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EN SANTA CATARINA, AL SUR DE BRASIL

Una Cooperativa de los Sin Tierra

Par Pascual Serrano  |  25 février 2012     →    Version imprimable de cet article Imprimer

La lucha del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST) de Brasil es conocida en todo el mundo. Sin embargo el objetivo del MST no es sólo lograr tierra para los campesinos sino mucho más, como demuestra la experiencia de la Cooperativa Regional de Comercialización e Industrialización Dolcimar Luiz Brunetto, con sede en el municipio Río Negrinho, en el Estado de Santa Catarina, el séptimo más rico del país debido, entre otros sectores, a la exportación de madera y papel. Esta Cooperativa confirma que el MST participa en la regeneración medioambiental de Brasil y desarrolla una acertada política de comercialización de sus productos agrícolas.

Más que las cifras, la ­visita a los asenCreada hace cuatro años, en el municipio Río Negrinho, la Cooperativa Regional de Comercialización e Industrialización Dolcimar Luiz Brunetto pone cada mes en el mercado en torno a catorce toneladas de unos 51 alimentos bajo la marca registrada Tierra Viva, producidos por 900 familias correspondientes a 23 asentamientos del MST en el norte del Estado de Santa Catarina, Brasil. Factura unos 150.000 reales mensuales (70.000 euros) y el pasado año, tras pagar a los campesinos y trabajadores, terminó con un superávit de 260.000 reales (122.000 euros) que la Asamblea de socios decidió reinvertir.

Más que las cifras, la visita a los asentamientos productores y los comentarios de los propios campesinos permiten valorar con toda su importancia el sentido de esta iniciativa. Tras hora y media de camino sin asfaltar, rodeado del envolvente verde brasileño, se llega al asentamiento del MST llamado Puchiá, uno de los más antiguos de la región, fundado hace 23 años, donde se encuentran varios de los iniciadores de la Cooperativa.

Gran parte del éxito de la comercialización de los productos reside en la capacidad de suministrar alimentos para el desayuno escolar de los niños de más de un centenar de colegios de la región. En Brasil, los colegios públicos lo proporcionan gratuitamente a todos los niños, además de la comida del mediodía en los casos de familias con poca renta, mediante otro programa coordinado por los servicios sociales. El anterior gobierno de Luiz Inácio ­Lula da Silva aprobó también el Programa Nacional de Adquisición de Alimentos (PNAA), por el cual los municipios deben adquirir al menos el 30% de los alimentos a pequeños productores locales. Para ello, los ayuntamientos sacan a concurso la compra y seleccionan la propuesta más adecuada. La cooperativa Dolcimar Luiz Brunetto, del MST, logró la adjudicación en trece de estos pueblos. De este modo verduras y hortalizas como zanahorias, remolachas, lechugas, calabazas, acelgas, brócolis, patatas, cebollas, coliflores o pepinos, entre otras muchas, son elaboradas por pequeños campesinos en condiciones de agricultura ecológica, y acaban siendo consumidas por los niños de la comarca.

Nada menos que el 70% de la producción de los campesinos es destinada a los colegios. Cada semana salen de la Cooperativa cinco camiones con verduras y hortalizas hacia el centro de distribución en la ciudad de Sao Bento do Sul. Además de a los colegios, también distribuyen alimentos a otras entidades como hospitales, cocinas comunitarias, asociaciones de ancianos, etc.

Vylson Freytas, 43 años, es vicepresidente de la cooperativa y tesorero del asentamiento de Puchiá que ayudó a crear en 1988, tres años después de la fundación del MST. A diferencia de otros asentamientos del Movimiento que poseen las tierras de forma colectiva, en éste cada campesino es "propietario" de su lote, siempre de igual tamaño : unas doce hectáreas. Comparten diferente maquinaria como tractores y camiones, y animales para la labranza. Los asentados no pueden vender su tierra que sigue siendo propiedad del Estado.

Algunas mujeres se han asociado para poner en marcha una panificadora sumando así un nuevo producto al lote de distribución en los colegios. En su opinión, el principal problema al que se enfrentan los campesinos de su comunidad son los cincuenta kilómetros, más de la mitad sin asfaltar, que los separan de la ciudad más cercana. A ello hay que añadir que no disponen ni de colegio ni de centro de salud. Sus niños deben viajar cada día en un autobús durante cincuenta minutos. Para desplazarse al núcleo urbano más próximo, disponen sólo de una línea pública de autobús que viaja una vez por semana.

Freytas explica que la Cooperativa la integran 130 familias, si bien comercializa los productos de muchas más. Al socio se le descuenta el 30% de la venta de su producto para los gastos de la cooperativa y el 40% a los no socios. Ese dinero ha de servir para cubrir, entre otros gastos, el sueldo de cuatro trabajadores a jornada completa, más algunos campesinos que también colaboran a media jornada.

Leonildo de Lima, 42 años, es otro de los fundadores del asentamiento y de la cooperativa. Destaca que todos los campesinos sólo utilizan biofertilizantes que elaboran con estiércol, restos de caña de azúcar e incluso orín de vaca que sirve de repelente natural de los insectos. Este biofertilizante lo preparan cada uno en sus terrenos. Otro elemento que intentan desarrollar en los asentamientos del MST de Santa Catarina es la soberanía sobre las simientes de sus cultivos. Su política es producir sus propias semillas y el plantel. Aunque no lo han conseguido totalmente, disponen de invernaderos exclusivos para ello.

