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Venezuela - Desarrollo social y crecimiento económico

Par Alfredo Toro Hardy  |  8 juin 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Señalaba en una ocasión Valery Giscard D´Estaing que el estilo era la estética de la acción. Es evidente que los medios de comunicación españoles están tan obsesionados con la “estética” Chávez que muy poco se han preocupado por analizar la acción misma. Ello implica darle prioridad a la forma sobre el fondo en una clara inversión de los parámetros de relevancia que deben acompañar a cualquier valoración objetiva. Bien vale la pena, por tanto, pasearnos por los resultados de la “acción”.

En términos de democracia formal deben destacarse quince procesos electorales llevados a cabo en Venezuela desde que Chávez llegó a la presidencia en diciembre de 1998. Entre los mismos cabría hacer referencia a la celebración de un Referéndum Revocatorio en agosto de 2004. De hecho, de esos quince procesos electorales el Presidente o sus fuerzas ganaron todos menos uno. El único perdido fue una ambiciosa y extensa Reforma Constitucional presentada al pueblo mediante Referéndum en diciembre de 2007. Habiendo sido derrotado por apenas un 1,4 por ciento de los votos emitidos, Chávez reconoció inmediatamente el veredicto popular.

A solicitud del Consejo Nacional Electoral venezolano, estos quince procesos fueron supervisados por organismos y observadores internacionales, así como por instituciones electorales de otros países. Allí cabría citar a la Unión Europea, a la OEA (Organización de Estados Americanos) y al Centro Carter, los cuales han estado presentes en la mayor parte de las elecciones celebradas en los últimos diez años. En todos los casos las misiones de observadores dictaminaron la pulcritud de los procesos electorales.

Sin embargo, el simple cumplimiento de los procedimientos puede resultar insuficiente para dictaminar la existencia de una democracia efectiva. Es frecuente escuchar, en tal sentido, que a pesar de la pulcritud de las formalidades en los procesos electorales el hecho mismo de la acumulación de poder en manos del Jefe de Estado venezolano, invalida su legitimidad democrática. Lo cierto es que esta acumulación procede mucho más de la torpeza de la oposición que de la acción del Presidente. Un par de ejemplos pueden explicar lo dicho. En las elecciones parlamentarias del 2005 la oposición se negó a participar, alegando que no contaba con las garantías democráticas necesarias. Ello a pesar de las seguridades en sentido contrario que le brindaron las misiones de la UE, la OEA y el Centro Carter. El resultado de su abstención fue entregar al gobierno la totalidad de los escaños de la Asamblea Nacional. Un año antes algo similar había ocurrido, con ocasión de la designación de los jueces del Tribunal Supremo de Justicia. La negativa de los parlamentarios de oposición a elegir a los miembros que le correspondían, en función de su cuota parte de representación en el Parlamento, colocó la totalidad de los nuevos jueces en manos de las fuerzas gubernamentales. La razón esgrimida para abstenerse a participar fue que ello cohonestaría a un régimen ilegítimo. Mientras en los regímenes autoritarios las fuerzas democráticas luchan por obtener pequeños incrementos de participación política, la oposición venezolana ha cedido parcelas masivas de poder por razones de propaganda.

La mejor manera de determinar si una democracia es algo más que simple procedimiento es consultar la opinión misma de los ciudadanos que, a fin de cuentas, constituyen los únicos jueces válidos en esta materia. Oigamos a tal efecto lo que reflejan Latinobarómetro y Gallup.

Desde hace una década, Latinobarómetro viene midiendo los niveles de aceptación de la democracia en cada uno de los países de América Latina. Año tras año, Uruguay y Venezuela compiten por los primeros lugares en los rubros de satisfacción y apoyo en relación con sus democracias. En su encuesta correspondiente al 2008 y, al igual que en años anteriores, estos dos países encabezan las posiciones. En apoyo a la democracia, Venezuela aparece en primer lugar con 82 puntos. De igual manera ocupa el segundo lugar, tras Uruguay, con relación a satisfacción con la democracia.

