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FÚTBOL MILITANTE EN LA GUERRA CIVIL

La gesta de la Selección de Euskadi

Par Ramón Chao  |  6 mai 2012     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El 9 de mayo, el Athletic Club de Bilbao disputará, por primera vez, la gran final de la Liga Europa. Y el 25 de mayo, jugará su enésima final de la Copa de España, trofeo que ya ganó en 24 ocasiones. El Athletic, una de las grandes revelaciones de la Liga española este año, es uno de los equipos de fútbol más antiguos, fundado en 1898 por influencia de los ingleses que trabajaban en los puertos vizcaínos. Es conocido por su tradición de alinear sólo a jugadores nacidos en Euskadi. En ese sentido perpetúa la tradición nacionalista instaurada durante la Guerra Civil por la inolvidable Selección de Euskadi.

El fútbol (football se decía entonces) llegó a España a finales del siglo XIX. Hay constancia de su práctica por los mineros británicos residentes en Huelva, en 1872. En la última década del siglo XIX comenzó a practicarse también en Bilbao y San Sebastián.

La gesta del combinado vasco se remonta a 1915, cuando empezó a jugar amistosos con el nombre de “Selección Norte”. Inmediatamente después del golpe militar del 18 de julio de 1936, a impulsos del Lehendakari José Antonio Aguirre, se transformó en Selección de Euskadi, cuyo principal objetivo consistía en recaudar fondos para las tropas leales a la República. En realidad, más que un equipo de fútbol, quería ser el embrión de una futura Selección Nacional Vasca, en un momento en que el recién creado Gobierno Vasco estaba tratando de implantar un auténtico Estado soberano.

Conviene recordar que tanto el Athletic Club de Bilbao como el FC Barcelona, encarnaron, en los campos de fútbol y también fuera de ellos, a la democracia española acosada. Ya antes de la guerra, el clima de odio hacia las autonomías no favoreció a estas escuadras ; corrieron numerosos telegramas aseverando que los combinados eran “comunistas” ; la derecha y la extrema derecha los atacaron y denigraron con el objetivo de atemorizar a los gobiernos autónomos y a los aficionados.

En realidad, la Selección de Euskadi era una ampliación del Athletic de Bilbao, al que pertenecía la inmensa mayoría de sus jugadores. Se completó con varios vascos que la guerra había pillado en territorio rebelde, como Serafín Ahedo, del Sevilla FC, y Pedro Areso, del FC Barcelona. Vascos también eran los demás jugadores, aunque ejercieran en otros equipos peninsulares : Luis Regueiro, Ciriaco Errasti, Jacinto Quincoces defendían los colores del Real Madrid. A éstos se unieron Pedro Regueiro y muchos de los mejores futbolistas vascos, tales Isidro Lángara, Guillermo Gorostiza, José “Txato” Iraragorri, José Manuel Urquiola y Ángel Zubieta, el futbolista mas joven en debutar con la selección española. Otros, como Emilio Alonso “Emilín”, jugador vizcaíno del Real Madrid, se incorporaron directamente, más tarde, en Francia.

Luis Regueiro, capitán y portavoz, desempeñaba un cargo fundamental en el equipo. En él recaía buena parte del trabajo promocional de la causa republicana, buscando simpatías y apoyos económicos.

Corría el año 1937, y ya el presidente del Barça, Josep Sunyol, había caído, fusilado, bajo las balas franquistas.

Por cercanía e interés político, Francia resultaba muy atractiva desde el punto de vista de la comunicación política. Por ello, la gira comenzó en la capital francesa el 26 de abril de 1937 con el partido que enfrentó al Euskadi contra el Racing de París en el estadio del Parque de los Príncipes. Lo más notorio del partido no fue el resultado (Euskadi ganó por 0 a 3), sino la equipación estrenada en aquella ocasión. A partir de ese momento los colores de la ikurriña acompañarían al equipo vasco en toda su gira. Aquella primera victoria, si bien en el aspecto deportivo fue importante, en el político tuvo aún más eco, por coincidir con el odioso bombardeo de Guernica.

