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Una isla en plena conmoción, donde conviven la esperanza y la ansiedad

Debate en Cuba

Par Janette Habel  |  1er mai 2015     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El pasado mes de abril, el jefe del Estado cubano, Raúl Castro, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, intercambiaron un apretón de manos histórico en la Cumbre de las Américas de Panamá. En las últimas semanas se repite la llegada de delegaciones oficiales a la “perla del Caribe” ante la nueva etapa de deshielo entre La Habana y las potencias occidentales. Una aceleración de la historia que suscita algunos interrogantes en la isla...

En 2018, Raúl Castro, que para entonces habrá alcanzado la edad de 86 años, no se postulará para un nuevo mandato presidencial. Dentro de tres años, la generación de Sierra Maestra habrá dejado el poder. Tres años es poco para reformar la economía del país, adoptar una nueva Constitución y controlar la normalización de las relaciones con Washington, simbolizada por el encuentro en abril de los presidentes cubano y estadounidense en la Cumbre de las Américas en Panamá. ¿Sobrevivirá el régimen a la desaparición de su histórica dirección ?

El Partido Comunista Cubano (PCC) ya ha designado un sucesor : el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel. Pero los desafíos no desaparecen. Para afrontarlos, Raúl Castro se apoya en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el ejército nacional, del que fue ministro durante medio siglo, en el PCC y en la Iglesia Católica, que ha estado en el corazón de las negociaciones con Washington (1). Las reformas económicas han aumentado las desigualdades (2) y se generaliza la incertidumbre sobre el futuro del país. El PCC intenta responder lanzando consultas populares en los periodos previos a los Congresos. Raúl Castro ha asegurado que sucedería lo mismo para el séptimo, previsto para abril de 2016. Pero ya han comenzado los debates entre los intelectuales, miembros y no miembros del PCC, en especial en la web, a pesar de un limitado acceso a internet.

Raúl Castro se ha dedicado a “actualizar” el socialismo cubano –un eufemismo para designar la liberalización económica iniciada en 2011–. Incluso si esas reformas desmantelan la sociedad que él había intentado construir, Fidel Castro no las ha cuestionado. “El modelo cubano ya no funcionaba, ni siquiera para nosotros”, reconoció el ex Presidente (The Atlantic, septiembre de 2010). La situación económica casi no dejaba opción. La ayuda de Caracas había permitido que entre 2005 y 2007 la isla alcanzase un índice de crecimiento medio del 10%, pero la crisis financiera y las dificultades del socio bolivariano cambiaron la ecuación : “En 2013, el comercio entre Cuba y Venezuela cayó mil millones de dólares ; en 2014, podría descender aún más”, prevenía en octubre de 2014 el economista cubano Omar Everleny Pérez Villanueva (3). Según algunas estimaciones, este descenso representaría el 20% del volumen anterior.

En marzo de 2014, el Gobierno adoptó una nueva ley sobre las inversiones extranjeras, que Raúl Castro calificó de “crucial”. Con excepción de sanidad, educación y defensa, hoy todos los sectores están abiertos a los capitales extranjeros, con la seguridad de una exoneración de impuestos durante ocho años, incluso más en ciertos casos, en particular en las “zonas especiales de desarrollo económico”, como el puerto Mariel (4), construido con ayuda de Brasil. Sin embargo, los proyectos propuestos deben recibir el aval de organismos gubernamentales : “No es el capital el que define la inversión” (5), señala Deborah Rivas, directora de Inversión Extranjera en el Ministerio de Comercio Exterior. El economista Jesús Arboleya Cervera subraya : “Los emigrados cubanos ya son inversores indirectos en el pequeño comercio [a través de las remesas de dinero que hacen llegar a sus familias] ; a día de hoy, su participación a mayor escala ya no está prohibida por la ley, sino por el embargo” (6). La contratación de trabajadores se realiza bajo el control de agencias estatales.

No obstante, para algunos la transformación de la isla avanza todavía con demasiada lentitud : “No se puede ‘actualizar’ algo que nunca ha funcionado –se exaspera Pérez Villanueva–. No hay crecimiento. Con la ayuda de Dios, este año quizás alcanzaremos el 1%” (7). A esta preocupación económica, la joven socióloga Ailynn Torres responde con una pregunta política : “¿Qué se pretende con el modelo económico que nos proponen ? ¿Quiénes son los ganadores y los perdedores de ese modelo ?” (8).

Según el discurso oficial, instilar una dosis de mercado en la economía de la isla debería permitir mejorar sus rendimientos sin debilitar la justicia social. Ahora bien, actualmente la pobreza alcanza al 20% de la población urbana (en lugar del 6,6% de 1986). La supresión de la libreta de abastecimiento que se había anunciado tuvo que ser pospuesta porque habría perjudicado a los más pobres. En una sociedad donde la igualdad constituye una marca de identidad, aparecen cada vez de forma más clara quiénes son los beneficiarios y las víctimas de las reformas.

