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Las relaciones con Estados Unidos

Zapatero, fiel aliado de Washington y la OTAN

Par Roberto Montoya  |  12 novembre 2011     →    Version imprimable de cet article Imprimer

José Luis Rodríguez Zapatero empezó su primer mandato, en 2004, retirando de inmediato las tropas españolas de la guerra de Irak en un gesto de franca independencia hacia Washington. Y termina su segundo mandato cediendo a EE UU la base de Rota como sede naval del escudo antimisiles de la OTAN que acogerá a cuatro navíos de guerra dotados con el sistema de defensa AEGIS y 1.200 militares. ¿Cómo se explica semejante viraje ? ¿Qué coherencia hay en esas dos decisiones tan contradictorias ?

“La política de defensa y de seguridad tiene que ser una política de Estado y de consenso. Hubiera sido muy deseable que, antes de hacer el pronunciamiento que hizo con el presidente de los Estados Unidos, dando su apoyo al escudo antimisiles, hubiera venido a esta Cámara a explicar por qué y a debatirlo. Así es como se hace una política de defensa cohesionada. Todavía está a tiempo de hacerlo. Nosotros no lo compartimos, sinceramente, porque creemos que es una idea vieja, que es sólo la repetición de la propuesta del señor Reagan de la ‘Guerra de las Galaxias’ y que no camina en la dirección adecuada para una política de seguridad en el mundo.” Estas duras palabras dirigidas al entonces presidente José María Aznar, fueron pronunciadas el 26 de junio de 2001 por José Luis Rodríguez Zapatero, en aquel momento líder del principal partido de la oposición, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), durante el debate anual del Estado de la Nación en el Congreso de los Diputados.

Una década después, el 4 de octubre pasado y tras más de siete años al frente del Gobierno, Rodríguez Zapatero estrechaba en Bruselas la mano de Leon Panetta, ex director de la CIA y actual secretario de Defensa de EEUU, para sellar un importante acuerdo entre ambos países…¡sobre el escudo antimisiles !

En presencia del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, Zapatero y Panetta formalizaban el pacto por el cual España se comprometía a convertir la base de Rota en el componente naval del escudo de la Alianza, esa gran red de radares de alerta temprana y baterías de misiles capaces de abatir en vuelo misiles enemigos, de la que participan también Polonia, Rumanía, Turquía y Holanda.

Tal como se anunció en los cuarteles generales de la OTAN, cuatro destructores antimisiles de la Navy estadounidense dotados con el sofisticado sistema de combate Aegis llegarán en 2013 para hacer de Rota su base permanente. Panetta aclaró que los buques no se limitarán a actuar dentro de los planes del escudo, sino también en otras operaciones de la OTAN en el Mediterráneo y en todas aquellas actuaciones que el Pentágono considere necesarias como apoyo a dos de los grandes mandos regionales que tiene en el mundo, el Africom, que cubre África, y el Cetcom, que cubre desde Pakistán hasta el Cuerno de Africa.

Junto a los buques, se instalarán en esa base de uso conjunto hispano-estadounidense 1.200 militares y 100 civiles. Pese a que –desde la época de la ‘Guerra de las Galaxias’ de Ronald Reagan y el posterior escudo de George W. Bush, hasta la actual versión muy reformada y más económica del escudo antimisiles de Barack Obama–, siempre se ha justificado su creación en la necesidad de proteger a EEUU y sus aliados europeos –situados en la trayectoria de los misiles– de eventuales ataques balísticos de enemigos como Corea del Norte e Irán, Panetta dijo que era de carácter “disuasorio”.

El jefe del Pentágono sostuvo que la elección de España fue por su “posición estratégica, como puerta de entrada al mar Mediterráneo” y al norte de África.

Orgulloso del acuerdo alcanzado, el Presidente español saliente añadió que en el mando y control del sistema de defensa antimisiles se integrará también el nuevo Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de la OTAN (CAOC) en la base de Torrejón de Ardoz, a 20 kilómetros del centro de Madrid (1).

