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Una gran mentira en España

¡Peligro ! Transgénicos

Par Juan-Felipe Carrasco  |  29 avril 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Los Organismos Modificados Genéticamente (OMG) se obtienen manipulando los genes de plantas, animales y microorganismos. Desde hace una década, se siembran en algunos países –entre ellos España– variedades modificadas genéticamente (MG) principalmente de soja, maíz, algodón y colza. A pesar de la propaganda sobre multitud de funcionalidades, esas variedades comerciales incorporan tan sólo dos características : la resistencia a insectos plaga y/o la tolerancia a un herbicida determinado.

Al permitir franquear las barreras entre especies, esta técnica crea seres vivos que no podrían obtenerse en la naturaleza o con las técnicas tradicionales de mejora genética. Se trata de una tecnología cuyos efectos son impredecibles. Inexplicablemente, el Gobierno de España es favorable a estos cultivos a pesar de sus grandes riesgos para la salud humana. La mayoría de los españoles los rechaza.

Tras once años de cultivo, se ha comprobado que las semillas modificadas genéticamente no reportan los beneficios prometidos por la industria biotecnológica. No reducen el empleo de productos químicos en el campo, sino todo lo contrario. Por ejemplo, en Estados Unidos, los tres principales cultivos modificados genéticamente (MG) han conducido desde 1996 a un aumento en el uso de agrotóxicos (1). Sus rendimientos son menores, o en el mejor de los casos equivalentes a los de las variedades no MG (2), por lo que los argumentos de eficiencia en el uso de recursos como suelo, agua o combustibles carecen de fundamento. Sus impactos sobre el medio ambiente están cada vez más documentados : contaminación de especies silvestres emparentadas, reducción de la biodiversidad, contaminación química del suelo y de los acuíferos entre otros daños.

También se ha verificado que los OMG no han aportado mejoras en la calidad de los alimentos, sino grandes incertidumbres sobre la inocuidad de los productos que contienen ingredientes MG, sobre todo a medio y largo plazo. Para los agricultores, la aparición de “malas hierbas” y de insectos resistentes es un motivo de preocupación. Esto obliga a los campesinos a recurrir a plaguicidas cada vez más agresivos y costosos, mientras que la pérdida de eficacia de insecticidas naturales, como el Bt (Bacillus thuringensis), es un grave perjuicio para la agricultura ecológica. No contribuyen a aliviar la pobreza ni el hambre en el mundo. Al contrario, las aplicaciones comerciales de la biotecnología en la agricultura están aumentando la brecha que separa a pobres y ricos. La mayor parte de las cosechas MG se destinan a la industria textil o a la alimentación ganadera, para satisfacer el consumo de carne –excesivo– de los países ricos.

Resulta difícil que los ciudadanos europeos puedan confiar en las instituciones responsables de velar por la seguridad de estos productos. En primer lugar, porque el procedimiento de aprobación de OMG es antidemocrático : la Comisión Europea (CE) tiene la última palabra y puede autorizar la entrada de un nuevo OMG en el mercado europeo aunque una mayoría de los Estados miembros se haya pronunciado en contra. Además, los estudios científicos sobre los que se basa la evaluación previa a la autorización son realizados por las propias empresas, sin que sea posible en muchos casos verificar los datos y resultados de forma independiente.

Por ejemplo, en 2007, un grupo de expertos del Departamento de Ingeniería Genética de la Universidad de Caen, Francia, publicó un estudio en el que se demostraba que las ratas de laboratorio alimentadas con el maíz MON 863 de la empresa estadounidense Monsanto mostraban signos de toxicidad en el riñón y en el hígado (3). Sin embargo, la CE concedió licencias para comercializar este maíz tanto para el consumo humano como para el consumo animal.

Un reciente estudio hecho público por el Gobierno de Austria concluye que la fertilidad de los ratones alimentados con el maíz de Monsanto NK 603 x MON 810 se ve seriamente dañada, con una descendencia menor que los ratones alimentados con maíz convencional. La toxicidad para la reproducción que presenta este maíz transgénico es un resultado totalmente inesperado. Pero las autoridades europeas lo declararon tan seguro como el maíz convencional. En España se ha cultivado de forma experimental en más de 30 municipios… Con el grave riesgo de contaminar los cultivos de maíz destinados a la alimentación.

La actitud del Gobierno de España es inexplicablemente favorable a esta agresión global de las grandes corporaciones : además de permitir el cultivo en nuestro territorio, nuestros representantes en la UE apoyan sistemáticamente a una Comisión que actúa bajo el influjo de las grandes corporaciones y de los intereses de EEUU.

Sin embargo, a pesar de los más de diez años de presión política, social y económica del puñado de multinacionales semilleras presentes en el sector, sólo existe en la UE un transgénico autorizado para cultivo (la variedad de maíz MON 810 de la multinacional Monsanto) y España es actualmente el único país de la UE que cultiva transgénicos a gran escala. En 2008, según cifras del Ministerio del Medio Ambiente, Rural y Marino, se cultivaron unas 80.000 hectáreas de MON 810, aproximadamente la quinta parte del maíz total sembrado en España. A pesar de las políticas a favor de los OMG tanto del Partido Popular (PP) como del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), la oposición a estas aberraciones biológicas, es compartida por la mayor parte de la población.

El análisis de riesgos del maíz MON 810, aprobado por la UE en 1998, no incluyó aspectos fundamentales como los efectos a largo plazo sobre la salud humana y/o animal o los impactos indirectos o diferidos sobre el medio ambiente, exigidos por la actual legislación (4). Es imprescindible actualizar dicho análisis de riesgos, sobre todo teniendo en cuenta la falta de información exacta sobre los genes contenidos en el ADN del maíz MON 810 en el momento de su aprobación y los resultados de estudios de caracterización posteriores, que sugieren que el ADN del maíz ha sufrido reordenaciones y/o supresiones a raíz de la transformación (5).

