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Guayana Francesa : bajo los adoquines está la Biblia

Par Elven Sicard  |  29 mai 2017     →    Version imprimable de cet article Imprimer

La población de la Guayana Francesa se ha duplicado en veinticinco años. Sus habitantes se sienten abandonados por la metrópolis, de la que depende para todo o para casi todo, y siguen estando aislados económicamente de sus vecinos. No obstante, la porosidad de su frontera la hace permeable tanto al tráfico de oro como al proselitismo evangelista. En primera línea se encuentran los amerindios, quienes se juegan su futuro como pueblo.

Las organizaciones amerindias, con sus propias reivindicaciones, han participado plenamente en el movimiento social guayanés de la primavera. Al sentirse olvidados por los poderes públicos, los seis pueblos primigenios de la Guayana Francesa (entre diez mil y veinte mil personas según las estimaciones) están en estrecho contacto con los traficantes de oro y sufren los estragos causados por el bateo del oro, tanto en el ámbito medioambiental como en el de la seguridad. Éste es particularmente el caso de los pueblos del interior, que se han vuelto sedentarios y habitan en el curso alto de grandes ríos (los wayanas en el Alto Maroni, los wayampis en el Alto Oyapoque y los tekos en ambos ríos). Una muestra de su malestar se traduce en un índice de suicidio en el caso de los jóvenes entre ocho y diez veces superior a la media de la Guayana Francesa (1). Esta situación, compartida en menor medida por los pueblos costeros (los kali’nas, los arawak-lokonos y los palikurs), comenzó a ponerse de manifiesto en 2003, pero tuvieron que pasar doce años para que se envíe una misión.

El informe parlamentario entregado al Primer Ministro francés el 30 de noviembre de 2015 señala incumplimientos de las obligaciones por parte del Estado tan diversos como la ausencia de acceso a servicios básicos (agua corriente, electricidad, cobertura telefónica, transportes) o las deficiencias del sistema sanitario, la mala atención hacia las personas drogodependientes o alcohólicas, la contaminación neurotóxica del agua y de los peces con el mercurio que utilizan masivamente los buscadores de oro para obtener el metal precioso. Así, algunos estudios sobre la concentración de mercurio en el pelo han demostrado que “los niveles de exposición crónica a los que se someten las poblaciones ribereñas amazónicas se encuentran entre las más elevadas del mundo” (2).

De la misma manera, los parlamentarios mencionan una identidad amerindia destrozada. Los adolescentes de los municipios aislados wayanas y wayampis del Alto Maroni y del Alto Oyapoque deben abandonar a sus familias para cursar los primeros años de la secundaria en la ciudad más cercana, a varias horas de distancia. Al desarraigo se añade la vida en internados a menudo vetustos o en familias de acogida movidas solamente por el afán de lucro. En lo que respecta a los últimos años de la secundaria, hay que desplazarse aún más lejos, al litoral. Allí, los internados cierran los fines de semana y los jóvenes se encuentran abandonados a su suerte, presas de sus tormentos.

Desde que se realizó este diagnóstico, los responsables amerindios y las asociaciones lamentan que no se hayan aplicado las 37 propuestas del informe, viendo en ello una perpetuación de la gran indiferencia de las políticas públicas de la Guayana Francesa con respecto a las comunidades amerindias. Ciertamente, se creó en 2004 un Consejo consultivo de poblaciones amerindias y bushinengués (3), pero el Estado ha acudido a él sólo en una ocasión, en 2007, y la Administración territorial no lo ha hecho nunca. Tampoco se ha recurrido a las organizaciones indígenas para la elaboración del plan de desarrollo de la Guayana Francesa, que el Consejo territorial de la Guayana francesa (CTG) y París negocian desde hace meses. Las resoluciones de dicho consejo producen pocos efectos y no disponen de presupuesto para su funcionamiento. La ley “igualdad real en ultramar”, adoptada en febrero de 2017, supuestamente le otorga más peso al dotarlo de personalidad jurídica.

Además del desprecio que puede subsistir en la sociedad guayanesa con respecto a los pueblos primigenios, en la Francia metropolitana no se les tiene en cuenta como tal. Así, París siempre se ha negado a ratificar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales, que reconoce sus derechos a la tierra y a disponer de ellos mismos. Algunas organizaciones de defensa de los derechos de los indígenas, como Survival, actúan a favor de esta ratificación. Su principio fue aprobado el 23 de febrero de 2017 por la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos, para la cual “el principio de indivisibilidad de la República francesa es compatible con el reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos autóctonos”.

