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¡Todos al agua, como los corderos de Panurgo!

Par Bernard Cassen  |  26 de octubre de 2010     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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Cuando se trata de abrir un juicio sobre las políticas económicas del Viejo Continente, particularmente sobre la moneda única europea, las reacciones de Estados Unidos se consideran a priori sospechosas. Sin embargo, cuando Barack Obama se muestra preocupado por las consecuencias negativas de las políticas restrictivas puestas en práctica por toda Europa, ¡no necesariamente se equivoca, aunque sea Presidente de Estados Unidos!

Igual que él, cualquiera que tenga un mínimo de sentido común difícilmente comprenderá cómo, dentro de un conjunto económico tan integrado como la Unión Europea (UE), una yuxtaposición de planes nacionales de austeridad con el objetivo de reducir la deuda pública podría llevar a un crecimiento del conjunto de los países involucrados. Semejante ejemplo de pensamiento mágico da cuenta del desconcierto e incluso del pánico de los gobiernos europeos: han perdido todos sus puntos de referencia y han olvidado las lecciones de la Gran Depresión de los años 1930 (1). Sin ningún control sobre la situación, y la mayoría de ellos sin contar ya con la confianza de sus conciudadanos, capitulan ante el más poderoso, el de Berlín, quien se ha autoproclamado modelo a seguir y les ha impuesto sus puntos de vista.

El problema es que ese modelo alemán no es transferible a sus vecinos, salvo que un país busque su autodestrucción. Efectivamente, se basa en la deflación salarial –o sea, en el estancamiento del consumo, en especial de productos importados– y en los excedentes comerciales, la mitad de los cuales, se realizan a expensas de sus socios europeos. Por definición, los excedentes de unos son los déficits de otros, muy especialmente en el seno de la UE donde más de dos tercios de los intercambios se producen intrazona euro.

Por lo tanto, para estimular el crecimiento por medio de las exportaciones, habría que mirar más allá de Alemania. Pero, ¿en qué dirección? ¿ Estados Unidos, donde el desempleo, que ya batía todos los récords, está aumentando nuevamente y donde el crecimiento es muy inferior al previsto? ¿China, que está revisando a la baja su producción manufacturera, lo que lleva a las multinacionales presentes en el país a revisar a la baja sus expectativas de lucro? Se regresa así al punto de partida: le corresponde a Europa encontrar en sí misma los motores de su recuperación, no sólo liberándose de la dictadura de las agencias de calificación y de los mercados financieros, sino también adoptando una orientación inversa a la política alemana. 
Para el premio Nobel de economía norteamericano, Paul Krugman, el comportamiento del gobierno de Angela Merkel  es un desafío a la racionalidad económica: “No tiene nada que ver con el realismo. Se trata de una postura moralizante: los alemanes tienden a pensar que los déficits son moralmente malos y que son los presupuestos equilibrados los virtuosos, y eso independientemente de las circunstancias o de la lógica económica” (2). En descargo de Berlín, hay que reconocer que el comportamiento de los demás gobiernos europeos es igualmente aberrante. Recuerda el de los borregos de Panurgo, personaje del “Libro Cuarto” del Gargantúa de François Rabelais. Panurgo, a bordo de un barco que transportaba un rebaño de ovejas, le compra una a su propietario, y la tira al mar. Atraídas por sus balidos, las demás siguen su ejemplo y mueren ahogadas... Lo que a veces se olvida, y hay que recordárselo a la señora Merkel, es que al final, Panurgo termina a su vez arrastrado a las aguas por el último borrego…

Le Monde diplomatique en español

 

Notas

(1) Leer Jacques Sapir: http://www.medelu.org/spip.php?arti... y Samir Amin: http://www.medelu.org/spip.php?article442

(2) Paul Krugman, “That ‘30s feeling”, International Herald Tribune, 19-20 de junio de 2010.





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