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Esos británicos que adoran a Bruselas

Gibraltar, la última colonia de Europa

Par Lola Parra Craviotto  |  16 octobre 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Tras haber votado masivamente contra el brexit, los habitantes de Gibraltar mostraron su apego a la Unión Europea, que les concede numerosas derogaciones y hace de mediadora con España. Este territorio, con una superficie apenas más extensa que la del distrito XX de París, es uno de los más ricos del mundo y, a la vez, el último por descolonizar en Europa según Naciones Unidas.

Poco antes de la puesta de sol, decenas de automóviles y de vehículos de dos ruedas se aglutinan ante el puesto de control aduanero. A la salida de Gibraltar reina una atmósfera de agobio y de aburrimiento. Los trabajadores fronterizos tendrán que esperar hasta dos horas para alcanzar, apenas cien metros más adelante, La Línea de la Concepción, la ciudad andaluza vecina. Vestidos de verde oscuro, armados con pistola y porra, los agentes de la Guardia Civil controlan minuciosamente los vehículos, verificando que no transporten productos de contrabando disimulados en un doble fondo. En el territorio español, el tráfico ilegal de tabaco es un negocio lucrativo : la víspera de nuestro paso por allí, la Policía había incautado 70.000 cajetillas, es decir, el equivalente a 315.000 euros en mercancía. En 2015 se confiscaron más de 330.000 cajetillas. Oficialmente, los habitantes de la región tienen derecho a cuatro cajetillas cada vez que pasan y los turistas, a diez.

Gibraltar, colonia de la Corona británica, no forma parte del espacio Schengen. Así pues, las autoridades españolas pueden reforzar los controles en las inmediaciones de ese puerto franco en el que los bienes y servicios están exentos del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) (1). “En estos últimos años, la crisis económica que golpea a España ha empujado a algunos desempleados al fraude. Una práctica que ha hecho que se disparen las cantidades de tabaco incautadas”, explica un miembro de la Guardia Civil. Éstas pasaron de 147.000 cajetillas en 2008 a cerca de un millón en 2013, antes de volver a caer a 330.000 en 2015, pero precisa que “la asiduidad de los controles varía según el color del Gobierno”.

España, que reclama la soberanía de la colonia, utilizan con fines políticos las inspecciones aduaneras, que se suman a las de la Policía en esta frontera del espacio Schengen y que obstaculizan la circulación en la zona. Mientras que el litigio se había aplacado bajo el Gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), la llegada al poder de los conservadores del Partido Popular (PP), en 2011, reavivó la reivindicación de ese territorio con vocación militar, cedido de forma perpetua a los británicos por el Tratado de Utrecht de 1713. Jesús Verdú, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Cádiz, rememora : “Nunca abandonada, la ambición de recuperar el Peñón [como suele llamarse a esta colonia coronada por un monolito calcáreo de 426 metros] resurgió bajo la dictadura de Francisco Franco [1939-1975], quien llegó al punto de cerrar la frontera en mayo de 1968. La colonia, vista como un enemigo entonces, todavía toca la fibra patriótica de los españoles. Sin embargo, existe un gran desconocimiento de lo que es realmente Gibraltar : el motor económico de la zona”.

La mayor parte de los 120.000 habitantes del Campo de Gibraltar, una comarca vecina de 1.500 kilómetros cuadrados formada por siete municipios españoles, se opone a la restitución del Peñón. En esta región arrasada por un desempleo del 35%, la colonia generó en 2013 cerca del 25% del Producto Interior Bruto (PIB), es decir, dos veces más que seis años antes, según un informe publicado en 2015 por su Cámara de Comercio. “Aquellos que, en las zonas aledañas, perdieron su empleo tras la crisis de 2008 rápidamente volvieron a encontrar uno aquí, donde el desempleo es prácticamente inexistente –indica Edward Macquisten, responsable de la Cámara de Comercio de Gibraltar–. En 2015 se contabilizaron cerca de 24.500 trabajadores activos, es decir, 7.500 más que hace una década. Una tercera parte eran trabajadores fronterizos. Además, el PIB local supera los 1.900 millones de euros, es decir, el doble que en 2008”. Esa “roca” de 6,8 kilómetros cuadrados y 30.000 habitantes se convirtió en uno de los territorios más ricos del mundo en términos de ingresos anuales por habitante.

Después de haber asumido compromisos en 2002 que tenían como objetivo “mejorar la transparencia y establecer intercambios de información en materia fiscal” (2), el territorio dejó de ser considerado un paraíso fiscal por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sin embargo, con un impuesto de sociedades del 10%, frente al 25% en España, su régimen fiscal, muy ventajoso, atrae a las empresas, que eligen establecer su domicilio fiscal allí únicamente para reducir los costes de funcionamiento, aunque ejercen sus actividades en otros países. Así, según el responsable de la Cámara de Comercio, el 20% de los vehículos del Reino Unido están asegurados por compañías con domicilio fiscal en Gibraltar y una gran parte de los británicos realiza allí el 70% de sus apuestas virtuales. La colonia, pionera en la legalización del juego en línea, atrajo a los veinte principales casinos de Internet.

