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¿Qué es el “socialismo del siglo XXI” ?

Par Jean Ortiz  |  25 février 2012     →    Version imprimable de cet article Imprimer

En diciembre de 2004, en Caracas, Hugo Chávez hizo un llamamiento a “recuperar el concepto de socialismo”. Poco después, durante el V Foro Social Mundial, el 30 de enero de 2005, reivindicó por primera vez la idea de un “socialismo del siglo XXI”. Desde entonces, el presidente venezolano no ha dejado de referirse a este “nuevo socialismo”, ni de diferenciarlo de la “concepción soviética”, sin que por ello el concepto tenga, de momento, una definición clara y precisa. El proyecto ha ido tomando cuerpo mediante pequeños toques pragmáticos. Pero va siendo hora de hacer un balance de lo que se entiende por “socialismo del siglo XXI”.

La “revolución bolivariana” en Venezuela, igual que sus homólogas en Bolivia y en Ecuador, se nos presentan como laboratorios de nuevos modos de producción y de desarrollo. ­Para entender su origen hay que remontarse a los años del “Consenso de ­Washington” ; el huracán destructor terminó por engendrar, en varios países, ­levantamientos populares. Éstos provocaron una crisis de legitimidad del modelo neoliberal. Y en ese contexto, la elección de Hugo Chávez, en diciembre de 1998, marcó el inicio de un nuevo ciclo político, caracterizado por una voluntad continental de democratización, de soberanía y de recuperación, por parte del Estado, del control político. Todo lo cual había sido abandonado a los mercados.

Desde hace una década, hemos visto perfilarse valores comunes entre numerosos gobiernos, así como una visión continental autónoma. Poderosos movimientos sociales han llevado al poder, por la vía electoral o mediante protestas populares, a una generación de nuevos líderes. Esos movimientos han sabido articularse con la política y pasar de la resistencia a la conquista del poder. Con un primer objetivo : cambiar las instituciones mediante la adopción de nuevas Constituciones, refundadoras de la República. Todos estos procesos restablecieron la primacía de lo político.

Las dictaduras de los años 1970 y 1980, y los “ajustes estructurales” del Fondo Monetario Internacional (FMI) desarticularon a las clases obreras… Surgieron entonces nuevos actores sociales y nuevos “sujetos revolucionarios” que asumieron la dirección de las luchas. A veces fueron movimientos indígenas y campesinos ; otras organizaciones de los “sin”, de las clases humildes y medias o de las asociaciones ciudadanas. En ambos casos, todos actuaron en favor de la defensa de las materias primas, del agua, del gas (1)…

El marco nacional no ha constituido en absoluto un obstáculo a la voluntad común de trabajar para una integración continental… Ahora es Latinoamérica la que se permite sermonear a Europa. A finales de octubre de 2011, durante la XXI Cumbre Iberoamericana de Asunción (Paraguay), veintidós países criticaron severamente las “recetas neoliberales que hun­dían a Europa”, mientras Latinoamérica disfruta de estabilidad y crecimiento, gracias a importantes inversiones ­públicas y sociales, a un “rol mayor del Estado”, a políticas redistributivas, etc. Y en ­diciembre de 2011, se constituyó en Caracas la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños ­(CELAC), sin Estados Unidos.

Estos cambios radicales obedecen a sus propias lógicas. Las izquierdas latinoamericanas demuestran la pertinencia del marco nacional. Éste permite que haya, a la vez, avances internos y cooperaciones externas equilibradas. Para intentar aislar a “los más radicales”, los medios de comunicación occidentales nos espetan el esquema de las “dos izquierdas” que estarían enfrentadas (2). La otra cantinela consiste en estigmatizar a los nuevos líderes y los regímenes progresistas, tildándolos de “populistas” (3).

El presidente venezolano presenta el “socialismo del siglo XXI” como una sociedad por inventar, endógena. Rechaza “la perversión soviética”, el marxismo-leninismo, al igual que el “socialismo de Estado” y el colectivismo (4)… Hugo Chávez formula los conceptos de “socialismo indo-venezolano”, de “socialismo bolivariano, robinsoniano e indo-americano”, y de “democracia participativa y protagónica” (5)… Se declara influido por el pensamiento de Marx y propone beber de las fuentes latinoamericanas autóctonas : de las ideas de Julio Antonio Mella, de Carlos Mariátegui, del Che, de la “Teología de la Liberación” y del mensaje de Cristo (6). Pero su referente principal sigue siendo Simón Bolívar.