Los jugadores aprovecharon la oportunidad para hacer propaganda a favor de la causa del País Vasco. Visitaron las sedes de dos periódicos (Paris Soir y Ce Soir), realizaron un homenaje en la tumba del Soldado Desconocido –en la que depositaron cintas con los colores de la bandera vasca y de la republicana– y hablaron por Radio París. Luis Regueiro declaró que en Euskadi “todas las ideas políticas y las creencias religiosas eran respetadas ; las iglesias están abiertas al culto y los fieles las frecuentan mientras dure la paz. Nosotros mismos somos profundamente católicos.”

Al día siguiente se celebró una comida de confraternización entre el Racing de París y el Euskadi. Los discursos fueron igualmente significativos. Manu de la Sota (escritor político y dirigente del club), explicó : “Estos jugadores son los gudaris, los soldados que vienen de las trincheras donde han luchado por la paz y la fraternidad”. El Euskadi jugó después en Marsella contra el Olympique, con victoria vasca (1 a 5), lo que dio un nuevo impulso al equipo. Luis Regueiro y el delegado Melchor Alegría se entrevistaron con el cónsul español en Marsella, al que presentaron fotografías de la reciente destrucción de Guernica.

Desde Francia, el equipo de Euskadi se desplazó a Checoslovaquia, donde jugó un partido contra el Praga el 30 de mayo de 1937. Se registró una buena entrada y el público mostró un gran entusiasmo, actitud ésta que se repitió a lo largo de toda la gira. Para este partido la selección sólo pudo desplazar a trece jugadores y, como delegado únicamente fue Manuel de la Sota. La siguiente visita, a Polonia, les opuso el 8 de junio de 1937 al Katowice. En cambio se tuvo que suspender el encuentro previsto en Varsovia, debido a ciertos incidentes con grupos que identificaban al equipo con el comunismo, y que no podían entender cómo personas que se declaraban católicas estuvieran combatiendo contra Franco.

El siguiente destino fue la Unión Soviética, adonde el Euskadi llegó a mediados de junio de 1937. El recibimiento en la estación de Moscú fue apoteósico. Se presentó al equipo como representante de una República popular, hermana de la URSS, lo que no dejaba de ser contradictorio con el carácter moderado y católico de la inmensa mayoría de sus componentes. Para asistir a misa en Moscú, donde el culto católico público estaba prohibido, tuvieron que acudir a la Embajada de Finlandia. En cualquier caso, los soviéticos trataron a los futbolistas vascos a cuerpo de rey, ofreciéndoles todo tipo de agasajos, comidas, visitas, etc. En Moscú se enteraron de la toma de Bilbao, el 19 de junio de 1937, por las tropas navarras de Franco, lo que suponía un duro golpe. Como media Europa recelaba de ellos, y parte de la otra media les prohibía la entrada, los jugadores permanecieron en la URSS hasta mediados de agosto, tras recorrer otras repúblicas soviéticas (Georgia y Ucrania).

El éxito deportivo de la gira por la URSS fue extraordinario. Disputó partidos contra los principales equipos del momento (Lokomotiv, Dinamo de Moscú, de Minsk, de Leningrado, Spartak de Moscú, Dinamo de Kiev y de Tbilisi, selección de Georgia) y casi siempre ganó. El público llenaba los estadios para ver al equipo de Euskadi, con asistencia de hasta 90.000 ó 100.000 espectadores en la capital rusa.

Luego la Selección Vasca viajó a Noruega y a Dinamarca. La llegada a la capital danesa Copenhague fue impresionante. En la aduana, tras los actos protocolarios de bienvenida, todos cantaron la Internacional. Aunque los jugadores vascos ya debían haberse acostumbrado, no les resultó sencillo entender que, también en un país democrático, el recibimiento se pareciera al que habían observado en la Unión Soviética. El encuentro de fútbol que disputaron no fue difícil para los vascos ; ganaron por 0 a 11 (quizá como revancha de que les tocaran la Marcha Real como himno) y así siguieron prácticamente en todos los enfrentamientos ; sólo habían perdido (3 a 2) contra la selección checoslovaca, finalista en el Mundial de 1934.

