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Mi testimonio sobre las masacres en guatemala

Par Pierre Charasse  |  26 de julio de 2013     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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Regreso a Guatemala según el artículo de Marilyne Griffon, “En Guatemala mano dura frente a las reivindicaciones sociales”, recientemente publicado en "Mémoire des luttes". Casi exterminado durante los treinta y seis años de guerra civil (1960/1996), el país experimenta ahora una intensa actividad política que introduce en el centro del debate público la cuestión del “genocidio” perpetrado contra los indígenas durante esos años negros.  En este testimonio personal el antiguo embajador francés Pierre Charasse, que vivió en el país entre 1977 y 1979 evoca su convivencia con la escalada de la violencia militar que conducirá al horror y al análisis de los actuales desafíos del proceso al general Efrain Ríos Montt.

Rara vez se habla de Guatemala en los medios internacionales. Pero el 10 de mayo se produjo una noticia que tuvo enorme eco: hecho inesperado y excepcional, un tribunal civil guatemalteco presidido por el juez Jazmín Barrios, condenó al general Efrain Ríos Montt, antiguo presidente de facto de la república (1982/83) a ochenta años de prisión de los cuales cincuenta por genocidio. Pero poco tiempo después, el 22 de mayo, la Corte constitucional de Guatemala anuló el juicio por adolecer de vicios formales. El proceso debe ser revisado en apelación. Luego no se ha vuelto a hablar de Guatemala.

Me parece útil aclarar la situación de este hermoso y desdichado país. Las fuerzas armadas y los medios empresarios, especialmente los grandes “finqueros” productores de café han actuado siempre de común acuerdo para “liberar” a Guatemala de la “amenaza comunista”. Durante treinta y seis años (1960/96) Guatemala vivió una larga guerra civil que provocó  200 mil muertos y 450 mil exiliados hacia México. Se ha establecido que más del 90% de las víctimas civiles lo fueron por el ejército o por grupos paramilitares, la guerrilla no practicó jamás la eliminación física de los dirigentes indígenas que se le oponían salvo en un caso, que ha reconocido (“El Aguacate” con 22 muertos) y que se produjo a raíz de la desobediencia de un jefe local de la guerrilla y por problemas de comunicación con el estado mayor de su grupo. Ahora, la extrema derecha pide que si el ejército es acusado de genocidio, también lo sea la guerrilla!

Entre 1994 y 1996, se firmaron doce acuerdos de paz, entre el gobierno guatemalteco y la Unidad revolucionaria nacional guatemalteca (URNG), que representaba a los diferentes componentes de la guerrilla, en Oslo, Estocolmo, Madrid y México. Siguiendo el esquema de acuerdos de paz de El Salvador firmados en México en 1991, la guerrilla aceptó abandonar las armas e integrarse a la vida pública del país mediante la participación en elecciones locales y nacionales a cambio    de la finalización de la violencia y de la represión orquestadas por el poder político. Pero muy pronto quedó en evidencia que la estructura socio-económica del país no había cambiado y que el sistema político guatemalteco, aún cuando avenido a la  aceptación de normas “democráticas” desde 1986, seguía controlado por el ejército y por los más reaccionarios grupos del sector privado sin la menor intención  de integrar a la sociedad a la población indígena. Tantos muertos y tanta violencia ¿para qué resultado?

El proceso al general Ríos Montt ha desencadenado a las fuerzas más oscurantistas del país que denuncian “la farsa del genocidio,  un complot comunista apoyado por la iglesia católica”, Pero es público y notorio que Ríos Montt es un peligroso iluminado, miembro activo de una secta evangelista que ha asumido la misión de salvar a occidente. Las masacres por él mismo ordenadas, sus predecesores y sus sucesores tienen el tufo de la purificación étnica. Las amenazas de muerte a antiguos dirigentes políticos de la oposición y de la guerrilla han recrudecido. Se ha conformado una “Fundación contra el terrorismo” y acusa en su sitio de Internet (http://fundacioncontraelterrorismo2013.blogspot.mx/) a todos los que apoyaron    el proceso como una amenaza para el país. Entre las personalidades amenazadas se encuentra Rigoberta Menchú , premio Nobel de la paz, que desarrolla intensas actividades de apoyo a los pueblos indígenas. Con toda razón todas las personas mencionadas y puestas en tela de juicio por esa Fundación temen la reaparición de los escuadrones de la muerte y de la violencia política como si nada hubiera ocurrido en Guatemala a lo largo de diecisiete años.

Guatemala es el país de América Central con mayoría de población indígena. Cuenta con 15,5 millones de habitantes entre los cuales el grupo maya representa más de la mitad (alrededor de 8 millones de personas) Muchos indígenas mayas se han “latinizado” es decir han abandonado sus aldeas para incrementar la población urbana o han emigrado a los EE.UU. Muchos han renunciado a seguir hablando su idioma (hay 22 reconocidas en el grupo maya) y a seguir vistiendo el atuendo tradicional.

