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OTRA EUROPA ES POSIBLE

¿Otra “Cumbre de la última oportunidad”?

Par Bernard Cassen  |  5 de enero de 2012     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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El Consejo Europeo que tuvo lugar en Bruselas los días 8 y 9 de diciembre de 2011 se anunciaba como la “Cumbre de la última oportunidad” para la supervivencia del euro, e incluso de la Unión Europea (UE). Al igual que las precedentes, esta Cumbre movilizó a cientos de personas –presidentes, primeros ministros, ministros, consejeros, etc.– pero fue objeto de una dramatización mediática y política excepcional.

¿A quién iba dirigida esa espectacular puesta en escena? ¿A los ciudadanos de Europa? En absoluto. El público destinatario era, al mismo tiempo, infinitamente más limitado en número y mucho más internacional: es el que se oculta detrás de la expresión “los mercados financieros”. A saber, a nivel planetario, los administradores de fondos de pensión, de fondos especulativos, de fondos soberanos y de tesorerías de empresas; los banqueros, las agencias de calificación, etc. En total, menos espectadores sin duda que los actores del teatro bruselense. Puesto que esta representación apuntaba explícita y únicamente a “tranquilizar” a la oligarquía financiera mundial acerca de la fiabilidad de las deudas soberanas europeas, es con la vara de sus reacciones que debemos medir el éxito del espectáculo. El resultado es definitivo: la obra no convenció.

Los dirigentes europeos, a pesar de sus divisiones, hicieron sin embargo todo lo que pudieron para apaciguar a los “mercados”: inclusión en las Constituciones de la “regla de oro” que limita al 0.5% del Producto Interior Bruto (PIB) el déficit de los presupuestos votados por los Parlamentos; vigilancia de los representantes nacionales y de los gobiernos por parte de la Corte de Justicia de la UE y por las jurisdicciones nacionales; imposición casi automática de pesadas sanciones financieras a los Estados cuyos déficits superen el 3%; no participación de los bancos en eventuales “reestructuraciones” (léase anulaciones) de las deudas soberanas, ya que el caso griego no debe sentar precedentes. Respuesta de los “mercados”: baja de la cotización del euro (lo que por otra parte es una buena noticia); alza de las tasas de riesgo; caída de los valores en las Bolsas; degradación, por parte de las agencias, de las “notas” de países de la zona euro.

A diferencia de los responsables políticos y de los gobiernos que no quieren retractarse públicamente acerca de la pertinencia de la moneda única europea –votaron o apoyaron los tratados de Maastricht y de Lisboa–, los operadores financieros miran con frialdad la situación a la que se enfrentan: saben que el euro no puede ser al mismo tiempo la moneda de Alemania y, entre otros, la de Grecia, por las amplias divergencias que existen entre sus economías. Prisionera del yugo de la moneda única, Grecia no puede devaluar, cuando su situación lo exigiría. Entonces, como escribe el Financial Times, poco sospechoso de complacencias izquierdistas, “la única perspectiva inmediata para los países endeudados del sur de Europa es la ‘devaluación interna’, o sea la rebaja de salarios y jubilaciones, los aumentos de impuestos y un desempleo mucho más alto”. Pero, continúa el cotidiano de la City, “a medida que la situación económica empeore, es posible que los electores se rebelen. En las actuales circunstancias, uno puede preguntarse seriamente si el acuerdo de Bruselas podrá ponerse en práctica algún día” (1).

Estas preguntas de fondo están siempre oficialmente ocultadas por un pacto de omertà en los círculos europeos. Son, sin embargo, bastante más importantes que la disidencia británica. El verdadero problema no está entre los 26 miembros de la UE y el Reino Unido, sino en el propio seno de la zona euro. Y, aún más allá, en la aceptación o no de los dictados de los mercados. Ese debería ser el objeto de la próxima “Cumbre de la última oportunidad”...

 

(1) Financial Times, Londres, 13 de diciembre de 2011.





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