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¿Para qué sirven los partidos políticos ?

Podemos, el partido que agita España

Par Renaud Lambert  |  29 janvier 2015     →    Version imprimable de cet article Imprimer

La perspectiva de una victoria de la formación de izquierda radical Syriza durante las elecciones legislativas anticipadas en Grecia ha sido suficiente para alarmar a la Comisión Europea. Por otro lado, en Europa, la resistencia a las políticas de austeridad se organiza lejos de las estructuras de los partidos, sospechosos de formar parte del problema más que de la solución. Este ha sido el caso durante mucho tiempo en España, hasta la creación de un partido que parece cambiar el panorama político.

Madrid, 15 de mayo de 2011. Centenares, y luego miles de manifestantes, enseguida rebautizados por la prensa como “indignados”, se reúnen en la Puerta del Sol, en el corazón de la capital española, y en el resto de plazas de otros municipios. Denuncian el poder de los bancos sobre la economía y una democracia que “no los representa”. Exaltadas, sus asambleas prohíben banderas, siglas políticas y discursos en nombre de organizaciones colectivas. Enseguida surge un lema entre sus filas : “El pueblo unido no necesita partidos”.

Tres años después, la plaza de la Puerta del Sol está vacía. La ambición por que las cosas cambien no ha desaparecido, ha mutado. De manera inesperada, la esperanza se cristaliza ahora en una nueva formación política, Podemos. Mientras que en la mayoría de los países europeos los partidos chocan frente a un creciente descrédito, Podemos se encuentra en cambio con un éxito impresionante.

“Nos cuesta creerlo –sonríe el eurodiputado Pablo Echenique durante un encuentro organizado por el “círculo” parisino de Podemos en noviembre de 2014–. Nuestro partido fue creado en enero de 2014. Cinco meses más tarde, obtuvimos el 8% de los votos en las elecciones europeas. Hoy, ¡todas las encuestas presentan a nuestra formación como la primera fuerza política de España !” Los dirigentes de Podemos saben que un sondeo no es un escrutinio. En diciembre de 2014, nuevas encuestas relegan además al partido al segundo lugar, por detrás del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Sin embargo, es difícil descartar la posibilidad de una victoria en las elecciones generales que se realizarán lo más tarde el 20 de diciembre de 2015.

La creación de Podemos nace de una constatación : “Para nosotros, el movimiento del 15-M se encerró en una concepción movimentista de la política –nos explica el sociólogo Jorge Lago, miembro del consejo ciudadano de Podemos, su dirección ampliada–. Ahora bien, la idea de que una acumulación progresiva de fuerza iba a llevar necesariamente a una traducción política de las concentraciones demostró ser falsa”. Se crearon asociaciones de lucha contra los desahucios, surgieron redes de resistencia contra el desmantelamiento de la salud, pero el movimiento general se desinfló, antes de disgregarse.

En el plano electoral, el mismo desengaño, prosigue Lago : “El 80% de la población decía estar de acuerdo con el 15-M, pero la gente siguió votando de manera tradicional”. En noviembre de 2011, las elecciones generales se saldaron con una aplastante victoria del Partido Popular (PP). De donde se desprende la doble hipótesis de los fundadores de Podemos : ¿y si entre las personas que simpatizaban con el movimiento del 15-M algunas todavía quisieran seguir siendo representadas, al menos por el momento ? ¿Y si el paso por el Estado representara una condición sine qua non de la transformación social ?

Aunque rompe con el llamamiento a la democracia directa de la Puerta del Sol, Podemos busca ser el heredero del “espíritu de mayo”, fundamentalmente a través de sus principios de financiamiento participativo, de transparencia y de deliberaciones colectivas. Pero sus miembros parecen haber sacado un balance crítico de algunas trampas del asambleísmo. Durante el primer congreso del partido, en octubre pasado, la lista en la que estaba integrado, entre otros, el eurodiputado Echenique defendía la idea de aumentar la descentralización, la horizontalidad, la ductilidad. La lista en la que se encontraba Pablo Iglesias ganó ampliamente, lo que propulsó a este profesor honorífico de la Complutense (dejó de ser profesor titular interino al convertirse en eurodiputado) al puesto de secretario general del partido. Esta candidatura sugería, en cambio, que alcanzar los objetivos del movimiento implicaba dotarlo de una organización menos predispuesta a diluir sus reivindicaciones en una interminable reflexión sobre su propio funcionamiento.

