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VÍA CRUCIS DE FERNANDO LUGO

Así fue el golpe de Estado en Paraguay

Par Pablo Stefanoni  |  22 août 2012     →    Version imprimable de cet article Imprimer

En 2008, Fernando Lugo, un obispo de la combativa región de San Pedro –sede de importantes luchas campesinas– y líder de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC) llegaba a la presidencia de Paraguay. Aprovechando una fuerte división en el seno del dominante Partido Colorado –con 61 años ininterrumpidos en el poder, incluyendo los 35 de la dictadura de Alfredo Stroessner–, Lugo logró ganar las elecciones y abrir una nueva etapa en la historia de Paraguay. Pero el pasado 22 de junio, el Senado sometió al Presidente Lugo a un expeditivo juicio político y lo destituyó fulminantemente mediante un “golpe de Estado institucional”.

El 15 de junio, en el distrito de Curuguaty, la ocupación de una hacienda acabó con la muerte de 11 campesinos –de los llamados carperos– y seis policías . Una semana después, el presidente Fernando Lugo era destituido por el Congreso, en un juicio político relámpago, con esta matanza como eje de la acusación lanzada por la totalidad de los partidos tradicionales. La movilización popular fue escasa, y el propio Lugo la desalentó aceptando de hecho el dictamen congresal al que, no obstante, consideró un golpe de Estado.

De esta forma, se puso fin a un proceso de cambio que comenzó en 2008 cuando el ex obispo de San Pedro –una región de combativos movimientos campesinos– lograba la hazaña de acabar con 61 años seguidos de dominio de la Asociación Nacional Republicana, más conocida como Partido Colorado. Destituido Lugo, el vicepresidente liberal Federico Franco se quedó en el Palacio de los López, mientras el frente común anti-Lugo comenzaba a erosionarse en el comienzo de la pelea preelectoral para 2013.

Hace cuatro años, cuando se decidió a encabezar el binomio presidencial, el ex “obispo de los pobres” enfrentó de inmediato un dilema : la división del Partido Colorado y la disponibilidad social al cambio ofrecían la posibilidad cierta –y quizás única– de vencer al viejo partido-Estado. Pero la falta de una estructura propia y la crónica debilidad de la izquierda sólo volvían realista esa meta en alianza con el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) ya lejos de las posiciones progresistas con las que Domingo Laíno lo había fundado en la clandestinidad en 1978, agrupando a viejos grupos de liberales dispersos. En 2008, en Paraguay, todos insistían en que a los colorados se les debía ganar dos veces : al momento de votar y al momento de contar los votos, y estaba muy presente lo ocurrido dos años antes con la elección mexicana, cuando Andrés Manuel López Obrador denunció un fraude masivo para cerrarle el paso al poder.

Es así que Lugo logró vencer a los colorados pero con un alto coste : el vicepresidente Franco se colocó rápidamente en la acera de enfrente del Presidente, que además carecía casi de representación parlamentaria propia y se enfrentaba a una Justicia y unas Fuerzas Armadas en manos de representantes del viejo regimen. Eso lo volvió prácticamente un rehén del sector del PLRA –liderado por el presidente partidario Blas Llano– que mantenía su apoyo al Presidente.

Así, su presidencia se pareció a un vía crucis, al que el propio mandatario contribuyó con los escándalos por los hijos no reconocidos, gestados mientras era obispo, y su propia falta de experiencia política. “Cansado de las peleas con los liberales y de las luchas dentro del Frente Guasú [su base política], paulatinamente Lugo se fue aislando cada vez más, encerrándose en un círculo pequeño”, reconstruye el periodista Rino Giret (1). Ese aislamiento quizás explique la dificultad para organizar una resistencia activa en las calles cuando su destitución ya era casi un hecho. Mientras se cocinaba el juicio político Lugo se reunió a almorzar con el embajador de Estados Unidos, James Thessin, quien mantuvo una conveniente “neutralidad”. El Departamento de Estado, después de largo silencio, se alineó con la opinión del secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, y señaló que no hubo golpe de Estado (2). Una posición opuesta a la del Mercosur, que suspendió a Paraguay del bloque, en una decisión que el nuevo Gobierno consideró una humillación equivalente a la criminal guerra de la Triple Alianza, que arrasó con Paraguay en el siglo XIX.

