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TIRANO CUTRE

Un esperpento llamado Franco

Par Ramón Chao  |  5 décembre 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El propio Don Ramón María del Valle-Inclán, autor de Tirano Banderas y creador de la palabra "esperpento", no pudo jamás imaginar que una deformación trágicamente grotesca de la realidad española engendraría un día nefasto al general Francisco Franco (1892-1975), pesadilla andante, caudillo bárbaro y barroco, asesino de masas, caricatura en suma del miserable militarote dictador. Aunque tampoco resulta anormal que, en el país de Quevedo, Goya y Buñuel, uno de los personajes monstruosos imaginados por algún visionario creador haya conseguido escapar de una obra maldita para aterrizar de este lado del espejo. Así lo vió por ejemplo Picasso –a la manera del Goya de “Los desastres de la guerra”– en su serie de grabados “Sueño y mentira de Franco”. El escritor Ramón Chao, más modesto, se limita a recordar ciertos rasgos olvidados de “ese hombre enviado por Dios para salvar a España”.

Franco no aprendió las lecciones del Quijote. En el capítulo XXXIV de la Segunda parte dice Cervantes : “El ejercicio de la caza de monte es más conveniente y necesario para los reyes y príncipes que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra : hay en ella estratagemas, astucias, insidias para vencer al enemigo” Por suerte, el “Caudillo” practicó la caza y la pesca como una diversión de ricos : los gastos que acarreaba esta distracción eran descomedidos. La pesca en mar abierto, por ejemplo, requería el mantenimiento durante todo el año del yate Azor, con escolta naval cuando perseguía atunes y ballenas. Durante el verano de 1958, el “Guía de España” pasó pescando todo el tiempo que pudo. Después de un discurso ante las Cortes, el “Generalísimo” desapareció durante dos semanas para pescar en Asturias. Regresó encantado de haber conseguido cerca de sesenta salmones, algunos de más de quince kilos. En Galicia, pescaba en los ríos Mandeo, Ulla y Eume. Alguna vez lo acompañó Carlos Mendo, entusiasta periodista de la Agencia Efe : “He visto a Franco pescar, andar, saltar de peña en peña, levantar a pulso un salmón de nueve kilos”. Lo cierto es que le ayudaba el guardarríos José Manso Vázquez, quien afirma : “Franco no era un gran pescador, pero se le acotaba el río quince días antes de que llegara…” 

En el verano de 1968, a sus setenta y seis años, se divulgó que había capturado una ballena de veintidós toneladas. “Me costó veinte horas de lucha hasta que al fin se rindió. Espero coger un ejemplar mayor. Disfruto mucho con este deporte y constituye un descanso grande de mi trabajo y preocupaciones”, declaró a su primo Salgado Araujo. Éste, infeliz y honrado, no se hartaba de sermonearle : “Su Excelencia no se percata del coste de cualquier viaje que emprende. La cantidad de gente que moviliza sin necesidad. Y todos reclaman sus dietas, ríos de gasolina… Un despilfarro enorme en divisas de las que España carece”. El sábado 1 de febrero de 1964, mientras mareaban las perdices en una finca de Ciudad Real, Manuel Fraga le pegó una perdigonada en el trasero nada menos que a la hija del “Generalísimo”. Fraga recoge así el accidente en su Memoria breve de una vida pública : “Tuve la desgracia de darle un plomazo en ‘salva sea la parte’ a la marquesa de Villaverde. Yo tiraba entonces sin pantallas, y una perdiz baja que pasó entre los dos, dio lugar al monumental error. Carmen Franco se puso, además, entre su padre y yo”. Los españoles nunca fueron informados. A medida que Franco envejecía, se hicieron esfuerzos ímprobos para mostrarlo lozano. Se publicó una foto de él en el Azor, con Salgado y el ministro Solís, pescando un ejemplar de 375 kilos, lo que se convirtió en record europeo. El 7 de septiembre de 1966 se anunció que cerca de Vigo había arponeado a 36 cetáceos... Obviamente, la tripulación del Azor no se quedaba con los brazos cruzados. Pero nadie se tragaba el cuento, porque era conocida la superchería después del siguiente incidente ocurrido en febrero de 1950. El Cazador se mostraba ansioso por disparar contra un venado. Trotó detrás de él hasta perder el aliento, y el animal desapareció en un lugar de difícil acceso. A punto de darle alcance, el infatigable montero se tumbó a dormitar. Al despertar vio al cervatillo sujetado por vasallos que habían ido en su búsqueda. Ni estratagemas ni astucias : agarró el rifle y le disparó a bocajarro (1).

