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DE LOS CAMELLOS A LAS FARMACIAS

¿Por qué Uruguay legaliza el cannabis ?

Par Johann Hari  |  20 février 2014     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El pasado 23 de diciembre, el presidente uruguayo José Mujica aprobó un proyecto de ley que tenía por objetivo crear un mercado regulado y legal de cannabis. Es el primer jefe de Estado que legaliza la producción y la venta (en una red de farmacias) de una droga que está prohibida en todas partes.

En México, los retratos de personas desaparecidas tapizan las paredes de las calles, como si fuera una gigantesca campaña publicitaria urdida por un mercader de hombres. Según la organización Human Rights Watch, más de sesenta mil mexicanos perdieron la vida en la “guerra contra la droga” que lanzó el ex presidente Felipe Calderón en 2006. Baño de sangre alimentado por dos fuentes cruzadas : por una parte, Estados Unidos acarrea dinero y armas del otro lado del Río Grande para reprimir el tráfico de estupefacientes ; por otra, los cárteles se disputan el control de los circuitos de entrega. Como asevera el escritor Charles Bowden, la guerra contra la droga se enlaza con la guerra por la droga. Ambas son igualmente mortales.

Hasta hace poco predominaba cierto fatalismo, inspirado en la constatación de que el salvajismo no puede ser detenido, sino tan solo desplazado. Pero, desde hace dos años, los dirigentes latinoamericanos, entre los que se encuentra el presidente colombiano Juan Manuel Santos, se inclinan públicamente por romper con el dogma represivo y ejecutar una política distinta ; la única, aseguran, capaz de erradicar el mercado de la droga. Este es el camino que está emprendiendo Uruguay. José Mujica, su presidente, es en la actualidad el único jefe de Estado del mundo que ha legalizado la producción y venta de una droga.

Mujica es un dirigente atípico. Miembro de la guerrilla Tupamaros en los años 1980, estuvo preso en el fondo de un pozo durante dos años y medio. Tras su elección en noviembre de 2009, desdeñó la pompa del palacio presidencial para seguir viviendo en su casita con techo de chapas ubicada en un barrio popular de Montevideo. El 87% de su salario lo destina a fondos sociales y suele coger el autobús para trasladarse a sus reuniones.

En julio de 2013, propició una ley que autorizaba el cultivo de cannabis en el territorio nacional y su venta a adultos. Actualmente, los consumidores pueden obtener su hierba preferida en la farmacia, con un límite de cuarenta gramos al mes, o cultivarla ellos mismos, siempre y cuando no supere las seis plantas por familia. Es la primera vez que un país deroga frontalmente los tratados de la ONU que prohíben el uso de la marihuana.

“Hace más de cien años que, de una u otra manera, llevamos a cabo políticas represivas acerca de la cuestión de las drogas –explica Mujica–. Y, después de cien años, hemos llegado a la conclusión de que estas han supuesto un indiscutible fracaso”. Su ministro de Defensa, Eleutorio Huidobro –otro ex tupamaro, también detenido durante años en el fondo de un pozo–, nos resume la toma de conciencia que ha impulsado a su Gobierno a dar este histórico paso : “Si no hacemos esto ahora, lo que ha sucedido en México terminará por producirse aquí. Y tendremos graves problemas”. En efecto, en Uruguay se encuentra una de las principales rutas continentales de la droga, recorrida por la cocaína boliviana y la marihuana paraguaya antes de encaminarse hacia Europa. Según el diputado Sebastián Sabini, uno de cada tres homicidios cometidos en el país está vinculado al comercio de estupefacientes.

Es la política prohibicionista, insiste Huidobro, la que creó el narcotráfico y la violencia : “Al negarse a legalizar la marihuana, sólo se logra que las ganancias de dicho mercado queden en manos de los criminales y transforma a los traficantes en una organización superpoderosa”. En una economía ilegal, los litigios no se resuelven en los tribunales, sino a través del terror. Así como prohibir el alcohol provocó la aparición de Al Capone y la masacre de San Valentín (2), la banda de los Zetas y la infinita carnicería que enluta el norte de México son los frutos naturales de la prohibición de los estupefacientes. Huidobro señala : “La guerra de Estados Unidos contra la droga ha causado más estragos que la propia marihuana. Ha producido muchísimas más víctimas, y ha provocado una mayor inestabilidad. Plantea en todo el planeta un problema mucho más grave que cualquier droga. El remedio es peor que la enfermedad”.

El Gobierno de Mujica considera que la erradicación del comercio de la droga es una mera expresión de deseo. El eslogan de la ONU “Un mundo sin drogas. ¡Podemos hacerlo !”, le parece un absurdo total. Diego Cánepa, Secretario General de la Presidencia de Uruguay, destaca que la alteración química de la conciencia responde a un consustancial deseo de la especie humana que se ha manifestado en todas las sociedades.

