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LA MINORÍA MÁS GRANDE DE LA HUMANIDAD

Mil millones de personas con discapacidad

Par Lenin Moreno  |  1er juin 2015     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Más de mil millones de personas en el mundo tienen alguna discapacidad. Sin embargo, a pesar de sus luchas y de los logros alcanzados, sólo recientemente el mundo ha brindado un reconocimiento expreso a sus derechos fundamentales atendiendo las necesidades y demandas específicas que se derivan de la discapacidad. La aprobación, en el año 2006, de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad representó un hito en la evolución de los derechos humanos.

Si analizamos las prioridades que asigna la humanidad a temas de interés global a partir de la evolución de los derechos humanos, las personas con discapacidad han sido de las últimas en llegar a la consideración mundial como un grupo prioritario. En los distintos debates y evolución de los modelos políticos y socio-económicos de los Estados, las personas con discapacidad estaban ausentes –y continúan estándolo en muchos casos– de las políticas públicas. Más tarde, fueron consideradas de manera progresiva como un ‘grupo vulnerable’ y una ‘carga social’ a la cual el Estado debía hacer frente. El enfoque sobre los derechos humanos fue fundamental para iniciar un cambio de fondo en las políticas dirigidas a acabar con esta exclusión. Es aquí donde radica –sin duda– la relevancia de la Convención de 2006.

Hasta la fecha, 153 países han ratificado la Convención, vigente desde mayo de 2008. La ratificación por parte de estos Estados implica un reconocimiento nacional de su obligación de brindar atención prioritaria a esta población. Sin embargo, este proceso de adhesión es relativamente reciente, por lo que su impacto en las normativas y en las políticas públicas todavía es incipiente en muchos países.

Si bien se ha avanzado en los derechos y en las políticas públicas de discapacidad en la última década, queda mucho por hacer para que los conceptos de justicia social, de igualdad jurídica y de solidaridad incluyan a las personas con discapacidad, tal y como se ha logrado con otros grupos que, por sus características particulares, han requerido de legislación y de políticas que equiparen sus oportunidades con las del resto de la sociedad.

Las organizaciones de y para las personas con discapacidad han logrado movilizar apoyos significativos para colocar sus derechos en la agenda internacional ; la Convención de 2006 es el resultado de este esfuerzo. Múltiples redes nacionales, regionales e internacionales agrupan a personas de elevado compromiso y de alto nivel profesional que, con años de análisis y experiencia, son los mejores conocedores del tipo, normas y políticas necesarias para hacer del mundo un lugar más incluyente y accesible para cientos de millones de personas con discapacidad. Desafortunadamente, su participación es aún débil en los espacios intergubernametales donde se definen acuerdos de relevancia global en la agenda de desarrollo y de derechos humanos, así como en los espacios de formulación de políticas públicas nacionales.

La limitación de los espacios de participación para las personas con discapacidad fue quizás la razón por la que éstas fueron las grandes ausentes en la Declaración del Milenio del año 2000 y en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). El mundo se comprometió a acabar con la pobreza y el hambre, a lograr la enseñanza primaria universal, a alcanzar la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer, a reducir la mortalidad entre los niños menores de 5 años, a mejorar la salud materna, a combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades, a garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y a fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

Decenas de indicadores obviaron que, para impulsar estrategias nacionales dirigidas a cumplir con todos estos objetivos de forma integral, para todos, era necesario identificar aquellas metas e indicadores que sirvieran de guía a los Estados para que los Objetivos del Milenio tuvieran también el rostro de las personas con discapacidad.

Como bien lo señaló el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, en su Informe sobre la Realización de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las personas con discapacidad, presentado en 2014 : “Los ODM representan un esfuerzo concertado para abordar la pobreza mundial. Sin embargo, no se ha incluido a las personas con discapacidad, ni se las menciona en los objetivos, metas e indicadores que ponen en práctica este marco. Aunque se han logrado progresos notables en relación con su cumplimiento, es difícil evaluar si las personas con discapacidad se han visto afectadas por la aplicación de los Objetivos, y de qué manera, o si se benefician de sus actividades conexas”.

La invisibilidad y la discriminación de las personas con discapacidad generan un círculo vicioso de desigualdad y pobreza. Para la humanidad del siglo XXI esto debería ser inaceptable.

