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ENTREVISTA CON JOSÉ DANIEL LACALLE

“En España, la lucha sindical disminuye”

7 février 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Por Rodrigo Vázquez de Prada

José Daniel Lacalle (Zaragoza, 1939), ingeniero aeronáutico y sociólogo, fundador de la revista de pensamiento Argumentos, ex director de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), para la que coordina la publicación digital de los Indicadores Económicos y Laborales, es autor de una amplia obra (1) dedicada a las clases sociales en España y, de modo muy particular, a la clase obrera y la participación de los intelectuales, profesionales y técnicos en las luchas de clases. Acaba de publicar un nuevo libro : Conflictividad y crisis (2).

Cuando usted comenzó su investigación, tal y como escribió en 2011 en un artículo publicado en la revista El Viejo Topo, ¿cuál era el panorama económico en España ?

A partir de 1990, básicamente a partir de la caída del Muro de Berlín, la globalización económica se llevó a cabo con el predominio absoluto de las grandes corporaciones. Y esta globalización fue acompañada por la fragmentación de la clase obrera, la instauración de mercados de trabajo duales y la progresiva precarización en el trabajo de grandes cantidades de trabajadores. A partir de todos estos hechos, la conflictividad laboral comenzó a perder su carácter procíclico y se inició su descenso en prácticamente todos los países del capitalismo avanzado, independientemente de la fase del ciclo económico en que se encontrase.

Se produjo lo que yo llamaría el “síndrome Bernard Hinault”. Una vez le preguntaron a este ciclista, que ostentaba el maillot amarillo en las últimas etapas del Tour, si no temía que un acuerdo entre sus oponentes le desbancara, a lo que contestó que, a esas alturas de la competición, sus oponentes estaban más preocupados en no perder su situación en la clasificación que de cualquier otra cosa ; temían más el perder su posición (segundo, tercero, dentro del top ten, etc.) que intentar superarla.

Esto es lo que yo opino que ocurrió en el mercado laboral. Frente a la amenaza que se presentaba, la clase obrera tradicional, sindicalmente organizada y con una situación relativamente favorable en el mercado laboral, prefirió intentar mantener sus relativos privilegios que intentar frenar el ataque a toda la clase trabajadora ; se comportó con los rasgos característicos de lo que en su día Lenin llamó “aristocracia obrera”.

El descenso se inició dentro del último cuarto del siglo pasado y ha sido corroborado por prácticamente todos los escasos analistas de la conflictividad laboral en nuestro país (citados en los dos primeros apartados capítulo II del libro), que de una u otra forma inciden en la pérdida del carácter procíclico.

¿Por qué se puede afirmar con tanta contundencia que la conflictividad laboral en nuestro país ya no es procíclica ? ¿Cuál ha sido el comportamiento de la conflictividad laboral en España en estos años de profunda crisis económica del capitalismo que le lleva a hacer tal afirmación ?

Ciñéndonos al siglo XXI y a partir de los datos del Ministerio de Empleo sobre huelgas y cierres patronales, entre 2000 y 2005 la conflictividad estuvo disminuyendo, en un 8%, en 2006 y 2007 el número de conflictos creció y, en conjunto, creció en ese periodo un 3,3%. Comparando ese periodo con el periodo de crisis, de 2008 a 2013 es importante reseñar dos datos, la media de conflictos durante la crisis ha sido de 907 anuales, frente a los 715 de media en el periodo de crisis, 194 conflictos anuales más durante la crisis, casi un 27% más.

A partir de ese análisis, ¿cuáles son las características fundamentales que ha observado en la conflictividad laboral del periodo estudiado en su libro ?

En líneas muy generales y recurriendo ahora a los informes de Javier Chamorro para la Fundación de Investigaciones Marxistas en el conjunto del Estado, los conflictos se han desarrollado mayoritariamente en el sector servicios, un 54%, los conflictos en el sector industrial (incluyendo sectores tradicionales del movimiento obrero como minería y transporte) han sido importantes, un 38% del total, y a la agricultura corresponden el 8% restante ; el 57,5% de esos conflictos corresponden al sector privado y el otro 42,5% al sector público ; finalmente, el 67% se ha llevado a cabo fuera del centro de trabajo y el 33% dentro del mismo. El 57% de los conflictos tienen su origen en razones relacionadas específicamente con el trabajo en los centros de trabajo (negociación colectiva, cierres y deslocalizaciones, despidos, ERE y salarios y remuneraciones) y el 43% restante en razones de un tipo más general (recortes, condiciones de trabajo, empleo).

Cuando analiza los sectores económicos destaca la terciarización de la conflictividad. ¿Cuál es el alcance de este fenómeno ?

