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HOMENAJE A CUADERNOS DE RUEDO IBÉRICO

Contra una reforma sin ruptura

Par Joan Martínez Alier  |  25 février 2012     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Ahora que, en Madrid, hay de nuevo un gobierno post-franquista constituido por el Partido Popular, es buen momento para recordar las protestas de la editorial Ruedo ibérico y de la revista Cuadernos de Ruedo Ibérico en la década de 1970 contra la Transición española y contra el espejismo de una reforma sin ruptura. Ciertamente estas publicaciones no fueron las únicas que protestaron pero sí de las más contundentes y hasta estridentes. Y por tanto de las más silenciadas. El testimonio de uno de sus colaboradores, que publicamos aquí, viene a romper ese silencio.

En el año 2011 celebramos un momento de recuerdo y reconocimiento de la editorial Ruedo ibérico, fundada en París hacía 50 años, y conmemoramos también los 25 años del fallecimiento, en 1986, de su director Pepe Martínez (1), arrinconado y excluido por los portavoces culturales y políticos de la Transición española.

Con el empuje de Marianne Brüll, la editorial Backlist (Barcelona) acaba de publicar La Transición en ‘Cuadernos de Ruedo Ibérico’ (2) (en edición del joven historiador Xavier Díez). Once años después, viene a complementar el volumen de artículos que José Manuel Naredo publicó (con el pseudónimo Aulo Casamayor) en Cuadernos de Ruedo Ibérico (CRI), editado por Anagrama (Barcelona) en 2001, con el título Por una oposición que se oponga (3).

La ignorancia sobre Ruedo ibérico es fácilmente vencible. El silencio es deliberado. Nos quisieron enterrar, pero la memoria de Ruedo ibérico tiene vida por delante. Y nuestra vida como Ruedo ibérico (incluso cuando los que trabajamos en él estemos ya muertos) será a la vez memoria de la reciente historia española, de la Guerra Civil, de la represión franquista, de la resistencia y finalmente de los olvidos de la Transición excluyente.

Ruedo ibérico publicaba en París, a partir de 1961, a los hispanistas censurados en España, desde Hugh Thomas y Gerald Brenan hasta Herbert Southworth, Ian Gibson y Gabriel Jackson, y muchos otros autores. Hasta 150 libros en veinte años. Y, con su mismo director, Pepe Martínez, hubo la revista Cuadernos de Ruedo ibérico y sus suplementos, desde 1964 hasta 1979, que era menos de historia y más de actualidad. Y también de literatura, en una sección dirigida por Juan Goytisolo. Con muchas caricaturas de Franco, de Fraga, de obispos y militares, y de Juan Carlos de Borbón, prohibidas en España.

Quienes hicimos Cuadernos de Ruedo Ibérico en su última época bajo la batuta de su fundador y director, José Martínez Guerricabeitia, acertamos en nuestras previsiones políticas. En los años anteriores a la muerte de Franco, adivinamos en sus detalles el guión de la reforma sin ruptura. Le seguimos la pista con Alfonso Colodrón, desde 1973, a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (que vinculó, desde 1936, a la Iglesia católica con el franquismo, al cual proporcionó ministros) y a su grupo Tácito (que dio otra hornada de ministros a los gobiernos de Adolfo Suárez). Denunciamos la consigna del Partido Comunista (PC) de lograr una “reconciliación nacional” que implicaba una auto-amnistía de los franquistas como efectivamente ocurrió con la ley de octubre de 1977 (art. 2f).

En los últimos años de Cuadernos de Ruedo Ibérico, de 1973 a 1979, acertamos en casi todo pero los medios españoles no nos dieron la razón. Acertamos en la denuncia de una ley de “punto final” que ya se adivinaba cuando publicamos, en 1975, un artículo titulado “¿Quién amnistiará a los amnistiadores ?”, al cual el caso del juez Baltasar Garzón ha dado actualidad. La “reconciliación nacional” propugnada por el PC y al cual se sumaron los principales actores políticos de la Transición, hizo difícil la investigación y el recuento de los muertos del franquismo. No hubo, en España, una Comisión de la Verdad. Ahí queda el monumento ­funerario en honor del general Franco en Cuelgamuros, hoy “Valle de los Caí­dos” y entonces campo de concentración (de donde se fugó, en 1948, uno de los ­fundadores de Ruedo ibérico, Nicolás Sánchez-Albornoz) (4). La Transición española, en su continuidad y falta de justicia, se parece más a la de Guatemala que a la de Argentina, de Su­dáfrica, o incluso a la de Chile.

Acertamos también en criticar a la nueva monarquía borbónica. Un monarca que durante veinte años de su vida adulta había apoyado al franquismo, que había sido voluntariamente parte del régimen, y que, de paso y por vía conyugal, había apoyado también la dictadura militar en Grecia. Dejando aparte los melosos elogios de los políticos españoles, ¿qué lecciones morales puede dar ese monarca al país o incluso a su propia familia ? ¿Alguna vez pidió perdón por su colaboración con el franquismo cuando éste, en su final, todavía dictaba penas de muerte ?

Estudiamos (en artículos con José Manuel Naredo y Juan Muñoz) la composición de los dos primeros Gobiernos de la monarquía en 1976 y 1977, con representación directa de los grupos económicos en ese momento de crisis política del sistema. Explicamos el poder de la banca en España, e incluso previmos (en un artículo que Naredo encargó a Julián García Vargas) que las cajas de ahorros serían finalmente deglutidas por los bancos. Nos opusimos a la tesis del PC que caracterizaba (para sus propias componendas) al latifundismo español como una oligarquía semi-feudal, y demostramos que la ­propiedad del sur de España estaba ­mayormente en manos de una burguesía rural fascista o por lo menos franquista, represora y cómplice directa de las masacres de 1936 en Andalucía y Extremadura.