La vía libre que se les ha dejado a las iglesias evangelistas estadounidenses aparece como un síntoma y, a la vez, como una causa de ese profundo malestar, que adopta una dimensión existencial. Su proselitismo es tanto más temible cuanto que se basa en la destrucción de los saberes ancestrales utilizando una iconografía infernal : demonios, juicio final y castigos eternos. “Algunos amerindios convertidos consideran hoy en día que el chamanismo es la encarnación del mal –informa Alexandre Sommer-Schaechtele, secretario general de la Organización de Naciones Autóctonas de la Guayana (ONAG)–. Los evangelistas llenan un vacío institucional y político. Los representantes electos, igual que las asociaciones, no han estado lo suficientemente presentes” (4). La misión parlamentaria ha revelado, entre otras cosas, las “humillaciones y las burlas” de los evangelistas en cuanto a las creencias tradicionales.

Esta cuestión concierne particularmente a las comunidades wayanas del Alto Maroni, en el sur de la Guayana Francesa –en la frontera con Surinam–. Desde abril de 2016, la comunidad se ve sacudida por algunas “crisis de posesión”, que afectan especialmente a las adolescentes. La asociación Acciones para el Desarrollo, la Educación y la Investigación (ADER por sus siglas en francés) registró 161 casos entre mayo y diciembre de 2016, y confirmó que las jóvenes propensas a sufrir crisis eran presas de un “sufrimiento psíquico importante”. Mientras que, igual que la doctora Mireille Renaud, la medicina diagnostica crisis de espasmofilia (5), las adolescentes creen que el culpable es el vetusto internado donde se alojan, ya que en él habría algún espíritu. En esta región en la que el animismo estructura en gran medida las creencias, los habitantes se suman a la explicación de las jóvenes.

Ante la ausencia de respuesta por parte de la medicina científica, muchos padres se giran hacia los evangelistas, quienes pasan por especialistas en la “guerra contra los espíritus”. “La amalgama entre los ‘espíritus’ y los ‘diablos’ provoca una fractura tanto en los rituales como en las relaciones sociales y los psiquismos : se exorciza, ya no se negocia con las entidades”, analiza Marianne Pradem, responsable de la Célula para el Bienestar de las Poblaciones del Interior (CerMePI), creada por la prefectura.

En mayo de 2016, una gran parte de los novecientos wayanas de los pueblos franceses fueron a Anapaiké, al otro lado del río Maroni, que separa la Guayana Francesa de Surinam. Buscaban obtener ayuda de los pastores locales dirigidos por la organización religiosa estadounidense World Team. Las familias, que a veces habían llegado desde lugares alejados, permanecieron allí varias semanas para rezar durante largas jornadas. Algunas sesiones de exorcismo, a veces espectaculares, marcan estos ritos colectivos. En ellos, por ejemplo, se quema ropa que lleve “la marca del diablo” : camisetas negras, rojas o con el número 6. Se trata de una oportunidad única para convertir a decenas de personas. Aiku Amelin, portavoz wayana y asesor municipal de Maripasoula, recuerda : “Los padres eran débiles durante las crisis ; trescientas personas fueron bautizadas”. Entre ellas, niños cuyos padres no habían dado ningún consentimiento para que fueran bautizados.

Los evangelistas aprovechan el creciente malestar. Desde el verano de 2016, el ritmo de las conversiones habría aumentado de forma importante, según los trabajadores sociales de ADER, incluso aunque la movilidad en ambas partes de la frontera hace que la cuantificación de los nuevos adeptos sea una tarea delicada. Según la experta en etnobotánica Marie Fleury, especialista en el Alto Maroni, el evangelismo “llega prácticamente a todo el mundo a orillas del Maroni”. En la ribera francesa se construyeron dos iglesias a finales del año 2016 : la primera en los pueblos wayanas, que se inscribe en un fenómeno más global en la Guayana. “Las iglesias evangelistas ocupan todo el territorio y la espiritualidad tradicional”, lamenta Pradem.

La evangelización de esta región al noreste del Amazonas ahonda sus raíces en las colonias protestantes de Sudamérica : la Guayana Británica (actual Guyana) y la Guayana Holandesa (actual Surinam) (6). En los años 1950, los misioneros protestantes comenzaron a llevar la “buena nueva” a los pueblos aislados. En 1959, la organización Door to Life –que se fusionará con la West Indies Mission (WIM) en 1962– obtuvo del Gobierno autónomo de Surinam la autorización para explorar los confines del país. El Estado vio ahí una oportunidad para desarrollar sus territorios más recónditos y colaboró con la construcción de pistas de aterrizaje en varias localidades del sur.