Bajo el sol mediterráneo, la vida es mucho más agradable que en Londres ; el estrés, menos palpable. La tasa de criminalidad es prácticamente nula. Para un británico, la electricidad, el teléfono y los alquileres cuestan menos en esta ciudad fuertemente impregnada de estilo british, equipada con buzones y cabinas telefónicas del mismo color rojo que en el Reino Unido. Pero los precios del alojamiento siguen siendo prohibitivos para los habitantes del Campo de Gibraltar, de los cuales uno de cada diez trabaja en el Peñón : allí, un alquiler puede ser hasta tres veces más caro que en La Línea de la Concepción. Los trabajadores fronterizos son los primeros afectados por este conflicto geopolítico. Juan, gerente de un albergue en la ciudad andaluza, considera que “cuando las autoridades españolas ejercen presión sobre la aduana para molestar a los llanitos [forma de llamar a los habitantes de Gibraltar] y limitar los flujos turísticos, están castigando sobre todo a sus propios ciudadanos”.

La Línea de la Concepción, primera localidad española vecina, se ve muy apagada. Varios comercios tuvieron que bajar la persiana. Otros constataron una caída en la actividad de cerca del 50% y hasta los bares se vacían. “El turismo ha disminuido en la zona y, además, desde hace tiempo, nosotros, los gibraltareños, evitamos desplazarnos hacia el territorio español como lo hacíamos antes –explica Gemma Vásquez, presidenta de la Federación de Pequeñas Empresas de Gibraltar–. Nuestro dinero sale menos de aquí, dado que dudamos en ir a tomar algo a bajo precio al otro lado de la frontera debido a los largos controles aduaneros, así como a los ataques contra nuestros vehículos, que se han intensificado estos últimos años”.

El aumento de la tensión se remonta al verano de 2013, cuando Gibraltar prohibió físicamente la pesca con red creando un arrecife artificial de 70 bloques de cemento cubierto de picas. Esta iniciativa “verde” provocó la ira de España, que no le reconoce aguas territoriales a la colonia y tomó medidas de represalia excediéndose en la vigilancia de la frontera. Jesús Verdú explica : “Esta negación de la soberanía de un territorio sobre las aguas adyacentes es una interpretación contraria a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Un sinsentido, cuando se sabe que, en el siglo XIX, la discusión se centró en la delimitación de los espacios marítimos entre la colonia y su vecino hispánico”.

Al conflicto relativo a las aguas territoriales se añadió el del espacio aéreo. El emplazamiento del aeropuerto local es cuestionado porque pertenece a una zona que los gibraltareños se apropiaron en el siglo XIX. La fiebre amarilla golpeó a la colonia varias veces durante ese siglo y los españoles concedieron a sus vecinos el derecho de instalar a la población sana en un campamento temporal más allá de los límites terrestres fijados por el Tratado de Utrecht. Pero el campamento se perpetuó tras el final de la epidemia. A través del Acuerdo de Córdoba, en 2006, el antiguo Gobierno socialista intentó un acercamiento a los británicos y, por primera vez, estableció conexiones aéreas entre España y Gibraltar. Pero, con mucha rapidez, la nueva Administración derogó esta convención. Desde entonces, ningún avión que despegue de ese aeropuerto tiene derecho a sobrevolar el espacio aéreo español. Y Gibraltar fue apartado del proyecto del Cielo Único Europeo.

Aunque sus habitantes votaron de forma masiva (el 96%) por la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, Gibraltar se beneficia de un estatus único y contraviene numerosas disposiciones comunitarias : además de estar dispensada de recaudar el IVA, no se ve afectada por la unión aduanera, por la política comercial ni por la Política Pesquera Común.

“Desde el brexit, los vecinos de ambos lados de la frontera se preocupan. La economía aquí es muy dinámica, en gran parte gracias al estatus particular de Gibraltar en la Unión Europea –prosigue Jesús Verdú–. Las empresas que se deslocalizaron podrían buscar una nueva sede fiscal en otra parte de Europa. Además, Bruselas dejará de desempeñar el papel de mediador en un contexto de crisis política entre Gibraltar y España”. Sin embargo, por el momento se ignoran las consecuencias reales del brexit y muchos habitantes siguen mostrándose confiados. “En el transcurso de los siglos, los llanitos han vivido en la adversidad y siempre han sabido adaptarse –declara Macquisten–. Aquí vivimos en comunidad, estamos unidos y la gente, muy emprendedora, sabe aprovechar la más mínima ocasión que se presenta”.

