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Entrevista con Teresa Forcades

“Por una asamblea constituyente en Cataluña”

Par Ferran Montesa  |  13 décembre 2013     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Monja, teóloga y doctora en medicina,Teresa Forcades, impulsa, con el economista y presidente de Justícia i Pau, Arcadi Oliveres, Procés Constituent de Cataluña. Se trata de un movimiento político que, desde la diversidad social, irrumpe con fuerza en un escenario dominado por partidos políticos con dinámicas propias en el contexto de una Cataluña fuertemente motivada ante la posibilidad de celebrar una consulta de autodeterminación. Procés Constituent plantea aunar esfuerzos para devolver a la ciudadanía el protagonismo político y la capacidad de tomar decisiones contrarias a la sumisión frente a los mercados financieros y la política subalterna. En la siguiente entrevista, Teresa Forcades habla de alternativas políticas, pero también de principios morales y, en su caso, de equilibrio religioso.

F.M : Teresa, es usted licenciada en Medicina y en Teología. Explíquenos cuál ha sido la convergencia desde la salud pública al Magíster Divinitas por Harvard, y cómo ha llegado a ser uno de los fenómenos mediáticos y políticos más relevantes del Estado español en la actualidad. T.F : Desconozco cómo he llegado a tener este impacto público, pero lo que sí puedo decir es qué interés común me ha llevado a la medicina y a la teología. La profesión médica te acerca a algo auténtico de las personas. El interés hacia la teología se entiende por las experiencias de oración y de interioridad personales. Creo que en los dos ámbitos hay unas preguntas, que más allá de pertenecer a la profesión sanitaria o a cualquier tipo de iglesia o de religión, son preguntas universales sobre el sentido de la vida, y sobre todo, la vida social.

Cuando decimos “hay alternativas”, desde la posición religiosa, ¿sería una vida de reclusión en un monasterio ? T.F : Cuando hablo de que hay alternativas, intento situarme en un plano que sea válido para todo el mundo. En cambio, lo que llamamos vocación religiosa no es para todo el mundo, surge de una experiencia, y por eso la comparación más cercana sería la del enamoramiento, que no se puede programar ni elegir, sino que te viene. Hablo de tomar conciencia de que lo único seguro es que la solución no va a venir desde arriba.

En relación con la crisis capitalista múltiple y sus alternativas… ¿El Procés Constituent de Cataluña es una forma de atacar esa crisis ? T.F : El Procés Constituent no simplifica la situación mundial. Se parte de la complejidad no solamente del mundo contemporáneo, sino de lo que significan las relaciones y los equilibrios entre los grupos humanos, y del conflicto como realidad constante que tendremos antes, durante, y después de la revolución. Para mí es importante trabajar este tema del sujeto para no estimular un cambio social radical desde una perspectiva de pureza, como diciendo : “Aquí hay gente que no se comporta como debiere, ahora vendremos los que sí nos vamos a comportar como deberíamos y vamos a instaurar ese cambio social”. Por el contrario, creo que se trata de tomar conciencia de que hay una serie de reglas de juego que atentan directamente contra la igualdad social.

Ha impartido usted conferencias y escrito sobre la falta de ética del capitalismo. T.F : El capitalismo se presenta como aquel que no regula. Pero esto ha sido continuamente contradicho en la realidad histórica. Desde el inicio de la era industrial hasta la actualidad, en los países que se llaman capitalistas ha habido un control del poder político por parte del poder económico. No hay otra explicación al hecho de que haya una fiscalidad inversa a lo que debería ser, es decir, que la presión fiscal se reduzca en las fortunas. Es obvio que a un Estado, a un poder político democrático que representa a la mayoría de un colectivo social, entendido como representación del interés común, le interesa recaudar de todo el mundo para poder dar servicios, pero evidentemente de quien más tiene le interesa recaudar más. Si no lo hace (y está claro que no lo hace) es porque el poder económico tiene control sobre el poder político. Esta es la falsedad del capitalismo, que pretende presentarse a sí mismo como la independencia del poder económico respecto del político.