Discutimos y desmenuzamos (en artículos de Salvador Giner, Eduardo Sevilla y yo mismo) la caracterización del franquismo como “régimen autoritario” (y no totalitario) con pluralismo limitado que había introducido Juan Linz para dorar la píldora. Insistimos en el miedo permanente que el des­potismo franquista había inyectado en los derrotados del interior y en las nuevas generaciones. Está por ver todavía ­cómo los libros de texto de historia española de obligada lectura van a caracterizar al franquismo.

Previmos que el nuevo régimen, nacido en 1977, negaría el derecho de ­autodeterminación de los diversos ­territorios hispánicos, como así fue en la nueva Constitución con el amenazante artículo 8, y dijimos que quedaba por delante mucha represión y violencia en y desde Euskadi. Pero no llegamos a sospechar todavía que el gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) a partir de 1982, donde tantos conocidos teníamos, fuera a involucrarse en los crímenes de los GAL que no han sido juzgados íntegramente.

En nuestras investigaciones sobre las relaciones entre el poder económico y el poder político, analizamos el sector eléctrico español, tan poderoso políticamente. Ya antes de 1979, y del accidente nuclear de Three Mile Island (y mucho antes de los accidentes de Chernóbil y Fukushima) estuvimos firmemente contra la energía nuclear, apoyando en el terreno (con la lucha de Valdecaballeros en Extremadura) lo que, por fin, iba a ser una permanente moratoria nuclear en España. En Cuadernos de Ruedo Ibérico, desde 1974, vimos la economía desde una perspectiva ecológica y allí estaba ya el germen de los trabajos de economía ecológica y de ecología política que Naredo y yo íbamos a producir en los últimos treinta años.

Insistimos en la debilidad democrática de la Constitución de 1977, seguimos hasta 1979 las oscilaciones de la abstención y del voto en blanco cuyo aumento en verdad celebramos. Seguimos también al detalle lo que ocurría con las muchas huelgas desde 1974 a 1977, y lamentamos que el liderazgo de Comisiones Obreras (obediente al PC) apoyara con fuerza el Pacto de la Moncloa que le rompió la espina dorsal al fuerte movimiento obrero de esa época.

Lamentamos las luchas internas en el seno de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) pero, al editar las memorias de García Oliver y Cipriano Mera y con muchos artículos en Cuadernos de Ruedo Ibérico, intentamos dar vigencia al movimiento libertario español (del cual procedía Pepe Martínez). La editorial publicó también varios libros de autores del Partido Obrero Unificado Marxista (POUM) explicando las maldades del estalinismo (ruso y español) en España, que el mundo conoce gracias al libro Homenaje a Cataluña (Homage to Catalonia) de George Orwell y a la película Tierra y Libertad (Land and Freedom) de Ken Loach.

El persistente silencio de entonces y de ahora sobre lo mucho que hicimos en los últimos años de Ruedo ibérico tiene una principal razón : nuestra oposición a la Transición excluyente que se preparaba sobre la base de la “reconciliación nacional” con los post-franquistas. Y efectivamente esa Transición tuvo lugar según habíamos previsto. De los autores españoles de Ruedo ibérico, algunos se fueron al PSOE (Jorge Semprún, Fernando Claudín, Joaquín Leguina y otros) pero Pepe Martínez y algunos más permanecimos independientes tanto del PSOE como del Partido Comunista. El silencio es el precio de nuestra independencia, de nuestras críticas a la corona y a las persistentes estructuras de poder en España. Es el precio de nuestra crítica contra quienes pactaron con los post-franquistas en el PSOE, el PC, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Convergència i Unió (CiU). A diferencia de otros autores que habían pasado por Ruedo ibérico, no­sotros permanecimos como librepensadores radicalmente rigurosos, sufriendo un aislamiento doloroso por tantas amistades perdidas.

La cortina de silencio casi nunca se alzó para reconocer retrospectivamente nuestra capacidad de análisis. Pero estos libros, reeditados por Anagrama y por Backlist, y además el inteligente vídeo de Paco Ríos y Mariona Roca sobre Ruedo ibérico, junto con el empeño de Nicolás Sánchez Albornoz y de Marianne Brüll por difundir la historia de esa editorial exiliada hacen visible nuestra crítica de entonces. Existe también una cuidada edición facsímil de toda la colección de Cuadernos de Ruedo Ibérico y sus suplementos desde 1964 hasta 1979 (www.faximil.com) de fácil acceso ; y además una pulcra y bien ordenada página web con actualizada y abundante información escrita y visual (www.ruedoiberico.org). En fin, los archivos enteros de Ruedo ibérico están accesible en el Instituto de Historia Social de Ámsterdam (5).

(1) Léase Albert Forment, José Martínez : la epopeya de Ruedo Ibérico, Anagrama, Barcelona, 2000.

(2) AA. VV. La Transición en Cuadernos de Ruedo Ibérico, Blacklist, Barcelona, 2011, 440 pp., 22 euros.

(3) José Manuel Naredo, Por una oposición que se oponga, Anagrama, Barcelona, 2001.

(4) Sobre esta fuga, léase : Manuel Lamana, Otros Hombres, Losada, Buenos Aires, 1956 ; Barbara Probst Salomon, Los felices 40. Una educación sentimental, Seix Barral, Barcelona, 1978. Y véase también la película de Fernando Colomo, Los años bárbaros (1998).

(5) Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis, Amsterdam. http://www.iisg.nl/iisg/history-es.php





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