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¿Otro Honduras ?

Golpe de Estado permanente en Paraguay

jeudi 15 avril 2010   |   François Musseau
Lecture .

Después de haber sostenido, por puro oportunismo, al Presidente de izquierdas Fernando Lugo en el momento de su elección, algunos de los partidos que forman parte de la coalición gubernamental se han vuelto contra él y juegan abiertamente a desestabilizarlo.

En el centro de Asunción, la capital de Paraguay, en el número 710 de la calle Chile, entre dos altos edificios administrativos, la pequeña casa colonial de un solo piso y con las ventanas enrejadas tiene un aspecto poco atractivo. En la fachada hay una pequeña placa dorada : “Museo de la memoria”. En el interior, innumerables fotos ilustran los años de plomo de la dictadura de extrema derecha del general Alfredo Stroessner (1954-1989), una de las más brutales del continente.

En ese laberinto de salas oscuras, aparece la antigua oficina del coronel estadounidense Robert K. Thierry, que vino a “instruir” a los esbirros de Stroessner en las diferentes técnicas de tortura. Especialmente en la que terminó siendo la más tristemente célebre, la “pileta”, una bañera llena de excrementos en la cual se sumergía a los opositores, con frecuencia comunistas, hasta el límite de sus fuerzas.

Al fondo del patio, el visitante descubre dos celdas que eran utilizadas por los torturadores. Dos bañeras lo prueban, así como algunos instrumentos con los que se aplicaban descargas eléctricas a los “recalcitrantes”. Porque este museo, abierto en 2006, está ubicado en los locales de lo que fue la terrible Escuela Técnica, por la que desfilaron unas diez mil víctimas. “En total, fui detenido diecinueve veces –confía Waldimiro Valois Cabañas, de 88 años, que ha venido en peregrinaje–. De todas las prisiones que conocí, este lugar era el más horrible. Me acuerdo del comisario Alejandro Schreiber, un auténtico nazi”. Firme y digno, Cabañas también ha ido al mueso con la intención de obtener una reparación financiera. “Recopilé todas las informaciones relativas a mi hermano y a mí, para solicitar una indemnización al Gobierno. Pero no tengo muchas esperanzas porque a nosotros, las víctimas de la dictadura, nos quieren olvidar. En el Paraguay de hoy molestamos porque encarnamos un pasado vergonzoso”.

Sólo veinte años han pasado desde la caída de Stroessner. Pero de paseo por Asunción pareciera que la dictadura nunca existió. Fuera de este modesto museo, no hay ninguna placa conmemorativa, ningún monumento en homenaje a los 19.862 detenidos y a los 18.772 torturados (1). Los políticos, muchos de los cuales provienen del “antiguo régimen”, se callan. Y los medios de comunicación sólo mencionan este periodo negro con una infinita prudencia.

A bordo de un taxi que zigzaguea por el ensordecedor microcentro de Asunción, Cabañas señala las comisarías. “Eran centros de interrogatorio y de tortura conocidos por todos. Hoy estos lugares parecen tan normales que, a veces, me pregunto si nuestro infierno no habrá sido sólo una pesadilla”.

Ha llegado la hora de un Paraguay democrático y… amnésico. El 20 de abril de 2008, cansados por décadas de incuria, corrupción y autoritarismo –sesenta y un años consecutivos de dominación exclusiva del Partido Colorado, del cual Stroessner era miembro– el 40,8% de los electores colocaron sus esperanzas en la figura del “obispo de los pobres” Fernando Lugo, muy comprometido socialmente, ajeno a las esferas oligárquicas y virgen de todo escándalo financiero (2). Un terremoto político y simbólico en este país que nunca había tenido en su historia un periodo dominado por una izquierda democrática.

En el entorno de Lugo subrayan el hecho de que si bien ese pasado “molesta”, hay que darle prioridad a la economía. Paraguay, uno de los países más pobres de América Latina, no muestra ningún signo de despegue. Por otra parte, el margen de maniobra del Presidente es “muy reducido” o “casi nulo”. Pese a todo, el Gobierno hizo detener a Sabino Montanaro, de 87 años, ministro del Interior durante la dictadura : al regresar en mayo de 2009 de su exilio hondureño, seguro de sí mismo, el anciano fue interpelado y detenido preventivamente en la penitenciaría de Tacumbú, cerca de Asunción. Sus peregrinaciones entre la cárcel y el hospital militar –el hombre está muy enfermo– apasionan a los paraguayos, estupefactos ante este golpe teatral, impensable hasta ahora : ¡uno de aquellos que encarnaban el terror del régimen stronista comparecerá ante un tribunal !

