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ENCUENTROS CON PERSONALIDADES

Manuel Fraga, franquista ilustrado

Par Ramón Chao  |  12 octobre 2014     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Periodista y escritor, Ramón Chao es autor de varias novelas inolvidables. Fue también en París, donde reside, director de Radio France Internationale y corresponsal del semanario Triunfo. A lo largo de esas experiencias conoció a numerosas personalidades. En una serie de textos, Ramón Chao va recordando cada mes para nuestros lectores algunos de sus encuentros con grandes artistas o dirigentes políticos como Manuel Fraga (1922-2012), quien fue ministro de Franco y Presidente de la Xunta de Galicia, de quien nos habla esta vez.

A Fraga lo conocí desde pequeño. Ambos de Vilalba, en la Terra Cha de Lugo (un árbol aquí, otro allá ; el resto es soledad), donde Rouco Varela no merecía haber nacido. El año 1947, descubrí la autoridad e influencia de don Manuel, cuando el entierro de su hermano Pepe, muerto ahogado en un remanso del río Magdalena. Él se ocupó de repescar el cadáver ; llevárselo a su casa en un carro de vacas ; luego le amañó una sepultura y redactó el epitafio : “Aquí yace José Fraga Iribarne, abogado en la tierra, que se ha ido a ejercer la abogacía en el cielo”.

Desde donde me llega la memoria, fui un niño prodigio del piano. A los seis años, mi fama se extendía por la comarca ; a los diez di mi primer concierto en el Circulo de las Artes de Lugo. Manolito Fraga, ya abogado prometedor, iba a nuestra casa para que le tocara El Lago de Como, la pieza más cursi de mi repertorio ; como ya era un personaje influyente, me consiguió becas para ampliar estudios, primero en el Conservatorio de Madrid, y luego en París.

En 1956, a mis veinte años, llegué a la capital francesa con una beca palabral como dicen en la aldea, (“verbal”, que se concede sin papeleo) de Fraga Iribarne, entonces Comisario General de Educación. La beca consistía en estancia gratuita en el Colegio de España y algún dinerillo mensual. Al cabo de dos meses la dirección me pasa factura. No, dije, yo estoy con una beca palabral. Estupefacción. Esa variedad no existe. Ni corto ni acomplejado, se lo comuniqué a don Manuel. Me contestó a vuelta de correo :

Madrid, 11 de noviembre de 1955

Mi querido amigo : En contestación a su carta de fecha 7 de los corrientes, tengo el gusto de comunicarle que ya he hablado del asunto con el Sr. Lago, que me dice que, con esta misma fecha, sale la comunicación para París dando cuenta de su beca en sustitución de uno de los becarios del Colegio, lo cual le será comunicado a Vd. uno de estos días.

Celebrando poder darle esta nueva noticia, le envía un saludo muy cordial su afmo. amigo,

Manuel Fraga Iribarne.

En 1955, nuestros gobernantes eran mucho más francos, o franquistas, quién sabe. Yo estaba desorientado, si valía o no valía como pianista, y encima ocupaba el lugar de otra persona. ¿De quién ? Nunca lo quise saber.

En aquellos tiempos me encargaron dirigir las emisiones en gallego de Radio Francia. Por sus antenas pasaba gente como Celso Emilio Ferreiro, Xosé Luis Méndez Ferrín, Manuel María, todos comprometidos en la lucha antifascista. Era embajador de España José María de Areilza, conde de Motrico. Por orden de Fraga, este “liberal” monárquico intervino ante el gobierno francés y logró suprimir las emisiones en gallego, y de paso también las de Pascual Aldave en euskera y de Narcis Bonet en catalán.

Ya que estamos en el tema de la radio, diré que, en aquellos momentos, yo ejercía de corresponsal suplente en Radio Nacional de España. Quiere decir esto que lo sustituía si el titular caía enfermo o tomaba vacaciones. Me tocó hacerlo en julio de 1969, cuando Franco propuso a Juan Carlos como sucesor. Para comentar esta noticia, se organizó un multiplex con los corresponsales de París, Roma, Londres y Nueva York. Dirigía el programa desde Madrid el falangista notorio y coruñés Victoriano Fernández Asís. Ese día, cada cual contó lo que había leído o inventado, hasta que llegó mi vez : “¿Y en París qué se dice, Chao ?” “Pues no encontré ningún comentario”. “Hombre, algo habrá, ¿no ?, mirando bien…” “Pues no ; no se habla nada de eso”. Excuso decirles que no me habían establecido contrato ni nada, y que nunca más me volvieron a llamar para sustituir al franquista Roselló.