Se ha demostrado claramente que no es posible la coexistencia entre cultivos MG y ecológicos o convencionales. Los numerosos casos de contaminación a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde las semillas hasta el producto final, son una demostración clara de que la contaminación transgénica es inevitable. La contaminación de las semillas reviste especial gravedad por su carácter irreversible, impidiendo una posible marcha atrás en caso de ser necesaria la retirada del mercado de determinados OMG. De ahí la exigencia irrenunciable de que se aplique el principio de precaución.

En 2008, Greenpeace presentó un nuevo informe “La coexistencia sigue siendo imposible. Testimonios de la contaminación” (6), en el cual se detallan una serie de casos en que los transgénicos han supuesto un agravio económico para ciudadanos y empresarios y muestra una realidad evidente : el MON 810 es un grave problema y la situación que se vive en España, único país cuyo Gobierno tolera la presencia de transgénicos a escala comercial en la UE, es desastrosa.

El pasado mes de febrero las organizaciones Amigos de la Tierra, COAG, Ecologistas en Acción y Greenpeace, presentaron una nueva lista de adhesiones a la Declaración de la Sociedad Civil contra el uso de transgénicos en la agricultura y la alimentación (7) Este documento cuenta con el apoyo de una gran representación de la sociedad : 450 investigadores, docentes universitarios, organizaciones profesionales agrarias, asociaciones ecologistas, de consumidores, de productores de agricultura ecológica, ONG de desarrollo y entidades privadas se han sumado a este manifiesto. Esto debería servir para que el Gobierno de España, que dice tener políticas progresistas, tome nota de la abrumadora oposición social a los transgénicos y modifique sus políticas que sólo benefician a las corporaciones agro-biotecnológicas.

La utilización de la ingeniería genética en la agricultura no puede considerarse una simple herramienta de producción. El debate sobre los cultivos MG va mucho más allá de la mera aplicación de una tecnología nueva, y plantea ciertas cuestiones éticas que la sociedad no puede eludir. En la actualidad, dichos cultivos benefician exclusivamente a unas pocas multinacionales que los están intentando imponer en todo el mundo. Está en juego nada menos que el control de la agricultura y la alimentación en unas pocas manos, lo que puede conducir a una situación peligrosa para la independencia y supervivencia de pueblos, países y del conjunto de la humanidad.

La utilización de la ingeniería genética en la agricultura no hace más que exacerbar los efectos perniciosos de una producción industrializada e insostenible, que no favorece a los pequeños agricultores, ni respeta el medio ambiente ni reparte equitativamente las riquezas. El futuro de la alimentación no pasa por el control de las multinacionales, que actúan como dictadores de lo que comemos y cultivamos, sino porque las semillas permanezcan en manos de los pueblos.

¿Por qué las empresas de los transgénicos, sus científicos y sus políticos, siguen ocultando los constantes casos de contaminación genética que se dan en España ? ¿Por qué el Gobierno del PSOE protege a las empresas fabricantes de transgénicos ? ¿Por qué no se identifican los campos transgénicos, tal y como marcan las leyes europea y española ? ¿Por qué no se ha puesto en marcha el mecanismo de trazabilidad de los alimentos que permita garantizar la libertad de elección de los productores y de los consumidores ? ¿Por qué la legislación de etiquetado (una de las garantías de una verdadera democracia) es engañosa y poco fiable ?

Frente a las promesas de la industria de los transgénicos, la realidad se conjuga en términos de constantes contaminaciones genéticas, daños ambientales, riesgos para la salud e injusticia alimentaria. El mundo necesita enfoques agrícolas sostenibles y es hora de que el Gobierno de España dedique sus energías y recursos a desarrollar tecnologías y políticas agrícolas compatibles con la protección del medio ambiente y de la salud pública. 
© LMD EDICIÓN EN ESPAÑOL

 

Notas :

(1) http://www.foei.org/en/publications/pdfs/gmcrops2007full.pdf

(2) Jorge Fernández-Cornejo, y Magriet Caswell, “Genetically Engineered Crops in the United States”, Economic Information Bulletin, nº 11, abril de 2006 http://www.ers.usda.gov/publications/eib11/eib11.pdf

(3) Gilles-Eric Séralini, Dominique Cellier y Joël Spiroux. “New Analysis of a Rat Feeding Study with a Genetically Modified Maize Reveals Signs of Hepatorenal Toxicity”. Archives of Environmental Contamination and Toxicology, vol 52, mayo de 2007. www.springerlink.com/content/02648wu132m07804/ ?p=2f83ef96b5ab48049416e58361a1efc8&pi=0

 (4) Anexo II de la Directiva 2001/18/CE del Parlamento Europeo y del Consejo del 12 de marzo de 2001 sobre la Liberación Intencional en el Medio Ambiente de Organismos Modificados Genéticamente.

(5) Comunicado de Prensa del Institute of Science in Society (Reino Unido), 9 de abril de 2004, Comment on Assessment ReportC/GB/02/M3/03 (herbicide tolerant and insect resistant hybrid maize, NK603xMon810).

(6) Más información en : http://www.greenpeace.org/...a-las-co

(7) Nombre completo del manifiesto : Declaración de personalidades y organizaciones de la sociedad civil sobre las aplicaciones de la biotecnología en la modificación genética de plantas, ante la amenaza que representan para la agricultura y la sostenibilidad. Democracia, precaución y medio ambiente.





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