Algo similar podemos señalar con relación a Gallup. En noviembre de 2008 el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó un Informe en el que hacía referencia a los resultados para América Latina de la Encuesta Mundial Gallup sobre percepciones de calidad de vida. Dicha encuesta, para la cual fueron entrevistadas 40.000 personas entre noviembre de 2005 y diciembre de 2007, determinaba que tan satisfechos se encontraban los habitantes de numerosos países con relación a tópicos tales como salud, educación, empleo, etc. Tal como señalaba el BID en su Informe, Venezuela y Costa Rica destacan dentro de América Latina en la mayoría de los rubros.

Ahora bien, más allá de las formalidades democráticas y de las percepciones de los ciudadanos están las cifras puras y duras. Pasemos revista a algunas de éstas. Durante el periodo 1999-2007, la escolarización infantil en edad preescolar aumentó en un 14,3%, la educación primaria en un 9,1% y la educación media en un 11,7%. La población universitaria, durante ese mismo periodo se multiplicó por 2,5, pasando de 656.830 a 1.796.507 estudiantes. En 2005 el país fue declarado por la UNESCO como libre de analfabetismo, luego que un millón y medio de personas aprendieran a leer y a escribir en dos años. Así mismo, en materia de salud pública entre 2005 y 2008 el Gobierno construyó 3.456 consultorios populares, 455 centros de diagnóstico integral, 533 salas de rehabilitación integral y 25 centros médicos de alta tecnología. El impacto de esto sobre la salud puede medirse a través de un par de indicadores. Entre 1996 y 2007 la mortalidad infantil en el país descendió del 23,9 al 13,7 por ciento, mientras que el número de consultas médicas atendidas en los consultorios populares entre 2003 y 2008 fue de 313.249.337 (“Logros de la Revolución”, Caracas, Ministerio del Poder Popular para la Planificación y el Desarrollo, octubre de 2008).

En una entrevista ante CNN en Español, de fecha 10 de febrero de 2009, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe, Alicia Bárcena, declaró que de acuerdo a los datos que maneja el organismo a su cargo, la tasa de pobreza extrema en Venezuela pasó del 25 por ciento en 2002 a 8,5% en 2007 y la de pobreza bajó durante ese mismo periodo del 51 al 28%. Así mismo señaló que durante ese mismo lapso la tasa de desempleo disminuyó del 11 al 7,4%. Se refirió así al “importantísimo” progreso obtenido por Venezuela en la mayoría de los rubros sociales.

Este desarrollo social ha traído consigo crecimiento económico. Al distribuirse mejor la riqueza se ha aumentado el consumo en un 20,4%, en sólo 8 años. Como resultado, se ha ampliado la demanda agregada, brindándosele un extraordinario dinamismo a la economía. Venezuela ha crecido a una tasa promedio del 10,4% durante los últimos 20 trimestres, habiendo aumentado su PIB de 99.000 millones de dólares en 1999 a 227.000 millones en 2007. Es decir, más del doble en 8 años (“Logros de la Revolución”, Ibídem).

Nada de lo anterior es referido por la prensa española, en la medida en que el rechazo al estilo Chávez prima por sobre cualquier otra consideración. En el fondo, el parentesco determinado por la lengua y la historia actúan como factores mayúsculos de distorsión a la hora de comprender lo que ocurre en Venezuela. Ellas parecieran hacer innecesario el proceso de descodificación cultural indispensable para comprender a sociedades distintas a la propia. Mientras ingleses, franceses o italianos, sienten la necesidad de “deconstruir” la realidad venezolana para reconstruirla bajo sus propios parámetros cognitivos, los españoles creen que es posible la transmisión en vivo y en directo de la misma. El resultado no puede ser otro del que es : una visión desfigurada del otro a partir del choque con la propia estética.





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