económico.

Según el ex presidente taiwanés (independentista) Chen Shui-bian, China habría “comprado por entre 400 y 500 millones de dólares el acuerdo político” con Costa Rica, en el marco de una estrategia que tenía como objetivo dejar a la isla “huérfana en el escenario internacional” y orquestar su “desaparición como nación” (3). El gigante asiático no escatimó en esfuerzos : entre 2004 y 2006, las exportaciones costarricenses hacia China pasaron de 163,3 a 558,3 millones de dólares, mientras que la factura enviada a Taipéi no alcanzaba los 100 millones de dólares. En este ámbito, los recursos de China resultan considerables a pesar de la disminución de su crecimiento. Durante la primera Cumbre organizada entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la China continental el 8 de enero de 2015 en Pekín, el presidente Xi Jinping se comprometió a invertir 250.000 millones de dólares en la “intensificación de la cooperación entre China y América Latina” (4). Aunque los principales objetivos chinos siguen siendo los proveedores de materias primas como Argentina, Brasil, Venezuela o Ecuador, China no se olvida de la posición estratégica de los pequeños Estados de América Central.

En primer lugar, la de Nicaragua, aunque no se auguraban unas relaciones muy buenas con este país. A priori más cercano a Pekín que a Taiwán en el plano ideológico, el sandinista Daniel Ortega se mantuvo en guardia tras su regreso al poder en 2006. Durante su primer mandato (1985-1990), apostó por el gigante asiático poniendo fin a las relaciones diplomáticas que el país siempre había mantenido con Taipéi y dio un mes a los diplomáticos taiwaneses para hacer las maletas y dejar su lugar a los chinos en los locales de la Embajada. La experiencia no resultó muy convincente : un “acto de romanticismo revolucionario”, según Carlos Fonseca Terán, entonces secretario adjunto de Relaciones Internacionales del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) (5). China no proporcionó más que un tímido “apoyo moral” a la lucha de los sandinistas.

Al intentar regresar con fuerza al país, Pekín parece haber contribuido a formular el proyecto de un nuevo canal interoceánico, una idea que ya había sostenido Taiwán (6). Pero, ¿verá este proyecto la luz del día ? La imponente obra, aún en punto muerto, fue aplazada para finales de 2016 y Wang Jing, el inversor de Hong Kong encargado de financiarla, ha visto recientemente cómo los mercados bursátiles chinos le desvalijaban el 85% de su fortuna.

Por otra parte, la estrategia de Taiwán en el istmo dio lugar a numerosos casos de corrupción que empañan su reputación. Un ejemplo fue la desaparición de 10 millones de dólares destinados a la reconstrucción de El Salvador tras el terremoto de 2001. Al preguntarle sobre las acusaciones de desvío de fondos que pesaban sobre él, el ex presidente salvadoreño, Francisco Flores, describió los métodos utilizados por Taiwán : “Era una forma muy peculiar de cooperación en mi periodo presidencial, [...] que era que el Gobierno de Taiwán, a través de su Presidente le entregaba fondos directos a aquellos mandatarios, Gobiernos, fundaciones, organizaciones políticas que estaban de acuerdo en apoyar a Taiwán a través de su independencia ” (7).

Además, Taiwán debe lidiar con un pasado embarazoso. En el norte de la isla, la academia militar Fu Hsing Kang, conocida por la calidad de sus formaciones en técnicas de lucha anticomunista, recibió entre otros a Roberto d’Aubuisson, fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y uno de los dirigentes de los “escuadrones de la muerte” salvadoreños. Y Taiwán conserva sus vínculos privilegiados con los partidos de derechas de la región. Ahora bien, con los acuerdos de paz y con la vuelta a la democracia, varios países (El Salvador, Guatemala, Nicaragua, etc.) conocieron una alternancia en el Gobierno. Los brazos políticos de las antiguas guerrillas –ideológicamente cercanas a la China comunista– contra las que Taiwán ayudaba a luchar, como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador, están en el poder.

También hay que tener en cuenta el papel de Washington. Los estrechos vínculos entre Taiwán y el istmo centroamericano permiten que Estados Unidos pueda jugar en distintos campos para mantener una influencia discreta e indirecta en lo que siempre ha considerado su “terreno exclusivo”. En 2010, por ejemplo, armaron a Taiwán con sesenta helicópteros Black Hawk ; cinco años más tarde, el Gobierno de Ma Ying-jeou proporcionó cuatro a Honduras, donde el poder, resultado de un golpe de Estado llevado a cabo en 2009, chocaba con la resistencia de una parte de la población…

 

NOTAS :

(1) The New York Times, 7 de junio de 2007.

(2) Entre los veintidós países que reconocen a Taiwán, seis se sitúan en el istmo centroamericano, cinco en zona caribeña (Haití, República Dominicana, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves). En Sudamérica, sólo Paraguay mantiene relaciones diplomáticas con la isla.

(3) “La Gente”, Radio La Primerísima, Managua, 22 de agosto de 2007 ; The Tico Times, San José, 22 de julio de 2014.

(4) La Jornada, México DF, 8 de enero de 2015.

(5) Cf. Mario Esteban Rodríguez, “¿China o Taiwán ? Las paradojas de Costa Rica y Nicaragua”, Revista de Ciencia Política, vol. 33, n° 2, Santiago de Chile, 2013.

(6) Véase François Musseau, “La fiebre de canales en América Central”, Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2014.

(7) El Faro, San Salvador, 9 de enero de 2014, www.elfaro.net





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