Los especialistas llaman “efecto globo” al envío de soldados con el único fin de desplazar el tráfico algunos cientos de kilómetros porque provoca un efecto similar al que se produce cuando se hunde el dedo en una bolsa llena de aire, ya que su circunferencia aumenta por efecto de la presión. Como sucedió con los centros de producción atacados en Colombia que reaparecieron en Bolivia o con las redes desmanteladas en el Caribe que se reconstruyeron en México... Como mucho, se puede postergar el problema, no suprimirlo.

Partiendo de esa constatación, Mujica concluyó que “dado que ya existe el mercado, hay que regularlo, sacarlo de las sombras para quitárselo a los traficantes”. En Estados Unidos, la legalización del alcohol en 1933 puso fin al tráfico de alcohol de mala calidad y a los asesinatos entre competidores. El fabricante de cerveza Budweiser no es un filántropo, pero al menos no defiende su parte de mercado liquidando a los empleados de Guinness. De la misma manera, la legalización del cannabis –y su comercialización en establecimientos con licencia– le quita el pan de la boca al crimen organizado. Además, los impuestos recaudados pueden servir para financiar centros de atención para toxicómanos y programas de prevención contra el consumo de drogas.

Los favorables a la legalización sudamericanos no tienen ninguna intención de promover los beneficios de la marihuana ni favorecer su consumo –Mujica no vaciló en calificar a los consumidores de drogas blandas como “nabos”, un término injurioso–. En cambio, estiman que un porro no es más nocivo que un vaso de alcohol.

Los reformadores uruguayos no ignoraban que se enfrentarían a la indignación de los prohibicionistas. Hace décadas que estos últimos agitan el fantasma de una legislación sinónimo de caos y excesos, que empujaría, según ellos, a los niños a abalanzarse a los kioscos pidiendo drogas. Los reformistas uruguayos responden que el caos es lo que su continente sufre en este momento. Su reforma apunta a exactamente lo contrario : recuperar el control del mercado para poder gobernarlo. Aseguran que los adolescentes serán los principales beneficiarios. Se sabe que el consumo regular de marihuana en los menores puede alterar sus facultades mentales, por lo que es vital disuadirlos. Ahora bien, los jóvenes estadounidenses prefieren la marihuana al alcohol (2), por la simple razón de que un traficante rara vez solicita su documento de identidad al cliente. El farmacéutico, en cambio, es más proclive a respetar la ley, ya que corre el riesgo de perder su licencia.

En todos los rincones del mundo, muchos legisladores y policías reconocen en privado las ventajas de la legalización. En Uruguay, lo hacen en voz alta y actúan en consecuencia. ¿Por qué ellos, por qué allí ? ¿Por qué razones los obstáculos infranqueables en otros países –como la inercia, el temor de disgustar a Estados Unidos, el miedo de alejarse de la opinión pública, entre otros– resultan más fáciles de superar en Uruguay ?

Se combinan varios factores. El primero se refiere al excepcional vigor del movimiento antiprohibicionista, atizado por una serie de estrepitosas injusticias. En abril de 2011, por ejemplo, una profesora de 66 años de la Academia Militar, Alicia García, fue arrestada por haber cultivado en su casa algunas plantas de cannabis. Corría el riesgo de sufrir una pena de veinte meses de cárcel por producción ilegal para uso comercial. Entonces se tejió una amplia red de apoyo, a la que se asociaron los jóvenes parlamentarios del Movimiento de Participación Popular (MPP), el partido de Mujica, militando a favor de la legalización.

Al mismo tiempo, la autoridad de Estados Unidos en ese tema empezó a tambalearse. En 2013, los estados de Colorado y Washington adoptaron una ley aprobada por referéndum que legaliza el uso, la producción y la venta de marihuana. Actualmente, las autoridades estadounidenses tienen menos poder para morigerar o castigar a los países que intentan hacer lo mismo.

Por último, la popularidad y determinación del presidente uruguayo han representado un papel clave. Cuando se ha sobrevivido en el fondo de un pozo durante años, sin duda se está mejor armado para resistir las presiones, tanto internas como externas.

Hasta hoy, sin embargo, Mujica y sus aliados han fracasado en atraer a su causa a la mayoría de sus compatriotas. Incluso si con el transcurso del tiempo la legalización suscita una creciente adhesión, en las encuestas todavía reúne un 60% de opiniones desfavorables.