El “Libertador” no sólo fue un “caudillo”. Fue portador de una visión continental, y sobre todo el reformador social odiado por la oligarquía. Sin embargo, Marx tenía una imagen mediocre de Bolívar basada en una información parcial y errónea acerca de su persona. En una carta a Engels del 14 de febrero de 1858, lo calificó del “canalla más cobarde, brutal y miserable” (7). Palabras excesivas que carecen de fundamento.

Si Bolívar fue un reformador, su pensamiento social, sin embargo, no llega a la madurez del de Simón Rodríguez (Samuel Robinson), a quien se le puede considerar como un socialista utópico. Rodríguez insistió en la necesidad de “no ir a buscar modelos a otra parte […]. Latinoamérica es específica y sus instituciones así como su gobierno también deben serlo” (8).

Venezuela vive una fuerte polarización social, reforzada por la perspectiva de los comicios presidenciales de octubre de 2012 y por la enfermedad de su presidente. Paradójicamente, el sincero discurso acerca de su cáncer ha aumentado la popularidad de Chávez. Ésta se acercó, en diciembre de 2011, al 60% de opiniones a su favor. La derecha se ha unido para la ocasión. Las mayoría de las fuerzas que la componen fueron “golpistas” en abril de 2002 (9).

Si Chávez sigue siendo tan popular a pesar de que persiste la corrupción, la burocracia y la inseguridad, se debe a las clases más desfavorecidas, que constituyen los cimientos del chavismo y perciben positivamente sus resultados. Para comprender el apoyo mayoritario a Chávez, hay que tomar como referencia la mejora de la vida diaria de millones de venezolanos gracias a la revolución. Cerca de cinco millones de trabajadores “informales”, el 42,2% de la población, ya tienen los mismos derechos, garantizados por el artículo 87 de la Constitución, que los asalariados. Las clases populares están integrando la perspectiva socialista, pero manifiestan frustraciones e incomprensiones frente al pragmatismo de algunas decisiones : indemnizaciones muy elevadas por las empresas nacionalizadas, por las tierras expropiadas… Las clases populares se benefician de un número impresionante de estructuras de ayuda, de urgencia social, de programas educativos y de sanidad, denominados “misiones”. Éstas han hecho que disminuya la pobreza, la mortalidad infantil y el analfabetismo.

No cabe duda de que el Estado continúa siendo “burgués” ; pero reformas audaces tienden a transformarlo y a descentralizarlo. Los consejos comunales, dotados de un presupuesto “participativo”, aseguran un funcionamiento ­democrático inédito, socializan las decisiones. La Ley Orgánica de las Comunas (2010) y los Consejos de la economía comunal se concibieron dentro de un objetivo de autogestión. En cuanto a las empresas públicas, los Consejos de trabajadores, estructuras de autogestión, todavía tienen dificultades para desempeñar su función…

El proyecto económico de la “revolución bolivariana” aspira a una economía de los “tres tercios” : 33% del sector privado, 33% del sector estatal y 33% del sector cooperativo. La realidad es todavía distinta. El sector privado, dominante, produce el 70% de la riqueza nacional. Chávez hace un llamamiento a “socializar la economía”, pero son muchas las resistencias. El Estado controla las telecomunicaciones, algunos bancos, algunos sectores industriales, la empresa petrolera PDVSA… A falta de mecanismos de acompañamiento suficientes, el sector cooperativo se desarrolla lentamente.

La economía continúa dependiendo de la “renta petrolera” y del “modelo importador”. Esta deformación histórica, estructural, se ve atenuada por la utilización de esta renta en beneficio de masivas inversiones sociales y de intercambios comerciales equitativos con varios países latinoamericanos en el marco de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). Estas políticas de inversiones públicas han permitido, en 2011, un nuevo despegue de la economía venezolana. Durante los tres primeros trimestres, el crecimiento alcanzó el 3,8%.

El motor y el elemento aglutinador del “socialismo del siglo XXI” sigue siendo el liderazgo y el carisma de Chávez quien contribuye a catalizar las aspiraciones populares, y a darle a la revolución ritmo y coherencia.

En Bolivia, el proceso presenta dos aspectos apasionantes. El movimiento obrero, que tenía como base a los mineros del estaño, estuvo muy influido por el marxismo. El cierre de las minas desarticuló a la poderosa la Central Obrera Boliviana (COB). Algunos intelectuales formularon entonces el concepto de “multitud” para ampliar el de “clase”. “La multitud es un conjunto de singularidades, de un tejido cooperativo que entrelaza colectivamente una infinidad de actividades singulares” (10).

