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Cultura y Nuevas Tecnologías

Par Julián Marcelo  |  8 mai 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

La cultura, definida como el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época y grupo social” (1) -los nuestros en este texto- es creación y comunicación, dos aspectos históricamente disimétricos, pues la creación (como tratamiento del conocimiento) suele competir y afectar relativamente a muchas menos personas que la comunicación (o tratamiento de la información en la que se banaliza dicho conocimiento).

La industria de la cultura incide básicamente sobre su comunicación, que “se ha convertido en uno de los sectores más voluminosos en la esfera de la producción y del consumo capitalista, por detrás sólo de las armas, del narcotráfico y del tráfico de mujeres. Sin embargo… la importancia del sector cultural no es sólo una cuestión de rentabilidad de las inversiones sino sobre todo del papel que desempeña en la configuración de la conciencia de la población… El control de los medios de producción de cultura, de Internet, del cine, de la televisión, etc. es también el objetivo de quienes necesitan implantar el discurso único… en nombre de la libertad de expresión, de su libertad de expresión” (2).

Esta inquietante visión no es nueva. En todas las épocas y lugares, tanto las tecnologías como los poderes dominantes han influido drásticamente en la cultura en su doble aspecto creativo y comunicacional. La creación cultural, superadas aparentemente las censuras a su libertad, mantiene pese a todo una relación retardataria con las nuevas tecnologías. En la frontera entre lo creativo y lo comunicacional crecen las trabas ligadas a conceptos de propiedad intelectual y de derechos de copia, en el marco de un mercado cultural omnipresente y cada vez más amplio (3). Las nuevas tecnologías de tratamiento y comunicación de información están industrializando sólo el aspecto comunicacional de la cultura, con formas que a veces pueden verse como paradójicamente autónomas respecto a las intenciones de los grupos dominantes del poder.

Para el sociólogo Manuel Castells "las sociedades están organizadas en torno a procesos humanos estructurados por relaciones de producción, experiencia y poder determinadas históricamente… La humanidad como productor colectivo incluye tanto el trabajo como a los organizadores de la producción… La relación entre trabajo y materia en el proceso de trabajo supone el uso de los medios de producción para actuar sobre la materia basándose en la energía, la información y el conocimiento… Una revolución tecnológica, centrada en torno a las tecnologías de la información, está modificando la base material de la sociedad a un ritmo acelerado… En el nuevo modo de producción informacional, la fuente de productividad estriba en la tecnología de generación del conocimiento, el procesamiento de la información y la comunicación de símbolos. Sin duda, el conocimiento y la información son decisivos en todos los modos de desarrollo, ya que el proceso de producción siempre se basa sobre cierto grado de conocimiento y en el procesamiento de la información. Sin embargo, lo que es específico del modo de desarrollo informacional es la acción del conocimiento sobre sí mismo como principal fuente de productividad… Existe una conexión especialmente estrecha entre cultura y fuerzas productivas. De ello se deduce que debemos esperar el surgimiento histórico de nuevas formas de interacción, control y cambio sociales” (4).

Podría preguntarse también (Castells lo elude) si estas nuevas fuerzas productivas son asimilables por las relaciones de producción capitalistas y si a la larga las refuerzan o las subvierten, más allá de las intenciones de los protagonistas. Ya hace tiempo que el economista Robert Heilbroner buscó analogías de las transformaciones actuales con las anteriores : “Si evocamos lo que le pasó al sistema feudal, vemos que pese a la aparente inexpugnabilidad de sus instituciones en el siglo XVII, tuvo tales transformaciones que nada subsistía en el siglo XVIII... De hecho, el capitalismo sustituyó al proceso feudal a través de un proceso subversivo de evolución histórica (como fue) la infiltración gradual de las relaciones comerciales y de los cambios pecuniarios en la brecha de la existencia feudal... ¿Podría haber en nuestros días un equivalente a esta fuerza poderosamente desintegradora y finalmente constructiva, una fuerza suficientemente aplastante para reducir a la impotencia la fortaleza del capitalismo e irresistiblemente atractiva para sus amos como el comercio naciente lo fue para los feudales ?... Esta fuerza revolucionaria es la explosión del conocimiento y de sus aplicaciones tecnológicas y científicas en los tiempos modernos” (5).

Castells había definido la "información en sentido amplio como comunicación del conocimiento." V. Cerf también considera que la información “es en sí un recurso renovable infinitamente que puede recolectarse, moldearse, aplicarse y reciclarse. Los productos y servicios que pueden construirse sobre la infraestructura de ordenadores y comunicaciones no tienen en realidad límites lógicos” (6). Ambos recuperan así la conocida relación científica entre información (en su doble sentido informático o mediático) y entropía negativa o ‘neguentropía’ : “La información es una variable inmaterial dual, que se denomina conocimiento cuando es variable de estado acumulada en un sistema, y comunicación bajo su faceta de variable de proceso (o de intercambio) entre Sistemas. La información se cuantifica por la interactividad entre sus dos manifestaciones (comunicación y conocimiento)... El aumento de información es condición de reordenamiento de todo sistema, desde el económico mundial hasta el más modesto sistema productivo. Es el antídoto de la crisis (uno de los nombres económicos de la entropía)… como elemento imprescindible para la explotación económica de los recursos, renovables o no, aparece un tercer recurso inmaterial, el conocimiento que indica qué, cómo y para quién producirlos... Pero este nuevo tipo de recurso compartible (multiplicable y no consumible) puede ganarlo el receptor sin que lo pierda el emisor. La información no es por sí misma un bien escaso y apropiable, con lo que escapa a la categoría tradicional de mercancía” (7).