Al terminar la gira por el Este, la Selección volvió a Francia y tomó la decisión de atravesar el océano para seguir la gira en América. Recaló en México, donde jugó la Liga Mayor de 1938-39. En ella participaban otros equipos de tradición peninsular como el Real Club España y el Asturias F.C. Después de haber logrado trece victorias, un empate y únicamente tres derrotas, el Euskadi resultó subcampeón, tras el Asturias.

En su peregrinar, los futbolistas viajaron luego a Argentina el 25 de febrero de 1938, donde siguieron causando sensación, aunque sufrieron un acoso que acabaría por producir la defunción del equipo. No por impulso de Franco, cuya victoria era inminente, sino de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) que declaró en rebeldía a los jugadores exiliados, y los amenazó con la inhabilitación definitiva.

Acabadas la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, el equipo se disolvió, percibiendo cada integrante 10.000 pesetas de recompensa. Uno de los primeros en regresar a España fue Guillermo Gorostiza, apodado “Bala Roja”, que fue a parar al Valencia CF.

La mayoría se quedó en América. Regueiro, por ejemplo, hubo de asentarse en México después de un breve periodo en el Racing de París. Su implicación con la aventura le marcó de tal manera que le impidió volver, a riesgo de ser encarcelado por las autoridades franquistas. Unos cuantos consiguieron incorporarse al fútbol latinoamericano. Isidro Lángara, por ejemplo, se enroló en el club argentino San Lorenzo, antes de vestir la camiseta del Oviedo.

En su primer partido Lángara hizo cuatro goles. Si este jugador lograra ahora todos los goles que hacía en su tiempo, su cláusula de rescisión no sería muy distinta de la del sueco Zlatan Ibrahimovic : unos 250 millones de euros. Tampoco estarían tan solos Lionel Messi y Cristiano Ronaldo en la disputa del “Pichichi” (apodo, por cierto del también jugador vasco del Athletic Club, Rafael Moreno Aranzadi), del Balón de Oro o del FIFA World Player. Pero ese futbolista vasco inolvidable tenía una desventaja : sus goles no recorrían el mundo por televisión.

La epopeya del Euskadi inspiró a los franquistas ; comprendieron la ventaja política que podían sacar del fútbol. Antes de concluida la Guerra Civil, a finales de 1938, se publica el semanario deportivo Marca para revelar cuáles iban a ser los principios ideológicos y organizativos aplicables al deporte en general y al fútbol en particular. El periodista Miquelarena (uno de los autores de la letra de “Cara al sol”) expresaba la necesidad de “un viraje en la concepción del fútbol para acoplarlo a los nuevos valores del Estado”. Para Miquelarena, “durante la Segunda República, el fútbol había sido una orgía roja de las más pequeñas pasiones regionales y de las más viles”.

Los nuevos gobernantes iniciaron un proceso de re-centralización nacional que se manifestó en la promoción de la Selección española y en la imagen centralista adquirida por el Real Madrid en virtud de su papel de “embajador del régimen”. Este club, modelo de la España de Franco, reinó en el mundo entre 1956 y 1960. La dictadura había encontrado una insuperable embajada ambulante. En cuanto a la Selección española, las autoridades franquistas trataron de recuperar los valores del equipo de Euskadi. Por ejemplo, el mito de la “furia española” provenía, inicialmente, del impetuoso estilo de juego de los “leones” del Athletic de Bilbao.

Bibliografía :

Joseba Gotzon, Historia de la selección de fútbol de Euskadi, Ediciones Beitia, Bilbao, 1998.

Phil Ball, Morbo : The Story of Spanish Football, WSC Books Limited, Londres, 2003.

Félix Martialay, Amberes : Allí nació la furia española, Real Federación Española de Fútbol, Madrid, 2000.





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