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“MUERDE Y ESCAPA”

Alberto Bayo, maestro de guerrilleros

Par Antonio Palerm  |  22 novembre 2013     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El pasado 4 de octubre falleció en Hanói, el general vietnamita Vo Nguyen Giap, el gran estratega que consiguió derrotar a los “tres imperios” –Japón, Francia y Estados Unidos– en Vietnam. Pero este genio militar, que supo como nadie usar “lo pequeño contra lo grande” y apostar por “el factor humano” para conseguir la victoria, tenía un maestro a quien admiraba : el español Alberto Bayo. Curtido en la Guerra del Rif (1921-1926) contra Abdelkrim, otro genio de la guerrilla, y en la Guerra Civil española, el coronel Bayo le enseñó las artes de la “guerra asimétrica” a los dos guerrilleros más emblemáticos del siglo XX : Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro.

Un día del mes de julio de 1955, un joven de 29 años, alto y con gafas, se planta frente al número 67 de la avenida Country Club de México D.F. Personalmente no conoce a la persona que allí vive, pero le acompaña un amigo común, Saviur Cancio Peña, que llama a la puerta y que, cuando abre el dueño de la casa, los presenta :

— General Alberto Bayo, este es Fidel Castro. Acaba de llegar de Cuba y desea conocerle...

El viejo militar no ignora quién es Fidel porque toda la prensa mexicana relató el célebre e inaudito asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, dos años antes, el 26 de julio de 1953...

— Estoy llegando de La Habana –le cuenta Fidel-, acabo de salir de la cárcel gracias a una amnistía y he venido a verle porque necesito su colaboración.

— ¿De qué se trata ?

Con vehemencia, el joven cubano prosigue :

— Deseo que se una a nosotros para coordinar una operación armada cuyo objetivo es derrocar al tirano de Cuba, el sargento Fulgencio Batista.

— ¿De qué fuerzas dispone usted ?

Con su acento cubano, Fidel le explica :

— Cuando tenga hombres y dinero para comprar un barco, formaré una milicia, desembarcaré en Cuba y derrocaré a Batista. Deseo saber si usted nos echaría una mano enseñando tácticas de guerrilla a mis futuros soldados.

Avezado militar, el general Bayo complace al joven idealista diciéndole que sí. Cuando disponga de una tropa y de dinero para equiparla, además de los barcos para transportarla, no dudará en ayudarle.

— Bien –dice Fidel–, me voy a los Estados Unidos a reclutar hombres y recaudar dinero. Dentro de siete u ocho meses volveré y planearemos nuestro entrenamiento militar.

Mientras se despiden, el veterano militar piensa que ha mantenido decenas de conversaciones similares con otros idealistas que soñaban con formar guerrillas contra Franco, Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez, Odria, Batista, Stroessner, Rojas Pinillas y tantos otros dictadores... Pero pocas veces los jóvenes insurgentes regresaban. Eran asesinados por los esbirros de los tiranos, o simplemente no conseguían el dinero ni las armas indispensables para la insurrección.

En esa ocasión no fue así. Transcurridos unos meses, el joven cubano llamó de nuevo a su puerta y le aseguró que ya había conseguido reunir las sumas necesarias para pertrechar a unos ochenta hombres...

Veterano militar español, Alberto Bayo impartía entonces clases de francés y de inglés en la Universidad Latinoamericana, era asimismo profesor de la Escuela de Mecánicos Militares de Aviación, y poseía una fábrica de muebles en la colonia Portales sita en la calle Canarias número 73. Con todas esas actividades, calcula que puede disponer de tres horas diarias...

— No, general Bayo –le dice Fidel–. ¡Es preciso que se desentienda de sus quehaceres, de todos absolutamente, y dedique a nuestro entrenamiento las 24 horas del día ! ¿Para qué quiere usted una fábrica de muebles, si dentro de muy poco nos veremos en la isla dorada donde usted y yo nacimos, libres del monstruo que la oprime ? El oficial se siente subyugado por el tono de ese joven Fidel Castro, simpático y elocuente. El discurso ha disparado en él la espita del entusiasmo. Así da inicio una relación entre Fidel Castro y Alberto Bayo que se hizo mítica.