Impartió usted unas conferencias con el título “Haremos la revolución y tendremos que volver a hacerla”. Plantea una revolución sin exclusiones, pero que nos obligaría a trabajar permanentemente. En algún momento ha citado a Simone Weil, parafraseando a Marx a propósito de la religión, cuando decía que la revolución se puede convertir en el opio del pueblo. T.F : Simone Weil dijo “La revolución se puede convertir en el opio del pueblo”, ya que en ese horizonte futuro de cambio se proyectan unos anhelos de vida justa, de vida plena, de vida feliz. Esa es la crítica a la ideología religiosa cuando actúa para desactivar la protesta social con una promesa de felicidad futura. Como vendrá otra vida donde seremos felices, podemos esperar. Es decir, la fe en una vida futura sería el opio. Sin embargo, yo considero que los Evangelios nos inspiran todo lo contrario, porque muestran que esta vida que parece dominada por la injusticia en realidad tiene una raíz que es potente como para superarla. La provocación de Simone Weil es la petición que hace la revolución a las personas para que abdiquen de su libertad individual ante un proceso político. El opio del pueblo es entender la revolución como una idea reguladora que lo que hace en la práctica es eliminar. Por desgracia hay ejemplos de procesos revolucionarios que en su dinámica se convirtieron en totalitarios. Por el contrario, yo considero que la única manera de avanzar hacia eso que llamamos revolución es que en la dinámica misma del proceso, en este caso, del Procés Constituent, ya se pongan en práctica relaciones que no sean de abuso de poder ; que no sean de que unos piensan y otros trabajan ; que no sean de que unas están en casa cocinando y los otros están de reunión. Es un reto nada fácil de trasladar a la práctica.

¿Cómo se vincula un movimiento social como Procés Constituent al nacionalismo ? T.F : El Procés Constituent tiene una característica que nos define sociológicamente : diversidad. El Procés Constituent tiene 10 puntos claros. Hay un proceso que empieza con la nacionalización de la banca, y pasa por las compañías energéticas, por una serie de reversión de todos los recortes. Por tanto, dibuja un panorama social muy distinto del que tenemos : un panorama de ruptura. Esto se sitúa, además, en un contexto catalán con una previsión de una declaración unilateral de independencia si fuera necesario, porque esta sociedad nueva no se va a crear con el beneplácito de las sociedades circundantes. Nuestro objetivo es presentar en las elecciones del 2016 –si no se avanzan– una candidatura unitaria que proponga un programa de ruptura con el fin de abrir en Cataluña un espacio para una Asamblea Constituyente que replantee las reglas de juego.

Pero a día de hoy se han producido una serie de acontecimientos, como la pasada Diada, que muestran que la reivindicación de la independencia cuaja desde un punto de vista sociológico. T.F : Los datos que tengo son de más de un 50% a favor de la independencia, pero más de un 80% a favor de la autodeterminación, es decir, a favor de la consulta. Hay voces que dicen : si Cataluña se quiere separar de España, tendrán que votar también los no catalanes, los españoles, puesto que forman una parte de España. ¿Cuál es su visión del asunto ? T.F : La autodeterminación de los pueblos es un derecho reconocido. Esto no se realiza en un vacío sino que la autodeterminación la pretenden comunidades que, como es el caso de la catalana, tienen una lengua y una historia detrás. Se trata de una cuestión que en el siglo XXI debe dirimirse por las urnas, porque parece que es la forma evidentemente más democrática, pero también más pacífica. Procés Constituent tiene voluntad de ruptura social (es anticapitalista) pero dos son sus condiciones : que esta ruptura sea pacífica y democrática. ¿Qué autoridad suprema puede decir cómo debe vivir una colectividad ? Una autoridad de tipo monárquico está deslegitimada, carece de sentido. Y una autoridad política en una democracia es la que deriva del pueblo. Por tanto, es la autoridad de la voluntad popular la que debe articularse en Cataluña, en Euskadi, en Galicia, en Andalucía, en Castilla, o en cualquier parte del mundo donde se dé ese proceso colectivo.

