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EL CASO STRAUSS-KAHN, LA RESISTENCIA FRANCESA Y LOS ‘INDIGNADOS’ ESPAÑOLES

La necesidad de aprender

Par John Berger  |  30 juillet 2011     →    Version imprimable de cet article Imprimer

La necesidad de aprender y la ignorancia involuntaria : suena a tema de oposición para acceder a algún organismo oficial relacionado con la pedagogía. Pero aquí es un título que describe ciertos acontecimientos que tuvieron lugar en un mismo fin de semana.

El viernes 13 de mayo de 2011 la luna llena brillaba sobre los Alpes franceses. Era una noche muy clara y se veían a simple vista sus cráteres. En Nueva York, Dominique Strauss-Kanhn, presidente del Fondo Monetario Internacional y probable candidato socialista a las elecciones presidenciales francesas, se registraba en el Hotel Sofitel de Manhattan y tomaba una suite de 3.000 dólares la noche.

El sábado 14, más de un millar de personas procedentes de toda Francia se reunieron en la pequeña villa de Thorens-Glières, en la Alta Saboya, para participar en lo que se denominó “Cita Ciudadana”, cuyo objetivo era reflexionar e intercambiar pareceres sobre la historia y las estrategias de la Resistencia, de la resistencia armada y de la resistencia política. Varios veteranos de la resistencia francesa contra la ocupación alemana hablaron tranquilamente de sus experiencias de hace setenta años. No se trataba del lanzamiento de una campaña política, sino de una interpelación pública entre generaciones sobre qué hacer, sobre cómo protestar, frente a lo inaceptable.

Por la tarde de ese mismo sábado, una brigada de la policía neoyorquina detenía a Strauss-Kahn cuando el avión que había de llevarle a París estaba a punto de despegar. Su billete, en clase Business, había sido reservado unos días antes. Lo detuvieron por orden judicial tras una denuncia de intento de violación.

Por la mañana temprano del domingo, día 15, cinco mil personas iniciaron la subida, en coche en su mayoría, hacia el Plateau de Glières, que se encuentra a 1.500 metros por encima de la villa de Thorens.

Estaba nublado y soplaba un viento frío. En el Plateau hay un gran monumento dedicado a la Resistencia francesa que luchó contra el nazismo, el fascismo y el gobierno de Vichy durante los años 1943-44. Éste es un lugar de peregrinación para mucha gente.

La carretera que sube es muy estrecha y tiene unas curvas muy cerradas. Es una comarca muy agreste –agreste en el sentido geológico–, escarpada, rocosa, accidentada, llena de profundas cavernas. Hasta llegar arriba uno va cambiando continuamente de dirección. Esto puede hacerle pensar en los tortuosos caminos de la historia.

Saboya fue la única región de Francia que se liberó de la ocupación alemana sin la ayuda de fuerzas extranjeras. Las fuerzas de la resistencia que lo consiguieron estaban formadas por grupos de distintas tendencias políticas y, en su mayoría, se habían armado gracias a los bombarderos de la RAF, que habían lanzado paracaídas con armas y munición precisamente en el Plateau des Glières ; la operación la había dirigido desde Londres el general De Gaulle. Un batallón local formado por cuatrocientos maquis fueron los que se encargaron de buscar y distribuir estas armas. Las noticias confusas, las órdenes contradictorias, los informantes y las intensas nevadas llevaron a la muerte a más de un cuarto de este batallón. La Milicia –las fuerzas del orden del Vichy– torturaron a muchos de ellos antes de matarlos.

No es un monumento que conmemore una victoria esplendorosa, sino que lo que conmemora es el empeño contumaz de resistir. Durante el domingo en cuestión, el sol salió brevemente, pero durante la mayor parte de la mañana una niebla cerrada y fría redujo la visibilidad a apenas unos cientos de metros y ocultó el monumento.