España ve el brexit como una oportunidad. Así, el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, se apresuró a proponer una cosoberanía temporal que tendría por finalidad la anexión española del territorio. Aunque tal dispositivo les permita permanecer en la Unión Europea, los residentes de Gibraltar se oponen firmemente. Además, el PP descarta negociar directamente con sus representantes y se niega a reconocer a ese territorio otro estatus diferente al de colonia, conforme a la decisión de la ONU de clasificarlo entre los espacios no autónomos por descolonizar. “Desde la década de 1960, España alega el principio de integridad territorial, aduciendo que la tutela británica sobre Gibraltar destruye su unidad nacional. No obstante, la Asamblea General de la ONU se limita a invitar a los Gobiernos de los dos países a debatir acerca de Gibraltar para poner fin a su estatus de colonia”, resume Jesús Verdú. Sin embargo, estas discusiones no deben olvidar los intereses de los llanitos. En 1967, el 99,6% de ellos había expresado por referéndum su adhesión al estatus de territorio británico de ultramar. La autonomía de gestión implementada prevé que la Corona sólo intervenga en materia de relaciones exteriores y de defensa.

El brexit podría cambiar la situación de la mediación establecida después de las discrepancias de 2013. La Comisión Europea había recomendado enérgicamente dar fluidez a la circulación en la frontera, donde los meticulosos controles provocaban interminables colas de espera que podían durar hasta nueve horas –a la vez que hacían caer el contrabando por vía terrestre en cerca de un 50% según las autoridades españolas–. España, desde entonces involucrada en la modernización de los accesos fronterizos, elevó de dos a cuatro el número de vías de entrada al país, una de ellas reservada a los trabajadores fronterizos españoles. Además, puso en práctica el uso de escáneres, de lectores de huellas digitales y de sistemas de reconocimiento facial y creó un espacio dedicado al registro de vehículos sospechosos. Sin embargo, unos meses antes del fin de esas obras, terminadas en el verano de 2015, García-Margallo se negó a aligerar los controles aduaneros debido a la persistencia del contrabando, que le habría costado a la Unión Europea 700 millones de euros entre 2010 y 2013 (3). La desconfianza sigue siendo la regla, tal y como lo demuestra la investigación de la Oficina Europea de Lucha Contra el Fraude (OLAF), que revela indicios de tráfico ilegal en torno a la colonia y la implantación de mafias vinculadas a ese comercio. Así, pues, desde el 1 de enero de 2015, Gibraltar se vio obligado a reducir la importación de cajetillas de cigarrillos de 110 a 90 millones.

Pese al impacto económico del Peñón sobre la zona, al Gobierno español le cuesta tener en cuenta la opinión de los gibraltareños. “Nuestra soberanía nunca podrá ser negociada. Somos británicos y hay que respetar la existencia de una población instalada aquí desde hace tres siglos”, recalca Fabian Picardo, ministro principal de Gibraltar. Según la ONU, la población debe pronunciarse sobre su futuro, tal y como lo hizo por segunda vez en 2002 : entonces, cerca del 99% de los habitantes rechazó en un referéndum su anexión a España. “¡No sorprende que quieran seguir siendo británicos !”, exclama Francisco Linares, un habitante de San Roque, una pequeña ciudad erigida a una decena de kilómetros del Peñón por los exiliados de Gibraltar. En efecto, tras la toma de la ciudad en 1704, sus habitantes fueron forzados a abandonar el lugar en beneficio de los británicos. Como Linares, aquí muchos sueñan con el día en el que la bandera española ondee de nuevo allí. “En cuanto un llanito pone los pies más allá de la frontera, rápidamente se da cuenta de la diferencia de nivel de vida y se pregunta qué puede ofrecerle España. Nuestras autoridades deben dejar de considerar al Peñón como un enemigo y, más bien, deberían implicarse en la mejora de la zona para hacerla más atractiva a los ojos de los gibraltareños”.

Sin embargo, no es fácil atraer a una población acomodada que cree poco en la posibilidad de un futuro próspero con aquellos que la hostigan desde hace siglos. En los bares, las conversaciones en inglés integran cada vez menos préstamos españoles. Peter Montegriffo, abogado y ministro de Comercio e Industria entre 1996 y 2000, señala : “Aunque aquí se impone el bilingüismo, los jóvenes, como mis hijos, cada vez experimentan más dificultades para expresarse en español. Efectivamente, esto es debido a que la educación se imparte en inglés, pero también a que asocian el castellano con un país hostil y, entonces, se niegan a hablarlo”. En lugar de buscar remediar la situación, Madrid decidió cerrar en 2015 las puertas del Instituto Cervantes, que vela por la enseñanza y la difusión de la lengua y la cultura españolas, borrando así un poco más su huella en ese pueblo que, sin embargo, antes reivindicaba una cultura mestiza.  

 

NOTAS :

(1) Memorando de la Comisión Europea, Bruselas, 24 de septiembre de 2013.

(2) Carta del ministro principal de Gibraltar Peter Caruana al Secretario General de la OCDE, 27 de febrero de 2002.

(3) El País, Madrid, 13 de agosto de 2014.





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