En su prólogo al testimonio de Alberto Bayo Mi aporte a la revolución cubana (1), Ernesto “Che” Guevara escribe : “En el proceso revolucionario, como en los dramas antiguos, el coro – el pueblo – es el gran motivador de las situaciones y sirve de trasfondo ininterrumpido a las escenas en las cuales los actores individuales se suceden rápidamente sin dejar casi huellas. Hay veces, sin embargo, que algún narrador aparece en escena y fija determinado aspecto y determinados personajes dentro del gran marco revolucionario. Con la deliciosa ingenuidad de la vieja crónica de Bernal (2), narra el general Bayo los antecedentes personales de quienes formamos el conjunto abigarrado y dispar de ‘Los 82’. Para mí, a quien él calificó como su mejor alumno, constituye un honor el poner estas líneas de prefacio a los recuerdos de un gladiador que no se resigna a ser viejo. Del general Bayo, quijote moderno que sólo teme de la muerte el que no le deje ver su patria liberada, puedo decir que es mi maestro.”

¿Quién fue pues ese viejo militar ? Alberto Bayo y Giroud nació en Camagüey, Cuba, hijo de padre español y de madre cubana, el año 1892, cuando la isla formaba parte del imperio colonial español. Cursó estudios en Estados Unidos y España. En 1915, obtuvo el título de piloto militar en la Escuela de Aviación Militar de Madrid. Expulsado de la aviación por un duelo, en 1924 pasó forzoso a la Legión Española. Participó en la Guerra del Rif (Marruecos), durante diversos periodos entre los años 1916 y 1927. En algún momento se encuentra a las órdenes de Francisco Franco. Comanda una compañía y es herido de gravedad en cuatro ocasiones. Durante estos años, Bayo evoluciona militarmente, aprendiendo de sus oponentes, las guerrillas rifeñas comandadas por Abdelkrim El Khatabbi, que pueden enfrentarse con éxito y alcanzar a veces la victoria (por ejemplo en Annual, 1921) frente a un ejército convencional mediante las técnicas de la guerra de guerrillas, de las que se convertirá en un experto.

El propio Fidel Castro no olvidó jamás “los cursos de táctica que nos daba un general español, Alberto Bayo, que, en los años 1920, había luchado en Marruecos, en la Legión, y que después, como oficial republicano, combatió en la Guerra Civil española y se exilió en México. Che era un alumno en todas las tácticas. Bayo decía que era su ‘mejor alumno’. Los dos eran ajedrecistas y, allí en el campamento, echaban todas las noches grandes partidas de ajedrez. Bayo nos enseñaba cómo debe actuar una guerrilla para romper un cerco, a partir de las veces que los marroquíes, en la Guerra del Rif, rompieron los cercos españoles” (3).

Políticamente, Bayo fue uno de los pocos militares españoles que simpatizó con los resistentes rifeños, a quienes amparaba, según su criterio, la razón histórica. Por ello, de vuelta a España, se afilió a la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista). Cuando estalla la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, le encontramos destinado en el Prat de Llobregat. Desde el primer instante, colabora con el gobierno legítimo para evitar el triunfo de los golpistas. Poco después, el primero de agosto, consigue un mandato de la Generalitat Catalana presidida por Lluís Companys que le permite encabezar una expedición destinada a liberar las islas de Ibiza y Mallorca. Las tropas de Bayo, unos tres mil hombres según su versión, conquistan Formentera e Ibiza (donde libera al poeta Rafael Alberti y a su esposa María Teresa León) antes de dirigirse a Mallorca (4). El desembarco tiene lugar el 16 de agosto de 1936 en el sudeste de la isla, en torno a la punta Amer, cerca de Son Servera. La resistencia que encuentran es muy superior a la esperada. Esa primera mañana, la respuesta de las baterías isleñas provoca 422 bajas en las filas de Bayo. Pero el giro radical se produce cuando el financiero mallorquín Joan March adquiere en Italia una flotilla de aviones que, a los pocos días, bombardea el campamento republicano. Bayo solicita refuerzos al gobierno central, que nunca recibe (¿aborta la intentona el ministro Indalecio Prieto ?), por lo que veinte días después del desembarco, el 4 de septiembre, se ve obligado a reembarcar a sus tropas mintiéndoles, pues les dice que se dirigen a Palma cuando en realidad navegan hacia Valencia y Barcelona. Desde el punto de vista de la estrategia militar, esta operación se considera admirable. Unas tres mil personas son reembarcadas en una sola noche. Pese a ello, la República lo juzga por este asunto y finalmente es absuelto.