Ese percance no impidió a Fraga volverme a escribir, esta vez para pedirme que fuese a verlo a Madrid. Los franquistas estaban muy preocupados por las emisiones de Radio París, en las que yo participaba junto a Salvador de Madariaga, el padre Olaso, Bacarisse y otros progresistas notorios. Lo consulté con Julián Antonio Ramírez, redactor-jefe y miembro del Comité Central del Partido Comunista. Ramírez me dio el visto bueno tras consultar a Santiago Carrillo, de modo que iba a actuar de agente doble oficial. Cuando entré en el despacho ministerial, ya Fraga me estaba esperando, rodeado de Pío Cabanillas, Garcia Escudero, director general de cine ; Manuel Aznar (abuelo de José María) ; y Juan Gómez Aparicio, director general de prensa. Rompió el fuego don Manuel : “Dígame, señor Chao ; ¿quién dirige Radio París ?” ; “Desde hace dos años lo lleva Supervielle”. “¿Jules Supervielle ?”, interviene Aznar. “No, Jean, su hijo. Jean Supervielle”. “Jules Supervielle, el poeta, murió hace años”, recalcó don Manuel, sin miramientos hacia su mandado. Es más, recitó un poema de Supervielle (en original, no olvidemos que la madre de Fraga era francesa), como para subrayar la falta de cultura de Aznar. Luego se levantó, marcial, y se dirigió a sus subordinados :“¡A este, lo que os pida !”Y salió del despacho dando un portazo. Quedamos perplejos y silenciosos. Pío Cabanillas terminó el silencio, dirigiéndose a mí : “¿Qué podemos ofrecerle ?” “Nada ; no pido nada”. “Pero el Ministro nos ha dicho… –insinuó Aznar, como para resarcirse– Por lo menos el viaje. ¿Tiene usted la factura ?” “El viaje me lo paga Radio Francia”.

Después, allá por 1967, era yo corresponsal del diario El Alcázar. He de aclarar que no se trataba del Alcázar ultraderechista, sino de un periódico reaccionario, como todos, pero que pertenecía al Opus Dei aperturista. Deseoso de entrar en Europa, jugaba la carta liberal... Cuando estalló el Mayo del 68 francés, me di a conocer en España gracias a los cabecillas de ese movimiento, Cohn Bendit, Sauvageot y otros, que conocía, y publiqué sendas entrevistas muy leídas. Tanto, que el ya ministro de Información, Manuel Fraga Iribarne, falangista opuesto al Opus Dei, decidió retirar el periódico de las manos de la santa congregación para entregarlo a sus amiguetes ultraderechistas de la Hermandad de los Defensores del Alcázar de Toledo. Inmediatamente renuncié, y lo hice a tiempo ; de todas maneras me hubieran echado.

Después de mi dimisión empecé a escribir en La Voz de Galicia, periódico de La Coruña dirigido entonces por Francisco Pillado, persona íntegra y progresista, simpatizante del Partido Socialista Popular creado por Tierno Galván. Mantenía yo una crónica semanal muy extensa titulada : “París a los cuatro vientos”. Ahí también llegaron las luchas políticas y el brazo de Manuel Fraga Iribarne. Se montó un complot contra el director de La Voz, manipulado por el ministro Fraga, y perpetrado por María Victoria Armesto y su marido, el conocido periodista de derechas Augusto Assía. Entre Fraga y la pareja desbancaron a Pillado, quien se jubiló y tuvo la valentía de empezar a estudiar piano a su edad. Yo me largué por solidaridad con él.

Unos años después, fui a Cuba para recoger el Premio Internacional de Radio La Habana, atribuido al programa de Radio Francia De la Bastilla al Moncada. Escribí varios reportajes sobre la situación en Cuba. ¿Dónde publicarlos ? Tenía varias opciones en España, y decidí ofrecérselos al diario de los sindicatos verticales (falangistas) Pueblo. ¿Por qué ? Me acordé nada menos que de Jean-Paul Sartre : en vez de publicar en su revista, Les Temps Modernes, lo hacía en France-Soir, diario populachero que tiraba un millón de ejemplares. Pero no todo el mundo es Jean-Paul Sartre, y Pueblo sólo me publicó los dos primeros artículos. A partir del tercero (sobre la Isla de la Juventud), intervino Fraga y se desplomó mi ilusión existencialista.

¿Creerán ustedes que don Manuel me tenía ojeriza ? En absoluto. Todos los años, la Xunta de Galicia otorga premios a la prensa a publicaciones, directores, fotógrafos, etc. En 1990, el responsable de Comunicación del Gobierno gallego, señor Puga, me llamó a París para preguntarme si aceptaría el de periodista. Casi contesto como Salvador Dalí : “¡Que me den dos !” Fui a recogerlo de manos del Presidente de la Xunta al Círculo de las Artes de Lugo, en el mismo lugar en el que a los diez años había dado mi primer concierto de piano.

