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Golpe de Estado

Par Maurice Lemoine  |  25 août 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

De la Organización de los Estados Americanos (OEA) a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pasando por la Unión Europea y el presidente de Estados Unidos Barack Obama, la reacción ha sido unánime : una condena sin atenuantes del golpe de Estado que, el 28 de junio, derrocó al Presidente hondureño Manuel Zelaya, expulsado manu militari a Costa Rica. Al evocar “la restitución inmediata del Presidente Zelaya al cargo y las funciones que la soberanía popular han otorgado a éste”, el presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D’Escoto, afirmó de entrada : “Ninguna otra alternativa será aceptable para la comunidad internacional” (1).

No obstante, algunos se han cuestionado la legitimidad “del ex-presidente (¡ !)” que había “violado la Constitución” al pretender modificarla “para poder postularse a un nuevo mandato” (cuando ésta lo prohíbe) en las elecciones presidenciales del próximo 29 de noviembre (2). Error (o mentira). Apoyado por cuatro cientas mil firmas, el jefe de Estado había simplemente previsto consultar a los ciudadanos sobre la eventualidad de organizar, el día del escrutinio, al que no podía presentarse –ya que la Constitución de 1982 sigue vigente–, una “consulta” de carácter no vinculante en la que se preguntaría a los hondureños si deseaban o no, a corto plazo, convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (3).

La actual Constitución tiene la particularidad de contener varios “artículos pétreos” –entre los cuales uno se refiere a la no-reelección del Presidente (art. 4)–, que “prohíbe” reformar. Curiosa camisa de fuerza impuesta al pueblo al que, en principio, corresponde “la soberanía de la cual emanan todos los poderes del Estado” (4). Se dice que fue por haber “proyectado” una refundación de la Carta fundamental –¡más allá del tema de la reelección !–, por lo que Zelaya fue defenestrado.

En realidad, cometió tres pecados capitales : originario del centroderecha (Partido Liberal), rompió con las elites político-económicas que siempre habían reinado en el país ; aumentó el salario mínimo en un 50% ; y se adhirió a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), sumándose al campo que preconiza la ruptura con el neoliberalismo : Bolivia, Cuba, Ecuador, Venezuela, etc. Es al “eslabón débil” de esa organización al que acaba de atacar la derecha continental. 

En abril de 2002, el presidente George W. Bush había apoyado el intento de derrocar a Hugo Chávez en Venezuela. Barack Obama, por su parte, se sumó a la condena conjunta del golpista Roberto Micheletti. Pero mientras declaraba que “el único presidente de Honduras es Manuel Zelaya”, la secretaria de Estado Hillary Clinton ofreció una bocanada de oxígeno a los “golpistas” al proponer una mediación del presidente costarricense Oscar Arias, dejando de hecho a la OEA –mayoritariamente a la izquierda o centroizquierda– fuera de juego.

En Washington se ejercen fuertes presiones en contra de Zelaya. El Pentágono posee en Honduras, en Palmerola, una base militar considerada estratégica. Ahora bien, acaba de perder la de Manta (Ecuador, miembro del ALBA), cerrada a petición del presidente Rafael Correa. Nombrado por Bush en septiembre de 2008, el embajador estadounidense Hugo Llorens era, en 2002 y 2003, director de Asuntos Andinos (incluía a Venezuela, en el momento del golpe) en el Consejo Nacional de Seguridad (NSC, según sus siglas en inglés). En los días anteriores al 28 de junio, participó en numerosas reuniones con los “responsables militares y líderes de la oposición” (5).

La principal propuesta presentada por Arias –un gobierno de unidad nacional (es decir, el regreso de Zelaya a la presidencia, pero sin poder real)– fue rechazada por Zelaya. También fue descartada por Micheletti, para la gran ira de Clinton que le ofrecía, en bandeja, una salida de la crisis en parte victoriosa.

¿Doble juego de Washington ? Divergencias entre la Casa Blanca y el binomio Departamento de Estado / Pentágono ? Si no se restituye el Estado de Derecho y/o si Honduras se hunde en la violencia, el crédito de Obama ante una América Latina que lo había recibido con esperanza y entusiasmo se verá fuertemente mermado. 

 

Notas :

(1) BBC Mundo, 29 de junio de 2009 : www.bbc.co.uk

(2) Tesis evocada por LeMonde.fr (29 de junio) y apoyada sin reservas, entre otros, por El País (Madrid, 29 de junio), Libération (París, 30 de junio), The Economist (Londres, 2 de julio).

(3) Medida que está en línea con el artículo 5 de la Ley de Participación Ciudadana de 2006.

(4) Artículo 2 de la Constitución : www.honduras.net/honduras_constitution.html

(5) The New York Times, 30 de junio de 2009.





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