Pintor de flores

Escribe el inolvidable Eduardo Haro Tecglen : “El horizonte era cárdeno y los rayos del sol iluminaban, desde abajo, unas nubes que se volvían sonrosadas, violeta, y se deshacían con el viento. Acodado en la borda del Azor, Franco dijo : ‘¡Quién fuera pintor !’. De niño quiso serlo, fue su primera vocación” (2). Hay que reconocer que ni en barbarie ni en pintura, a Hitler nunca le llegó a los tobillos. ¿Qué son dos millones de muertos al lado de los veinte o treinta millones que ocasionó el Führer ? Lo mismo en cuadros, que a ambos les daba por los pinceles. Mientras que el austríaco amontonó una cantidad de obra suficiente como para mostrar a los amigos, el gallego se lo tenía muy callado, y poca gente puede vanagloriarse de haber visto sus lienzos. Si vamos a comparar, me quedo con Winston Churchill quien, con menos delitos en la conciencia, llegó a exponer en el Blenheim Palace de Oxford, donde pasaba largas temporadas,
Hace tres años, una galería de Sevilla preparó la subasta de tres óleos atribuidos a Francisco Franco, firmados bajo el seudónimo de ‘Gironés’. Mostraban paisajes marroquíes y salían con un precio inicial de 9.000 euros cada uno (3). El abogado sevillano Joaquín Moekel, portavoz de la familia del “artista”, negó “rotundamente” que dichos lienzos fueran obra del dictador, ya que éste nunca reproducía paisajes africanos ni firmaba con seudónimo pinturas o penas de muerte.Gracias a este litigio pudimos enterarnos de que “Franco comenzó a practicar este arte el año 1943 o 1944, cuando se aficionó a la pintura después de que Zuloaga lo retratara”. El vocero añadió que el general “lo hacía de forma anecdótica y sólo pintaba flores, bodegones y copias de otros cuadros”. Lo que yo he visto de Franco fue una serie de cuadros de naufragios (¡ !) en una película de José María Berzosa titulada “¡Arriba España !” (4). Me imagino que además de sus dotes naturales, el amateur habría recibido consejos de su amigo (y también mío) Fernando Álvarez de Sotomayor, gallego y director entonces del Museo del Prado.

Según la versión de Carmen Franco, su hija, al “Caudillo” le gustaba pintar “porque dibujaba bien” y lo hacía “para no permanecer sentado después de la comida” y evitar así dormir la siesta. Firmaba las obras que actualmente están en posesión de los familiares, con las siglas F.F.

En otro documental, sobre los siniestros generales chilenos (5), José María Berzosa se entrevistó con el Almirante Merino, ministro de Marina del gobierno de Pinochet, que no podría ser de otra cosa. En sus ratos libres, este señor –amateur desde pequeño–, acometía cuadros con pollitos amarillos que eran una delicia. “¿Quién hubiera preferido ser, Franco o Picasso ?”, le preguntó Berzosa. Tras corta reflexión, el militar se evadió por las ramas : “Hombre, no es sencillo contestar. Franco fue un militar extraordinario, como Napoleón, de los pocos que salen por siglo.” De arte, ni pío. Y de Picasso menos. ¿Dónde fue a parar la vocación infantil ? Los designios del Señor son inexcrutables.

Mentiras de Guernica

En el momento en que el general Mola embestía contra Euskadi, Picasso piafaba en su taller. A los cincuenta años, rico y famoso, presentía las tinieblas que se cernían sobre nuestro país. Después de grabar las ilustraciones de “Sueño y mentira de Franco”, dudaba sobre la forma de reaccionar. Sale de su torpeza el 26 de abril de 1937 con el bombardeo de Guernica por la división “Cóndor”, tal como lo cuenta el mariscal von Richthofen, : “El lunes 26 de abril de 1937, a finales de la tarde, los Henkel 51 y los Junker 52 de la Legión Cóndor, protegidos por una escuadrilla de cazas Messerschmidt, arrojaron sobre Guernica cerca de 50.000 kilos de bombas con explosivos mortíferos, bombas antipersonales e incendiarias de termita, una mezcla de aluminio y óxido de hierro en polvo, capaz de producir un calor de 27.000 grados. Sumando mujeres, hombres y niños, se cuentan 1.654 muertos y 889 heridos. El árbol simbólico y la Casa del Parlamento fueron también presa de las bombas”.

Esta hazaña quedó grabada a fuego en la conciencia europea como el gran crimen de Franco. La indignación del mundo civilizado aumentó ante las mentiras de los culpables, que negaban cualquier responsabilidad y atribuían el crimen a los propios republicanos o a los nacionalistas vascos.

El servicio de prensa franquista llegó incluso a negar que se hubiera producido el ataque ; dictó un comunicado explicando que el mal tiempo había impedido que su fuerza aérea volara el 26 de abril y por ende no podía haber sido la autora del bombardeo. El propio “Generalísimo” redactó la primera negativa. La emisión de Radio Nacional remachó que no había aviación alemana ni extranjera en la “España nacional”. De hecho, todos los datos disponibles indican que si Franco o Mola estaban consternados, en realidad se debía a la polémica y a la publicidad negativa que generó, no por el crimen en sí. A los pocos días, Franco recibió al marqués del Moral, irritado por el daño que causaban los informes a los nacionales. Del Moral le suplicó que consintiera una investigación destinada a mostrar la “verdad”. El “Generalísimo” se negó y sólo reiteró de otras formas las declaraciones previas.

