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¿Que socialismo después de los hermanos Castro ?

Cuba quiere mercado... pero sin capitalismo

Par Renaud Lambert  |  30 octobre 2017     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El presidente Raúl Castro ha anunciado que abandonará su cargo en 2018. Todo apunta a que su sucesor será el primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, nacido un año después de la llegada de los guerrilleros a La Habana, en 1959. Semejante transmisión de poderes constituiría una pequeña revolución después de la que Castro ha intentado impulsar con vistas a “actualizar” el modelo económico cubano.

Coches estadounidenses destartalados, fachadas en ruinas, estética anticuada : para la mayoría de los observadores, la vida cotidiana cubana ilustra la obsolescencia de su retórica política. Comunista, la isla estaría anclada al pasado. Allí, el olor a naftalina solo se atenuaría el tiempo que dura una fumarola de parafina : con 86 años, el presidente Raúl Castro suele iniciar sus discursos soplando velas. “Los 55 años de la proclamación del carácter socialista de la revolución”, durante la apertura del VII Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) el 16 de abril de 2016 ; “el 161º aniversario del nacimiento de nuestro héroe nacional José Martí”, durante la inauguración del puerto de Mariel el 27 de enero de 2014 ; “los 55 años del triunfo de la revolución” durante la clausura de la 8ª legislatura de la Asamblea Nacional el 21 de diciembre de 2013...

Pero si, de la plaza de la Revolución en la Habana a los inmensos carteles que señalan la entrada en la ciudad de Cienfuegos, los rostros de los héroes de Sierra Maestra parecen estar omnipresentes, quizás se trata menos de convocar un pasado finalizado que de dar cuerpo a una actualidad. Anclada está la isla, sin duda, pero en el presente : el de una revolución siempre en disputa.

Cerca de sesenta años después de su “triunfo”, queda por saber cómo evaluarían los “barbudos” la evolución del país por el que dieron sus vidas. ¿Reconocería un Ernesto “Che” Guevara resucitado su tierra de acogida ? ¿Le llamaría la atención la continuidad de la lucha tanto como el cambio ? No es seguro, puesto que a un periodista que recorrió la isla en 2011 ya le cuesta encontrar sus marcas apenas seis años más tarde...

Museo de la Revolución, La Habana. Los salones del antiguo palacio presidencial relatan, año tras año, la gesta de una guerrilla con mil y un giros : asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 ; embarco a bordo del yate Granma el 26 de noviembre de 1956 ; llegada triunfal de Fidel Castro a La Habana el 8 de enero de 1959... De los relatos de batallas épicas a los conflictos larvados de la Guerra Fría, solo una habitación está dedicada a las cuestiones económicas y sociales. Y encima se encuentra en restauración : se invita a los visitantes a que la atraviesen rápidamente.

Es necesario cruzar la barrera de seguridad –con la autorización previa de una empleada a la que ha sacado de su letargo este descaro– para acercarse a uno de los carteles colocado, transversalmente, contra una pared. En él se exhibe la portada de la edición del 16 de marzo de 1968 del Granma, el órgano oficial del PCC : “Vamos a sanear el aire, vamos a limpiarlo todo, vamos a crear un verdadero pueblo de trabajadores”, explicaba Fidel Castro, en letras mayúsculas. Más abajo, el periódico detalla las medidas de la gran “ofensiva revolucionaria” que acababa de anunciar el dirigente : “Las autoridades proceden a la nacionalización de todos los comercios privados que quedaban en el país. (...) No solo se han expropiado todos los bares privados, sino que todos los bares –incluyendo los del Estado– se han cerrado”. “Debemos enseñarle al pueblo que lo único que puede permitirle gozar de los bienes que necesita, que puede enriquecerlo, es su trabajo, su sudor, su esfuerzo”, concluía Fidel.

