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Historia de la literatura fascista española

Asomándose a un tiempo oscuro

Par Javier Alfaya  |  25 août 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Hace veintitrés años, en 1986, se publicó la primera edición del libro Historia de la literatura fascista española de Julio Rodríguez Puértolas, con el sello de Ediciones Akal, Madrid. Ahora, hace apenas unos meses, ha vuelto a ser publicada, por el mismo editor, en una nueva edición, corregida y aumentada por el mismo autor. La lucidez del análisis sigue siendo magistral. E indispensable para entender lo que significó, en el campo de la cultura, la opresión franquista.

Historia de la literatura fascista española (1) ha sido y es una obra muy debatida. En su día provocó considerable revuelo e incluso en su presentación pública –en la que intervinieron Alfonso Sastre, Rafael Conte (recientemente fallecido) y Raúl Morodo– se produjo una polémica que llegó a las páginas de los principales periódicos de entonces. La crítica más repetida de Historia de la literatura fascista española, como nos recuerda César de Vicente Hernando en el epílogo de la actual edición, fue que Rodríguez Puértolas se preocupaba más del análisis ideológico de los autores tratados que del juicio puramente literario, lo cual, por otra parte, está explícito en el libro desde su prólogo, de manera que reprochárselo revela una lectura defectuosa o mal intencionada ya que precisamente hacer una crítica histórica e ideológica, y no estética, fue la intención del autor.

Historia de la literatura fascista española sentó mal entre otras cosas porque representaba una crítica sin contemplaciones de la herencia franquista cuando se estaba escenificando una revisión benévola de ella, para así salvar todo lo considerado salvable de la obra de un nutrido grupo de escritores que se había identificado con la dictadura. Se trataba de lo que suele llamarse un borrón y cuenta nueva, ajustado al espíritu de la Transición en su parte más discutible, su intento de encubrir la terrible herencia del régimen franquista y edulcorarla lo más posible.

Además Historia de la literatura fascista española fue considerada implícitamente una defensa de la literatura comprometida que, con frecuencia a trancas y barrancas, bajo la sombra de la Censura, y nacida en algunos casos del desencanto y otras, las más, de la oposición frontal al régimen, trataba de afirmarse como alternativa a la literatura oficial. Para los primeros lectores del libro de Rodríguez Puértolas seguramente estaba aún presente en la memoria lo ocurrido en los finales de los años 1960 y principios y mediados de los años 1970 cuando una corriente animada y manipulada desde el Ministerio de Información y Turismo –eran los tiempos de Manuel Fraga Iribarne y Alfredo Sánchez Bella– atacó ferozmente tanto la literatura que se podía considerar como adscrita al realismo crítico como a la que se presentaba como social realista. Libros de autores como Salvador Espriu, Joan Oliver, Francisco Candel, Juan Goytisolo, Juan Marsé, Antonio Ferres, Armando López Salinas, Miguel Salabert, José Ángel Valente, Blas de Otero, José Miguel Ullán, Gabriel Celaya, Ramón Nieto, y otros cayeron en la operación, fueron secuestrados o tuvieron que publicarse fuera de España.
En esos años de los que hablamos, surgió una alianza no precisamente santa entre los aguerridos defensores de la ortodoxia franquista, que solían expresarse en publicaciones como los diarios Pueblo, Arriba, ABC o El Alcázar, además de las revistas más o menos oficiales –La Estafeta literaria, El Español, Punta Europa, etc– y corrientes más o menos liberales y modernizadoras, empeñadas en una rehabilitación de la literatura del régimen, especialmente de aquella que llevaba encima el sello falangista.

Fue una rehabilitación muy especial, de la cual apenas quedan huellas, de obras como Madrid de Corte a Checa, de Agustín de Foxá, La fiel infantería, de Rafael García Serrano o Rosa Kruger de Rafael Sánchez Mazas, que pasaron a considerarse “obras maestras” indiscutibles, injustamente menospreciadas por una izquierda que, al parecer, no se conformaba con su derrota.

Capítulo aparte merecieron entonces otros autores, procedentes del llamado falangismo liberal –los reunidos en torno a la revista Escorial, es decir los Pedro Laín Entralgo, Dionisio Ridruejo, Antonio Tovar, Luis Rosales, Leopoldo Panero, Eugenio Montes, Gonzalo Torrente Ballester, etc. Autores éstos a los que, en una novela del multiforme y camaleónico Francisco Umbral, dio el sarcástico nombre colectivo de “Los Laínes”. El paso del tiempo deparó diversos destinos a aquellos escritores, algunos de los cuales llegaron a enfrentarse abiertamente a la dictadura como es el caso de Dionisio Ridruejo, que pagó su disidencia con la cárcel, el destierro y la marginación . Otros en cambio prefirieron el camino de la prudencia, como Pedro Laín Entralgo o Antonio Tovar, que se distanciaron discretamente del régimen a partir de la rebelión estudiantil de 1956 y se encontraron más tarde como firmantes de la famosa Carta de 101 intelectuales con motivo de las huelgas de Asturias de 1962, en la que se denunciaban las torturas a las que fueron sometidos numerosos huelguistas hombres y mujeres, y que dio pretexto para que Manuel Fraga Iribarne montara una vasta operación propagandística contra los exfranquistas convertidos en liberales, a la cual no fue ajeno, por cierto, el más conocido y laureado de los escritores de la época, Camilo José Cela, que, al parecer, cumplió un relevante papel en la denuncia de José Bergamín, primer firmante de la citada Carta y el cual se vio obligado de nuevo a exiliarse .

