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DE NUEVO EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

El espíritu de triunfo

Par Rodrigo Vázquez de Prada  |  4 octobre 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El espíritu de Triunfo, sin duda alguna la publicación española de izquierda más resueltamente opuesta a la dictadura franquista, vuelve a estar presente en España. Con la voluntad de continuar siendo una “conciencia disidente”, se ha constituido recientemente la Asociación de Amigos de la Revista Triunfo, una plataforma unitaria –tal como fue la publicación durante una veintena de años– con la voluntad de que la izquierda contribuya a que la sociedad española recupere su memoria histórica y plantee alternativas transformadoras.

En 1992, unas jornadas celebradas en la Casa de Velázquez de Madrid, subrayaron la importancia capital de Triunfo bajo la dictadura franquista que la persiguió implacablemente adoptando contra ella las más duras y arbitrarias sanciones. Entre otras, multas cuantiosas y dos suspensiones de cuatro meses cada una : la primera en 1971 ; la segunda, en septiembre de 1975, lo que provocó que Triunfo no pudiera analizar la desaparición del dictador hasta varios meses después.

Ahora, la reciente constitución de la “Asociación de Amigos de la Revista Triunfo”, su presentación en el Ateneo madrileño y un primer acto en la Universidad Complutense, sobre el número extra de 1971 dedicado al tema del “matrimonio”, presidido por el Rector Carlos Berzosa y con intervenciones de la magistrada Manuela Carmena, la abogada Lidia Falcón y la periodista Carmen Alcalde, han servido de aldabonazos para recuperar la memoria de aquella emblemática publicación.

Al frente de todas estas versiones del “espiritu de Triunfo”, se encuenta José Angel Ezcurra (Orihuela, 1921) un periodista y licenciado en Derecho, que logró aglutinar en torno a aquélla y a otras publicaciones como Primer Acto, Nuestro Cine, Hermano Lobo y Tiempo de Historia, a más de un centenar de periodistas e intelectuales de la izquierda española.

Hijo y hermano de periodistas (su padre, especializado en crítica cinematográfica, fue presidente de la Asociación de la Prensa de Valencia y su hermano Luis, subdirector general de RTVE), Ezcurra fue, con tan sólo 23 años, director de Radio Mediterráneo. Fundó Triunfo en 1946, como una publicación semanal volcada en el mundo del cine, al que se encontraba muy ligado como guionista, campo éste en el que se hizo merecedor de un Premio Nacional en 1948.

Sin embargo, en 1962, dió un giro copernicano a su contenido. Rechazó primero una oferta de los jerarcas de la Prensa del Movimiento para que tanto él como la revista se integraran en su cadena. Luego, puso en práctica el “predominio de la razón ideológica sobre la razón eonómica”, convirtiendo a Triunfo en una publicación de información general y pensamiento (1).

En palabras de Ezcurra, “Triunfo cambió de piel”. Para él, “dos ideas fundamentales guiaron a la revista : dirigirse a las mayorías y transitar por senderos culturales que pudieran acoger las grandes corrientes del pensamiento europeo”. Y, desde luego, lo consiguió. Para el historiador Manuel Tuñón de Lara, este Triunfo “nació en una coyuntura propicia, en la coyuntura que tenía que nacer, como ocurre en estos fenómenos históricos, no por casualidad, aunque sí tal vez con una capacidad de intuición de sus fundadores (…) Esta apuesta, este reto cultural, fue Triunfo”.

En sus páginas, el semanario acogió una serie de cuestiones de especial relevancia que constituyeron un indudable cimiento cultural, político e ideológico de la España democrática actual. En primer lugar, situaba a sus lectores en el análisis minucioso y en profundidad de las complejas relaciones internacionales en aquel mundo bipolar, a través de los artículos de Eduardo Haro Tecglen, que, en muchos casos, servían de contrapunto a la situación española.

En segundo lugar, aunaba dos contenidos prioritarios : de un lado, la recuperación de los valores de la II República y de la obra de los intelectuales exiliados, manipulados unos y silenciados otros por el régimen franquista, tarea ésta a la que luego sumó sus páginas Tiempo de Historia ; de otro, el seguimiento crítico de la actualidad política española y el decidido apoyo a las alternativas democráticas y de izquierda.