A pocos pasos del patio trasero del museo donde, en ese mes de abril, algunos turistas agobiados por el calor contemplan reliquias de la guerrilla, los camareros del Chachachá se mueven al ritmo de una cover de Madonna : “Porque vivimos en un mundo materialista / Y soy una chica materialista...”. Este restaurante privado –un paladar– abrió hace aproximadamente dieciocho meses. Una decena de empleados sirven allí platos que cautivarían los paladares más exquisitos : solomillo de cerdo recubierto de jamón serrano (aproximadamente 14 euros), pescado fresco con ajo a la parrilla (aproximadamente 13 euros), langosta a la plancha (aproximadamente 19 euros). Aquí los precios se expresan en pesos convertibles (llamados CUC), una divisa inicialmente reservada al sector turístico, pero actualmente utilizada por todos. Junto a esta moneda “fuerte” fijada al dólar circula otra : el peso tradicional, veinticinco veces más débil. Mientras que el salario mínimo cubano está establecido en 225 pesos (aproximadamente 8 euros), saborear un mojito en el Chachachá cuesta 5 CUC (aproximadamente 4,50 euros).

En 2010, solo había en La Habana un centenar de paladares ; actualmente su número supera los 2.000. “Más de una decena registran sin duda un volumen de negocio superior al millón de dólares”, nos asegura un fino conocedor del sector hotelero que, al igual que muchos de nuestros interlocutores, parece considerar que la discreción es una condición previa para iniciar la conversación (1).

¿La explicación de este cambio ? La “actualización del socialismo cubano”, un proceso de reformas puesto en marcha por Raúl Castro desde su llegada a la presidencia (provisional en 2006, y más tarde tras las elecciones de 2008) y ratificado por el Congreso de 2011 (2). Castro, proclamando seguir los pasos de su hermano mayor, trabajó por la multiplicación de los “trabajadores por cuenta propia”, actualmente invitados a participar en el muy solemne desfile del 1° de Mayo. Estos emprendedores independientes tropicales pueden ejercer uno de los 201 oficios autorizados, principalmente manuales : afinador de instrumentos musicales, albañil, encargado de alquiler de vestidos de fiesta, payaso, vendedor ambulante de productos agrícolas, paseador de perros, restaurador... ¿deseaba Fidel Castro acabar con el sector privado ? El número de cuentapropistas aumentó aproximadamente de 150.000 en 2010 a más de medio millón en 2016, y el sector privado (trabajadores autónomos y cooperativas) representa actualmente al 30% de la población activa (sobre un total de cinco millones de personas).

Los centros urbanos vibran con una actividad hasta entonces inusual. La Habana descubre sus primeros (pequeños) atascos, especialmente en el Malecón, su célebre paseo marítimo. Lejos de la capital, el tránsito se torna a veces también complicado. La calle principal de Cárdenas, más al este, parece un hormiguero donde bicitaxis y carretas se disputan las franjas de asfalto que se extienden entre los baches. En Trinidad, a orillas del mar Caribe, el número de restaurantes se ha multiplicado por nueve desde 2010. No hay ni una planta baja del centro de la ciudad donde no se venda algo : recuerdos fabricados en cuero, otros en madera, baratijas, estatuas de indios siux (!), pinturas que se parecen mucho unas a otras... Y, siempre, la efigie del Che : en tazas, gorras, camisetas, ceniceros. “Con Raúl, el país ha cambiado más que en cincuenta años de revolución”, concluyen al unísono las personas con las que dialogamos. Ya que la “actualización” no se limita a los cuentapropistas.

Sobre los árboles que rodean el Paseo del Prado, una avenida umbría del centro de la capital, pequeños carteles llaman la atención : “En venta, casa de dos pisos, libre : lista para instalarse, 25.000 dólares”, “En venta, apartamento capitalista, centro de La Habana, 18.000 dólares”. Desde 2011, los cubanos pueden comprar y vender viviendas, incluso “capitalistas”, es decir, construidas antes de la revolución (“garantía de calidad”, nos explican). Al igual que los oficios autorizados actualmente ya se ejercían discretamente antes de 2011, el mercado inmobiliario no es algo reciente. Actualmente es legal y está controlado : solo los residentes pueden obtener un título de propiedad. En Cuba, sin embargo, las reglas son estrictas, pero la gente es flexible.