Los opositores formulan tres objeciones. En primer lugar, un efecto opuesto al buscado : “A partir de la legalización de una droga, la gente consume más”, afirma la diputada Verónica Alonso. El argumento parece sensato ; pero los hechos lo contradicen. En los Países Bajos, donde desde 1976 está autorizada la venta de cannabis en los coffee shops (las autoridades renunciaron a una legalización formal para no infringir demasiado abiertamente los tratados de la ONU), los consumidores apenas representan el 5% de la población, frente al 6,3% en Estados Unidos y el 7% en el conjunto de la Unión Europea (4). El espectro de una avalancha precipitándose a las farmacias uruguayas parece, pues, ser una fantasía.

El segundo temor es que la legalización del cannabis incite a los consumidores a pasar a las drogas duras, en especial a la “pasta base”, un derivado de la cocaína comparable al crack, que causa estragos en los márgenes de la sociedad uruguaya. Es la teoría llamada de la “puerta de entrada” : un vicio pequeño lleva necesariamente a un vicio más grave. La doctora Raquel Peyraube, especialista en el tratamiento de toxicómanos, rechaza esta perspectiva. Según ella, es la prohibición la que, mediante el monopolio que confiere a los traficantes, orienta a los consumidores de marihuana hacia productos más peligrosos. “En el supermercado, compras cosas que no necesitas porque te las meten delante de las narices o te las hacen atractivas –explica–. De la misma manera, los traficantes intentarán inducir a sus clientes a consumir cocaína u otras sustancias. La prohibición prepara el terreno para las drogas duras.” Un reciente estudio de la Open Society Foundations, la red de fundaciones que creó el multimillonario George Soros, confirma este análisis : establece que los Países Bajos poseen el índice de toxicómanos más bajo de Europa, precisamente porque han evitado que la marihuana estuviera cerca de las drogas duras (4).

La doctora Peyraube recusa también la idea según la cual la legalización provocaría un aumento de casos de esquizofrenia. Dice que si existiese un vínculo entre la marihuana y la aparición de esa enfermedad, la tasa de esquizofrénicos hubiera explotado en estas últimas décadas, porque nadie cuestiona que en muchos países el consumo de cannabis no ha dejado de crecer ; sin embargo, dicho índice sigue siendo estable. En cambio, cree posible que los esquizofrénicos consuman cannabis con mayor frecuencia que el promedio debido a su efecto relajante, lo que explicaría la correlación.

A dichas críticas se añade otra, más seria, que no deja insensibles a algunos miembros de la Administración uruguaya. En el mercado de las drogas ilícitas, la marihuana es sólo una mercancia entre tantas otras. Es cierto que su legalización va a reducir el mercado, pero deja intacto el comercio de los productos más rentables. Para desbaratar de verdad el poder de los cárteles, la coherencia impondría ir más lejos y regular el circuito de todas las drogas que tienen una fuerte demanda. Para algunas, como el éxtasis o la cocaína, supondría encuadrar su venta ; para otras, como la heroína, sería indudablemente más prudente distribuirla bajo prescripción médica, como sugieren las experiencias piloto realizadas en Suiza.

“Eso llevará tiempo –reconoce Sebastián Sabini, el hombre del MPP más comprometido con la reforma–. Pero llegado el día, cuando sea el turno de las otras drogas, estaremos listos para defender en público nuestra causa”. Por tanto, quien es considerado por los observadores como el futuro sucesor del jefe de Estado ya se ha pronunciado a favor de la legalización de la cocaína.

¿Existe todavía otra vía ? ¿Para qué empeñarse en continuar con lo que Huidobro llama una guerra “ya perdida” ? A la espera de que los poderes políticos de su país quieran responder, la mexicana Emma Veleta llora la desaparición de ocho miembros de su familia, raptados y secuestrados por traficantes, con la probable complicidad de las autoridades locales (5). Como señaló David Simon, creador de la serie televisiva The Wire, Estados Unidos bien podría intentar llevar su guerra contra la droga “hasta el último mexicano” (6).

 

Notas :

(1) El 14 de febrero de 1929, en Chicago, la mafia del South Side dirigida por Al Capone tendió una trampa a la del North Side, comandada por Bugs Moran, y asesinó a siete de sus miembros.

(2) Tom Fielding, The Candy Machine : How Cocaine Took Over the World, Penguin, Londres, 2009.

(3) “Dutch fear threat to liberalism in ‘soft drugs’ curbs”, Reuters, 10 de octubre de 2011.

(4) “Coffee shops and compromise : separated illicit drug markets in the Netherlands”, Open Society Foundations, Nueva York, julio de 2013, www.opensocietyfoundations.org

(5) “La pesadilla de perder a toda su familia en Chihuahua”, 28 de mayo de 2012, www.animalpolitico.com

(6) David Simon, “A fight to the last Mexican”, 10 de julio de 2012, www.davidsimon.com





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