A la primera contribuían, de manera fundamental, los trabajos de José Luis Abellán, autor de una espléndida Historia crítica del pensamiento español, y de Aurora de Albornoz, ensayista y poetisa, hija del ministro de la II República Álvaro de Albornoz. A la segunda, los de periodistas y escritores de primera línea como Manuel Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, César Alonso de los Ríos, Eduardo García Rico, Alfonso Sastre, Luis Carandell, Montserrat Roig, Javier Alfaya, Nicolás Sartorius, María Aurelia Capmany Carlos Elordi, Fernando López Agudín, Ignacio Ramonet (director de Le Monde diplomatique en español), Carmen Martín Gaite o Víctor Márquez Reviriego cuyos “Apuntes parlamentarios” conformaron tres interesantes volúmenes : La tentación canovista, El pecado consensual y Escaños de penitencia.

En este marco, la crítica de la política económica del franquismo era llevada a cabo por economistas de la talla de Santiago Roldán, Arturo Cabello, Juan Muñoz y José Luis García Delgado, que popularizaron el seudónimo colectivo de “Arturo López Muñoz”, del profesor José Luis Sampedro, asociado de honor de la recién creada Asociación, Ramón Tamames que inició su colaboración desde los primeros números de los años 1960, Laureano Lázaro, Cándido Muñoz Cidad y Julio Segura, actual presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Junto a ellos, la superación del nacional-catolicismo era realizada por un teólogo laico, Enrique Miret Magdalena, que supo trasladar a sus artículos las nuevas visiones del Concilio Vaticano II, mientras que las nuevas fronteras de la psiquiatría eran planteadas por Carlos Castilla del Pino, recientemente desaparecido.

En un plano más amplio, la reflexión filosófica se reflejaba en Triunfo a través de las aportaciones de pensadores como Jesús Aguirre que, tanto desde su dirección de la editorial Taurus como desde las páginas de Triunfo, fue, junto a Manuel Sacristán, el introductor en España de la “Escuela de Francfort”, Carlos París, catedrático desde los 25 años, actual presidente del Ateneo y autor de la Crítica de la civilización nuclear, y José Luis Aranguren, al que se deben obras como El marxismo como moral.

Asimismo, las páginas culturales de Triunfo constituían una inapreciable guía para varias generaciones de españoles : sus artículos dedicados al teatro, escritos por especialistas como Ricardo Domenech y José Monleón, fueron modélicos ; y otro tanto lo fueron los de cine, de César Santos Fontenla, Jesús García de Dueñas, Diego Galán y Fernando Lara ; o los de arte, con los que el magisterio, tan humilde como penetrante de José María Moreno Galván iluminaba con acierto la obra de las vanguardias, mientras Ramón Chao acercaba al lector de Triunfo a la vida y obra de Francis Bacon, un irlandés obsesionado con Velázquez al que la revista dedicó una amplia entrevista y portada en 1971, cuando en España apenas era conocido ; treinta y ocho años antes de que el Museo del Prado le dedicase una espléndida exposición antológica.

Triunfo fue una obra coral, en la que escribieron un centenar de periodistas e intelectuales, la mayor parte españoles, pero también de otras nacionalidades. Entre ellos el Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, el escritor y diplomático mexicano Carlos Fuentes, el uruguayo Eduardo Galeano, el norteamericano Thomas G. Buchanan, el italiano Umberto Eco, o, en fin, el irlandés Ian Gibson, cuya primera obra sobre el genial autor del Romancero gitano, La represión nacionalista en Granada y la muerte de Federico García Lorca, editado por la mítica editorial de Pepe Martínez Guerricabeitia, Ruedo Ibérico, fue presentado por Triunfo al Premio Internacional de la Prensa, en Niza, que le otorgó su máximo galardón en 1972.

Paradójicamente, Triunfo se mantuvo en pie durante una veintena de años, bajo una dictadura que amordazó férreamente a la libertad de expresión. Sin embargo, su final se debió a los mecanismos implacables de la economía de mercado. Su desaparición en 1982, tres meses antes de que el PSOE alcanzara el poder, estuvo motivada por razones de naturaleza económica y financiera a las que no fueron ajenas las pérdidas económicas causadas por las suspensiones de la publicación en 1971 y 1975. En contra de lo que Ezcurra había logrado durante muchos años, la razón económica se impuso a la razón ideológica…

En aquellos años, varios hechos, íntimamente unidos, se conciliaron contra Triunfo : el primero de ellos, el alineamiento en publicaciones de partido de una parte de sus lectores a los que pareció no importarles ya los planteamientos unitarios que se habían venido expresando en sus páginas ; el segundo, el proceso de abducción de otros por las páginas de opinión y los suplementos semanales de nuevas cabeceras, surgidas en plena transición y que habían atraído a firmas habituales de la revista, considerando que podrían sustituir mecánicamente a una publicación como aquélla. El espejismo funcionó durante algún tiempo… hasta que la realidad demostró que no era más que eso, un simple espejismo.