El fracaso de las políticas y de los Gobiernos neoliberales de los años 1980-1990, así como el papel primordial del movimiento indígena, han situado al indio en el centro de la problemática. Los antiguos mineros se han convertido en “cocaleros”. Sus tradiciones se han mezclado, y en ocasiones enfrentado, con las prácticas y el discurso indígena campesino. En sus luchas comunes, el movimiento popular y las organizaciones indígenas han llevado a cabo una unión conflictiva.

El indigenismo ha contribuido poco a poco a entablar alianzas, a agrupar a un movimiento de masas muy plural y, por último, a construir un partido, el Movimiento hacia el Socialismo (MAS). El vicepresidente, Álvaro García Linera, sociólogo, ex-guerrillero de Tupac Katari en los años 1990, ha trabajado mucho sobre esta unión y sobre una mejor consideración por los marxistas de la problemática indígena y comunitaria. Es uno de los autores marxistas de esta “reinvención de la indianidad como sujeto emancipador” (11). Según él : “El indigenismo ‘de izquierdas’ ha dado un carácter indio al marxismo y un carácter marxista al indigenismo” (12). El proyecto político del MAS boliviano también reivindica un socialismo endógeno, que integra las tradiciones comunitarias ancestrales, sus prácticas deliberativas y de autonomía, así como el concepto del “buen vivir” (13).

El primer objetivo de la revolución boliviana fue la refundación pluricultural, multiétnica y multinacional del país, por la vía de una nueva Constitución. La revolución está en la vanguardia de la protección del medio ambiente y de los recursos naturales, declarados bienes públicos inalienables. La nacionalización de los hidrocarburos ha tomado la forma de renegociación de los contratos con las multinacionales. Éstas se embolsaban más del 80% de los beneficios y no dejaban casi nada al país. De ahora en adelante, los nuevos contratos invierten los porcentajes.

Latinoamérica vive procesos de democratización inéditos, liberados de todo modelo externo, y que presentan algunos rasgos comunes. Sus actores apelan a menudo al “socialismo del siglo XXI”. En estos países en transformación, el proyecto político es central. Aunque las desigualdades siguen siendo grandes y la distribución de la riqueza ha cambiado poco, las clases sociales antaño excluidas se benefician actualmente de políticas de inclusión social.

Estas “revoluciones del siglo XXI” ponen en tela de juicio la hegemonía de los mercados y del modelo neoliberal. Pero permanecen aún dentro del marco del modo capitalista de producción, siempre dominante, aunque éste pierde terreno en beneficio de reformas de orientación anticapitalista, las cuales buscan respuestas pragmáticas a los grandes desafíos.

(1) Marta Harnecker, Amérique latine, laboratoire pour un socialisme, Utopia, París, 2010 ; y, de la misma autora, Reconstruyendo la izquierda, Ediciones de Intervención cultural, Mataró, 2006.

(2) Marc Saint-Upéry, El sueño de Bolívar : el desafío de las izquierdas sudamericanas, Paidós, Barcelona, 2007 ; y Bernard Cassen, “L’Amérique latine se consolide à gauche”, www.legrandsoir.info, 10 de noviembre de 2011.

(3) Cf. Eric Toussaint, www.rebelion.org, 12 de octubre de 2009.

(4) Margarita López Maya, Ideas para debatir el socialismo del siglo XXI, vol. 2, Alfa, Caracas, 2009, p. 109-110.

(5) Hugo Chávez, El discurso de la unidad, Editorial Socialismo del siglo XXI, Caracas, 2007, p. 50.

(6) Ibid., p. 50.

(7) Carlos Marx, The new american cyclopaedia, vol. 3, 1858, p. 358. En España, la editorial Sequitur ha publicado el artículo en un libro : Simón Bolívar, Karl Marx, Sequitur, Madrid, 2009.

(8) Simón Rodríguez, Obras completas, t. 1, Caracas, 1975, pp. 342-343.

(9) Ignacio Ramonet, “La batalla Venezuela”, Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2010.

(10) Antonio Negri, La fábrica de porcelana : una nueva gramática de la política, Paidós Ibérica, Barcelona, 2008 ; y Oscar Vega Camacho, “Penser l’Amérique du sud”, Revista Multitude 35, Ed. Amsterdam, París, invierno de 2009.

(11) Álvaro García Linera, Pour une politique de l’égalité : communautés et autonomie dans la Bolivie contemporaine, Ed. Les prairies ordinaires, París, 2008 ; e “Indianisme et marxisme”, revista Contretemps, n°4, París, cuarto trimestre de 2009.

(12) Entrevista con Álvaro García Linera, Público, Madrid, 2 de junio de 2011.

(13) Entrevista con David Choquehuanca, La Razón, Madrid, 10 de febrero de 2010.





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