Posteriormente, Alberto Bayo participa en la batalla de Brunete (1937) en los alrededores de Madrid ; es ascendido a comandante y a teniente coronel tras efectuar servicios de contraespionaje en el sur de Francia. Finalizado el conflicto el 1 de abril de 1939, Bayo se dirige a Cuba, donde pasa tres años dirigiendo una academia de matemáticas, y luego se encamina a México para ocuparse de la cátedra de Aerodinámica y Navegación Aérea de la Escuela de Aviación del ejército mexicano.

Se reafirma en su condición de revolucionario internacionalista. España fue una batalla, pero la guerra continúa. En 1947, forma parte –como asesor de asuntos estratégicos– de la “Legión del Caribe”, fundada en Guatemala y cuyo principal propósito era derrocar los regímenes de Trujillo en la República Dominicana y de Somoza en Nicaragua. En Costa Rica, entrena a la gente de Rosendo Argüello que se dispone a invadir Nicaragua.

Bayo ha cumplido los sesenta años cuando tiene lugar su encuentro con Fidel Castro narrado al principio de este artículo. Tras liquidar sus negocios, el viejo oficial se dedica en cuerpo y alma a la formación del grupo guerrillero que será conocido con el nombre de “Los 82”. Por expresa decisión de Fidel, solo ellos dos conocen el emplazamiento de las casas donde, en grupos de diez o doce, conviven los futuros guerrilleros, para que estos, en caso de ser descubiertos, no puedan comunicarse poniendo en peligro al conjunto de las fuerzas revolucionarias. Las normas son estrictas, y nadie está autorizado a salir a la calle por su cuenta.

Tras esta primera fase teórica, se pasa a la acción, y se dirigen a La Rosa, rancho descubierto por Bayo y ubicado en Chalco, a unos cuarenta kilómetros del distrito federal. A lo largo de esas semanas, Bayo pone en práctica su manual de guerrillero, que posteriormente se editaría en los Estados Unidos con el título 150 questions for a Guerrilla (5). Este libro se convirtió en un famoso tratado para la guerra de guerrillas todavía utilizado por los afganos durante su enfrentamiento, en los años 1980, contra la Unión Soviética. En él se hace hincapié tanto en aspectos morales como prácticos de la guerra de guerrillas. Por ejemplo, en el número de miembros que debe formar la unidad, nunca más de veinte, para no perder movilidad al enfrentarse a un ejército convencional. El problema no radica en el número de fuerzas sino en la velocidad de movimiento que estas alcancen. “La unidad es tan rápida como el más lento de sus miembros”. Sandino, por ejemplo, luchó contra los estadounidenses en Nicaragua durante siete años sin ser acorralado una sola vez.

Explica las distintas secciones que lo componen : inteligencia, operaciones, sabotaje, reclutamiento, entrenamiento, armamento, municiones, intendencia, sanidad y propaganda. Así como el entrenamiento físico, que consistirá en marchas de hasta quince horas diarias, con un descanso de diez minutos cada cuatro horas...