La población maya trata hoy en día de sobrevivir dignamente, con seguridad, a integrarse al mundo moderno y a ser reconocida por sus diferencias. Pero también quiere que sean reconocidos sus sufrimientos y que sean identificados y condenados los que cometieron un genocidio cuidadosamente planificado destinado a eliminar físicamente todo un grupo étnico en nombre de la defensa de occidente.

Viví y trabajé en Guatemala entre 1977 y 1979, como primer secretario de la Embajada de Francia. Llegué un años después del terremoto de 1976 y pude ver como el ejército bajo la presidencia del general Kjell Eugenio Laugerud García, había aprovechado esa catástrofe natural para comenzar a trabajar en el control de la población maya-quiché y la eliminación física de los dirigentes sociales que invertían demasiado en la reconstrucción de sus comunidades campesinas. Pero fue durante la presidencia del general Romeo Lucas García, elegido en 1978, que el horror alcanzó otra dimensión. Las fuerzas armadas asesoradas por expertos estadounidenses e israelíes pusieron en marcha un programa de integración indígena forzosa (creación de  “aldeas estratégicas” ya experimentadas en Vietnam por los usamericanos) y eliminación física de los dirigentes que eludían su control. El ejército  intervenía directamente de manera activa o vinculado a grupos paramilitares apoyados por los grandes propietarios del país y una parte del sector privado. De este modo se crearon la Patrullas de autodefensa civil (PAC) a las que fueron enrolados muchos indígenas para hacer  “el trabajo sucio” por cuenta de la oligarquía y de los militares en el poder. Al mismo tiempo se estructuraron y desarrollaron los movimientos guerrilleros (Ejército guerrillero de los pobres, Organización de los pueblos en armas, Fuerzas armadas rebeldes reagrupadas en el seno de la URNG) que reclutaban también en las aldeas mayas, pero que estaban lideradas por intelectuales  “ladinos” de la capital. La población se encontró así dividida, participando muy a su pesar en su propia destrucción

Durante mi permanencia en Guatemala fui invitado a ayudar, junto a mi mujer Guadalupe, a los indios mam de la aldea de Todos los Santos en la Sierra de Cuchumatanes al norte del Quiché, que querían construir simplemente un museo para guardar muchos vestigios arqueológicos que iban descubriendo al trabajar la tierra, Pensaban que era importante crear una conciencia colectiva sobre la cultura maya. Todos los Santos es muy conocida por su festividad de los muertos el 1° de noviembre, Un pequeño grupo de personas había venido entonces a la capital para buscar apoyo. Se dirigieron a la Alliance Francaise que decidió ayudarlos (especialmente Jeannine la esposa del director con algunos colegas de la embajada)    especialmente en lo referente a sus visitas a la capital (alojamiento, ayudas financieras, contactos). De este modo con Guadalupe, conocí a uno de los responsables del proyecto cuyo nombre no mencionaré dados los problemas actuales y nos hicimos amigos. Emigrado a los EE.UU. conservaba sin embargo  algunos parientes en Todos los Santos. Un paisano sencillo pero de una aguda inteligencia quería ayudar al progreso social de su pueblo, instalando por ejemplo una red de agua potable. El proyecto del Museo era para él un punto de partida para movilizar a la población y poder poner fin a siglos de humillación. Pero su actividad que podríamos calificar de “ciudadana” se veía como muy sospechosa a los ojos del ejército. Con tales ideas solo podía ser comunista o simpatizante de la guerrilla! En 1982, luego que dejé Guatemala, mi amigo me contactó desde los EE.UU. para contarme su triste aventura. El general Benedicto Lucas, comandante militar de la región norte, hermano del antiguo presidente (antiguo   becario de la Escuela de guerra en Francia y admirador de las “enérgicas” acciones del ejército francés en Argelia) fue personalmente a Todos los Santos para poner en marcha un plan de eliminación de “todos los comunistas”. Poco después el ejército se instaló en el pueblo y comenzó a masacrar a gran parte de la población y a incendiar las casas y las cosechas.. Mi amigo sabiendo que el ejército lo buscaba huyó con su familia. Luego de muchas peripecias pudo llegar a los EE.UU. y ser acogido en Tennessee por la comunidad mohawk. Estando allí se enteró que una parte de su familia había sido masacrada, que su casa había sido incendiada y que no podría volver más a Guatemala.. Mantuve contacto epistolar con él durante algún tiempo. Sufrió mucho con su exilio en los EE.UU. en medio de una sociedad  brutalmente distinta de la de su aldea. Sus hijos se norteamericanizaron y no volverán probablemente más a Guatemala.  La carta que me envió el 14 de abril de 1982 es patética e ilustra claramente como se ha desarrollado la política genocida de todo un pueblo:

