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La batalla del ciberespacio

Par Christophe Ventura  |  26 de julio de 2013     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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Desde la Segunda guerra mundial y la firma del acuerdo BRUSA (U.S.British R.I.Circuit [1] entre los EE.UU. y Gran Bretaña, en 1943 y luego que los servicios militares de información y los criptógrafos de esta última hubieron logrado descubrir el código del ejército alemán Enigma, el desarrollo de los sistemas de vigilancia de masas y la interceptación  de datos y de comunicaciones a escala internacional por los Estados estrechamente asociados con los actores de la industria tecnológica no se han detenido. La firma del British-US Communication Intelligence Agreement (UKUSA) continuador del BRUSA [2]  el desarrollo de los sistemas Echelon a fines de los 90 (iniciado en los años 70) y el Terrorism Information Awareness (TIA) elaborado inmediatamente después  de los atentados al World Trade Center y a la Patriot act de 2001 (leer Ignacio Ramonet “Surveillance totale”) o el programa de vigilancia global Prism puesto en marcha por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de los EE.UU. [3] han conformado otras tantas etapas que han estructurado, sin contrapartes democráticas, la empresa de vigilancia de todo el planeta.

Por lo tanto ¿se puede llegar a la conclusión junto a Jean-Jacques Urvoas presidente de la Comisión Legislativa de la Asamblea Nacional y autor de un informe sobre el control de las actividades de información que “desde las revelaciones sobre Echelon, la existencia de este tipo de dispositivos no genera ninguna sorpresa desmesurada? Y ¿”que (el hecho) los usamericanos sientan la tentación de escucharnos no es una novedad”? [4]

En realidad, si y no. La continuidad es indiscutible pero el proceso de fusión integral que se está construyendo entre la sociedad, el estado, los grupos comerciales y la tecnología es del todo inédita. Hemos ingresado en una nueva era abierta con la eclosión de un segundo mundo –inmaterial – vinculado al primero –físico -  por las estructuras “duras” de Internet controladas por el estado y los grupos empresarios: cables de fibra óptica que atraviesan los océanos, satélites, servidores informáticos localizados, computadoras. En tal contexto los EE.UU. llevan inigualable  liderazgo  militar, tecnológico, financiero y comercial. Por otra parte los principales actores de Internet son usamericanos o están sometidos a las leyes estadounidenses y disponen de grandes facilidades financieras y fiscales (en el propio país y en el exterior). Al mismo tiempo, la actividad informativa de los Estados (especialmente de los EE.UU.) se halla ampliamente privatizada y una nebulosa de empresas especializadas trabaja directamente para sus agencias y servicios, dando origen así a una nueva forma de hibridación Estado/empresaria.

Este proceso engendra un cambio de naturaleza del fenómeno de la vigilancia de masas. Su nivel de desarrollo tecnológico combinado con la privatización y su capacidad de tratamiento quasi integral de la humanidad (personas, empresas, gobiernos) modifica desde ya la forma de pensar la cuestión del poder, de la  acción política y de la democracia. El desafío que genera esta reflexión es, a su manera, perfectamente identificada y formulada por el mismo Barack Obama cuando afirma, luego de las revelaciones de quién lanzó el alerta Edward Snowden, que produjo el escándalo Prisma: “Creo que es importante reconocer que no se puede tener un 100% de seguridad, un 100% de respeto por la vida privada y cero inconvenientes. En tanto sociedad se necesita realizar opciones”.

De este modo, el presidente usamericano confirma a su cuerpo de defensa, el análisis desarrollado por Jacob Appelbaum, fundador de la plataforma colaborativa de hacking Noisebridge. Para él todas nuestras democracias incluyen en su sistema el principio del régimen de excepción al estado de derecho, cuando las razones de Estado o los valores constitutivos de la vida en sociedad están en peligro. El aparato del Estado decide, como último recurso, el motivo y el momento de violar esos valores. Puede también cuando le parece oportuno, recurrir al abuso para lograr sus objetivos en materia de vigilancia y de políticas de seguridad. En esta perspectiva, el coautor, junto a Julián Assange de la Amenaza a nuestras libertades.

Como nos espía Internet. Como resistir (Robert Laffont, Paris, 2013. Leer sobre este tema Christophe Ventura, « Julian Assange et la surveillance de masse ») afirma que las democracias están enfrentando a los “Cuatro caballeros del Apocalipsis”, la pornografía infantil, el terrorismo, el lavado de dinero y las guerras de la droga. Cada uno de estos flujos, independientemente del hecho de que deben ser efectivamente combatidos, sirven al mismo tiempo de pretexto para el fortalecimiento permanente de los sistemas de vigilancia global de las poblaciones.

En el terreno de la información y de las comunicaciones, la mundialización ha reforzado los poderes de los Estados. Lejos de reducir sus soberanías, la desaparición de las fronteras comunicacionales, la internacionalización de los flujos y la emergencia de nuevos monopolios de Internet han acrecentado, al mismo tiempo el poder de algunos (EE.UU., los países de Europa occidental, China, Rusia, India) aunque cambiando las formas. De aquí en más, los estados dominantes del sistema-mundo son los capaces de controlar – sobre el plan físico, informativo y cognitivo – aliados a grupos industriales, personas y poblaciones al margen de toda lógica territorial. Es así que lo que está evolucionando, bajo nuestros propios ojos, la naturaleza misma del estado en el marco del desarrollo del ciberespacio. Este último se ha convertido en el nuevo campo de batalla en que los Estados tratan de afirmar su poder.

Frente a esta evolución, ¿qué deben hacer los ciudadanos y las fuerzas que luchan por la democracia y la emancipación? Estas últimas deben aumentar sus combates en el corazón de la nueva dimensión inmaterial del mundo. Esta última se caracteriza por la existencia de una asimetría informativa. En el lenguaje económico, esta noción señala una situación en la que uno de los agentes dispone de informaciones pertinentes del otro el que a su vez no tiene ninguna. De modo que para invertir esta nueva forma de dominación inmaterial es necesario imponerle a los poderosos de Internet (empresas, Estados, agencias, bancos, etc.) el máximo de transparencia y al mismo tiempo el reconocimiento, la promoción y la protección del derecho de las personas al anonimato.

Este combate solo acaba de comenzar.

 

Traducción : Susana Merino

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Notas

[1] Este acuerdo fue pionero en materia de información electrónica – o información de origen electromagnético – (llamado SIGINT por SIGnals de INTeligence) entre los EE.UU. y el Reino Unido preveía la mutualización de los medios, de las informaciones y de las técnicas (algoritmos, codificación, encriptación) entre ambos estados para organizar la vigilancia y la destrucción del Eje (Alemania, Italia, Japón)

[2] Con este nuevo acuerdo, se trata de construir desde ya una red integrada de estaciones de control capaz de asegurar la vigilancia de todo el planeta. En una segunda etapa, los países del Commonwealth (Australia, Canadá, Nueva Zelanda) como también Alemania, Dinamarca, Noruega y Turquía se unirán como participantes asociados, en esta alianza, encargándose cada uno de una determinada zona geográfica. El sitio de la NASA dispone de muchos documentos desclasificados relacionados con la historia de este informativo electrónico: http://www.nsa.gov/public_info/declass/ukusa.shtml

[3] Con la cooperación de los principales actores de Internet y de las redes sociales con la notable excepción de Twitter (AOL, Apple, Dropbox, Facebook, Google, Microsoft, Yahoo, Skype)

[4]  Le Monde, 13 juin 2013.





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