Los manifestantes de 2011 más apegados a la autonomía del movimiento social no están lejos de considerar esto una traición : el nuevo partido estaría haciendo de “tonto-útil” del “sistema”. “Podemos surge como medio de institucionalizar la energía social y el proceso de experimentación masiva” de los últimos años, estima Nuria Alabao, militante de un colectivo barcelonés (1). Podemos no “recupera” el movimiento del 15-M, le propone un nuevo eje de lucha, responde por su parte el entorno de Iglesias. “Los movimientos sociales pueden perfectamente conservar su autonomía y al mismo tiempo apoyar, cuando les parezca conveniente, a un Gobierno que les sea más favorable que los que ha conocido España recientemente”, observa Lago. La cuestión del apoyo presenta, sin embargo, menos dificultades que la de la crítica : ¿qué pasa cuando un Gobierno al que los movimientos sociales consideran como muy tímido es ya objeto de los ataques de los conservadores ? ¿Hay que sumarse al coro de los detractores y jugar el juego del adversario, o hay que callar las reservas y traicionar los combates propios ? Como en cualquier otra parte del mundo, la pregunta permanece intacta.

Aunque no exista una continuidad directa entre el movimiento del 15-M y el surgimiento de Podemos, el segundo no habría sido posible sin el primero que, según los dirigentes del nuevo partido, le ofreció un sujeto político raramente tan constituido en Europa : el pueblo. “No es el ‘pueblo’ el que genera el levantamiento, es el levantamiento el que genera al pueblo”, escribe el colectivo anónimo Comité Invisible en su último libro (2). Mientras en otras latitudes “pueblo” es un vocablo vacío, una potencia política fantasmal que ambicionan aglomerar los discursos cautivadores, en España el término habría tomado cuerpo durante las largas noches de ocupación de las plazas.

La emergencia de este “nosotros” colectivo se explica en gran medida por la infamia de las elites del país, a las que Podemos ha bautizado como “la casta”. Empezando por un nivel de corrupción que hace quedar a Francia como un templo de virtud. Cerca de dos mil casos están siendo actualmente investigados por la Justicia. Estos conciernen por lo menos a quinientos altos funcionarios, con un coste para el Estado estimado en 40.000 millones de euros al año (3). ¿La reacción de los dos principales partidos, el Partido Popular (PP, derecha, en el poder) y el PSOE ? Ponerse de acuerdo para “limitar la responsabilidad penal a las personas individuales que reciben donaciones ilegales” (4), y mantener fuera del alcance de la Justicia a las formaciones políticas que se benefician de las mismas. Incluso la monarquía, considerada intocable, ya no consigue mejorar la imagen del blasón de las elites, porque los escándalos salpican ahora a la infanta Cristina de Borbón.

Cuando se alcanza semejante nivel, explica Iglesias, la corrupción se vuelve “estructural” (5). Imposible, por lo tanto, distinguirla de una concepción más general de la política, ilustrada por un grito : el de la diputada conservadora Andrea Fabra, el 11 de julio de 2012, en una sesión plenaria del Congreso durante la cual Mariano Rajoy anunció un nuevo recorte de los subsidios por desempleo. Fabra no pudo contener su alegría. Aplaudiendo al jefe de Gobierno, añadió este mensaje dirigido a los desempleados : “¡Que se jodan !”.

Mientras que un desempleado de cada dos ya no recibe prestación de desempleo (6), treinta y tres de las treinta y cinco empresas más grandes de España evaden sus impuestos por medio de filiales en paraísos fiscales (7). Desde 2009 medio millón de niños se han hundido en la pobreza, mientras las grandes fortunas del país prosperan : su patrimonio ha aumentado un 67% de media desde la llegada de Rajoy al poder (8). Y para contener el peligro de verse increpada por una población desconfiada, desde diciembre pasado una ley de “seguridad ciudadana” –bautizada popularmente como Ley Mordaza– prohíbe metódicamente todo lo que hizo posible la movilización de 2011 : reuniones en lugares públicos, distribución de panfletos, ocupación de plazas, etcétera.

Podemos estima que la explosión de la burbuja inmobiliaria española quebró las bases materiales sobre las que descansaba el “consenso” inaugurado por la Constitución de 1978, con su pacto de transición, su monarquía –hasta tal punto desacreditada que Juan Carlos I tuvo que ceder el trono a su hijo– y sus esperanzas de ascenso social. “La crisis económica –explica Lago– provocó una crisis política, una situación excepcional que constituye la condición previa a toda transformación social profunda”. Después del proceso “destituyente” de mayo de 2011, habría llegado el momento de iniciar un proceso “constituyente” : transformar el Estado a partir del Estado.

El periodo que atraviesa España sería asimismo el de todos los peligros. Porque, destaca Iglesias, la extrema derecha “se mueve como pez en el agua” (marzo de 2013) (9). En este campo, sin embargo, la izquierda española tiene una ventaja en relación con su homóloga francesa : un amplio sector de la extrema derecha nacionalista está formalmente integrado al PP. Le resulta difícil, por lo tanto, producir un discurso antisistema semejante al del Frente Nacional, que nunca ha gobernado más que en municipios.