“¿Dónde podría encontrar a un agente inmobiliario ?”, preguntamos bajo el calor primaveral mientras nos acercamos a un pequeño grupo que se ha formado alrededor de un árbol. “Yo me dedico a eso”, nos responde una joven tendiéndonos su tarjeta : la profesión figura en el puesto 148 de las recientemente autorizadas. En un pequeño cuaderno escolar con las esquinas dobladas, anota las propuestas de compra y venta de las personas que van a su encuentro ese domingo por la tarde. La solicitud de un extranjero deseoso de adquirir un bien no le sorprende. Dispone además de una solución fácil para la dificultad que se le presenta : “Te casas con una cubana, ¡eso es todo !”. ¿El coste de la operación ? “Aproximadamente 2.500 dólares”. Para que dé frutos en materia de propiedad inmueble, la unión debe durar cinco años. “Pero –precisa nuestra corredora– la joven que voy a presentarte será tan bella que no querrás dejarla”.

“¿2.500 dólares ? Se ha burlado de ti”, se divierte Fernando, artista, con una profunda risa que hace vibrar su barriga. “¡La mayoría de la gente se casaría gratis ! ¿Tienes idea del dinero que se puede amasar con una doble nacionalidad ?”. En octubre de 2012, La Habana levantó las restricciones a los viajes de sus residentes en el extranjero (3). Los cubanos que gozan de una doble nacionalidad pueden actualmente prescindir de un visado para ir y venir entre Francia, por ejemplo, y la isla, con las maletas cargadas de bienes de consumo que revenden a precio de oro al regresar. “Hay un montón de personas que solo viven de eso, –nos explica Fernando–. Y de manera muy acomodada además”.

Tras el acercamiento diplomático entre La Habana y Washington iniciado por Raúl Castro y Barack Obama a partir de 2015 (4), la sucesión de “novedades históricas” es vertiginosa : primer concierto de los Rolling Stones ; primer rodaje de una película hollywoodense de alto presupuesto (Fast & Furious 8) ; construcción del primer hotel de 5 estrellas “Plus” ; primer desfile de moda (organizado por Channel y Karl Lagerfeld) ; primera reserva de habitación realizada a través del sitio web Airbnb, actualmente operativo en la isla ; primer atraque de un crucero estadounidense desde 1959, etc. En 1961, los revolucionarios rechazaban la invasión de mercenarios financiados por Washington en Bahía de Cochinos. En 2017, la revista How to Spend It concluye que el “monumental año 2016” había transmitido un mensaje : “La invasión gringa ha comenzado oficialmente” (5).

El año pasado, la isla recibió a cuatro millones de turistas, un récord que sitúa este sector en el tercer puesto de sus fuentes de divisas (detrás de la venta de servicios, especialmente los servicios médicos, y las remesas de dinero de los emigrantes). Mientras que la actividad crece del 5% al 10% desde hace veinte años, el año 2016 se caracterizó por una explosión del número de viajeros provenientes de Estados Unidos : 615.000 en total (329.000 de los cuales eran cubano-estadounidenses), una cifra un 74% más elevada con respecto a 2015. El año 2017 podría caracterizarse por un retroceso : Donald Trump prometió dar marcha atrás con respecto a ciertas medidas de apertura de su predecesor, y el huracán Irma ha devastado parte de las infraestructuras de la costa norte en el mes de septiembre. Pero, ¿se apartarán los turistas durante mucho tiempo de los placeres que les promete la isla ?

“La calidad de la experiencia que uno puede vivir en Cuba es de primera categoría”, explica un especialista del sector a la periodista de How to Spend It. Ya que nada es más agradable para los turistas refinados que combinar playas paradisíacas con contenido cultural. Y, en este terreno, la Revolución trabajó para cautivar a sus futuros huéspedes : “Si a uno le interesa el afrocentrismo, podrá encontrar a un historiador respetado, a un distinguido representante del panorama hip-hop o a un activista por la causa de las mujeres negras en los barrios populares. (...) Especialistas estadounidenses piensan incluso en experiencias LGBT profundas, como una cena con el primer miembro transexual de la Asamblea”. Por su parte, la agencia de viajes OnCuba Travel nos anuncia el próximo lanzamiento del Free-Market Havana Tour, una visita guiada a todos los homenajes al dios Mercado que esconde la ciudad (diversas manifestaciones de la supervivencia erigidas en encarnación del “espíritu empresarial”, tiendas de lujo, centros de negocios...).

Unos meses antes del Congreso de 2011, José Azel, investigador en la Universidad de Miami, se mostraba dubitativo en cuanto a las reformas anunciadas por Raúl Castro : “Está claro que pocas cosas van a cambiar” (6). Uno se vería tentado a contradecirlo. Y sin embargo...