El mandatario español no hizo ninguna alusión a su brusco cambio de postura ni encontró necesario explicar las razones por las cuales adoptaba una medida de semejante trascendencia precisamente cuando acababa de disolver las Cortes y a un mes y medio de las elecciones generales del 20 de noviembre.

Sin duda se ajustó a las necesidades de Obama, ya que éste debe incluir la partida de ese despliegue en España en el presupuesto de su país antes de finales de año.

Zapatero aclaró que el líder de la oposición, Mariano Rajoy, estuvo informado en todo momento de las negociaciones secretas que se mantuvo con EEUU y la OTAN, dando a entender que por ello no consideraba necesario convocar al Congreso de los Diputados para discutir el tema.

Zapatero parece obviar que semejante giro en política exterior y de seguridad excede lo acordado en el convenio bilateral de Defensa con EEUU. Olvida también que el referéndum de la OTAN que se votó en 1986, durante la presidencia de Felipe González, comprometió “la reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España”.

Para hacer más atractivo su anuncio, Zapatero añadió que la deprimida zona gaditana de Rota se beneficiaría económicamente de esta nueva actividad de la base, tanto por la instalación en ella de 3.400 estadounidenses más –entre militares, civiles y familiares– como por el trabajo que supondrán para los astilleros de San Fernando las tareas de mantenimiento y reparación de los cuatro grandes buques de guerra. Según Zapatero, “se crearán cerca de 1.000 puestos de trabajo directos o indirectos” (2).

Con estas explicaciones el líder de los socialistas españoles daba por zanjado el tema. Muy lejos quedaban aquellas palabras suyas de 2001 citadas al inicio de este artículo. Muy lejos quedaba también su gesto del 12 de octubre de 2003, aún como candidato presidencial, cuando optó por no levantarse de su silla al paso de la bandera de EEUU, a diferencia del resto de personalidades que asistían al desfile militar del llamado ‘Día de la Hispanidad’. Zapatero reivindicó aún públicamente en 2009 haber tomado esa decisión como muestra de su rechazo a la intervención española en la guerra de Irak (3).
Muy atrás quedó también aquella decisión que el presidente tomó el 18 de marzo –sólo un día después de asumir el poder– de ordenar la retirada de las tropas que Aznar había enviado a Irak.

Ese gesto supuso el momento de más tensión en las relaciones entre EEUU y España en medio siglo. Para la Administración republicana, esas actitudes del nuevo Gobierno socialista representaban un duro revés en su cruzada planetaria contra el terror, columna vertebral de toda la política exterior estadounidense. La alianza con Aznar y Blair era también para Bush vital para introducir una cuña en la Unión Europea, donde arreciaban las voces críticas contra su exacerbado unilateralismo.

Desoyendo el clamor de millones de personas que se manifestaban en las calles de toda España, Aznar repetía a pies juntillas todas las mentiras de Bush y Blair sobre las fantasmagóricas “armas de destrucción masiva de Sadam Hussein”. La tristemente famosa foto de la cumbre de las Azores del 16 de marzo de 2003, donde Bush, Blair y Aznar –con Durao Barroso como anfitrión—hicieron sonar los tambores de la guerra contra Sadam Hussein que lanzarían cuatro días después, representó el máximo símbolo del triste camino en el que España se había embarcado.

La reacción no se haría esperar. Dos meses después del inicio de aquella guerra ilegal y unilateral, un grupo terrorista atentaba contra la Casa de España en Casablanca, Marruecos, matando a 41 personas, entre ellas tres españoles. En agosto moría en Bagdad, en atentado, un capitán de navío español ; en octubre, un agente del espionaje español (CNI) ; y en noviembre otros siete agentes del mismo organismo. España, tal como había advertido Al Qaeda, se había convertido en objetivo de sus ataques. Y el 11 de marzo de 2004, dos días antes de las elecciones generales, tenían lugar los terribles atentados de Madrid que se cobraron casi 200 víctimas.

Con la llegada de Rodríguez Zapatero al poder parecía cortarse la servil dependencia de los planes imperiales de EEUU. El nuevo Presidente lanzaba su propuesta de Alianza de Civilizaciones ; una nueva política exterior parecía ponerse en marcha.

