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De cena con los peronistas

Par Christophe Ventura  |  28 mars 2017     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Algunos reflexionan sobre la validez de la oposición entre la izquierda y la derecha. En Argentina, una especificidad local complica la discusión. Una misma corriente política aúna a neoliberales y proteccionistas, a atlantistas y soberanistas, a librecambistas y partidarios de un Estado fuerte : el peronismo.

Como todos los lunes por la noche desde hace cerca de veinte años, el círculo Oesterheld se reúne en los salones del hotel Bauen (1), un establecimiento de lujo administrado de forma cooperativa. Este grupo, de las altas esferas sociales de Buenos Aires, lleva el nombre de un guionista de cómics y militante de la izquierda peronista desaparecido en 1977. El salón Simón Bolívar recibe, en una cena “amistosa y política”, a partidarios, dirigentes, personalidades y amigos de este “movimiento nacional y popular”, una corriente política heterogénea.

Si se excluyen los dos años y diez días durante los cuales Fernando de la Rúa (de la Unión Cívica Radical) estuvo en la presidencia –entre 1999 y diciembre de 2001–, los peronistas han dirigido Argentina desde 1989 hasta las elecciones presidenciales de 2015. El empresario Mauricio Macri es el primer presidente de derechas no peronista y no vinculado a los militares. Sin embargo, existe un punto de homogeneidad o de continuidad en este ciclo : los peronistas, neoliberales y sometidos al diktat de las instituciones financieras internacionales durante el mandato de Carlos Menem (1989-1999), se opusieron a Estados Unidos y a los inversores extranjeros durante el Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) y, más tarde, durante el de su esposa, Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015).

En efecto, el peronismo, objeto singular de la historia política argentina, engloba tendencias y trayectorias políticas muy variadas. En cada etapa de su existencia, las transformaciones socioeconómicas del país y del contexto geopolítico han producido evoluciones estratégicas en su seno, así como luchas internas de las que surgen nuevos brotes aptos para encarnar y guiar la nueva orientación del movimiento. Aunque, para el “peronismo” de hoy, se tenga que renegar de lo que encarnaba el de ayer…

Al final de la Segunda Guerra Mundial, las elites se debatían entre el bando de los Aliados (debido a los vínculos económicos con el Reino Unido) y las potencias del Eje (a través de los sectores nacionalistas del Ejército y de la burguesía ligada al capital alemán). Fue entonces cuando surgió Juan Domingo Perón. Tenía un doble objetivo : construir un Estado intervencionista que favoreciera la producción, la industrialización y la independencia nacionales frente a los imperialismos británico y estadounidense ; pero también integrar a los sectores populares en la vida política y social.

El movimiento del coronel convertido en secretario de Trabajo y, a continuación, presidente de la República Argentina en 1946 (véase la cronología) elaboró una estrategia de conciliación de clases entre productores y trabajadores en nombre de la “nación”. Logró movilizar al proletariado industrial emergente de los años 1930 y 1940 –al cual se propuso dirigir para prevenir la “amenaza comunista”–, al campesinado explotado por el viejo modelo latifundista, a una fracción de la burguesía nacional industrial naciente, a la pequeña burguesía urbana hostil a la oligarquía tradicional y a una parte del aparato gubernamental, del Ejército y de las autoridades eclesiásticas. En el punto de unión y de arbitraje de este proyecto : el carismático jefe del Partido Justicialista (2).

Las paredes del salón Simón Bolívar, recubiertas a más no poder, revelan la historia del movimiento fundado por Perón en 1945. Retratos, fotografías, dibujos, pinturas, carteles militantes que celebran a los héroes y a los mártires. En unos segundos, la mirada se pierde en un caleidoscopio donde se entrecruzan Juan y Eva Perón, Néstor y Cristina Kirchner, pero también iconos del país como las Madres de Plaza de Mayo o el papa Francisco, así como numerosos dirigentes provenientes de las diversas ramas históricas del movimiento : sindicalismo obrero incorporado al Estado y al partido –sobre todo la Confederación General del Trabajo (CGT)–, los movimientos feministas o juveniles…

Por 200 pesos argentinos (unos 12 euros), cada uno de los doscientos comensales presentes esta noche degustará un menú único “peronista” constituido por platos de la cocina popular nacional, servidos los días excepcionales o de fiesta en las familias : mortadela –en vez de jamón, asociado a los ricos–, ensaladilla rusa, matambre (porción de carne de ternera rellena y asada) y tiramisú (postre de origen italiano). Todo acompañado por El peronista, un vino producido en Mendoza.

Los participantes se reúnen aquí, en esta noche de abril de 2016, para asistir a la entrega del título de “patriota” a tres invitados insignes, provenientes del peronismo o no, pero que encarnan sus principales ideales : soberanía económica y nacional, justicia social, defensa de los intereses de los sectores populares. Estos asistentes a la velada son allegados de la ex presidenta Cristina Kirchner, cuyo retrato colocado en un caballete destaca entre los comensales, a los pies del estrado donde cada uno habrá de expresarse. El mensaje no es neutro en un momento en el que se prepara la nueva relación de fuerzas en el seno del movimiento después de la derrota en las elecciones presidenciales del candidato moderado del Frente para la Victoria (FPV), Daniel Scioli. Muchos lamentan su falta de carisma y su proyecto de reorientación. El peso de esta derrota recae directamente sobre la ex presidenta, ahora cuestionada por ciertos sectores del Partido Justicialista.

Cuando se acerca el final del banquete, dos mujeres, de unos sesenta años, imitadas más tarde por los demás participantes, inician La Marcha peronista, el himno de los partidarios del movimiento cantado desde finales de los años 1940, con los dedos índice y corazón levantados con orgullo para formar la “V” de la victoria peronista. “Luchamos entre nosotras antes del regreso de Perón, incluso a tiros”, nos explican risueñas. “Y, sin embargo, aquí estamos, porque somos peronistas ante todo”. Estas dos militantes se refieren a la masacre del aeropuerto de Ezeiza. El 20 de junio de 1973 estallaron sangrientos enfrentamientos entre peronistas de izquierdas (“Montoneros”, sobre todo) y de ultraderecha (escuadrones de la muerte de la Alianza Anticomunista Argentina, “Triple A”, fundada por José López Rega, ministro de Bienestar Social [sic] de Héctor José Cámpora y secretario personal de Perón) durante la concentración histórica prevista para celebrar el regreso de Perón a Argentina. Este último atribuyó, erróneamente, toda la responsabilidad del suceso a la izquierda peronista. Este acontecimiento marcó la fragmentación del movimiento y la aceleración de la represión contra la izquierda y la extrema izquierda. Fue un punto de ruptura en la sociedad argentina, cuyo trágico desenlace fue el golpe de Estado de 1976.

Entonces, ¿qué significa, hoy, “ser peronista” ? Ante esta pregunta, nuestros interlocutores abren mucho los ojos, tan divertidos como abrumados por el peso de la tarea, como cuando se trata de introducir a un visitante que viene de lejos en los preceptos de una religión secular local. “Es imposible responder”, dicen la mayoría de las veces. “No –rectifica uno de ellos–. Ser peronista es pertenecer al lado correcto de la historia : el de la lucha por la independencia y la defensa de los intereses populares”. Una definición con forma de enigma.

 

NOTAS :

(1) Véase Cécile Raimbeau, “En Argentina : ocupar, resistir, producir”, Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2005.

(2) Fundado bajo la denominación de “Partido Peronista” en 1947.





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