Controlar las desigualdades

sociales de la apertura

 

Según el mismo Raúl Castro, entre las víctimas se cuentan “los asalariados del Estado, remunerados en pesos, cuyo salario no les basta para vivir”, los ancianos –es decir un millón setecientos mil ciudadanos– “con pensiones que son insuficientes en relación con el coste de vida” (9), pero también las madres solteras, la población negra –que no se beneficia, o en poca medida, de las aportaciones financieras de los cubanos-estadounidenses– y los habitantes de las provincias orientales (10). Entre los ganadores figuran los empleados de empresas mixtas, los asalariados del turismo, los campesinos del sector agrícola privado, una parte de los cuentapropistas (autónomos emprendedores), en resumen, toda una población que tiene acceso a una moneda fuerte : el CUC, por Convertible Unit Currency. En efecto, desde 2004, se sumó al peso cubano esta segunda moneda ; un CUC equivale a 24 pesos tradicionales. El CUC apuntaba a reemplazar al dólar, autorizado en 1993. Por lo que hay dos economías que funcionan en paralelo : la del peso y la del CUC, que manejan los turistas y todos los cubanos que trabajan en ese sector.

Con el fin de controlar las tensiones que suscitan esas disparidades, Castro cuenta con la lealtad de las FAR para conciliar la liberalización económica y mantener un sistema político de partido único. En efecto, desde la gran crisis de los años 1990 (11), la jerarquía militar dirige sectores esenciales de la economía gracias al Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), un holding de empresas bajo su control. En su seno se experimentó el “perfeccionamiento de las empresas”, tomado de las técnicas de gestión occidentales para estimular la productividad. En la población persiste el prestigio de las FAR, pero los privilegios de los que gozan suscitan críticas ; no es raro escuchar : “Ellos no tienen problemas de vivienda” –en alusión al complejo inmobiliario moderno reservado a los militares y a sus familias en La Habana–. En cuanto al PCC, ha perdido influencia, pero Raúl Castro ha rejuvenecido, feminizado y mestizado su dirección. Para el economista Pedro Monreal González, el PCC conserva su credibilidad y “el Estado todavía goza de un apoyo popular debido a su capacidad de suministrar bienes públicos que muchos cubanos consideran esenciales”.

En febrero de 2015, el PCC anunció que antes de terminar el mandato de Raúl Castro entraría en vigor una nueva ley electoral. Este anuncio sucede al de febrero de 2013 relativo a la creación de una comisión para la reforma de la Constitución. ¿Cómo renovar la dirección entronizando cuadros que carecen de la legitimidad de los antiguos, en ausencia de un debate público que permita elegir entre candidatos con diferentes propuestas ? El modo actual de designación, que en última instancia necesita el aval del PCC, parece poco viable a largo plazo.

Espacio Laical, la revista que publica el Arzobispado de La Habana (con estatus no oficial), durante mucho tiempo fue el lugar privilegiado de los debates políticos. Durante una década consagró sus coloquios y artículos a la reforma de la Constitución, al lugar del PCC, a la refundación de los Órganos de Poder Popular (OPP). Los responsables de Espacio Laical, los católicos laicos Roberto Veiga y Lenier González, insistían en el “contraste entre el pluralismo de la sociedad y la falta de espacios para la manifestación de dicho pluralismo” (12). Pero en junio de 2014, ambos hacían pública su renuncia forzosa como consecuencia de las “muy graves” críticas contra ellos y contra el cardenal Jaime Ortega y Alamino (13). Visiblemente, el arzobispo deseaba que la revista adoptara un enfoque más “pastoral”, es decir menos político. Cuatro meses más tarde, el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (14) aceptaba apadrinar un proyecto similar con la revista Cuba Posible, coordinada por Veiga y González. El primer número daba cuenta de un coloquio consagrado a la soberanía del país y el futuro de sus instituciones.

El artículo V de la Constitución actual es objeto de fuertes críticas. Allí, el PCC es definido como el “discípulo de las ideas de José Martí [inspirador de la independencia cubana] y del marxismo-leninismo”, y como “la vanguardia organizada de la nación cubana, la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”. Una definición que impugna la Iglesia, pero también los investigadores. “La idea de partido de vanguardia se deforma al traducirse en partido de poder” nos dice el sociólogo Aurelio Alonso (15). Sin embargo, la construcción de un “Estado inclusivo que pueda incluir el pluralismo político e ideológico” constituye una tarea urgente. ¿Pluralismo o pluripartidismo ? Para Veiga, tiene que contemplarse “la posibilidad de autorizar la existencia de otras fuerzas políticas arraigadas en los fundamentos de la Nación”, aunque no crea que sea posible a corto plazo (16). Hoy, nadie sabe si la reforma electoral anunciada permitirá la elección de diputados cercanos a la Iglesia, o incluso de otras personalidades independientes.

