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La necesidad de contar la historia de los refugiados

Por el legítimo derecho de retorno a Palestina

Par Jaume Durá  |  26 février 2015     →    Version imprimable de cet article Imprimer

En 1947, la comunidad judía era una tercera parte de la población que vivía en el territorio de la Palestina histórica y poseía el 6% de la tierra. Después de la guerra de 1948-1949 y la creación del Estado de Israel, éste ocupó el 77% del territorio, mientras que los palestinos se convirtieron en un pueblo oprimido, cerca del 90% de su población, alrededor de 800.000 personas, fue expulsada de los territorios ocupados por los israelíes durante la guerra, en lo que llamaron Al Nakba (“el Desastre”). Este fue el comienzo de un largo periplo de vida como refugiados para una gran parte de los palestinos. La guerra civil en Siria ha empeorado su situación. El ciclo teatral A Salvo. Diálogos de refugiados, organizado por La Casa Encendida (Madrid), Le Monde diplomatique en español y Nuevo Teatro Fronterizo, en colaboración con la CEAR, busca visibilizar diferentes casos de poblaciones refugiadas. El lunes 16 de febrero se representará el “diálogo” inspirado en la historia del refugiado palestino Ahmed J. A. Abuzubaida.

Con la guerra de 1948-1949, además de forzar la huida de 800.000 palestinos, Israel cometió masacres contra la población civil palestina, destruyó aldeas y pueblos enteros, y confiscó numerosas propiedades para forjar el mito de que “Palestina era una tierra sin pueblo”, un “territorio vacío” sobre el que el pueblo judío tenía un derecho histórico.

En la Guerra de los Seis Días de junio de 1967, miles de palestinos volvieron a buscar refugio en los territorios de Gaza, Cisjordania, Líbano, Jordania y Siria, después de que el Ejército israelí ocupara Cisjordania y la Franja de Gaza. Éste fue un nuevo éxodo, protagonizado principalmente por refugiados palestinos de 1948 que vivían en los campamentos a orillas del río Jordán. En aquella ocasión fueron unos 150.000 los refugiados, aunque en los meses posteriores al conflicto otros 300.000 más emprendieron el camino del exilio debido al endurecimiento de las condiciones de vida, principalmente en Gaza. A esto se sumaron después de 1967 las expulsiones individuales o las medidas de alejamiento que afectaron sobre todo a intelecutales, dirigentes políticos y sindicales.

El 11 de diciembre de 1948 la Resolución 194 (III) de la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho al retorno “lo antes posible” de los refugiados palestinos, que ha sido confirmada año tras año por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, incluido Estados Unidos, principal apoyo internacional de Israel. Un año después, en diciembre de 1949, la Asamblea General de la ONU, alarmada ante la grave situación de los refugiados palestinos, aprobó a través de la Resolución 302 (IV) la creación de la Agencia de las Naciones Unidas para la Ayuda a los Refugiados Palestinos (UNRWA, en sus siglas inglesas), que les presta asistencia humanitaria desde mayo de 1950 en todos los campos de Cisjordania, Gaza, Jordania, Líbano y Siria. Las responsabilidades de la UNRWA son proveer de asistencia social (educación, salud, servicios sociales) y administrar la infraestructura de los campos, pero no ejerce funciones de seguridad. Sí dispone de una oficina de servicios en cada campo a la que acuden los residentes para realizar sus gestiones administrativas (1).