Las cuestiones nacionales se manipulan políticamente. A veces se anteponen y se contraponen el nacionalismo al internacionalismo. Hay teóricos que afirman que el nacionalismo es el esquirol del internacionalismo. T.F : Estamos ante un reto de articulación política cada vez más amplia : se habla de la necesidad de que los tribunales a nivel mundial funcionen y de que haya una coordinación, que ahora es posible gracias a los medios y las tecnologías de la comunicación. Esto genera el peligro de enviar el poder político más lejos, permitiendo que se establezca cada vez más alejado del sujeto político. Esa separación es contraria a toda democracia. No así el principio de subsidiariedad, acercar todo lo posible y solamente delegar en el poder superior aquello que realmente el poder local no puede resolver. Para mí tienen pleno sentido las unidades políticas independientes pequeñas. Por ello es defendible la independencia de Cataluña, pero no basada en un nacionalismo de tipo genético identitario cerrado. El nacionalismo catalán o el Estado catalán o la república catalana es una república donde todo el mundo está invitado a formar parte, si acepta las reglas de juego que entre todos nos dotemos, unas reglas de juego abiertas. En cada colectivo hay una historia, una lengua y unas costumbres diferenciadas, y esto es una gran riqueza. Es importante conservarlo para evitar de nuevo esa homogeneización de la que en el siglo XXI estamos más cerca que antes, como vemos, por ejemplo, a nivel biológico, con la desaparición de la biodiversidad para privilegiar unos monocultivos, y con un énfasis en la estandarización ; pero también a nivel cultural. Me puedo imaginar que en unos años el catalán no exista, pero como dijo el admirado Salvador Espriu, “podemos morir por genocidio, pero nunca por suicidio”.

En los movimientos soberanistas hay quien opina que primero la independencia y luego ya hablaremos. Ustedes, si no interpreto mal, son partidarios de una independencia con reivindicaciones sociales... T.F : Como hemos visto en la experiencia previa de países que se han independizado de unidades políticas mayores, esto no se consigue sin alianzas internacionales. Cuando hablamos de alianzas internacionales queremos decir que cuando la delegación del movimiento para la independencia de Cataluña va a Alemania a buscar apoyos, se nos va a preguntar : “Y ustedes, la deuda externa que ha contraído el Estado español en nombre de los que ahora son sus ciudadanos, ¿la van a pagar o no la van a pagar ?” Y hemos de dar una respuesta, y según esa respuesta conseguiremos unas u otras alianzas políticas para lograr esa independencia. Es imposible soslayar el debate del tipo de Estado en esos apuntes fundamentales porque nos jugamos una hipoteca de ese nuevo Estado, si permitimos que los apoyos internacionales se consigan sin haber debatido a nivel social dónde queremos poner el límite. Desde el Procés Constituent tenemos claro que no queremos aceptar una deuda que consideramos ilegitima, contraída para rescatar con capital público unas entidades privadas que no solo están acumulando beneficios, sino que tampoco se les ha pedido ninguna contraprestación social. Ha sido una operación realizada en contra del bien común. Por eso consideramos que el común de los ciudadanos de este Estado no tiene ninguna responsabilidad moral ni política para devolver este dinero. Esto nos sitúa fuera de los intereses de ciertos países de la Unión Europea, porque nuestra alternativa pasa por aquí. Lo que no se puede decir es que vamos a pagar la deuda, vamos a dejar que los bancos sigan especulando como hasta ahora, vamos a permitir la privatización de las compañías energéticas, del agua pública y de todo lo que haga falta, vamos a permitir todo esto y además vamos a crear una sociedad donde vivamos mejor, porque eso es un cuento de hadas.

El de Procés Constituent es un reto difícil y ambicioso, en su caso con repercusiones tanto políticas como personales. Hubo gente que pedía firmas para que la expulsaran de la Iglesia. Las rúbricas aparecieron antes de las últimas declaraciones del Papa Francisco, que parecen acercarse a sus postulados. ¿Cómo afronta esta situación ? T.F : Si en el ámbito político no creo en el cambio de arriba abajo, lo mismo se puede aplicar a nivel eclesial. Comento mi lectura de lo que ocurrió con un Papa muy querido, Juan XXIII, quien hizo un cambio bueno y necesario, pero alguien que conozca la historia de la Iglesia puede pensar que fue desde el Papa hacia abajo. Y no, Juan XXIII hizo lo que debía, que no habría sido posible sin los años previos de preparación desde abajo, de concienciación y deseo de cambio desde las comunidades cristianas de base. En ese momento, en esta estructura que por desgracia aún es piramidal, aparece en la cúpula alguien que escucha esas necesidades y entonces eso se desbloquea. Es mi lectura y creo que empieza a ocurrir con el Papa Francisco : no aparece de repente la solución de los problemas, sino que la Iglesia católica lleva años pidiendo unos cambios estructurales de gran calado. Se abre, pues, una situación de esperanza para la Iglesia, y para mí como miembro, que me permite tener una perspectiva de futuro que quizá no tendría si el cambio con este nuevo Papa no se estuviera dando. En cualquier caso yo tengo que ser coherente con mis convicciones, aunque esta perspectiva pueda ser problemática para mi situación.





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