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La obamanía y el atlantismo

Viernes 8 de mayo de 2009   |   Bernard Cassen
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Salvo raras excepciones, todos los países festejaron la victoria electoral de Barack Obama como si se tratara de su propio triunfo. En tres meses, gracias a las primeras decisiones que tomó, el nuevo presidente logró transformar radicalmente la desastrosa imagen de Estados Unidos heredada de George W. Bush. Casi podría olvidarse que Obama no fue elegido para agradar al resto del planeta, sino para defender los intereses políticos, económicos y estratégicos permanentes de la hiperpotencia americana.

Desde este punto de vista, la ola de obamanía que nos inunda, pasa a ser un valioso punto a favor para promover esos intereses. Esta ofensiva de seducción afecta a Europa en forma muy especial. Vale decir que tanto para los decididores políticos y económicos, como para una buena parte de las “elites” de los medios de comunicación, el atlantismo es una segunda naturaleza. La popularidad de Obama le confiere una legitimidad que hasta ahora le faltaba, y es cosa común referirse a los “Estados Unidos de Obama”, y no a los “Estados Unidos” a secas, para que se acepten las decisiones correspondientes a la voluntad de Washington.

Tuvimos un ejemplo reciente con el regreso de Francia al mando integrado de la OTAN. Nicolas Sarkozy lo programó cuando su amigo George W. Bush aún ocupaba la Casa Blanca, pero, en París, este acto de sumisión a la ortodoxia atlantista suscita menos resistencia desde que Bush abandonó el gobierno. Esta ortodoxia no es solamente un acto de gobierno, sino que es compartida por la mayoría de los eurodiputados, ya sea los que declaran pertenecer a la derecha como los que dicen pertenecer a la socialdemocracia. Prueba de ello es una resolución del Parlamento europeo votada el 26 de marzo pasado, o sea, una semana antes de la Cumbre de la OTAN. Un poco a modo de un mensaje de bienvenida.

Se trata de una resolución sobre “el estado de las relaciones transatlánticas después de las elecciones en Estados Unidos” (documento A6-01114/2009). Este texto de 61 artículos es un verdadero catálogo de las prioridades norteamericanas – las cuales siguen siendo estadounidenses aun cuando hayan sido parcialmente corregidas por Obama -, aceptadas como propias por el Parlamento europeo. Todo lo que pudiera representar un problema –al menos para una parte de los eurodiputados del Partido Socialista Europeo (PSE), especialmente los franceses– está ahí : aprobación del Tratado de Lisboa ; elogio del libre comercio, de la OMC y de la ronda de Doha; loas a las virtudes de la OTAN; apoyo a la política norteamericana en Irak, Afganistán y Pakistán ; reivindicación de un mercado único Unión Europea/Estados Unidos; integración de los mercados financieros transatlánticos; “acceso sin discriminación a las materias primas en el mercado mundial”; “aplicación de los derechos de la propiedad industrial”, etc.

Este texto antológico fue aprobado por 501 votos contra 51 y 10 abstenciones. Junto a la casi totalidad de los eurodiputados de derecha, todos los representantes del PSE, salvo tres, lo aprobaron. Los representantes del Partido Verde Europeo no se quedaron atrás : alrededor de treinta a favor, dos en contra y cuatro abstenciones. El único grupo que se pronunció masivamente en contra fue el de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda verde nórdica (GUE-NLG) presidido por el diputado comunista francés Francis Wurtz.

Esta resolución es un verdadero programa de política interna e internacional. Si cierta izquierda y la derecha gobernante están hasta tal punto de acuerdo en Estrasburgo y en Bruselas, cabe preguntarse por qué siguen fingiendo oponerse a nivel nacional... 

© LMD EDICIÓN EN ESPAÑOL

Notas :

(1) Politique étrangère, volumen 47, n° 3, 1982, París.





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