Las personas con discapacidad son las más vulnerables ante la pobreza ; la gran mayoría reúne una o más de las siguientes características : carecen de alimentación adecuada ; viven en viviendas precarias y sin condiciones de accesibilidad ; no tienen acceso al agua potable y al equipamiento sanitario ; carecen de dispositivos técnicos de ayuda y de asistencia personal ; no reciben un atención adecuada en materia de sanidad ; y están fuera de los sistemas educativos. En resumen, hoy las personas con discapacidad son las más pobres de entre los pobres.

En septiembre próximo se llevará a cabo, en el seno de la ONU, la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno para discutir y aprobar lo que será la Agenda de Desarrollo Post 2015.

Esperemos que, en esa ocasión, las personas con discapacidad formen parte de las decisiones y compromisos de esa Cumbre.

Los gobiernos y la sociedad deberían establecer al menos ocho prioridades para asegurar la inclusión y garantizar los derechos de las personas con discapacidad :

1) Poner el desarrollo científico y tecnológico al servicio de las personas con discapacidad. Es decir, hacer de la ciencia y la tecnología instrumentos solidarios que sirvan para mejorar la accesibilidad y la calidad de vida de las personas con discapacidad y para facilitar su participación y sus aportaciones a la sociedad ;

2) Incluir plenamente a niños y jóvenes con discapacidad en los sistemas educativos. Para ello hay que trascender la visión de ‘educación especial’ y de integración, a través de una clara comprensión de la diversidad de las discapacidades. Para que la enseñanza sea verdaderamente universal, son los sistemas educativos los que tienen que adaptarse a todos sus alumnos ;

3) Prestar servicios de salud especializada y accesible. Las personas con discapacidad son más vulnerables a enfermedades prevenibles y, para dicha prevención, se requieren sistemas de salud adaptados a sus necesidades ;

4) Asegurar la inclusión laboral de las personas con discapacidad. El empleo digno es el mejor camino para salir de la pobreza y millones de personas con discapacidad están esperando contar con mayores oportunidades para poner en funcionamiento todo su capital humano, su capacidad y su compromiso con el desarrollo económico y social ;

5) Asegurar la vida y los derechos de las personas con discapacidad en situaciones de conflicto y catástrofes naturales. Desafortunadamente, el diálogo está aún lejos de ser la opción prioritaria para resolver nuestras diferencias y son muchos los conflictos armados que tienen lugar en el mundo. Éstos, además de incrementar el número de personas con discapacidad, generan un sufrimiento adicional a quienes ya la padecen. Por otra parte, en situaciones de desastre y de emergencia, las personas con discapacidad requieren medidas especiales de evacuación y atención ;

6) Hacer visibles a las personas con discapacidad en las estadísticas nacionales y globales. Una información estadística desagregada es fundamental para diseñar políticas que garanticen el pleno disfrute de los derechos de cada persona que vive con algún tipo de discapacidad ;

7) Construir sociedades accesibles. Se deben eliminar cuanto antes los obstáculos y las barreras que impiden el acceso de las personas con discapacidad al entorno físico, al transporte, a la tecnología, a la información y a la comunicación ;

8) Acabar con la discriminación. Sólo la inclusión plena acabará para siempre con el estigma y la exclusión. En la lucha contra la discriminación, el entorno social y familiar desempeñan un papel determinante.

Estas ocho prioridades pueden cambiar al mundo y saldar así esa deuda de la sociedad con las personas discapacitadas. El célebre astrofísico Stephen Hawking, quien vive con una enfermedad motoneuronal y cuya vida ha sido narrada por una reciente película titulada La Teoría del todo, señaló : “… Me doy cuenta de que, de muchas formas, he sido afortunado. Mi éxito en la física teórica ha asegurado que haya podido vivir una vida que valoro. Me he beneficiado de atención médica de primera clase. Puedo confiar en un equipo de asistentes que me permiten vivir y trabajar cómodamente y con dignidad. Mi casa y mi lugar de trabajo se han hecho accesibles para mí. Expertos informáticos me han ayudado con un sistema de comunicación asistida y un sintetizador de voz, que me permiten redactar conferencias y documentos y comunicarme con distintos públicos.’’

Stephen Hawking también afirmó : ‘’La eliminación de obstáculos liberará el potencial de un gran número de personas que tienen mucho que aportar al mundo. Los gobiernos de todo el planeta ya no pueden ignorar a los cientos de millones de personas con discapacidad a quienes se les niega el acceso a la salud, a la rehabilitación, al apoyo, a la educación y al empleo, y quienes nunca tienen la oportunidad de brillar.”

Quizá Hawking es el mejor ejemplo del enorme potencial que está perdiendo el mundo al no prestar atención a cada uno de los más de mil millones de seres humanos que constituyen la minoría más grande la humanidad.





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