El 31 de enero de 1980 luego de haber dejado Guatemala tuvo lugar la espantosa masacre de la embajada española, en la que mi colega Jaime Ruiz del Arbol, primer secretario y cónsul fue quemado vivo. Un grupo de campesinos desarmados habían entrado en la embajada de España para denunciar las exacciones del ejército contra los pueblos del Quiché. Con el acuerdo de su gobierno, el embajador de España Máximo Cajal y López había aceptado recibir a ese grupo para escucharlo. El general Lucas, hombre brutal e intelectualmente muy limitado, furioso y poco atento a las normas diplomáticas en vigor – sobre todo la relacionada con la inviolabilidad de la embajada – decidió darles una lección a ”todos esos comunistas”  y dio la orden a la policía nacional guatemalteca de “liberar” a la embajada sin el acuerdo del gobierno español. La policía usó granadas con fósforo blanco, provocando un gigantesco incendio. Treinta y siete personas murieron en esa tragedia (entre ellos Vicente Menchú, el padre de Rigoberta) parte en la embajada y parte el día siguiente en los hospitales en los que habían sido internados. ¡Qué sanguinario encarnizamiento! El embajador seriamente quemado, se recuperó por milagro saltando por una ventana antes de recibir la protección del cuerpo diplomático. Al día siguiente recibía un mensaje: “Muerte al comunista Cajal”!

Algún tiempo más tarde, estando en México, fui a visitar un campo de refugiados guatemaltecos instalado en Chiapas, a lo largo de la frontera entre México y Guatemala. La comunidad europea que prestaba ayuda financiera quería un informe sobre la situación en el lugar. México hizo lo que pudo para albergar en su tierra a esta masa humana  (450 mil personas distribuidas en varios “campos” en Chiapas y en Yucatán). Pero estas regiones de México se caracterizan igualmente por su gran cantidad de población indígena tan pobre como marginada (fue en Chiapas en donde en enero de 1994  tuvo lugar el levantamiento zapatista y por el que el mundo entero descubrió la extraordinaria figura del subcomandante Marcos) Las autoridades mexicanas no podían hacer por estos incómodos huéspedes más de lo que hacían por sus propios residentes. Los refugiados sobrevivían miserablemente pero seguros. Sin embargo su presencia provocaba numerosas fricciones con las poblaciones locales. Poco a poco fueron dejando México luego de la firma de acuerdos de paz ya sea para regresar a sus aldeas de origen o para pasar a los EE.UU. los que todo lo habían perdido y temían por sus vidas.

Este es mi testimonio personal ante el juicio al general Ríos Montt. Es muy difícil luego de haber conocido de cerca estas tragedias humanas dejar de exigir que el genocidio guatemalteco sea efectivamente reconocido por la justicia y que sus responsables sean identificados y condenados por sus actos. Pero las resistencias a la instalación de la verdad histórica son muy fuertes. Y el actual presidente de Guatemala, democráticamente elegido no es otro que el general Otto Perez Molina. En la época narrada era capitán (“El capitán Tito”) a cargo de llevar a la práctica las eliminación de la población indígena en las aldeas ixils del norte del Quiché (Nebaj, Chajul, Cotzal) Fue también el creador de los “kaibiles” comandos de choque entrenados en prácticas brutales como el destripamiento de mujeres encintas o la masacre de niños junto a sus padres.

Sobre estos acontecimientos recomiendo leer el excelente artículo de la periodista guatemalteca Jacqueline Torres Urizar, publicado por Ojarasca, suplemento de junio del diario mexicano La Jornada: http://www.jornada.unam.mx/2013/06/08/oja-palabra.html

Mi estada en Guatemala fue una sorpresa y una anomalía en mi carrera. Estaba destinado a “servir” en Europa. En la red diplomática existe una jerarquía de embajadas: las grandes, las medianas y las pequeñas. Comencé mi carrera en Moscú en 1973, como agregado de embajada en plena guerra fría. Era una “gran” embajada. Al dejar Moscú , el embajador me dijo, bajo las áureas decoraciones de su fabulosa residencia (la Maison Igoumnov , pequeño palacio de las mil y una noches): “Mi querido Pedro, usted va a Guatemala. ¿Qué irá a hacer allí en ese país que nadie conoce? Le propuse conseguirle un buen puesto en una gran embajada europea y usted no quiso, Ha sido su elección, buena suerte!” “Señor embajador le respondí, le agradezco su ayuda, Moscú ha sido para mi una experiencia irreemplazable, pero creo que es necesario conocer también el resto del mundo fuera de Europa y comprender el conflicto este-oeste en la periferia. Parto para Guatemala!”

No lo he lamentado. La experiencia desde el punto de vista humano fue muy dura, pero me ayudó a comprender como los conflictos silenciosos como el de Guatemala, enmarcado en rivalidades entre las superpotencias han provocado tantas víctimas inocentes. Hoy en día el mundo bipolar ha desaparecido, Occidente ha triunfado, la “amenaza comunista” ha sido reemplazada por una lucha ilimitada contra el terrorismo “amenaza global” con contornos voluntariamente difusos y la situación de poblaciones enteras marginalizadas y reprimidas no ha cambiado mucho…

 

Traducción : Susana Merino

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