La tierra fue desde el principio una bomba de relojería. En un país donde –según suele repetirse– el 2% de los propietarios concentra el 80% de las tierras fértiles (3), y en el que la frontera sojera no cesa su expansión, la Liga de Carperos inició un movimiento de ocupación de tierras. La derecha denunció de inmediato que los campesinos eran protegidos por el Gobierno. Con Lugo “los carperos estaban en el Palacio”, declaró Aurio Fighetto, portavoz de los poderosos brasiguayos, término que engloba a propietarios rurales brasileños y sus descendientes.

Y a los sin tierra se agrega una enigmática guerrilla autodenominada Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que a través de comunicados se atribuye la quema de maquinaria agrícola y atentados contra haciendas sojeras. El último hecho de una larga saga de secuestros y atentados que comenzó en 2008 fue el asesinato de un tractorista brasileño ocurrido el 28 de junio en la localidad de Azotey. Un comunicado –“encontrado” por la policía– señala : “en reiteradas ocasiones hemos advertido a los tractoristas que son sorprendidos hachando bosques, que serán condenados a la máxima pena (muerte) por el hecho criminal que hacen ... Hay vacas de los oligarcas que tienen más valor que un campesino paraguayo ; los ricos de este país y su gobierno de turno están acostumbrados a hacer correr ríos de sangre para defender sus mezquinos intereses” (4).

Al parecer, ex miembros del grupo Patria Libre están entre los fundadores del oscuro EPP. Y el hecho de que supuestamente se adhirieran al EPP ex alumnos del seminario de Fernando Lugo favoreció todo tipo de especulaciones de la derecha. Incluso algunas que señalaban al propio mandatario como una suerte de líder de las actividades del grupo. A ello se suma complejos vínculos entre narcotráfico-fuerzas de seguridad-empresarios privados. “En el norte, la gente ya no habla de ganaderos, sino de narcoganaderos” apuntaba en 2008 el sociólogo agrario Tomás Palau, recientemente fallecido.

Sea como fuere, el presidente de la Asociación de Empresarios Cristianos, Luis Fretes, declaró sin ambigüedades : “Yo creo que Franco va a ser mucho más firme en lo que hace a respetar la propiedad privada”.

Pero, ¿por qué un golpe faltando solo diez meses para las presidenciales, previstas para abril de 2013 ? Como ha dicho con cierta ironía el politólogo Marcello Lachi, “aquí la política no es refinada”. La interna colorada lo es menos aún, como lo patentó el asesinato a tiros del vicepresidente Luis María Argaña en 1999. Y esas internas poco refinadas se reactivaron meses antes de la caída de Lugo, quien al parecer contribuyó a exacerbarlas. Tras la masacre de Curuguaty, el mandatario cambió al ministro del Interior, el socialista Carlos Filizzola, por una figura inesperada : el ex fiscal y militante colorado de orígenes stronistas Rubén Candia Amarilla. Resultado inmediato : los liberales, indignados. La izquierda confundida. Para el coloradismo fue una bomba.

Lugo acusó a Horacio Cartes de estar detrás del golpe congresal. Se trata de un poderoso ganadero y tabacalero colorado que saltó a la política hace sólo dos años, “inquieto por el curso político del país bajo el gobierno izquierdista-liberal-filochavista”, según una página web de su agrupación, y tiene posibilidades de ser presidente de Paraguay en 2013. Cartes ha logrado comprar voluntades y construir un amplio armado político a partir de su fortuna, investigada por Estados Unidos según se revela en informes filtrados por WikiLeaks. Allí se destapa que sus empresas fueron infiltradas por la DEA por supuesto lavado de dinero (5). Pero eso no lo desanimó en su apuesta por llegar al sillón de los López, para lo cual decidió que era hora de tumbar a Lugo.