Ademir, 34 años, vivió once años en Paraguay, donde trabajaba de peón para un hacendado. Hace siete vino a Brasil con su mujer, Marisa, se integró en el MST y ahora trabaja sus propias tierras. Destaca la diferente forma de cultivar que encuentra en el MST : “En Paraguay, trabajaba con veneno cultivando soja. Se trataba de soja transgénica resistente a los herbicidas ; primero la sembraban y luego pulverizaban con herbicida todo el terreno que arrasaba con toda la vegetación excepto la soja transgénica. Aquí, en cambio, todo es natural.” Recuerda que, trabajando en Paraguay para el latifundista, no disponía de tiempo ni para estar con sus hijos, tampoco tenía casa porque era del patrón que le podía dejar al mismo tiempo sin trabajo y sin vivienda. “Ahora, nosotros somos los patronos”, afirma. Antes de llegar aquí, Ademir ocupó, con otros campesinos, unas tierras cerca de la frontera con Argentina, pero el gobierno brasileño les trasladó a éstas del norte de Santa Catarina donde existían unos cultivos ilegales de pino de una multinacional que no pagaba impuestos.

En esta región existen grandes extensiones de plantaciones de pinos destinados a madera para muebles o para papel. La explotación intensiva del pino agota la tierra porque en el suelo donde crecen, debido a su resina, no se desarrolla ninguna vegetación. Se trata, en muchas ocasiones, de explotaciones ilegales. Llegaba un hacendado o una multinacional, deforestaba un terreno y sembraba pinos, años después iba y recogía la madera. Los campesinos del MST denuncian estos cultivos ilegales, que ni respetan criterios medioambientales ni pagan impuestos. Lo notifican al gobierno y éste les permite utilizar esas tierras. Los campesinos sustituyen entonces los pinos, dejan dos años en barbecho, luego cultivan alimentos y se establecen allí. De esta forma, el MST cumple también una misión de vigilancia medioambiental y de recuperación ecológica, al tiempo que proporciona tierras y vía de subsistencia a miles de trabajadores sin tierra.

Freytas aclara que “el Gobierno no toma la iniciativa, es el MST el que ocupa y empuja al gobierno. Debemos llegar a un terreno y montar nuestras lonas acampando, manifestándonos frente a las instituciones públicas, sólo entonces reacciona el gobierno, comprueba que las tierras que ocupamos están siendo explotadas ilegalmente o abandonadas, y logramos que nos permita vivir trabajándolas, y regulariza nuestra situación”. “No siempre es fácil explicar y convencer a los campesinos de la necesidad de una Cooperativa, y más difícil es convencerles del trabajo colectivo de la tierra –añade Freytas– Es necesario crear conciencia desde niños. Si no fuera por el MST, en Brasil no habría opción para los campesinos pobres. Es verdad que, desde la elección de Lula en 2002, se nos facilitaron muchas cosas y se acabó con la criminalización y persecución del MST. Pero la política del gobierno, también hoy con Dilma Roussef, sigue siendo mezquina. Debe ampliarse la reforma agraria”. Hoy, el MST actúa en 23 Estados, engloba a más de 1,5 millones de personas, con trescientas mil familias asentadas y ochenta mil que viven en campamentos. Los terrenos que ha ocupado y puesto al servicio de estas familias ocupan una superficie similar a todo Uruguay.

En los asentamientos, nadie se queda descolgado. María Teresiña, 41 años, está separada y tiene cuatro hijos. Además de participar en el colectivo que está construyendo la panadería, tiene algunas vacas y cultiva su huerta. Confirma la ventaja de trabajar su propia tierra y su participación en el MST cuando recuerda las condiciones laborales de su padre, campesino al servicio de un hacendado extranjero.

Tras más de veinte años en la misma tierra, y con mucho esfuerzo, estos trabajadores van progresando en condiciones de vida. Disponen de luz eléctrica desde hace quince años, y de agua canalizada que extrae cada uno de ellos de su propio pozo. Falta sin embargo el alcantarillado y deben recurrir a fosas sépticas para cada familia. Ahora ha comenzado un proceso de sustitución o rehabilitación de viviendas para hacerlas más amplias y saneadas. Algunos ya cuentan con su nueva casa reformada, como Adaías Bandeira que nos la enseña recién pintada, amueblada y nada menos que con seis habitaciones y garaje.

Por su parte, los jóvenes mantienen la conciencia reivindicativa de sus padres. Algunos se emancipan y se incorporan a nuevos asentamientos que recuperan nuevas tierras. Otros, como Ingamara, 18 años, estudiará Derecho el año próximo porque dice que “el MST necesita asesoramiento legal y le gustaría participar de ese modo”. De hecho, tanto la Cooperativa como el MST se enfrentan todavía a muchos obstáculos legislativos. El administrador de la Cooperativa, Chaves dos Santos, considera que una de las cuestiones que el gobierno debe mejorar es el trato fiscal al que somete a las empresas de economía social. En su opinión, no es justo que deban pagar los mismos impuestos que cualquier otra empresa privada con ánimo de lucro.

El ejemplo de esta Cooperativa del MST muestra que los Sin Tierra pueden ir más allá de su emblemático lema de “ocupar, resistir, producir”. Se trata de un proyecto que auna muchos valores y cambios sociales. Desde el reparto de la tierra a una comercialización alternativa a los grandes distribuidores alimentarios. Desde la vigilancia medioambiental y fiscal de tierras públicas a la regeneración ecológica y los cultivos biológicos para alimentar a los escolares. En resumen : que el otro mundo posible ya va siendo realidad en algunos lugares.





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