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La nueva América Latina

Venezuela frente a la emergencia económica

Par Alfredo Serrano  |  14 avril 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Sobran los argumentos para afirmar que Venezuela está frente a una emergencia económica. El Presidente Nicolás Maduro aprobó, justamente, el pasado 14 de enero, un Decreto de Emergencia Económica. Sólo cuando se reconoce una situación adversa se pueden encontrar las respuestas efectivas para superarla. El contexto económico en Venezuela es cada vez más preocupante, tanto a nivel externo como interno. Ante tales circunstancias adversas, el Ejecutivo ha puesto en marcha una Agenda Económica Bolivariana (AEB) con el objetivo de salir adelante.

La caída de los precios del petróleo marca de modo considerable una restricción muy inquietante para las arcas públicas de Venezuela. El precio del petróleo ha sufrido una de sus mayores caídas desde hace décadas. En junio del 2014, el precio por barril alcanzó los 115 dólares. Pero en el año 2015 acabó por debajo de 40 dólares ; y en 2016, continuó a la baja. Hay otro factor clave : el interés especulativo de los grandes capitales mundiales que, a partir de los mercados de valores futuros, imponen los precios en el presente (1). No será fácil estimar qué sucederá con este fenómeno en el corto plazo. Es todo demasiado imprevisible.

Indudablemente, esto supone una importante restricción para las economías petroleras. La caída de las divisas disponibles para la política económica venezolana es un hecho irrefutable. El mismo Presidente Maduro presentó datos alarmantes : en enero de 2016 sólo entraron al país unos 77 millones de dólares. Un valor que habla por sí solo si lo comparamos con lo que ocurrió en ese mismo mes en años anteriores (2). En 2015, la economía ya se vio afectada por este shock negativo de precios del petróleo. Si en los últimos años la economía funcionaba habitualmente con alrededor de 40.000 millones de dólares (después del pago de la deuda externa), el año 2015 lo hizo con apenas 5.000 millones de dólares. La diferencia es abismal y explica mucho de lo que ha acontecido económicamente.

Pero el frente externo no asfixia únicamente por esta vía. El estrangulamiento financiero internacional contra Venezuela es constante. A pesar de que el país pagó alrededor de 14.000 millones de dólares el año pasado en concepto de deuda externa, el riesgo-país jamás se vio mejorado. Todo lo contrario. La prima de riesgo impuesta por las agencias de calificación a finales del año 2015 fue de 2.883. Por ejemplo, la de Colombia fue, para esa misma fecha, de 317... A Venezuela lo discriminan negativamente, penalizándolo ; encarecen su deuda y le impiden el acceso al crédito financiero.

La tercera característica del frente externo económico adverso deriva directamente de la situación económica mundial. Después de casi una década, se vuelve a admitir que la economía mundial no está saneada. El desplome generalizado en las cotizaciones de las entidades financieras de Europa ha sido una muestra más de que la economía capitalista global no progresa adecuadamente. En menos de un año, las bolsas mundiales han visto reducida su capitalización en un valor equivalente al PIB de la eurozona. La economía real no sale de su encrucijada ; el comercio mundial sigue a la baja. No se atisba ninguna posibilidad de estabilidad en el crecimiento real de la economía. Pero no todas las dificultades económicas de Venezuela proceden de lo que sucede afuera. También hay que mirar casa adentro, conocer e identificar los de­sequilibrios estructurales actuales de la economía, y también sus respectivos desajustes coyunturales. 

La Revolución Bolivariana ha logrado mucho en muy poco tiempo. Aunque ahora aparecen contradicciones propias de cualquier proceso de cambio. Que pueden ser : a) fundamentales, generadas entre el modelo económico humanista de cambio y el modelo capitalista neoliberal que nunca se retira (aunque le indiques la salida) ; b) secundarias, contradicciones emanadas en el seno del propio pueblo. El pueblo venezolano, en los últimos años, tras haber naturalizado las mejoras sociales y mejoras en el consumo, realiza nuevas demandas. Además, también hay otras tensiones derivadas de los desequilibrios internos económicos : 1) rentismo importador, especulativo-ocioso, como respuesta para satisfacer la creciente demanda interna, 2) insuficiencia productiva, 3) sistema de distribución ineficaz en manos del capitalismo especulativo.