Cartes vio amenazada su candidatura por un supuesto acuerdo entre Lugo y la presidenta del Partido Colorado, Lilian Samaniego, alguna vez “cartista” y ahora adversaria. Para esta facción, Lugo habría tramado una alianza con Samaniego para apoyarla desde el gobierno en vistas a las presidenciales del año próximo. “Se especulaba que Lugo podría apoyar a Samaniego con un luguista como candidato a Vice para 2013”, explica el periodista Ruiz Olazar.

En una entrevista con el diario Clarín, Cartes –con mayoría en la cúpula colorada– asegura que “Lilian Samaniego es la primera en invocar el juicio político... Pero lo que hicieron en realidad es amenazar con el juicio político para obtener dividendos. Nosotros fuimos los terceros, pero fuimos en serio”. Algunas líneas después es más explícito aún. Ante la pregunta de si Lugo intentó captar a un sector del Partido Colorado y eso provocó su caída, el líder de la facción Honor Colorado respondió : “El tiempo lo dirá, nosotros tenemos esa percepción fuerte desde hace rato. Dividir, apostar a algunos candidatos, financiarlos” (6).

En el caso de los liberales, la explicación de su cálculo parece más sencilla. El PLRA había pedido la destitución de Candia Amarilla poniendo a Lugo entre la espada y la pared y sus dirigentes dijeron sentirse “convidados de piedra” en el cogobierno con el ex obispo. Paso siguiente, el dividido PLRA se unió contra Lugo. Ahora tendrán el Estado a su disposición para repartir prebendas y cooptar adeptos, por eso algunos sectores colorados de base consideran un error que el partido le haya “entregado” el poder a los liberales sin exigir un cogobierno (7). La cúpula colorada apuesta a desgastar a los liberales en estos meses. Y Cartes se defiende acusando al PLRA por el golpe : “Nosotros íbamos a ser los más beneficiados si continuaba el Gobierno porque iba a seguir cometiendo errores. El partido que lo sacó del poder fue el Liberal. Lugo ganó con 700.000 votos, pero más de 500.000 le dio el Partido Liberal, y él los desconoció” (8). Pero no explica por qué, entonces, los parlamentarios colorados acompañaron la iniciativa. Lachi añade una proyección : “Si la izquierda y los liberales se presentan por separado a las elecciones, los colorados ganan al menos con el 35% de los votos”. En Paraguay no hay segunda vuelta.

Con Fernando Lugo fuera del poder, las internas coloradas están al rojo vivo. El presidente uruguayo, José Mujica, se inmiscuyó en estas batallas al acusar al “narcocoloradismo” representado por Cartes de organizar el golpe. La facción de Samaniego aprovechó la ocasión para decir que Cartes debe aclarar las acusaciones de narcotráfico que pesan sobre él. Cartes respondió tratando a Samaniego de “miserable y desagradecida”.

“Se trató de un golpe de los partidos tradicionales, la jerarquía católica, los medios de comunicación hegemómicos y los grandes empresarios. Todo eso da cuenta de la configuración de clase del golpe y su objetivo : aplastar a una izquierda emergente que se estaba fortaleciendo bajo el Gobierno de Lugo”, analiza en conversación telefónica con este periódico Hugo Richer, ex ministro de la Secretaría de Acción Social. Esa izquierda emergente conforma el Frente Guasú (grande, en guaraní), que agrupa a tendencias que van desde la socialdemocracia hasta la izquierda radical.