No es probable que sintiera remordimientos. Escribió una carta de agradecimiento y enhorabuena al jefe de la Legión Cóndor el Feldmarschall Hugo Sperrle y al jefe de estado mayor Wolfram Von Richthofen (sobrino del célebre aviador alemán Manfred Von Richthofen, más conocido como El Barón Rojo). Puesto ante la realidad, permaneció en sus trece. Desatada la violenta indignación internacional, nunca admitió que había dado carta blanca a los alemanes para perpetrar semejante atrocidad. Cuando se demostró que la Legión Cóndor estaba en España a petición suya y Hugo Sperrle directamente subordinado a él, los pilotos de la Legión Cóndor recibieron órdenes de negar los hechos.

Entierro en una cloaca

El año pasado, Jordi Évole “El Follonero”, depositó tres rosas con los colores republicanos en la tumba del dictador. Falta le hacen. Porque les voy a contar algo que tal vez ustedes ignoren.

La cuestión del posible fallecimiento del “Caudillo inmortal” se puso de manifiesto el 1 de abril de 1959, día de la inauguración del Valle de los Caídos, cuya construcción había costado unos 20.000 millones de pesetas... El monumento faraónico, edificado con mano de obra gratis, fue resultado del esfuerzo de los prisioneros republicanos de la guerra civil, entre ellos Enrique Tierno Galván, quien nunca quiso evocar este episodio de su vida, y los estudiantes Manuel Lamana y Nicolás Sánchez Albornoz, condenados en 1948 a trabajos forzados por haber realizado pintadas en los muros de la Universidad. De tal forma redimían los presos parte de la condena que les había sido impuesta. Muchos de ellos no llegaron nunca a gozar de la libertad. Debido al tipo de trabajo, que exigía el manejo de grandes bloques de piedra, y por la falta de medidas de seguridad, los accidentes eran diarios y en muchos casos mortales. Miles de trabajadores fueron transportados gratuitamente a Cualgamuros (6), Franco equiparó el Valle de los Caídos con El Escorial : éste, símbolo del reinado de Felipe II ; aquél, alegoría de la grandeza de su propia época (7). Su discurso sobre el heroísmo de “nuestros Caídos” en la defensa de “nuestras líneas” fue triunfal y vengativo. Se deleitó acerca del enemigo que había sido obligado a “morder el polvo de la derrota” y no mostró ni el más remoto deseo de propiciar la reconciliación entre los españoles. La prensa oficialista describió el acto como la culminación de su victoria de 1939 (8).Sin embargo, los tiempos exigían que en la cripta reposaran caídos, tanto franquistas como republicanos. “¿No sería posible –escribió Javier Martín Artajo el 18 de julio de 1957 en el diario Ya– que con los esfuerzos de unos y otros pudiesen los muertos de uno y otro lado, incluso del medio, gozar de la paz que inspira este monumento ?”. Los historiadores calculan que entre 30.000 y 60.000 combatientes fueron trasladados a partir de los años 1950, muchos de ellos caídos republicanos desenterrados de fosas comunes, siempre con la ignorancia o contra el deseo de las familias.Ya entonces el ‘jefe de guerra’ deseaba que a él lo enterraran en la basílica. Sabiendo que esa era su voluntad, el arquitecto preparó los planos de una tumba en el altar mayor, próxima a la de José Antonio. El día de la inauguración de la basílica, Franco estaba recorriendo las naves con el arquitecto, y señalando el lugar escogido le dijo : “Bueno, Méndez, y en su día, yo aquí, ¿eh ?” (9).

En otro de sus documentales, el cineasta José María Berzosa entrevistó a un monje del convento del Valle de los Caídos y a un funcionario de la cripta. El primero le declaró : “Por ahí pasaba un desagüe. No estaba previsto que por el lugar donde lo enterraron pasara un desagüe.” Así lo repitió el fraile, pero el funcionario fue aún más explícito : “Hubo que desviar el colector hacia la derecha para poner la tumba en lo que había sido su trayecto. Se hundió a un metro cincuenta, y le pusieron una baldosa de 1.500 kilos encima. Uno puede tener la opinión que quiera de Franco, “Caudillo” o dictador. Pero creo que nadie duda de que fue un ser humano. Así lo consideraron el general Pinochet, el rey Hussein de Jordania y el príncipe Raniero de Mónaco, los únicos jefes de Estado que asistieron a sus funerales. Por eso abogamos para que se le saque del sumidero y se le dé sepultura digna, aunque sea católica.  

 

© lmd edición en español

Notas :

(1) Paul Preston, Franco, Caudillo de España, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1994.

(2) Eduardo Haro Tecglen, “Franco en el ‘Azor”, El País, 4 de febrero de 1990.

(3) El Mundo, Madrid, 8 de marzo de 2006.

(4) José-María Berzosa, ¡Arriba España ! Una historia del franquismo, documental, 1976.

(5) José-María Berzosa, Pinochet y sus tres generales, documental, 2004.

(6) The Times, Londres, 2 de abril de 1959.

(7) Arriba, Madrid, 2 de abril de 1959.

(8) Jesús Sueiro, El valle de los Caídos : los secretos de la cripta franquista, La Esfera de los libros, Madrid, 2006.

(9) Ibidem.





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