La cuestión es que en 1986, el libro de Julio Rodríguez Puértolas fue fulminado desde diversos sectores, incluido, repito, el liberal y, como es costumbre en nuestro país, fue escasamente leído. Historia de la literatura fascista española resultaba un libro incómodo para quienes manejaban las redes mediáticas y podían, sin mucho esfuerzo, intentar manipular a la llamada opinión pública. ”Dogmático” o “sectario” fueron algunos de los adjetivos aplicados a un libro que es fruto de un trabajo de investigación de primer orden. Leer hoy Historia de la literatura fascista española significa algo más que asomarse a un tiempo odioso, que ha dejado detrás una hondísima huella en la sociedad española. Se puede estar o no de acuerdo con ciertas apreciaciones de Julio Rodríguez Puértolas pero de lo que no cabe duda es de que su libro es imprescindible para quien quiera saber en serio cómo fue esa era aciaga en la historia contemporánea de España.

Resulta algo más que curioso que en los últimos años se haya producido una re-consideración positiva de la literatura social de finales de los años 1950 y principios de los años 1960, a la que me refiero más arriba en este artículo. La historia de esa corriente literaria refleja la complejidad de lo que se suele conocer bajo el nombre de tardofranquismo, cuando lo que podríamos llamar sin temor a la exageración literatura de la resistencia antifranquista, empezó a hacerse sentir entre las minorías intelectuales, especialmente en el terreno de la poesía pero también en el de la narrativa.

Para los gurúes de la literatura del régimen, la presencia de escritores y escritoras abiertamente antifranquistas resultaba intolerable. Un repaso a las publicaciones de la época como la que hace Julio Rodríguez Puértolas puede servirnos para darnos cuenta de la magnitud que alcanzó su rechazo, que con frecuencia tomaba el carácter de abierta denuncia. Dentro de la pervertida lógica de una dictadura es hasta cierto punto natural que quienes habían disfrutado de la hegemonía indiscutible se sintieran amenazados por escritores que procedían de un mundo ajeno al suyo y que además esos escritores se encontraran con un emergente, ávido e inquieto público juvenil. Leyendo o releyendo Historia de la literatura fascista española es posible reconstruir episodios como el de las feroces críticas con que el aparato oficial se enfrentaba con la literatura que navegaba no ya dentro sino cerca de las peligrosas aguas de la heterodoxia.

Hay casos especialmente significativos como el trato del que fue objeto una novela hoy tan indiscutible como Nada de Carmen Laforet, en un artículo firmado por Carmen Conde en la revista Cuadernos de la literatura contemporánea, que dirigía Joaquín de Entrambasaguas. O incluso las denuncias que, desde sectores del catolicismo integrista, cayeron sobre una obra tan inocua como Los cipreses creen en Dios de José María Gironella, por citar, junto con Nada,otro caso de libro que tuvo una importante acogida de público. Ni Carmen Laforet era una escritora “desafecta” –por utilizar una palabra muy de la época– ni lo era Gironella, por supuesto. Pero la una había cometido el delito de hacer una amarga descripción de la supuesta “España Imperial” de la postguerra ; y el otro, Gironella, pecaba por haber hecho una timidísima tentativa de reconciliación con el sector menos significado ideológicamente de los vencidos.

Los ejemplos pueden multiplicarse y no fue únicamente la Censura quien acorraló a escritores contrarios al régimen sino que, en muchos casos, las denuncias procedieron de sus colegas, leales “perros guardianes” de la dictadura. Hay partes del libro de Rodríguez Puértolas que resultan abrumadoras porque la historia del franquismo lo es. Quizás donde la miseria de la dictadura se nota con mayor crudeza es en la brutal negación no sólo de la literatura del exilio –que ese era, por así decirlo, el enemigo natural al que había que desacreditar y abatir– sino a los escritores del pasado de pensamiento inequívocamente progresista, como Benito Pérez Galdós. Y en este caso hay que reconocer que el nacional-catolicismo solía ir más allá en cuanto a fanatismo que la Falange, cuyo sector intelectual propendía en ocasiones a una cierta “modernización” que incluía a su vez una crítica retórica del sistema capitalista aunque no desde luego del régimen dictatorial en sí.

Rodríguez Puértolas inició en 1986 una tendencia de crítica radical de la literatura en nuestro país que apenas ha tenido continuidad, al menos en el mundo académico. La Transición enmascaró muchas cosas, entre ellas el verdadero carácter de la literatura fascista española, cuya función esencialmente destructora y propagandística aparece con claridad en este libro singular. Han pasado muchos años desde la primera edición de este libro y sigue siendo de indispensable lectura. 

© lmd edición en español

Notas :

(1) Julio Rodríguez Puértolas, Historia de la literatura fascista española (dos volúmenes), Akal, Madrid, 2009, 1.300 páginas, 31,90 euros.





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