El debate se refiere también a las modalidades de elección del presidente, cuyo mandato actualmente se limita a un máximo de dos veces por un periodo de cinco años. Para algunos, el escrutinio debería realizarse por sufragio universal directo, a fin de darle legitimidad electoral al nuevo mandatario. El politólogo Julio César Guanche pone énfasis en una refundación del “poder popular” oficialmente encarnado por las asambleas municipales, provinciales y nacional (17). Hay que construir una “ciudadanía democrática y socialista”, declara el sociólogo Ovidio d’Angelo. Pero las “organizaciones de masas” están demasiado “subordinadas al PCC” para convertirse en su expresión. Y más cuando “el discurso oficial socava la base de su propia legitimidad histórica”, según observa Guanche, quien precisa que “el cuestionamiento del ‘igualitarismo’ abre la vía al cuestionamiento del ideal más poderoso del socialismo : la igualdad”. Una crítica apenas velada al discurso de Castro, que en el Congreso de la Central de Trabajadores Cubanos (CTC) les instó a “despojarse de formalismos y de la vieja mentalidad, surgida a lo largo de años de paternalismo, igualitarismo, gratuidades excesivas y subsidios indebidos”.

Esta “vieja mentalidad” no exceptúa al PCC, donde reina el hábito de la unanimidad y las veleidades de censura. Esas prácticas suscitan dudas. Por primera vez, en la Asamblea Nacional se vio a un diputado levantar la mano para votar contra el nuevo Código del Trabajo : la de Mariela Castro, hija de Raúl, en señal de protesta contra la negativa de incluir en el texto la prohibición de discriminaciones sexuales. Asimismo, la desprogramación de la película del cineasta francés Laurent Cantet Retour à Ithaque (2014), que ilustra el desencanto cubano, suscitó la protesta de algunos de sus colegas cubanos.

El Gobierno cubano en el

punto de mira de EEUU

 

En ese contexto, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos aparece tan necesario como peligroso. El Gobierno cubano sabe que el objetivo de Washington es derrocar al régimen. Por el momento, ha ganado la primera partida al no hacer ninguna concesión ; pero ahora su optimismo es más tibio. “Se corre el riesgo de que se apoderen de todo, como lo hacen en todas partes. ¿Qué quedará para los cubanos ?”, se pregunta un jubilado. “Acaban de comprar a uno de nuestros jugadores de béisbol por 63 millones de dólares”, agrega otro. “Son muchos los que ya no saben realmente cuál será su futuro”, constata el sociólogo Rafael Acosta. ¿Qué pasará después de haber levantado el embargo ? ¿Cómo controlar el flujo de dólares y turistas ? Entre los temas de discordia figuran las miles de propiedades nacionalizadas con la Revolución. El Gobierno no prevé indemnizar a los propietarios que dejaron el país. Pondrá en la balanza el coste (evaluado en 100.000 millones de dólares) de un embargo de medio siglo y la restitución de la base de Guantánamo.

La derogación completa del embargo necesita el acuerdo del Congreso estadounidense, donde republicanos y demócratas están divididos. El 14 de abril, por fin, Obama retiró a Cuba de la lista de Estados “que apoyan al terrorismo”, pero el Congreso dispone de cuarenta y cinco días para oponerse. Debería seguir el restablecimiento de relaciones diplomáticas y el nombramiento de dos embajadores. En cuanto al proceso de normalización, promete ser largo. La Habana aprovechará esta lenta marcha para evitar la desestabilización del país y cultivar sus relaciones con Latinoamérica, China y la Unión Europea.

De cualquier manera, en ausencia de un dirigente histórico que encarne el combate contra el “Imperio”, existe el riesgo de que en el futuro resulte cada vez más difícil unir y movilizar a la población cubana.

NOTAS :

(1) Véase “Cuba, le parti et la foi”, Le Monde diplomatique, París, junio de 2012.

(2) El coeficiente Gini, que permite medir las desigualdades, era de 0,24 en 1986, de 0,38 en 2002 y de 0,40 en 2013. Mayra Espina, Espacio laical, nº 2, La Habana, 2014.

(3) Actas del coloquio “Cuba : soberanía y futuro”, Cuba posible, nº 1, La Habana, octubre de 2014.

(4) Se espera que este puerto se convierta en la mayor terminal de contenedores del Caribe, dado que se encuentra en un cruce estratégico entre el Canal de Panamá y el Océano Atlántico.

(5) Granma, La Habana, 17 de abril de 2014.

(6) Jesús Arboleya Cervera, “Integración y soberanía”, Cuba posible, 20 de enero de 2015.

(7) Cuba posible, nº 1, op. cit.

(8) Ibid.

(9) Discurso en el XXº Congreso de la Central de Trabajadores Cubanos (CTC), 22 de febrero de 2014.

(10) Mayra Espina, “Desigualdad social y retos para una nueva institucionalidad democrática en la Cuba actual”, Espacio laical, nº 2, 2014.

(11) Entre 1991 y 1994, el Producto Interior Bruto (PIB) cayó un 35%.

(12) “Cuba y Estados Unidos” : los dilemas del cambio”, Cuba posible, nº 2, febrero de 2015.

(13) Ibídem.

(14) El CCRD-C se define como una “institución religiosa de la sociedad civil”.

(15) Entrevista por correo electrónico, 15 de marzo de 2015.

(16) Cuba posible, nº 2, op. cit.

(17) Cuba posible, nº 1, op. cit. Ídem para las siguientes citas.





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