En la actualidad, el panorama, en el que sobreviven como un islote un reducido número de publicaciones de izquierda, es realmente desolador. En el marco de una ofensiva ideológica de los sectores más reaccionarios de la derecha española, sin precedentes desde la conquista de las libertades, la izquierda está sumida en una grave carencia de debate ideológico y político en profundidad que permita superar la banalización de la discusión política y avanzar en la concreción de objetivos de transformación del capitalismo. Un estado de cosas que remite al concepto gramsciano de “hegemonía” en el dominio ideológico que hoy mantienen los aparatos del pensamiento conservador, los cuales presentan a la II República como causante de la Guerra Civil, y la democracia como un sistema “otorgado” por el Rey y los sectores menos ultramontanos del régimen franquista…

No es ajeno a esto, quizás, el complejo proceso de la transición democrática, en el que pesaron como una losa las cesiones que la izquierda se vió obligada a realizar, en unos casos, y se avino oportunistamente a llevar a cabo, en otros, en un contexto en el que la estadounidense Central Intelligence Agency (CIA) intervino directamente sobre el curso de los acontecimientos. De ello sabía el general norteamericano Vernon Walters, director adjunto de la inteligencia norteamericana en el momento del golpe de Estado de Pinochet en Chile, el 11 de septiembre de 1973, que visitó a Franco en 1953, junto al presidente Eisenhower, y en 1971, en su calidad de directivo de la CIA, y que, en una de sus obras, habla sin tapujo alguno de “la transición española controlada”.

Ni tampoco lo es , a pesar de estar en el origen de la actual crisis económica y financiera, la pervivencia de las posiciones neoliberales y de sus falacias en el campo económico y su penetración en una parte importante de los cuadros socialistas. Una penetración que supuso que, en aras de la liberalización de los mercados y de la modernización del aparato productivo, comenzaran bajo los primeros Gobiernos socialistas las privatizaciones de empresas públicas bien gestionadas y que aportaban al Tesoro cuantiosos ingresos. Privatizaciones, como las de Endesa, Repsol, Telefónica o el Grupo Argentaria, que luego fueron concluidas felizmente para el capitalismo español por José María Aznar y su equipo de “neocons”.

Desprovisto de aquellas “joyas de la corona” y de una banca pública que pudiera jugar el papel decisivo que le está vedado al Instituto de Crédito Oficial (ICO), el Presidente José Luís Rodríguez Zapatero trata de mantener “las líneas de demarcación” de su política socialdemócrata en un decidido apoyo de las prestaciones sociales a las capas más desfavorecidas. Pero sus tímidos intentos de introducir elementos fiscales progresivos están encontrando no sólo el rechazo de plano de la expresión política de la derecha más reaccionaria, el PP, sino también de la burguesía catalana representada por Convergencia i Unió (CIU). Mientras tanto, se continúa sometiendo a Izquierda Unida a las “horcas caudinas” de una legislación realmente antidemocrática, que se impuso en su día con el propósito de marginar al Partido Comunista (PCE), aplicando el modelo impuesto en Italia, en 1947, siguiendo los dictados de EEUU, para que el potente PCI no llegara nunca al Gobierno…

Frente a esta situación, la Asociación de Amigos de la Revista Triunfo pretende continuar siendo una “conciencia disidente”, una plataforma unitaria tal como fue la publicación durante una veintena de años. Una plataforma en la que la izquierda contribuya a que la sociedad recupere la memoria histórica y los valores de la II República y plantee alternativas transformadoras, dejando a un lado las pretensiones de quienes, haciendo suyos los cantos de sirena de “los fundamentalistas del mercado”, no pretenden otra cosa que convertirse en los mejores gestores del capitalismo. 

© lmd edición en español

 

Notas :

(1) Existe una versión digital de Triunfo ; se puede consultar la colección, de 1962 a 1976, en http://www.triunfodigital.com





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