Una vez desembarcados en una playa, los guerrilleros deben dirigirse hacia la cresta de una montaña que permita su ocultamiento y, una vez instalados en un sector, cortarán las carreteras y las vías férreas para que el enemigo sólo pueda trasladarse a pie. Golpear y correr, morder y escapar, es el lema. “Recuerden que la guerrilla nunca invita al enemigo a combatir. Todo buen guerrillero debe atacar por sorpresa, en escaramuzas o emboscadas. Cuando los soldados carguen para repeler el ataque, los guerrilleros deben desaparecer.”

También nos muestra cómo elaborar una granada de mano, una mina, una bomba incendiaria o cómo obtener la máxima demora en las bombas de tiempo. Para hacer estallar un edificio, se utilizarán entre 500 y 1.000 kilos de dinamita. Y advierte : jamás debe subestimarse su peso.

Después de solventar el episodio donde permanecen unos días encarcelados por la policía mexicana, los guerrilleros cubanos se disponen a embarcar en el yate Granma. Con el fin de rebajar su peso y así obtener una plaza en la embarcación, Alberto Bayo sigue una estricta dieta y durante 24 días solamente consume agua. Las clases teóricas las imparte desde la cama. Pero por órdenes expresas de Fidel Castro, su lugar finalmente será ocupado por alguien más joven.

El 25 de noviembre de 1955, al observar cómo la embarcación se aleja de la costa, Bayo se siente morir. Sin embargo, el día que conoce la victoria final de los “barbudos”, el 1 de enero de 1959, teme por su salud : “La mañana de hoy, cuando me dieron la noticia, me impresioné de tal manera que me vi precisado a descansar largo rato. El corazón me saltaba en el pecho. No podía evitarlo. Vea, mis alumnos aprendieron tan correctamente las lecciones que ahora Fidel puede enseñarme a mí. Quiero ver al Che Guevara, a Camilo, a Raulito, a fin de que me digan cómo se las arreglaron para aprender a pelear en las ciudades, porque –lo confieso– yo no les enseñé eso.”

Posteriormente, tras el triunfo de la revolución, se traslada rápidamente a Cuba para combatir desde allí las satrapías de Trujillo y de Somoza, reductos del absolutismo en América. Ya desde La Habana, como si un círculo vital se cerrara, pone en contacto al Che con Abdelkrim El Khattabi, el viejo líder rifeño que, en 1921, obtuvo en Annual la primera victoria contra un ejército colonial, victoria en su día saludada con alborozo por Gandhi en la India y por Ho Chi Minh y Giap en Indochina. El Che se declara su seguidor, y visita a Abdelkrim en El Cairo, en 1959, poco después de acceder al poder en Cuba.

Con la graduación de comandante, la más alta concedida por el Ejército cubano, fallece en La Habana, el 4 de agosto de 1967, Alberto Bayo, el hombre que formó como guerrilleros a Fidel Castro, a Che Guevara y a Raúl Castro, y que el general Giap, vencedor de Dien Bien Phu (1954), admiraba.

Sobre Raúl Castro, hoy presidente de Cuba, Bayo escribió hace 54 años estas palabras que, a la luz del presente, adquieren nuevo significado : “Si los locos asesinos algún día segaran la vida de Fidel Castro, creyendo que sacrificándole se iba a apagar la luz de la revolución cubana, no saben, no tienen la más ínfima idea del hombre que iba a recoger la antorcha del suelo caída, pues Raúl es Fidel multiplicado por dos en lo que a energía se refiere, en lo que a inflexibilidad se refiere, y en lo que a fibra se refiere”.

NOTAS :

(1) Alberto Bayo, Mi aporte a la revolución cubana, Imprenta Ejército Rebelde, La Habana, 1960.

(2) El Che hace aquí alusión a Bernal Díaz del Castillo (1492-1581) historiador de Indias, compañero de Hernán Cortés, autor de Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España (1568).

(3) Ignacio Ramonet, Fidel Castro, Biografía a dos voces, Debate, Barcelona, 2006.

(4) Alberto Bayo, Mi desembarco en Mallorca, Miquel Font editor, 1987.

(5) Alberto Bayo, Ciento cincuenta preguntas a un guerrillero, México, 1958.





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