“Evidentemente, se trata de una gran noticia, pero también es el árbol que oculta el bosque. Ningún responsable militar de la dictadura ha pagado por sus crímenes. En total, a día de hoy, sólo cinco policías y su jefe Pastor Coronel han sido condenados a penas de prisión. Mientras los jueces chilenos y argentinos actúan en la dirección correcta, aquí es el reino de la impunidad”, dice Carlos Portillo, profesor de Derecho, que fue uno de los nueve miembros de la Comisión de Verdad y Justicia entre 2003 y 2008. Este organismo fue “cuidadosamente mantenido en el anonimato por los círculos mediático-políticos”, explica con una mueca de despecho.

¿Podría ser de otra manera ? La Alianza Patriótica para el Cambio (APC), que llevó a Lugo al poder, no es más que una coalición de ocho partidos políticos, entre los cuales destaca el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), al que pertenece el vicepresidente Federico Franco. Los dirigentes de este partido, rival histórico del Partido Colorado, también han sido salpicados (y lo siguen estando) por innumerables escándalos de corrupción. “¿Cómo, entonces, puede [Lugo] hacer avanzar su gran promesa electoral : la reforma agraria ?”, se pregunta Jorge Torres, cronista del diario ABC Color.

En Paraguay, un país eminentemente agrícola (la ganadería y la agricultura representan el 30% de su Producto Interior Bruto), esta reforma siempre fue aplazada hasta las calendas griegas. Según la Presidencia de la República, el 1% de los latifundistas posee el 77% de las tierras, mientras 200.000 campesinos esperan, ansiosos, que se realice una nueva distribución. Alrededor de otros cien mil “sin tierra”, que en un primer momento engrosaron la población de los suburbios de las grandes ciudades (Asunción, Ciudad del Este), han emigrado desde 2004 a Estados Unidos o a España.

Tomas Zayas, directivo de la Central Nacional de Organizaciones Campesinas Indígenas y Populares (CNOCIP), lucha activamente contra esta “injusticia flagrante”. Y no deja de alentar a los “sin tierra” a ocupar grandes propiedades “improductivas”, corriendo el riesgo –frecuente– de ser molidos a palos por policías o milicias privadas a sueldo de los latifundistas.

El propio Zayas logró su objetivo, en 1989, en el Alto Paraná, muy cerca de la frontera con Brasil. Hoy, bajo su dirección, 170 familias campesinas se reparten 762 hectáreas conquistadas con gran esfuerzo, en una colonia bautizada “El Triunfo”. Son tierras que les permiten sobrevivir, aun cuando resulten miserables en comparación con las decenas de miles de hectáreas de los vecinos, cultivadores de soja transgénica, en su mayoría de origen brasileño.

“Somos una excepción –dice Zayas–. La mayoría de las comunidades no puede resistir ante el avance de los grandes productores. Es necesaria una auténtica reforma agraria, si no esta apisonadora terminará por empobrecer a todo el Paraguay rural”. La soja transgénica, cultivada en 2,7 millones de hectáreas, requiere muy poca mano de obra (un peón cada 500 hectáreas) y, además, sólo una ínfima parte de los mil millones de dólares anuales que genera llega a las cajas del Estado.

Es mejor repartir las tierras, pero ¿cómo ? El Estado paraguayo no tiene recursos para comprarlas. Ciertamente, podría “recuperarlas”, ya que cantidades inmensas de tierras fueron distribuidas de manera arbitraria e ilegal, bajo la dictadura, a militares o empresarios “amigos”. Aquí se habla de “tierras mal habidas”, tierras mal adquiridas que, con frecuencia, en ese caos administrativo, están dotadas de diversos títulos de propiedad. Para los numerosos campesinos perjudicados, la única posibilidad de lograr algo es la vía judicial ; por otra parte, miles de disputas territoriales se acumulan en los tribunales. “Allí se siente el nervio del sistema, es decir, el poder judicial –se indigna Mirta Barreto, presidente del Centro de Servicios y Estudios Rurales (CSER)–. Los jueces están muy corrompidos, y es así como defienden los intereses de los latifundistas. En el estado actual, es imposible cualquier tipo de justicia sobre la propiedad de la tierra”.