Los evangelistas comenzaron un trabajo de estudio lingüístico. Walter y Marjorie Jackson, así como Ivan y Doris Schoen –dos matrimonios estadounidenses–, efectuaron una transcripción de los fonemas wayanas en 1963. Claude y Barbara Leavitt, así como Morgan y Mary-Jane Jones, hicieron lo mismo con los tiriyós, otra tribu de la región. Con mucha rapidez realizaron una rudimentaria traducción de la Biblia. Su estrategia también consistía en formar a catecúmenos locales, a menudo convirtiendo a los jefes tribales. Su éxito radicó sobre todo en los servicios que prestaron a las poblaciones sustituyendo la función que tendría que haber realizado Surinam : abastecimiento de los dispensarios, evacuaciones urgentes, proyectos locales de desarrollo. Esta estrategia agresiva, permitida gracias a la generosidad de feligreses de todo el mundo (9 millones de dólares en el caso de World Team en 2016), dio sus frutos. En su página web, la organización World Team (7) se enorgullece de haber convertido al “100% de los tiriyós y de los wayanas de Surinam”. Algo con lo que establecer una sólida cabecera de puente para evangelizar al conjunto de “pueblos alejados”.

“Son sectas”, zanja David François, secretario general de la Federación de Organizaciones Amerindias de la Guayana. Estos movimientos religiosos enumeran numerosas prohibiciones, además de las relativas al alcohol y al tabaco : teléfono, Internet, camisetas negras, tatuajes o piercings. Muchos responsables amerindios denuncian igualmente la obligación de realizar una contribución financiera. “Cuanto más donas, más se menciona tu nombre en los rezos”, resume Rachel Merlet, coordinadora territorial de ADER. Esto representa una cantidad considerable para personas que a menudo viven solamente de la Renta de Solidaridad Activa (RSA) (8). Además, algunos acontecimientos religiosos a veces muy alejados geográficamente marcan el ritmo de vida de los fieles, quienes deben recurrir a los servicios de transporte de pago de las organizaciones.

Los evangelistas, al abogar por hacer borrón y cuenta nueva con respecto al pasado, impusieron un cambio en sus costumbres : sedentarización de estas poblaciones seminómadas, fragmentación del hábitat comunitario en células familiares, intento de ruptura con el mundo de los espíritus y del chamanismo. “En Norteamérica se masacró a los indios a golpe de fusil y de enfermedades. A nosotros nos matan a fuego lento, a golpe de prestaciones sociales, de bebidas, de mercurio... y de religión”, deja caer François.

Algunos antropólogos especialistas en la región, como Pierre Grenand, matizan esta constatación de aculturación : “los wayanas sufren campañas de evangelización desde hace cerca de sesenta años y, en varias ocasiones, se han librado de ellas. Yo me guardaría de predecir el desenlace de ésta”. A lo que su compañera Vanessa Grotti añade : “Aunque ya no hay chamanes, el mundo de los espíritus sigue existiendo. Pueden volver, perfectamente”. Hasta ahora, el Estado francés ha otorgado prioridad a la estructuración de una filial aurífera legal y “permanente” en vez de a las expectativas de los pueblos primigenios. Y la impotencia o el laxismo que demuestra la Administración frente a los bateadores de oro apenas deja lugar a la esperanza de una renovación indígena.  

 

NOTAS :

(1) Aline Archimbaud y Marie-Anne Chapdelaine, “Suicides des jeunes Amérindiens en Guyane française : 37 propositions pour enrayer ces drames et créer les conditions d’un mieux-être”, informe para el Primer Ministro, París, 30 de noviembre de 2015.

(2) Alain Boudou, Jean-Pierre Carmouze y Marc Lucotte (bajo la dir. de), Le Mercure en Amazonie. Rôle de l’homme et de l’environnement, risques sanitaires, IRD Éditions, Bondy (Francia), 2001.

(3) Los cimarrones o bushinengués (alrededor de diez mil personas), son grupos descendientes de esclavos que volvieron a formar comunidades escondidas en el bosque después de ser liberados de sus cadenas. Forman parte integrante del mosaico guayanés con sus lenguas y sus culturas.

(4) Intervención durante el coloquio sobre los suicidios de los amerindios organizado en el Senado francés el 30 de noviembre de 2016.

(5) France-Guyane, Cayena, 22 de abril de 2016.

(6) Joseph F. Conley, Drumbeats That Changed the World, William Carey Library Pub, Pasadena (California), 2000.

(7) Que resultó de la fusión de WIM y de la Regions Beyond Missionary Union en 1995.

(8) Se trata de una prestación social francesa destinada a garantizar a sus beneficiarios una renta mínima a cambio de ciertas obligaciones.





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