La terciarización de la conflictividad, el hecho de que el mayor porcentaje de conflictos se desarrolle en el sector terciario, se debe fundamentalmente a que todo el conjunto de la actividad económica, desde luego la ocupación y el número de asalariados, lleva a cabo su actividad en empresas de ese sector ; es decir, la conflictividad se terciariza dentro de una organización económica y social que se terciariza. Ahora bien, si consideramos la conflictividad con relación al número de ocupados en el sector, hay que señalar que, mientras que el porcentaje de conflictos en el sector terciario ha sido del 54%, el porcentaje de ocupados en ese sector ha sido del 68,4%. 

Sin embargo, también destaca la importancia de la conflictividad en el sector tradicional del movimiento obrero, el sector industrial, en términos de intensidad del conflicto. ¿Qué significado tiene este dato ?

Si enlazamos con el último dato recogido sobre conflictividad y ocupación en el sector servicios, para el caso de la industria (sumándole la minería y el transporte, como bastiones importantes del movimiento obrero tradicional), los datos son que, en ese sector, tienen lugar el 38% de los conflictos, pero los ocupados son solamente el 27,3%. El cociente de ambos porcentajes es lo que podría denominarse intensidad del conflicto, que para la industria sería en el periodo de crisis de 1,4, mientras que en los servicios es de 0,8.

Entre el amplio abanico de causas que originan la conflictividad laboral, ¿cuáles son las razones que han actuado fundamentalmente como motores del conjunto mayoritario de los conflictos ?

Aunque generalmente un conflicto no tiene una, sino varias causas que se complementan, considerando la más influyente de todas, la negociación colectiva y los convenios ha sido la más importante, siendo ésta la razón del 18’5% de los conflictos. A continuación, los recortes y las condiciones de trabajo suman el 16,9% y el 16,8%, respectivamente. Los cierres, externalizaciones y deslocalizaciones son las causantes del 11,5% ; los despidos, salarios y el empleo entre el 9,8% y 9,5% ; y, finalmente, los ERE cubren el 7,2%.

Es de destacar que el peso de los recortes fue prácticamente nulo en el inicio de la crisis, empezando su influencia en 2010 y llegando en 2012 a ser la razón de casi el 41% de los conflictos en ese año, las políticas de austeridad de los Gobiernos PSOE y PP son la causa última...

¿Qué peso ha tenido, en este contexto, la situación de los trabajadores precarios, esos “trabajadores sin derechos”, como usted los describe ?

Debido a las condiciones objetivas de estos trabajadores, su mayor influencia se da en el giro del conflicto dentro del puesto de trabajo (huelgas, paros, tomas de fábricas, encierros y acciones de tipo similar) al conflicto fuera del centro de trabajo (manifestaciones y concentraciones, principalmente). Por poner un ejemplo, en las tres huelgas generales desarrolladas durante la crisis, los paros en los centros de trabajo lo fueron mayoritariamente de trabajadores sindicados y sus áreas de influencia, pero en las manifestaciones que las culminaron, la participación de los trabajadores precarios, sobre todo de jóvenes trabajadores precarizados, fue notable.

En los últimos años sobre todo, desde algunas posiciones políticas se ha puesto énfasis en una supuesta sustitución de la conflictividad laboral, que afecta de lleno a la clase obrera –por la llamada conflictividad social–, que concierne más a la ciudadanía, en una interpretación avant la lettre de los análisis formulados por algunos post marxistas como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe… ¿Es posible hablar con rigor de esa presunta sustitución de la naturaleza del conflicto ?

Para resolver este dilema hay que considerar que, mientras que para el conflicto laboral existen estadísticas más o menos fiables, no ocurre lo mismo para los conflictos sociales. Siempre nos referimos, en este último caso, a conflictos puntuales de fuerte repercusión mediática. Mi posición, y cito literalmente las conclusiones del libro, es que “no es cierto que el conflicto social haya sustituido al conflicto laboral ; sin embargo, sí parece cierto que el primero está tomando una gran importancia”. 

Muy en la línea de lo anterior se encuentra también la teoría que habla de una suerte de “deslocalización” de los conflictos desde el interior de las fábricas y las empresas a las calles, a los espacios públicos… En el periodo que usted ha estudiado, ¿cuál ha sido el peso de los conflictos dentro y fuera de los centros de trabajo ? ¿Y en qué sectores se ha producido de manera más importante ?

Para el conjunto del Estado, los conflictos dentro del centro de trabajo son casi el 33% y los que se desarrollan fuera del centro son algo más del 67%. Para el sector público, esas cifras son del 31% y del 69% y para el sector privado, del 35,5% y del 64,5%, respectivamente. En cuanto a la división sectorial : en la industria, el 43,5% fueron dentro del centro de trabajo y el 56,5% fuera ; en los servicios, poco más del 28% dentro y casi el 72% fuera.

Es decir, en todos los casos, los conflictos fuera del centro superan a los que se producen dentro ; sin embargo, hay que remarcar que el sector privado es más proclive al conflicto dentro del centro que el público, y que la industria es, muy de lejos, el lugar donde se produce un mayor porcentaje de conflictos dentro del centro.