Pero el contexto dramático de España es sin duda insuficiente para explicar el reciente auge de Podemos. Desde hace mucho tiempo, la formación Izquierda Unida (IU) defiende un programa similar, sin llegar a agitar el orden político. Se trata igualmente de una cuestión de método.

Para los dirigentes de Podemos, la izquierda ha pecado durante mucho tiempo con sus análisis abstrusos, sus referencias oscuras y su vocabulario codificado. Ahora bien, estima Iglesias, “la gente no vota a alguien porque se identifique con su ideología, con su cultura o con sus valores, sino porque está de acuerdo con él” (30 de julio de 2012). Y más aún si la persona en cuestión sabe cómo mostrarse normal, simpática, o incluso… divertida.

La primera tarea de Podemos consiste entonces en “traducir” el discurso tradicional de la izquierda a partir de ejes discursivos capaces de conseguir la mayor adhesión posible : las cuestiones de la democracia, la soberanía y los derechos sociales. “Concretamente –precisa Lago–, no hablamos de capitalismo. Defendemos la idea de democracia económica.” Queda olvidada, por lo tanto, en los discursos, la dicotomía “izquierda-derecha” : “La línea de fractura –explica Iglesias– opone ahora a los que, como nosotros, defienden la democracia (…) y a los que están del lado de las elites, de los bancos, del mercado ; están los de abajo, y los de arriba (…) una elite, y la mayoría” (22 de noviembre de 2014).

Los guardianes de la ortodoxia marxista denuncian este tipo de análisis social indiferenciado. El 24 de agosto de 2014, un militante interpeló a Iglesias durante una conferencia. ¿Por qué no utilizar nunca el término “proletariado” ? El joven dirigente político respondió : “Cuando apareció el movimiento del 15-M, estudiantes de mi facultad –estudiantes muy politizados, que habían leído a Marx y a Lenin– participaron por primera vez en asambleas con gente ‘normal’. Y enseguida se tiraron de los pelos : ‘¡Pero no entienden nada !’. Gritaban : ‘¡Eres un obrero, por más que no lo sepas !’. La gente los miraba como si fueran extraterrestres, y mis estudiantes volvían contrariados a sus casas. (…) Eso es lo que el enemigo quiere de nosotros. Que usemos palabras que nadie entiende, que sigamos siendo minoría, al resguardo de nuestros símbolos tradicionales. El enemigo sabe muy bien que mientras nos quedemos ahí, no somos una amenaza”.

Fundado, al menos en parte, por militantes de extrema izquierda procedentes en algunos casos de la formación Izquierda Anticapitalista (IA), Podemos celebra que el 10% de sus electores en los comicios europeos de mayo de 2014 antes votaban a la derecha. El reclutamiento social del partido también se ha ampliado a través de la creación de más de mil “círculos” en todo el país. A los jóvenes sobrecualificados y urbanos del principio se han sumado obreros, empleados, gente del campo.

La historia muestra, no obstante, que este tipo de alianza de clases tiende a quebrarse cuando las aspiraciones de los más favorecidos se encuentran satisfechas (10). ¿Cómo garantizar que Podemos no vaya a tropezar con el mismo escollo ? “No podemos –concede Lago–. Pero es una pregunta que sólo se les plantea a los que están en condiciones de ganar. Prefiero enfrentarme a eso que protegerme tras la marginalidad tradicional de la izquierda”.

Henchidos de los análisis de Antonio Gramsci, los dirigentes de Podemos creen que la batalla política no se limita a la transformación de las estructuras económicas y sociales existentes, sino que también debe librarse en el plano cultural, el de la “hegemonía” que legitima el dominio de los poderosos a los ojos de los dominados. Pero en este campo, el enemigo impone sus códigos, su vocabulario, su dramaturgia. Y existe una herramienta más poderosa que las demás para forjar el “sentido común” : la televisión.

Desde 2003, Iglesias y sus amigos (entre los que se cuenta el universitario Juan Carlos Monedero, que hoy está al frente de Podemos) crean sus propios programas audiovisuales, como “La Tuerka”. Este programa de debate político emitido por diversos canales de televisión locales y por Internet, también cumple el papel de centro de reflexión “para, en una perspectiva leninista, intentar entender el mundo con el objetivo de estar preparados cuando llegue el momento” (Iglesias, marzo de 2013). Invitando a personalidades de derecha, los jóvenes camaradas adquieren una notoriedad que les permite intervenir en debates políticos organizados por los grandes canales : el segundo elemento de su estrategia consiste en “no ceder terreno al enemigo”.