A esto hay que sumar la guerra económica contra el pueblo que vienen llevando a cabo ciertos intereses privados que quieren derrocar, como sea, al Presidente Maduro. La economía política debe estar siempre presente en cualquier análisis económico. Dejarla afuera es desconocer cómo funciona la economía. Es elemental identificar a los responsables de esta guerra económica y conocer cuál es su forma de actuar. Las razones son muchas. Se impuso el rentismo importador del siglo XXI. La economía real quedó sometida y avasallada por la economía ociosa. En este fenómeno todos tienen responsabilidad : unos más que otros. El sector privado jamás quiso dedicarse a impulsar un nuevo de­sarrollo productivo. Optó por la importación, demandando divisas. Esto impuso una dinámica económica improductiva, altamente dependiente de las importaciones y, además, con un fuerte componente especulativo en precios.

Ciertamente éste es uno de los aspectos más críticos de la economía venezolana. La acumulación anualizada del índice nacional de precios al consumidor para el 2015 fue del 180,9%. La escasez de divisas es un factor clave ; otro es la elevada capacidad de consumo del pueblo venezolano ; e, innegablemente, la economía política es también responsable de la conformación de los precios. La cotización ilegal del dólar, conocida en Venezuela como Dólar Today –que evoluciona de forma exponencial sin criterio económico aparente– también ha sido determinante para la fijación abusiva de los precios.

La inflación vino acompañada de contracción económica (estanflación). El Banco Central de Venezuela afirmó que la economía se contrajo en un 5,7% el año pasado, una caída superior a la del 2014, de un 3,9%. El sector público experimentó un incremento del 1,1%, mientras que el sector privado descendió en un 8,4%. Esto explica la alta dependencia del privado con relación a la divisa ; con divisas crecen, porque importan ; pero sin ellas, caen en picado. Este componente denota una economía con debilidad de crecimiento cuando hay límites en divisas.

El otro asunto delicado es el desa­bastecimiento. Esto se explica, en gran medida, por la alta dependencia de las divisas. Pero también tienen mucho que ver los comportamientos especulativos de sectores privados oligopólicos y las fallas en los canales de distribución. Todo ello vino acompañado de colas. En muchas ocasiones, éstas fueron planificadas en una fase inicial con la intención de desestabilizar la economía y de generar una mayor sensación de “falta y escasez”, incentivando las compras nerviosas. No es un tema sencillo de solventar porque se ha impuesto una suerte de desorden entrópico que requiere de tiempo y políticas económicas acertadas desplegadas en forma integral.

Sin embargo, no todo son debilidades ; hay que considerar también las fortalezas en materia laboral que la economía venezolana tiene. El desempleo está en torno al 6% y no se ha visto afectado a pesar de la emergencia económica. La política laboral, a pesar de las dificultades, también priorizó los incrementos salariales ; el salario mínimo creció por encima del 130% ­(considerando el aumento del ticket alimentación). Por otro lado, la inversión social tampoco se ha visto perturbada por el escenario económico adverso. Los indicadores de desigualdad y pobreza no se han visto impactados negativamente. Las políticas públicas han venido de­sempeñándose a buen ritmo a pesar de las dificultades. La recaudación tributaria creció, permitiendo así sostener al Estado de las Misiones garantista de los derechos sociales.

Frente al escenario económico adverso, la cuestión es preguntarse qué se puede hacer para salir de este laberinto. La economía venezolana está al borde de un punto de bifurcación. Toma un camino u otro. La oposición en la Asamblea tiene su senda, la neoliberal, con medidas regresivas de la distribución de la riqueza. Su proyecto de ley denominado “Activación y Fortalecimiento de la Producción Nacional”, presentado el 18 de febrero, demuestra claramente cuáles son los intereses económicos de la oposición. No busca encontrar respuesta frente a la emergencia, sino más bien consolidar un “paquetazo” neoliberal tradicional. La derecha aún continúa atrapada por el pasado sin saber qué decir cada vez que debe presentar una propuesta de futuro.

En cambio, el Presidente Maduro anunció una Agenda Económica Bolivariana (AEB) que busca afrontar la emergencia económica sobre la base de un nuevo orden económico, con el objetivo de sostener el espíritu social y humanista de la revolución. Definitivamente, la AEB evita caer en la tentación neoliberal como salida a esta situación económica tan complicada. El objetivo de esta AEB es mirar hacia adelante, a partir de una hoja de ruta que priorice la resolución de los problemas urgentes para avanzar en las transformaciones estructurales pendientes. La AEB combina dos dimensiones : lo coyuntural y lo estructural, esto es, responder a las emergencias del ahora, del ya, pero pensando en el mañana. Se delinea así cuál es la senda económica por donde transitar, evitando atajos que lleven al abismo como sucedió en el pasado neoliberal. La nueva carta de navegación para superar la tormenta no es por afuera de la Revolución Bolivariana ; las soluciones nunca pasarán por renunciar al Estado de las Misiones ni a la soberanía. Esto es innegociable. La AEB no renuncia al carácter humanista y democratizador de la economía defendida por el chavismo, pero sí añade la importancia de generar riqueza, de crecer distribuyendo.