Al lado de un edificio de piedra que sirve de refugio a los esquiadores de fondo y a los peregrinos que vienen a visitar el monumento, han levantado una tribuna, cubierta con una lona que parece bastante endeble, desde la que los oradores se dirigirán a las cinco mil personas reunidas. Sus dimensiones apenas superan a las de un teatrito de marionetas. En la tribuna, bajo la lona sacudida por el viento, había dos micrófonos ; y a cierta distancia se veían dos altavoces alzados sobre unos postes de cara a la rocosa ladera opuesta, donde empezaban a acomodarse las personas que habían venido a escuchar. Se sentaban en la hierba y se subían hasta arriba la cremallera del anorak. Algunos prefirieron quedarse de pie, cerca de la tribuna. Había anoraks de todos los colores, y la gente era de edades muy diversas.

¿Qué les había traído aquí ?

En 1944, tras la Liberación, el Consejo Nacional de la Resistencia hizo público un documento en el que se esbozaban las características esenciales de la Francia que entonces esperaban que surgiera : un país en el que había seguridad social, una educación y una sanidad públicas de alta calidad y unas condiciones de trabajo y unos salarios garantizados, con una prensa y otros medios de comunicación independientes del gobierno y de la empresa.

Tras muchos enfrentamientos y debates, este plan llegó a hacerse realidad entre 1946 y 1952. Francia se transformó en un país en el que prevalecía la justicia social y la responsabilidad democrática y en el que se daban continuos debates, confusos a veces, sobre las maneras de mantener y mejorar esa justicia. Y así se mantuvo firme hasta los años 1980.

Entonces, el nuevo orden económico de la globalización, de las empresas multinacionales y de la hegemonía del capitalismo financiero, basado en la especulación y la deuda, empezó a extenderse por el mundo y llegó a Francia. Los partidos políticos de izquierda y derecha intentaron negociar, pero prevaricaron y terminaron cediendo. Se produjo un cambio en el vocabulario político. “Flexibilidad” echó de un codazo a “solidaridad”. Aquella Francia en la que había cabida para la justicia y la fraternidad empezó a desmoronarse y nadie acudió a evitar el derrumbe.

La elección de Sarkozy en 2007 vino a dar un vuelco absoluto a las perspectivas económicas y sociales. Todo el laberíntico, destartalado y, sin embargo, apasionado sistema institucional de justicia y de seguridad social iba a ser sistemáticamente desmantelado, y lo más rápido posible. Según Sarkozy y sus consejeros todo lo que había significado ese sistema era hoy obsoleto.

La mitad de la gente que subió al Plateau había llevado paraguas. Algunos dos. Cuando empezó a granizar, abrieron uno y echaron un vistazo a su alrededor y ofrecieron el otro a quien no tenía.

Durante su campaña electoral, Nicolas Sarkozy hizo una visita a este Plateau, visita que fue muy difundida por los medios de comunicación y en la que anunció que, si salía elegido presidente, volvería allí una vez al año a rendir honores a los héroes de la Resistencia. Y observó de pasada que en aquel lugar se respirara una “serenidad” especial.

Tras esto, algunos de los miembros aún vivos y portavoces de la Resistencia en colaboración con activistas sociales más jóvenes formaron inmediatamente una asociación, "Citoyens Résistants d’Hier et d’Aujourd’hui” (‘Ciudadanos Resistentes de Ayer y de Hoy’), que llamaba a los ciudadanos a acudir al Plateau todos los años, en un día determinado del mes de mayo, para expresar su oposición al desmantelamiento de la Francia por la que había luchado la Resistencia original.

Por eso aquella fría mañana de domingo había cinco mil personas en el Plateau, escuchando, preguntando, cuestionándose.

No había ni consignas ni pancartas. Sólo las palabras, las frases, que salían de los altavoces al viento que batía contra las montañas. Dejó de granizar. Durante un momento salió un cálido sol. Y volvió a caer un granizo aún más grande. Y paró de nuevo. Entre un orador y el siguiente se producía ese tipo de silencio que guardan los animales después del reclamo, cuando se quedan esperando si hay o no una respuesta lejana.

Las palabras describían experiencias. Las palabras de Walter –fue detenido por los alemanes cuando tenía diecisiete años y enviado al campo de concentración de Dachau– describían la experiencia de recordar a unos camaradas que nunca volvieron.

