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OTRA EUROPA ES POSIBLE

Matteo Renzi no ha leído a Umberto Eco

Par Bernard Cassen  |  5 de julio de 2014     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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Umberto Eco y Matteo Renzi son ambos italianos, pero existe un abismo entre sus visiones de Europa y acerca del tema crucial de las lenguas.

El autor de El nombre de la rosa entendió muy bien el carácter “fusional” de la relación entre el sentimiento nacional y el uso de una lengua común. Así como el historiador Fernand Braudel (1902-1985) afirmó que “Francia es la lengua francesa”, Umberto Eco sostiene que “Italia es ante todo una lengua” (1). La misma analogía harían autores de otras nacionalidades. Cualquier proyecto de pertenencia a una entidad europea supranacional solo puede ser rechazado por los pueblos si implica la renuncia al uso de una lengua nacional y la imposición, en la práctica, de una lengua única, en este caso el inglés, so pretexto de facilitar la comunicación.

Si se excluye la tendencia universal de “todo en inglés”, ¿cómo tratar entonces de resolver este problema de comunicación en los diferentes compartimentos de la vida de los ciudadanos de una Unión Europea (UE) que comprende hoy en día 24 lenguas oficiales para 28 Estados miembros? Ni qué hablar de los aproximadamente 165 países restantes del mundo… No hay una solución única, sino una combinación de políticas para poner en práctica:

— La enseñanza de, por lo menos, dos lenguas extranjeras en los sistemas educativos, con pares lingüísticos que prioricen las lógicas de vecindad.

— La enseñanza –y los métodos existen– de la intercomprensión entre lenguas emparentadas. Así, para las principales lenguas romances –catalán, castellano, francés, gallego, italiano, portugués, rumano–, cada uno podría expresarse en su lengua y ser comprendido por su interlocutor de otra lengua de la misma familia (2).

— El desarrollo de la traducción escrita y oral, especialmente gracias a herramientas informáticas cada vez más eficientes.

Aunque semejante cóctel de medidas no tiene vocación de suprimir el recurso al inglés, puede limitar su alcance, ya que el objetivo es marchar hacia una multipolaridad lingüística a escala mundial. Ocurre que la Unión Europea constituye un marco institucional único y dotado de medios muy poderosos para avanzar en esa dirección que, por otra parte, corresponde a los principios establecidos en sus tratados sucesivos. Hay, sin embargo, una considerable brecha entre esos principios y la realidad, en la medida en que la Comisión Europea prioriza sistemáticamente el inglés en detrimento de las otras dos lenguas de trabajo: el alemán y el francés (3).

En lugar de combatir esta tendencia, Matteo Renzi, presidente del Consejo italiano –que asume el 1 de julio la presidencia semestral de la UE–, la estimula y la respalda desarrollando un sitio web cuyas dos únicas lenguas son el italiano y el inglés. Pretexto irrisorio esgrimido: la necesidad de ahorrar. No es anodino ya que, desde 2007, los sitios web de las presidencias semestrales podían ser consultados en las tres lenguas de trabajo, además de la lengua del país anfitrión. Con su decisión, Matteo Renzi, que constantemente afirma su voluntad de “ruptura”, rompe simbólicamente con lo que aún subsiste de una Europa de la diversidad de las lenguas y las culturas. Sus socios deberían recordarle que, retomando otra fórmula de Umberto Eco, “la lengua de Europa es la traducción”. Y no el inglés.

NOTAS:

(1) Le Monde Magazine, París, 19 de marzo de 2011.

(2) Léase Bernard Cassen, “Entre locuteurs de langues romanes, on peut toujours se comprendre”, en “La bataille des langues”, Manière de voir, n.° 97, París, febrero-marzo de 2008.

(3) Según el reglamento lingüístico de 1958, las 24 lenguas de la UE son, al mismo tiempo, lenguas oficiales y de trabajo. En realidad, solamente el alemán, el inglés y el francés se utilizan efectivamente como lenguas de trabajo.





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