Según las Instrucciones sobre Requisitos Consolidados y Registro de la UNRWA aprobadas en 2006, definieron como refugiado palestino a toda persona cuyo lugar habitual de residencia se encontraba en Palestina en el periodo comprendido entre el 1 de junio de 1946 y el 15 de mayo de 1948, que perdió su hogar y sus medios de vida como consecuencia del conflicto de 1948 y que se refugió en cualquiera de las áreas del campo de operaciones de la UNRWA y a sus descendientes. Son también refugiados palestinos, aunque no reúnan esas condiciones, aquellos que huyeron a países en los que no opera la UNRWA y los que en 1948 se encontraban fuera de Palestina y no pudieron volver porque Israel no lo permitió. En segundo lugar, integran el grupo de los desplazados internos, de un lado, aquellos palestinos que huyeron de sus hogares y que permanecen dentro de lo que hoy es el Estado de Israel y, de otro, aquellos que se han visto –y se siguen viendo– obligados a huir de los Territorios Palestinos Ocupados por Israel desde 1967 y sus descendientes. Todos ellos, si están registrados, son beneficiarios de los servicios de la UNRWA. Además, pueden beneficiarse de esos servicios, personas no registradas que se desplazaron forzosamente, como consecuencia de las hostilidades de 1967 y las que siguieron, y personas no registradas que viven en campos de refugiados y comunidades. Debe tenerse en cuenta, también, que están bajo el mandato del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) aquellos palestinos que están fuera del área de operaciones de la UNRWA y no excluidos, por tanto, de la protección otorgada por la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (2).

En consecuencia, existe una gran dificultad para calcular el número exacto de refugiados palestinos. Según los datos de la UNRWA del año 2014, son más de cinco millones los refugiados palestinos, y viven en la franja de Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano y Jordania. A su vez existen cincuenta y nueve campos oficiales de refugiados palestinos, diecinueve en Cisjordania, ocho en Gaza, diez en Jordania, doce en el Líbano, nueve oficiales en Siria y tres no oficiales. Pero existen otras cifras, como las del Sistema Central de Estudios Estadísticos Palestinos, que sitúan la cifra de refugiados en más de siete millones, de ellos solo una parte están registrados y reciben la asistencia de la UNRWA (3).

En su distribución, y según las cifras de la UNRWA, en Cisjordania son 914.000 palestinos los que vienen sufriendo una violación constante de los Derechos Humanos por parte de las autoridades y colonos israelíes, situación agravada con la construcción del muro que divide el territorio y la recolonización de la ciudad de Jerusalén. En la Franja de Gaza la población palestina se calcula en 1,6 millones de personas, de las que 1,3 millones son refugiadas, a los que el bloqueo israelí, las ofensivas militares y el cierre de la frontera con Egipto dificultan enormemente la vida, ya que la crisis humanitaria en Gaza ha dejado al 57% de las familias en situación de inseguridad alimentaria. Los ataques israelíes y su castigo colectivo a la población palestina de Gaza en los últimos años, han provocado miles de muertos y la destrucción de las infraestructuras palestinas, lo que ha supuesto la denuncia por parte de Palestina ante la Corte Penal Internacional, que a su vez ha abierto un examen preliminar por posibles crímenes de Guerra contra el Estado de Israel.

La ofensiva militar israelí denominada “Plomo Fundido”, que tuvo lugar entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009, provocó la muerte de 1.434 palestinos y heridas a más de 5.000, y causó el desplazamiento de casi 100.000 personas, siendo la mayoría víctimas civiles, entre ellas 434 niños, mientras que solo 236 fueron combatientes (4). Los posteriores ataques israelíes sobre la Franja de Gaza de noviembre de 2012 denominado “Pilar Defensivo”, provocó 170 muertos palestinos y más de 1.300 heridos, y el último y atroz ataque israelí del pasado verano de 2014, que duró 50 días y al que denominaron “Margen Protector”, supuso la muerte de 2.100 palestinos, una cuarta parte de ellos niños. En todos estos ataques, Israel y sus aliados impidieron que la población civil palestina de Gaza pudiera huir para refugiarse a otros países o a lugares seguros.