Las palabras de Jean-Pierre describían cómo se trata hoy en Francia a los trabajadores extranjeros sin papeles.

La palabras de Didier versaban sobre el precio al que las multinacionales agroalimentarias pagan la leche a los campesinos y sobre la cláusula obligatoria que tienen que firmar en los contratos, según la cual se les prohíbe protestar.

Las palabras de Radia contaban las torturas a las que someten las fuerzas de seguridad que permanecen en el poder a los luchadores por la libertad detenidos en Túnez.

Todas las palabras, al igual que aquellos que las escuchaban, tenían los pies en el suelo.

Corine es cajera en un supermercado de Albertville, un pueblo cercano. Estaba allí en el Plateau con cinco de sus compañeras, y sus palabras contaban la historia de su negativa a trabajar los domingos por la mañana, a fin de poder pasar todo el día con sus hijos. Las cinco se arriesgaban a que las despidieran.

Lo que todas estas palabras preguntaban era : ¿Cómo decir No ? ¿Cómo podemos decir No cuando llegue el momento de decirlo ?

Esa misma tarde en la Puerta de Sol de Madrid comenzó la acampada de los jóvenes que protestaban, entre otras cosas, contra los brutales recortes sociales impuestos al gobierno español por el Fondo Monetario Internacional. No tardaría en haber acampadas similares en otras ciudades del país. Este movimiento espontáneo de los jóvenes se denominó 15 M, en recuerdo del día que salieron a la calle a protestar, el quince de mayo.

Varias horas después en Nueva York, Strauss-Kahn fue conducido a una comisaría de policía de Harlem, esposado, con gesto desesperado, y bajo custodia en espera de juicio. Ya se han escrito innumerables palabras sobre este escándalo. Probablemente nunca llegará a aclararse lo que sucedió exactamente en la suite del Hotel Sofitel entre él y la camarera. Y, sin embargo, apenas ningún comentarista ha señalado que, ya sea inocente o culpable, independientemente de lo que hiciera o dejara de hacer, estaba siendo, si tenemos presentes el lugar, las circunstancias y el momento histórico, increíblemente inconsciente de las posibles o probables consecuencias de los actos que realizó, fueren cuales fueren. La ignorancia y la inocencia son dos cosas muy distintas. Pero a veces tienen una expresión facial similar. ¿Cómo explicar semejante ignorancia ?

¿Podría ser que la explicación no fuera ni moral ni patológica, sino ideológica ? El FMI, del que Strauss-Kahn era director, actúa de acuerdo a una lógica sofisticada que es aérea, vaporosa, y se concentra en lo virtual, en la especulación sobre el riesgo, en las tendencias y en la estimación de la rentabilidad, en la constante de la siempre esquiva confianza de los inversores. Para una visión del mundo así de aérea, lo que sucede en la tierra, como cualquier forma de daño colateral, es algo circunstancial, carente de importancia. En términos generales, conforme a esta lógica, se lo puede pasar por alto.

El último orador aquel día en el Plateau fue un joven cuyas palabras describían la experiencia de trabajar en París con los sin techo que ocupan edificios vacíos. Seguramente era la primera vez que se dirigía a un público así de amplio.

Terminó su relato, que fue tan modesto como esas flores que crecen en los prados altos, a esta misma altitud, que cuando las coges y las pones en un jarrón, inclinan la cabeza casi al instante, terminó su relato repitiendo las palabras de uno de los veteranos : “Crear es resistir ; resistir es crear”.

Paró el granizo. Los paraguas se cerraron. El viento seguía siendo gélido. Algunos agitaban tapabocas, ofreciéndoselos a todos los que quisieran tomar uno prestado. Desconectaron los altavoces. La hierba estaba embarrada. ¡Cuidado, no resbaléis !, avisaba una abuela. Y, en su momento, la gente se puso a comentar en grupos lo que habían aprendido. Lo que habían aprendido de las experiencias pegadas a la tierra, las suyas y las de los otros.





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