Por el momento, esto no significa conceder entrevistas a los equivalentes ibéricos de la revista francesa del corazón Closer, ni tampoco una docilidad desmesurada… El 6 de diciembre de 2014 –viernes previo al puente de la Constitución–, “La noche en 24h”, del canal 24 Horas (información continua), uno de los principales programas políticos de RTVE (Radio Televisión Española), recibió a Iglesias. De entrada, éste aclaró que no consideraba la invitación como un favor : “Ha habido que pelear para que yo esté aquí –observaba ante el periodista y director del programa Sergio Martín–. Déjeme dar las gracias a los trabajadores de esta casa ya que, como usted sabe, sin la presión que ellos han ejercido, nunca me hubiera recibido en su estudio”.

La clase dirigente española cuenta con un sistema que favorece a las dos formaciones dominantes y a los partidos que operan en un territorio restringido, como los nacionalistas. “La aritmética es simple –explicaba el sociólogo Laurent Bonelli en noviembre de 2011–. Los nacionalistas de Navarra de Geroa Bai necesitan 42.411 votos para conseguir un escaño ; el PP, 60.000 ; 64.000 el PSOE ; e IU, 155.000…”. Sin contar que la estrategia de Podemos de rechazar cualquier frente común –una “sopa de siglas” que correría el riesgo de reinscribir a la formación en la vertiente izquierda-derecha– podría privar al partido de los votos de los nacionalistas de izquierda o de los militantes de IU, que denuncian la “irresponsabilidad histórica” (11) de Podemos. La elite española, sin embargo, parece estar inquieta : el 1 de diciembre de 2014, el patrón de los patronos españoles, Juan Rosell, llamaba a una gran coalición “a la alemana” entre el PP y el PSOE.

“El programa de Podemos no tiene nada de maximalista” (12), recuerda Iglesias. Asamblea Constituyente desde la llegada al poder, reforma fiscal, reestructuración de la deuda, descenso de la edad de jubilación a los 65 años, implementación de las 35 horas, referéndum sobre la monarquía, recuperación de la industria, recuperación de las prerrogativas soberanas del Estado concedidas a Bruselas, autodeterminación de las regiones españolas… Y, sin embargo, amenaza a los poderes financieros, lo que Podemos llama la “Europa alemana” y “la casta”. Que ya muestra los dientes. Una columna del periodista Salvador Sostres publicada en el diario El Mundo el 2 de diciembre de 2014 comparaba a Iglesias con el ex dirigente rumano Nicolae Ceausescu, y consideraba que sólo tenía una idea en mente : “Hacer correr la sangre de los más pobres hasta la última gota” (13). Algunas semanas antes, un representante del PP era aún más directo : “Hay que meterle un balazo en la nuca” (14). 

 

NOTAS :

(1) Nuria Alabao, miembro de La Hidra Cooperativa, “Podemos y los movimientos”, 7 de noviembre de 2014, www.diagonalperiodico.net

(2) Comité Invisible, A nos amis, La Fabrique, París, 2014.

(3) “Investigadores de la ULPGC analizan cómo estimar el coste social de la corrupción en España”, comunicado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 29 de julio de 2013.

(4) Europapress, Madrid, 28 de noviembre de 2014.

(5) Pablo Iglesias, Disputar la democracia. Política para tiempos de crisis, Akal, Madrid, 2014.

(6) Nota de la Redacción : A mediados de diciembre de 2014 el Gobierno, la patronal y los sindicatos CCOO y UGT firmaron un nuevo subsidio para parados de larga duración que otorgará 426 durante seis meses a parados con cargas familiares y que hayan agotado las prestaciones.

(7) “La responsabilidad social corporativa en las memorias anuales del IBEX35”, 10ª edición, Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, Madrid, 2011.

(8) Vicente Clavero, “Los dueños del Ibex son un 67% más ricos desde que gobierna Rajoy”, 7 de mayo de 2014, www.publico.es

(9) Salvo mención contraria, las citas de Iglesias proceden de conferencias públicas que se pueden consultar en Internet. Las fechas corresponden con el día en que se subieron los vídeos.

(10) Véase Dominique Pinsolle, “Entre sumisión y rebelión”, Le Monde diplomatique en español, junio de 2012.

(11) Europapress, 12 de diciembre de 2014.

(12) Pablo Iglesias, Disputar la democracia, op. cit.

(13) Salvador Sostres, “El matrimonio Ceausescu”, El Mundo, Madrid, 2 de diciembre de 2014.

(14) Sitio web del diario 20 Minutos, Madrid, 7 de noviembre de 2014.





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