En Siria tras cuatro años de guerra civil, el más de medio millón de refugiados palestinos que allí tenían los mismos derechos que los sirios a excepción de la ciudadanía, han vuelto a ser obligados a desplazarse o refugiarse, sin saber si al final de la guerra podrán regresar a Siria porque dos tercios de sus campamentos de refugiados han sido destruidos o inutilizados. Se calcula que alrededor de 270.000 refugiados palestinos en Siria se han visto forzados a desplazarse dentro o fuera del país. Aquellos que se han refugiado en países vecinos –más de 70.000 desplazados– como Jordania, Líbano, Egipto, Turquía e Irak, se han encontrado cada vez con mayores impedimentos para acceder al asilo y refugio, padeciendo trato discriminatorio, con multitud de casos de detenciones, violencia, devoluciones por parte de países como Jordania, Líbano y Egipto.

En Jordania, donde residen más de dos millones de refugiados palestinos, se ha cerrado la frontera a los refugiados palestinos procedentes de Siria, mientras que sí permiten entrar a otros refugiados sirios. A su vez, Líbano, que acogía a casi medio millón de refugiados palestinos, también ha cerrado la frontera a los palestinos refugiados que huían de Siria, y a los que allí están se les prohíbe trabajar en múltiples profesiones además de imponerles trámites más costosos que al resto de refugiados para poder conseguir un visado de trabajo. Otros países tratan de peor manera a los refugiados palestinos de Siria que al resto de sirios. Este es el caso de Egipto, que impide a estos refugiados registrarse con el ACNUR, lo que les imposibilita derechos como el de reasentamiento, atención médica, etc.

Por todo ello, los refugiados palestinos que han huido de Siria, se enfrentan a la incertidumbre de si podrán regresar a Siria en el futuro y si serán recibidos de igual manera que lo fueron cuando por primera vez llegaron sus padres o abuelos como refugiados. Con la guerra civil siria, la situación de la comunidad palestina refugiada se ha deteriorado enormemente, como ejemplo de ello es la situación vivida en el campo de refugiados de Yarmouk, en Damasco. El que era el centro de la vida política y comercial de la comunidad palestina en Siria está prácticamente destrozado, y de los 150.000 palestinos que allí vivían sólo quedan 18.000 que han conseguido permanecer, o que no han podido salir. Los ataques de las fuerzas del régimen de Bashar el Asad y de la oposición, el bloqueo humanitario y el castigo colectivo sufrido en Yarmouk, han supuesto el asesinato de cientos de palestinos y la muerte por inanición de otras decenas, así como la huida masiva del campo (5).

De Siria procede la mayoría de los solicitantes de asilo en los 44 países más industrializados del mundo en 2013. Fueron alrededor de 56.400 sirios solicitantes de asilo, más del doble que en el año 2012 y seis veces más que en el año 2011, cuando lo solicitaron 8.500. Una parte de estos refugiados sirios son palestinos refugiados que allí residían desde hace años o décadas. El número total se desconoce porque en numerosos casos aparece en la documentación que se les expide que su nacionalidad es siria, o de nacionalidad no reconocida o país no reconocido.

En lo que respecta a España, la suma de solicitantes de asilo palestinos entre 2010 y 2014 supera los 600 casos y no todos consiguen obtener el estatuto de refugiado. La Oficina de Asilo y Refugio (OAR) no aporta datos de procedencia exacta de estos solicitantes palestinos, pero como consecuencia de la labor que realizamos los abogados de las entidades que atendemos a las personas solicitantes de asilo o refugiadas, como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), vemos que estos solicitantes palestinos que consiguen llegar a España con muchas dificultades, provienen de diversos países como la propia Palestina (Gaza o Cisjordania), Siria, Líbano, Jordania, Egipto, o son expulsados o vienen huyendo de la discriminación económica, social y cultural que sufren por no ser considerados nacionales de países como Qatar o Arabia Saudí. La mayoría de ellos son hijos o nietos de otros refugiados de más de seis décadas de exilo palestino, que a su vez no renuncian a su legítimo derecho al retorno a Palestina (6).  

NOTAS :

(1) La situación de los refugiados en España, informe 2007 de CEAR.





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