En cualquier caso, una expresión muy relevante de la conflictividad en los espacios públicos lo constituyen movilizaciones generales, como las Marchas de la Dignidad, o sectoriales, como las Mareas. En el marco general de la conflictividad en tiempos de crisis, ¿qué valor tienen para usted estas dos clases de movilizaciones ?

Las Mareas y las Marchas de la Dignidad son un ejemplo de simbiosis de la movilización laboral y la movilización ciudadana. Yo particularmente creo que son el paradigma de la conflictividad del siglo XXI, y marcan por dónde se desarrollarán los conflictos en el futuro. En el libro presento una síntesis de las características de las mismas a partir de la experiencia de la Marea Blanca en la comunidad de Madrid.

De alguna manera, ¿no quiere esto decir que se mantiene lo que el economista trotskista Ernest Mandel denominaba (3) el “poder social objetivo” de la clase obrera, es decir, su posibilidad real de asegurar o de paralizar la producción en su conjunto, un dato éste que se olvida con mucha frecuencia y que resulta imprescindible en un proceso revolucionario ?

Ese “poder social objetivo” existe, lo que no parece existir es la voluntad y la capacidad de las organizaciones obreras, partidos y sindicatos para ejercerlo.

En su estudio dedica unas páginas de particular importancia al papel jugado por los sindicatos en las convocatorias y desarrollo de los conflictos. ¿Es posible hablar, tal y como se hace desde algunas posiciones políticas, del ocaso de los sindicatos de trabajadores y, en contraposición a éste, del auge de las plataformas unitarias ?

Yo creo que no. De hecho, del total de conflictos durante la crisis que yo he analizado, en el 57,2% de ellos hay constancia de la gestión o de una participación decisiva los sindicatos en los mismos. Otra cosa es que el protagonismo casi absoluto de los sindicatos se haya difuminado en muchos casos.

Militante desde los años 1960 del PCE, a cuyo Comité Central perteneció, y miembro también durante varios años de la Ejecutiva confederal del sindicato de Comisiones Obreras, usted hace en Conflictividad y crisis una durísima crítica a la actuación de las cúpulas de los dos sindicatos mayoritarios…¿Cuáles son las razones que abonan este cuestionamiento ?

Para mí, el hecho fundamental es que el análisis que hacen de la realidad social y económica de nuestros días tanto desde la dirección del PCE como desde la cúpula de CCOO se basa en una visión de la clase obrera, de las realidades económicas y de la sociedad en su conjunto que es sustancialmente errónea ; se corresponde más a lo que yo llamaría del partido y del sindicato de la 2ª y 3ª internacional que a lo que debería ser en los inicios del siglo XXI. Y desde esta perspectiva, si verdaderamente se pretende transformar el modelo de sociedad, lo fundamental es, de entrada, conocerla correctamente. 

Si esto es así, la última pregunta que resulta pertinente formularle es aquella con la que Lenin tituló uno de sus textos más conocidos : ¿Qué hacer ? ¿Qué modelo de sindicalismo de clase (4) sería en su opinión el más idóneo para la defensa y mejora de las condiciones de vida y de trabajo del conjunto de asalariados ?

El qué hacer necesita, de cualquier forma, un trabajo colectivo, se pueden proponer recetas, pero desde luego es cuando menos ingenuo el pretender darlas. En lo que se refiere al sindicato, desde hace bastante tiempo, al menos desde mediados de los 1990, he planteado la necesidad de configurar un sindicalismo de la diferencia, que tenga en cuenta la fragmentación y la diversificación de la clase obrera (o del conjunto salarial si se prefiere) dentro del mercado de trabajo dual en el que nos encontramos.

 

NOTAS :

(1) José Daniel Lacalle, El conflicto laboral en profesionales y técnicos, Ayuso, Madrid, 1975 ; Técnicos, científicos y clases sociales, Labor, Barcelona, 1976 ; Profesionales en el Estado español, Ediciones de la Torre, Madrid, 1976 ; Los trabajadores intelectuales y la estructura de clases, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 1982 ; Clases sociales y capitalismo, Endymión, Madrid, 1990 ; La estructura de clases en el capitalismo, FIM, Madrid, 1996 ; La clase obrera en España : Continuidades, transformaciones, cambios, El Viejo Topo, Barcelona, 2006 ; Trabajadores precarios, trabajadores sin derechos, El Viejo Topo, Barcelona, 2009.

(2) José Daniel Lacalle Sousa, Conflictividad y crisis. España 2008-2013, El Viejo Topo, Barcelona, 2015.

(3) Ernest Mandel, La formación del pensamiento económico de Marx. De 1848 a la redacción de El Capital. Estudio genético, Siglo XXI, Madrid,1972, p. 20.

(4) José Daniel Lacalle, La clase obrera en España, op. cit., p. 195-209.





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