Aunque el de Lugo no fue un gobierno de izquierda, con el ex obispo la ­izquierda logró un espacio de crecimiento e influencia política inédito en toda la historia paraguaya y eso bastó para ­alarmar a unas élites histéricamente ­anticomunistas. De hecho, en su larga dictadura, Stroessner hizo de su participación en la Liga Anticomunista Mundial –que incluyó fuertes vínculos con Taiwán materializados en una gigantesca estatua de Chiang Kai-shek en plena Asunción– una cuestión de identidad nacional. En 1986, el ministro de Educación y Culto Carlos Ortiz Ramírez, explicó al inaugurar el Centro Cultural Confucio y el colegio Chiang Kai-shek, delante del ministro de Defensa taiwanés, almirante Chang Ching-soong, que estos institutos “van a formar esta clase de jóvenes (...) en la firme postura anticomunista” (9). Como señala Rogelio García Lupo, el stronismo construyó una sólida sociedad entre narcotráfico, negocios y anticomunismo. Y esa influencia no cesó : Taipéi reconoció casi de inmediato al nuevo Gobierno de Federico Franco. “En Paraguay no existe ningún conflicto político, todo sigue su curso. Las personas en las calles se ven tranquilas, despreocupadas, y creo que eso debería interesar más a los gobiernos vecinos que no están reconociendo como legítimo al nuevo Poder Ejecutivo del Paraguay”, declaró el embajador taiwanés en Asunción, José María Liu.

En este contexto, el reformismo muy moderado de Lugo bastó para alterar a los dueños de Paraguay. “El Gobierno empezó a tocar intereses poderosos, puso condicionamientos a Rio Tinto [multinacional de la minería y de la fundición de aluminio]. Buscamos controlar y hacer cumplir la ley respecto de los agrotóxicos y las semillas transgénicas”, explicó a este periódico el secretario general del Partido Tekojojá (igualdad, en guaraní), Aníbal Carrillo. Todo ello en el marco de buenos resultados macroeconómicos.

El diario ABC Color dejó en claro lo que está en juego. En su editorial del 11 de julio de 2012, titulada “Estupidez”, critica las luchas intestinas coloradas y reclama la unidad de sus frentes internos para enfrentar a la izquierda en 2013. El diario –activo participante del golpe– considera que la izquierda constituye un peligro de grandes magnitudes : “El Partido Colorado unido y consolidado sería actualmente una muralla insalvable para la izquierda luguista-bolivariana-castrista y marxista, pero dividido en tres fracciones enconadas, como está sucediendo en este momento, a raíz de la metida de cuchara de Mujica, se convierte, obviamente, en un adversario mucho más fácilmente dominable”. Y concluye : “Los ‘carperos’, los terroristas del EPP y otras organizaciones de corte castro-chavista que vayan conformándose mediante los recursos económicos locales sustraídos a los organismos públicos bajo el regimen de Lugo, más los proporcionados por Chávez, sumarían a estas enormes ventajas económicas las de un fuerte respaldo parlamentario del que hasta ahora, por fortuna, carecieron. La miopía y torpeza de los precandidatos colorados y otros políticos paraguayos frente a estos hechos tiene una sola calificación ; se trata, francamente, de una inexplicable estupidez”. 

(1) Rino Giret, “Lugo creía que la matanza de Curuguaty era una tormenta más”, Última Hora, Asunción, 1 de julio de 2012.

(2) Agencia EFE, 11 de julio de 2012, “EEUU se opone a suspender a Paraguay de la OEA y defiende el envío de una misión”.

(3) Página 7, La Paz, 6 de julio de 2012. Ver también : “Presentan a Lugo informe sobre las tierras malhabidas en el Paraguay”, ABC Color, 2 de septiembre de 2008. El vicepresidente de la Asociación Rural del Paraguay, Fidel Zavala, señaló que esos datos son un mito, que no hay un catastro y que “el problema real de la tenencia de la tierra en el Paraguay es que el 80% de las tierras que están en manos de los pequeños productores campesinos están vacíos e incultos” (ABC Color 9 de julio de 2012).

(4) Última Hora, Asunción, 3 de julio de 2012.

(5) Rubén Céspedes, “El lado oscuro de Horacio Cartes”, ABC Color, 14 de enero de 2011.

(6) Daniel Vittar, entrevista con Horacio Cartes, “Lugo está siendo juzgado por su moral, por sus mentiras”, Clarín, Buenos Aires, 27 de junio de 2012.

(7) Agencia Nova Paraguay, 3 de julio de 2012.

(8) Vittar, op. cit.

(9) Rogelio García Lupo, Paraguay de Stroessner, ediciones B, Buenos Aires, 1989





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