“Raúl ha hecho muchas cosas, pero desde la visita de Obama en marzo de 2016, se observa lo contrario a lo que todo el mundo esperaba : una especie de congelación del proceso de acercamiento en ambas partes del estrecho de Florida”. El economista que nos recibe era conocido por ser escuchado por el presidente en 2011 ; algunos llegaban incluso a presentarlo como uno de los inspiradores de la apertura económica. Cinco años más tarde, Omar Everleny Pérez fue expulsado del Centro de Estudios de la Economía de la Universidad de La Habana porque discutía con demasiada frecuencia con los periodistas extranjeros. Su expulsión refleja sobre todo la capacidad recobrada por los opositores a las reformas de Raúl Castro –en el seno del aparato de Estado– para poner trabas a sus objetivos, ya que el contexto general se ha degradado.

“Obama tendría que haber ido más allá –continúa Pérez–. Si hubiera avanzado más, habría sido más difícil para Trump dar marcha atrás”. Aunque la llegada a la Casa Blanca del multimillonario neoyorquino no augura ninguna mejora para Cuba, las dificultades de la isla se acumulaban en el frente interno antes incluso del paso del huracán Irma. En el ámbito económico especialmente : en 2016, el país sufrió una recesión (-0,9%), la primera desde el “periodo especial en tiempo de paz” que sucedió al desmoronamiento del bloque soviético y provocó una caída del 35% del producto interior bruto (PIB) entre 1991 y 1994. “Es la historia de una muerte anunciada : era de esperar que nuestra dependencia respecto de Venezuela traería consecuencias en caso de problemas allí”.

Caída del precio del petróleo, crisis política interminable : la producción de riqueza venezolana se redujo una quinta parte en 2016, mientras que la inflación superó el 700%. Antaño, Caracas vendía a Cuba 100.000 barriles de petróleo diarios a precio subvencionado ; estos envíos se redujeron un 40% en 2016. Es necesario, pues, ahorrar energía : algunas oficinas del Gobierno cierran más temprano y abren las ventanas en lugar de encender el aire acondicionado, el alumbrado público es (aún) menos frecuente. “Todos los gastos no esenciales deben cesar”, advirtió Raúl Castro en julio de 2016. Y más aún cuando el único sector económico en crecimiento, el turismo, se caracteriza por su voracidad energética : conversar con “un activista por la causa de las mujeres negras en los barrios populares” está muy bien, pero si la discusión es arrullada por el ronroneo de un ventilador ¡y acompañada de un mojito muy frío !

Venezuela constituye además el principal destino de los servicios que exporta La Habana, especialmente sus médicos (30.000 en 2016). En 2014, el economista Carmelo Mesa-Lago concluía que “el valor combinado de la relación económica [de Cuba] con Venezuela” rondaba el 21% del PIB cubano (7). Otras estimaciones sitúan actualmente la cifra en un 25%. Aunque Brasil recibe a algo más de 4.000 médicos cubanos, la diversificación de las “salidas” se presenta delicada. Sin sorprender verdaderamente, la oposición venezolana proclamó su deseo de romper con la isla, denunciando al presidente Nicolás Maduro como un títere de La Habana.

“Todo eso se sabía –añade Pérez–. Es justamente una de las razones por las cuales había que avanzar con las reformas. Pero Raúl se detuvo en medio del vado. Las medidas iniciales que impulsó requerían de otras para lograr que fructificaran. Pero no : se procede con cuentagotas y surgen nuevos problemas”. Como la escasez y los fenómenos de acaparamiento.

A pesar de que hoy en día es legal abrir un restaurante o vender pizzas en la calle, el Estado no ha previsto ninguna cadena de abastecimiento específica para el sector de la restauración, por lo que los paladares vacían tiendas y mercados. Las consecuencias de un contexto de tensión de este tipo se conocen : subida de precios, lo que obliga a algunos cubanos a apretarse (más) el cinturón ; especulación, ya que actualmente se gana más vendiendo huevos que trabajando como maestro, y escasez, como en agosto de 2014 o en abril de 2016, cuando se complicó encontrar cerveza en la isla...