Pero esa ilusión duró poco. Se tardaría todavía un año en conocerse la complicidad del Gobierno Zapatero con los vuelos de la CIA. Desde el primer momento, el Gobierno PSOE hizo saber a EEUU que no innovaría en lo actuado en ese sentido por Aznar, que España seguiría permitiendo que hicieran escala en aeropuertos españoles los aviones civiles de la CIA que habían comenzado a operar poco después del 11-S en todo el mundo, trasladando a secuestrados sospechosos de ser miembros de Al Qaeda a secretas prisiones propias o de países aliados, para ser torturados con total impunidad. Las casi noventa escalas de esos aviones en quince aeropuertos españoles que quedaron registradas tuvieron lugar entre 2002 y 2007, corresponsabilizando así tanto al Gobierno de Aznar como al de Zapatero.

Varios cables de la diplomacia de EEUU revelados por WikiLeaks aportaron igualmente las pruebas de cómo la Administración socialista obstaculizó sistemáticamente las actuaciones judiciales para extraditar y juzgar a los militares estadounidenses que asesinaron a José Couso el 8 de abril de 2003 en el hotel Palestine de Bagdad (4).

El PSOE trataba de enmendar su afrenta y hacía buena letra. Renovó el Convenio Bilateral de Defensa entre EEUU y España que en 2002 flexibilizó las autorizaciones de acciones de Inteligencia y misiones estadounidenses desde territorio español –en clara contradicción con la propia Ley de Defensa Nacional– ; aumentó el número de tropas y asumió más protagonismo y responsabilidad en la guerra de Afganistán, así como en distintas actuaciones de la OTAN y la Alianza de Civilizaciones se esfumó. España volvía a la normalidad.

El Gobierno Zapatero continuó también la política antiterrorista de Aznar, endurecida tras el 11-S, denunciada en su momento por organismos como Human Right Watch por sus restricciones a los derechos de los detenidos sospechosos de terrorismo, y miró hacia otro lado ante las torturas a los mismos. Ya desde la oposición, el PSOE consensuó esa política con el PP, que, junto a la Ley de Partidos de 2002, auspiciaron el cierre de periódicos y la prohibición de organizaciones políticas de la izquierda abertzale. 

Por todos estos antecedentes, por la práctica demostrada en estos últimos siete años, Zapatero no puede sorprender ahora con su decisión sobre Rota. El transformismo del actual Gobierno y del PSOE comenzó hace mucho.

Cuando Zapatero dice ahora que el escudo antimisiles “no es contra nadie” y presenta la cesión de Rota a EEUU y la OTAN poniendo el acento en el “beneficio económico” para la región, oculta que esa decisión compromete a España mucho más en las aventuras bélicas que puedan lanzarse desde allí hacia amplias zonas del Mediterráneo, África, Asia y Oriente Medio, sin que tenga la más mínima capacidad de control sobre ellas.

Tampoco, una vez más, Zapatero se aplica para sí mismo las advertencias que, en su día, le hizo a Aznar. Fue poco después de los atentados de Casablanca de mayo de 2003 cuando le dijo en el Congreso al entonces presidente conservador : “A España no le conviene seguir la estrategia de Bush en su lucha contra el terrorismo internacional. Y la mejor muestra de ello es que no sólo se ha conseguido que Batasuna esté en una lista (de organizaciones terroristas de la UE y del Departamento de Estado), sino que, lamentablemente, también se ha logrado que España esté en la lista del terrorismo internacional” (5).

 

(1) http://www.youtube.com/watch?v=efKl9VhHxBM

(2) Ídem.

(3) http://www.elpais.com/videos/espana/Zapatero/dice/levanto/bandera/EE/UU/protestar/Aznar/elpvidnac/20090127elpepunac_3/Ves/e Abril de 2004

(4) http://www.rtve.es/noticias/20110127/cronologia-del-caso-couso/398147.shtml

(5) http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/specials/newsid_3050000/3050793.stm





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