Este cerrojo judicial es uno de los peores obstáculos para el reformador Lugo. Sin la colaboración de los magistrados, la reforma agraria seguirá siendo una quimera. Lo mismo ocurre con cualquier otra modificación constitucional que le pudiera dar al Presidente mayor libertad de acción. La lucha es particularmente difícil porque los nueve altos magistrados del Tribunal Supremo se han autodeclarado inamovibles hasta la edad de 75 años. “Un golpe de Estado permanente –se indigna un diplomático occidental que desempeña funciones en Asunción–. ¿Cómo quiere usted que se lleve a cabo un cambio estructural, cuando los árbitros indispensables para ese posible cambio, productos puros del antiguo régimen, se oponen ferozmente a él ?”. Nada sorprendente : a diferencia de las otras ex dictaduras del Cono Sur (Brasil, Argentina, Uruguay), en Paraguay no se ha producido una verdadera ruptura. El golpista que derrocó a Stroessner en 1989, el general Andrés Rodríguez, era su propio yerno. Tras una fachada democrática, instauró un régimen tan autoritario como el anterior, e implicado en el más alto nivel con el contrabando y el tráfico de drogas. El Partido Colorado siguió mandando : cualquiera que fuera el nombre de los sucesivos presidentes (Juan Carlos Wasmosy, Raúl Cubas Grau, Óscar Nicanor), se mantuvo el mismo sistema clientelar, con la complicidad activa de los jueces, abogados, senadores, diputados y altos funcionarios. 

Cada día, o casi, esta madeja de complicidades ligadas al Partido Colorado o al PLRA descarga su bilis contra Lugo, a través de una prensa adepta a la causa conservadora. Un día, a causa de sus excelentes relaciones con los países miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA : Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua, etc.), el ex obispo es acusado de “deriva populista al estilo Hugo Chávez” ; al día siguiente, sería compinche de los “guerrilleros” que raptaron a Fidel Zavala, un ganadero cuyo secuestro, en octubre de 2009, desencadenó una vasta movilización popular.

Esta ofensiva llevó al Presidente a destituir a los más altos mandos militares, el 6 de noviembre de 2009, en medio de rumores de golpe. Aun así, la sombra de Honduras, donde un golpe de Estado derrocó en junio pasado al presidente Manuel Zelaya, planea sobre Paraguay. Cada vez que intenta poner en marcha una política de reformas, Lugo debe enfrentarse al Parlamento, donde ya no dispone de ningún apoyo, porque el PLRA se ha unido a la oposición de derechas y extrema derecha (3). Desde todas partes se ejercen presiones para poner fin a su mandato o para destituirlo, con los más diversos pretextos ; el vicepresidente Franco no deja pasar la ocasión de señalar que está “dispuesto a gobernar”.

“Los que se oponen al cambio son todopoderosos, son los dueños del país”, constata Augusto Barreto, productor musical y periodista que, con telediez.com (televisión en Internet), ataca los abusos de poder y los escándalos de corrupción que afectan a la elite dirigente. En la cincuentena, con un humor corrosivo, el hombre no carece de valor. El 20 de noviembre de 1995 cuatro matones asesinaron a su padre, que se había atrevido a denunciar al general Rodríguez como narcotraficante. “Lo que es inaudito –confía–, es la tranquilidad con la cual se pavonean aquéllos que fueron los peores elementos de la dictadura. Como Martín Chiola, íntimo de Stroessner e incorregible senador colorado. O Diógenes Martínez, un torturador que después fue nombrado ¡ministro de Relaciones Exteriores y Procurador General del Estado !”.

Siempre en el centro de la capital, se levanta una de esas viviendas blancas con columnas de la oligarquía. Es la oficina del senador Alfredo Stroessner, nieto del dictador fallecido en Brasil en 2006. De gran estatura y sonrisa seductora, el hombre se ha impuesto como una de las jóvenes promesas del Partido Colorado. Condena los “atentados a los derechos humanos” de su abuelo, pero de ninguna manera niega su herencia. Por donde pasa, “Goli” –su sobrenombre– es recibido con respeto, cuando no triunfalmente.

Este retoño de Stroessner aprovecha el temor que inspira, heredero de un holding familiar (finanzas, construcción, ganadería, transporte) y de una parte de la fortuna de su abuelo, estimada en 900 millones de dólares. Seguro de sí, ya ha anunciado su candidatura para las presidenciales de 2013, una candidatura que, sin duda, no tendrá ninguna dificultad en financiar. Ya se presenta como… “el hombre del cambio”. 

Le Monde diplomatique, París

 

Notas :

(1) Cifras establecidas por la Comisión de Verdad y Justicia y hechas públicas a finales de 2008. El informe estima la cantidad de víctimas directas e indirectas de la dictadura –desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, detenciones, torturas, violaciones y exilio político– en 128.076.

(2) La tasa de participación en esta elección por mayoría simple, en una sola vuelta, fue del 65%. Véase Renaud Lambert, “Au Paraguay, l’’élite’ aussi a voté à gauche“, Le Monde diplomatique, París, junio de 2008.

(3) Lugo sólo dispone de tres senadores sobre un total de 48 y de dos diputados de los 80 de la Cámara.





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