Es la tercera vez que suena el teléfono de Pérez. El economista termina atendiendo la llamada. La conversación es rápida. Guarda su aparato sacudiendo la cabeza, con el rostro contrariado : “Trabajo con un tipo joven, brillante. Nos ponemos de acuerdo sobre los plazos de los trabajos que debe entregarme y siempre ocurre lo mismo : no se cumplen. Su especialidad es la econometría, pero se gana la vida alquilando habitaciones a turistas. Así que trato de recuperarlo, de lograr que no abandone la economía. Pero con frecuencia me llama : ‘Escucha, lo siento, tengo una pareja de estadounidenses que llega esta noche. ¿Se puede ampliar el plazo ?’. Me molesta, pero me lo tomo con buen humor. Para el país, es una pérdida considerable”.

Nadie imaginaría vivir solo de su salario en Cuba. Aunque el paladar Chachachá ofrece precios a medida de los turistas, el mojito cuesta igualmente 1 CUC en los barrios populares de La Habana, es decir, la octava parte del salario mínimo mensual... Por lo tanto, todo el mundo debe “arreglárselas” ideando las estrategias más diversas (8) o acercándose a sectores de actividad más lucrativos : son numerosos los ingenieros que trabajan como camareros o que emigran, mientras que el país destina aproximadamente el 25% de su presupuesto a la educación.

Aumentar los salarios figura entre las prioridades anunciadas por el presidente. Elevar las remuneraciones sin incrementar la producción de bienes y servicios conduciría sin embargo a aumentar la inflación. Por otra parte, Cuba constituye un cóctel singular de servicios sociales dignos de los países más avanzados y de una productividad que la relega al rango de país en vías de desarrollo. Aumentar la segunda para “salvar” los primeros –el proyecto anunciado por Castro– implica recortar el número de empleados del Estado invitando a los cubanos a volcarse hacia el sector privado. Ahora bien, algunos dirigentes del PCC identifican este sector como uno de los enemigos declarados de la Revolución.

“El problema principal es la rigidez ideológica de una parte del poder –concluye Pérez–. El país está en recesión, pero su principal preocupación es que la gente pueda construirse un patrimonio. Tal como dice el economista Pedro Monreal, mientras que la mayoría de los países luchan contra la pobreza, ¡Cuba lucha contra la riqueza !”. El texto programático del Congreso de 2016, los lineamientos, se caracteriza por cierto endurecimiento con respecto al anterior. “Entre las nuevas formas de gestión no estatales, no se permitirá la concentración de la propiedad por parte de personas jurídicas o físicas”, proclamaba el documento de 2011. El siguiente fue más allá, prohibiendo también la “concentración de riqueza”. Durante la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional de junio de 2017, dedicada a la discusión de esos lineamientos, el tema más discutido fue –con diferencia– la “amenaza” de la acumulación.

Sin embargo, ¿se trata únicamente de una manifestación del monolitismo ideológico cubano ? De la autorización de las remuneraciones basadas en la productividad al incremento de las sumas que los cubano-estadounidenses pueden enviar a sus familiares, el periodo actual se traduce en un incremento de las desigualdades asumido por el presidente. Raúl Castro reformula así a su manera los clásicos de la teoría socialista : “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” mutó en “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según su trabajo” durante un discurso ante el PCC, el 17 de abril de 2016. Ahora bien, en Cuba, como en otras partes, el trabajo no lo explica todo. Entre el 70% y el 80% de los cuentapropistas abrieron su “negocio” gracias al envío de dinero de sus familiares exiliados en Miami : provienen, en general, de las familias más favorecidas, preocupadas por el proyecto socialista. De modo que la pequeña patronal emergente proviene de las franjas más hostiles al proyecto político de la revolución. No suelen ser de piel negra.

“Aquí hubo pequeños y medianos empresarios hasta la ofensiva revolucionaria del 13 de marzo de 1968 –recuerda Rafael Hernández, director de la revista Temas, que acaba de dedicar un número a la cuestión de las desigualdades–. Entre el 1 de enero de 1959 y esa fecha nadie imaginó decir –ni Fidel ni el Che– que el sector privado constituía una ‘clase burguesa’ ajena a la Revolución. Lo que Raúl ha hecho ha sido reafirmar la idea según la cual el sector privado no es una célula maligna del capitalismo que habría penetrado la sociedad cubana. Después de legalizarla, ha hecho que la actividad por cuenta propia sea legitimada”.