La AEB ha comenzado a rodar. Se ha abierto una nueva etapa para la Gran Política Económica. En estos dos meses han proliferado las decisiones en diferentes ámbitos de la economía.

1) Se han activado nuevos motores productivos (Agroalimentario, Hidrocarburo, Minería, Telecomunicaciones, Informática, Construcción, Industria, Industria Militar, Turismo, Forestal, Economía Comunal y Social, Farmacéutico), con un nuevo mapa de actores que ayuden a la democratización del aparato productivo. El nuevo modelo productivo en desarrollo pretende crear riqueza con el afán de superar el rentismo importador y el rentismo exportador petrolero. Se ha activado un Plan 50 para producir aquellos bienes y servicios que forman parte de lo cotidianamente necesario para el pueblo. La instalación del Consejo Nacional de Economía Productiva, además, contó con una amplia participación del sector privado interesado en formar parte de este nuevo espacio.

2) Nueva política de asignación de divisas como parte de la política cambiaria : la AEB contempla un nuevo plan de asignación de divisas, una acupuntura de las divisas con la pretensión de lograr una economía más productiva, generando así círculos virtuosos de crea­ción de riquezas.

3) Se ha puesto en marcha una nueva política de captación de divisas que rompa con la dependencia exportadora petrolera. En el sector minero, se firmó un decreto para cuantificar las reservas contenidas en tres áreas del Arco Minero del Orinoco ; más de 150 empresas de 35 países firmaron contratos para explorar la franja, siempre bajo condiciones de mayoría accionaria a favor del Estado. Esto permitirá una entrada neta de divisas de unos 3.000 millones de dólares, dejando el resto para inversiones en industrialización.

4) El sistema cambiario también ha transitado hacia un modelo dual : a) el DIPRO (divisa protegida), 10 bolívares por dólar, para sectores prioritarios (alimentos, salud, insumos básicos para la producción de estos sectores, cultura, deporte, pago de los pensionados y jubilados, investigaciones científicas y otros casos de especial urgencia) ; b) el DICOM como divisa complementaria de flotación, administrada para el resto de la economía.

5) La llamada a la Revolución Tributaria se convierte en una herramienta clave para recaudar adentro todo lo que se necesita para sostener la política de inversión social ante esta emergencia económica.

6) Se ha cambiado, tras más de dos décadas, el esquema actual de subsidios para la gasolina. Venezuela es el país con la gasolina más barata del mundo. Y, con el nuevo sistema, se pretende utilizar de forma más justa y eficiente los recursos disponibles.

Estas son algunas de las más destacadas decisiones económicas tomadas en estos últimos meses. Pero no son las únicas. Se ha puesto en marcha una nueva forma de utilizar las compras públicas para aprovechar este músculo económico tan relevante en el país. Es la hora de transformar el universo social en un espacio económico productivo. Y no sólo eso. Se ha creado una Corporación Nacional Productiva como nuevo sistema articulador de todas las empresas de gestión estatal o en manos de trabajadores. También se ha puesto a funcionar un plan de agricultura urbana ; se ha creado el Banco de insumos para la pequeña y mediana industria ; se ha iniciado una política de alimentación de “abastecimiento seguro” para reorganizar este sector. Y, lo más reciente, la activación de la tarjeta de las misiones socialistas a favor de las familias venezolanas en núcleos de pobreza extrema. De esta forma, el esquema de subsidio cambia : se concentra en la persona. En definitiva, se observa cómo Venezuela tiene su propia receta frente a la emergencia económica. Esto demuestra que no sólo se rechaza la salida neoliberal, sino que se ha comenzado a ejecutar una agenda económica para este momento histórico. Así se pone de manifiesto que sí hay alternativa frente al mandato neoliberal.

 

NOTAS :

(1) El Congreso de Estados Unidos reconoce que el 30% del precio del petróleo se debe a la especulación de los fondos de inversión y grandes bancos ; la consultora Goldman Sachs lo establece en el 40%.

(2) En 2010, la entrada de dólares por venta petrolera para enero fue de 1.790 millones de dólares ; en enero de 2011, 2.463 millones, en 2014, 3.000 millones ; y en 2015, 815 millones.





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