Ya de muy pequeño, sin que nadie me lo mandara, presentí que, de un modo u otro, debía corresponder a tanta ayuda de Fraga. Se me ocurrió enviar todos los años un frasco de buen perfume francés a Carmen Estévez, su esposa, una rubita esbelta de muy buen ver. No eran esas cualidades las que me atraían, sino la idea de participar en el trapicheo de mi padre, aunque él bastante colmaba a su marido de chorizos, capones y vino de Alella. Me costaba un ojo de la cara, pero me compensaban las cartas de agradecimiento que ella me remitía.

Cuando la inacabable agonía del dictador, la editorial francesa Stock me encargó un libro sobre Franco. Enrique Tierno Galván me guiaría. Decidí hacerlo en forma de entrevistas, y como Fraga ejercía de embajador en Londres me pareció respetuoso, estando yo en París, empezar por él. Allá fui. Me presenté en la embajada, previa cita. Cuando le planteé la primera pregunta salió de su quicio : “Señor Chao ; ya sabe usted quiénes son mis padres, cómo se llaman y de dónde proceden. Plantéeme preguntas inteligentes, no se meta en chismorreos”.

De repente comprendí. Se decía en el pueblo que su padre había emigrado a Cuba, donde se dedicara a cortar caña. El amo del ingenio mantenía relaciones sexuales con la institutriz de sus hijos, una francesita de Biarritz que les enseñaba su idioma, música y a rezar. Pero la damisela cayó encinta. El amo no vio más solución que dar una fuerte suma al peón y a la demoiselle para que se casaran y se llevaran el fruto de sus amores ancilares a Galicia. Ni se me había ocurrido, pero tal vez Fraga estuviera escaldado por lo que le había pasado días antes en el País Vasco. Cerré el magnetófono, eran las cuatro de la tarde y le dije : “Don Manuel : a las nueve sale un avión para Francia ; me da tiempo a volver al hotel, arreglar la maleta y presentarme en el aeropuerto”. Ante mí apareció otra persona : “Mire, Chao ; usted sabe que mi padre nació en Rioaveso. De familia muy pobre, no pudo estudiar y a los diecisiete años ya se iba, caminando, a segar a Castilla. Ahorró para el viaje, y como tantos otros gallegos, emigró a Cuba”. Y siguió contándome la saga familiar.

En 1989, el dictador supremo había muerto ; Fraga vendía cervezas “El Águila” (1) (desbancado por Arias Navarro) y yo me resistí a creer en el aire de libertad que parecía soplar en Madrid ; no así José Miguel Ullán, excelente poeta y periodista en mi equipo de Radio Francia. Él quería regresar, pero recién empezado el servicio militar había huido del cuartel. Desertor : imperdonable. Tenía yo que ir a Madrid para asistir a una reunión de colaboradores de Triunfo. Le propuse a Ullán hablarle a Fraga de su caso. “No creo que sirva para nada”, contestó. Y me preparó un dossier con su currículo.

Fraga me recibió con mucha amabilidad en su piso de Argüelles. Estaba con su hijo, pero no con su esposa : “Hombre ; ¿ese Ullán es de Villarino de los Aires ? ¡Qué nombre más bonito ! A ver si puedo hacer algo. Pero ya sabes cómo son los militares”. Yo no ignoraba cómo eran los militares, pero intervenir alguien intervino ; Ullán se salvó de la condena con solo seis meses de cuartel en Tenerife, de donde salió después de escribir su festiva Soldadesca.

El día exacto de la muerte del dictador, salía en Francia mi libro Después de Franco, España. Meses después lo publicaba en España Felmar, con algunos cambios impuestos por el Ministerio del Interior. El editor había preparado una gran presentación en el hotel Meliá de Madrid. La mayoría de los políticos españoles, de derecha y de izquierda, incluido Fraga, estaban invitados. Me hallaba yo en la redacción de Triunfo. Me llama mi editor Felmar : “Ramón, el Ministerio del Interior ha prohibido la presentación”. Cuelgo y llamo a Fraga : “Don Manuel, no se moleste en acudir ; han prohibido el acto” ; “¿Quién lo prohibió ?” ; “El Ministerio de Interior ; es decir, usted” ; “¡Eso lo arreglo inmediatamente !” Y al rato me vuelve a llamar Felmar : ¡estaba autorizado !

Mientras tanto, Fraga preparaba su famosa ley de prensa, liberal, moderna, que suprimía la aborrecible censura previa. Los directores y los autores serían responsables ante la justicia de lo que escribieran y publicaran. Peor que antes. Ahí cayó Triunfo. Un número dedicado al matrimonio sufrió una pena de cuatro meses de suspensión y una buena multa. Poco después lo hundió el mismo castigo por un artículo de José Aumente titulado : ¿Estamos preparados para el cambio ? La renaciente monarquía le dio la puntilla. Para celebrar su coronación, el flamante Juan Carlos I concedió una amnistía general que benefició a ladrones, estafadores y otros delincuentes, pero de la que se excluyó a Triunfo. 

NOTAS :

(1) Tras su paso por la embajada en Londres, durante un breve periodo fue Director General de Cervezas El Águila.





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