Pero, en un contexto en el que los cubanos no pueden hacer valer sus competencias técnicas o científicas, se ven enfrentados a lo que la ley del mercado ofrece sin duda con mayor violencia. “¿Que si el dueño trabaja aquí ?”. La camarera de este gran paladar de Trinidad recibe nuestra pregunta con una carcajada. “¡Ah, no !, el dueño no está, ¡está descansando ! Y mejor así, porque cuando viene es únicamente para dar órdenes”. ¿Y sus horarios ?, preguntamos. La joven mira hacia el cielo...

“¿Se desarrolla el sector privado respetando la ley, en especial el derecho laboral ? –continúa Hernández–. Eso es un problema. Si ustedes conversan con una persona que trabaja en un paladar, es muy posible que explique que el dueño le pide trabajar más de ocho horas, que la regla de igual salario por igual trabajo no se respeta, que al dueño no le gusta mucho contratar a personas negras, etc.”. ¿La solución ? “Hacer que se respete nuestro Código Laboral, pero sin asfixiar al sector privado con controles intempestivos. ¡Como se hace en Francia, por ejemplo !”.

Desde luego, pero cuando el sector privado crece, termina construyendo un poder que le abre las puertas del mundo político. De tal manera que, en Francia, la definición de lo que constituye un “control intempestivo” en los pasillos del Palacio del Elíseo se parece más a la de la patronal que a la de los sindicatos. “Compartimos esta preocupación –concede Hernández–. Pero las circunstancias en Cuba son muy diferentes. No creo que exista actualmente ni un solo miembro del sector privado capaz de influir en las autoridades políticas. Lo que no significa que eso no pueda representar un problema en el futuro”.

Dos lógicas se enfrentan, pues, en la isla. Ingeniero en física nuclear y taxista, Javier resume la primera en estos términos : “Antaño era la URSS la que financiaba nuestras conquistas socialistas. Hoy son los turistas y los pequeños empresarios : por eso es necesario un poco más de mercado para salvar nuestra Revolución”. A este análisis, también defendido por Raúl Castro, se opone otro que reúne a los miembros más ortodoxos del PCC y... a los anticastristas. Para ellos, la introducción de una dosis de capitalismo no tendrá como principal efecto consolidar el socialismo cubano, al contrario. María Contreras-Sweet, que representaba al Gobierno de Obama, no tuvo ningún reparo diplomático al tomar la palabra ante un auditorio de patronos deseosos de invertir en la isla : “Deben exportar los valores estadounidenses y el sentido del capitalismo” (9). Entonces, ¿cuál sería la posición de los héroes de Sierra Maestra : ortodoxia o reforma ? Tal vez considerarían vana la cuestión, recordando junto con el periodista Fernando Ravsberg que “el socialismo al estilo soviético nunca ha constituido un proyecto político en Cuba : se trataba de una forma de salvar la Revolución, concebida ante todo como un proyecto de independencia nacional. En estas condiciones, socialismo o no, la lucha continúa”. 

 

NOTAS :

(1) Decidimos, pues, no mencionar aquí los apellidos. Los nombres han sido modificados.

(2) Véase “Así viven los cubanos”, Le Monde diplomatique en español, mayo de 2011.

(3) Salvo en el caso de algunas profesiones consideradas estratégicas, como la medicina.

(4) Véase Patrick Howlett-Martin, “Desbloqueo entre Washington y La Habana”, Le Monde diplomatique en español, noviembre de 2014.

(5) Lydia Bell, “Cuba’s travel revolution”, How to Spend It ?, Londres, 10 de enero de 2017.

(6) José Azel, “So much for Cuban economic reform”, The Wall Street Journal, Nueva York, 11 de enero de 2011.

(7) Carmelo Mesa-Lago “La reforma de la economía cubana : secuencia y ritmo”, Estudios de Política Exterior, n.° 161, Madrid, septiembre-octubre de 2014.

(8) “Así viven los cubanos”, op. cit.

(9) Lucie Robequain, “Comment l’Amérique compte envahir Cuba”, Les Échos, París, 5 de mayo de 2015.





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