No caben aquí los aspectos políticos ni los económicos, tecnológicos y empresariales de la ’Sociedad de la Información’. Pero baste apuntar que toda la ingeniería financiera desarrollada en el último decenio no ha evitado fracasos a costa de trabajadores despedidos, pequeños accionistas engañados y usuarios desconcertados. El sistema parece que sigue sin dominar ni comprender las características y resultados de las TIC. Siguen sin resolverse las paradojas que planteaba Papows, Presidente ejecutivo de Lotus, empresa creadora de hojas de cálculo y ‘flujos de tareas’, y comprada por IBM para abanderar un ‘negocio electrónico’ que sigue sin despegar : “Se ha hecho casi imposible comprender los papeles que la red, la Web y las comunicaciones basadas en Internet jugarán en la redefinición de la empresa moderna… No ha logrado materializarse el largamente anticipado y muy discutido ROI (rendimiento o retorno de la inversión)”. Inversión no despreciable, ya que “según The Economist, un fascinante 42% de las inversiones de capital en EEUU se realizan anualmente en Tecnologías de información... Y según Business Week, el 35% del crecimiento actual del PIB en EEUU se asocia con su crecimiento” (8).

Tal importancia económica tiene su amenazante contrapartida estratégica desde la era de Clinton. Por ejemplo Schiller citaba a su Secretario adjunto de Defensa Joseph S. Nye y a su Vicepresidente del Comité de Jefes de Estado Mayor William A. Owens, para quienes ”el país a la vanguardia de la revolución de la información será más poderoso que ningún otro… De verdad, será en el siglo XXI y no en el siglo XX, cuando Estados Unidos esté en la cima de su preeminencia” (9). Joseph S. Nye Junior sigue pensando que “las diferentes redes ofrecen nuevas formas de ejercer el poder y requieren estilos diferentes de dirección. Barack Obama lo entiende ; de hecho, esta comprensión le ayudó a conseguir su victoria. Ahora tiene que plantearse la cuestión de cómo utilizar las redes para gobernar. Obama lidera en un mundo donde la información y la decisión ya no van sólo de arriba abajo” (10).

La Comisión Europea intentó compensar con un discurso propio tanto su atención a las infraestructuras tecnológicas de la Sociedad de Ia Información (tan discursivamente citada desde la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Lisboa) como la presión imperial norteamericana. Pero no ha mejorado esta visión retórica desde que una comisión de expertos muy influida por Castells elaboró hace un decenio un Libro blanco europeo sobre ‘El Ciudadano y la Sociedad Global de la Información’ : “En el centro de la política europea sobre el uso de las nuevas TIC se encuentra la idea de que la información no sería sólo un producto ordinario : tiene una dimensión cultural esencial para preservar los valores sociales y democráticos en Europa. Pero muchos ciudadanos, en tanto que consumidores y utilizadores de productos informáticos, siguen siendo escépticos frente a la retórica de los responsables políticos y de los capitanes de la industria… No debería ser así. La Sociedad de la Información es potencialmente una fuerza liberadora que mejorará la calidad de la vida y renovará nuestras experiencias culturales”. El Informe “comparte cierto malestar porque la mayor fuerza de Europa –la riqueza de su diversidad lingüística, artística, de estilos y comunidades– está siendo erosionada por el dominio de los actores monoculturales del mercado norteamericano… Pueden encontrarse soluciones,… pero falta la acción y la consciencia… Una perspectiva plena de desafíos consiste en preparar une declaración clara de los derechos de los ciudadanos que pueda usarse como referencia para poder juzgar las estructuras de la SI”.

Frente a esta dejación interesada de responsabilidad han surgido imaginativas formas de contrapoder por cada vez más usuarios de herramientas de comunicación, cuando ya “más de la mitad de la Humanidad tiene acceso a algún tipo de conexión móvil” según un estudio global de la comunicación inalámbrica publicado por Castells (11). También crecen formas inéditas de resistencia entre cientos de miles de profesionales informáticos en cuestiones centrales para el futuro de su trabajo, agrupadas como ‘Libertad de acceso a la Información’. Son tan significativas como paradójicas sus batallas contra las patentes informáticas, por el software libre y por la copyleft (el derecho a la copia personal sin merma pero sin abuso de la propiedad intelectual copyright). En una reciente entrevista (12), el artífice del software libre Richard Stallman distingue “tres tipos de creaciones : las de uso práctico ; las que transmiten el pensamiento, y las de arte y diversión. Las prácticas deben ser libres. El software es un ejemplo. No sirve para admirar su código fuente. La finalidad de un programa es ser ejecutado. Es como una receta. Imagina que un día el Estado dice a los cocineros : ‘A partir de hoy, si copiáis o cambiáis una receta os llamaremos piratas y os meteremos en prisión’. No estoy en contra de producir discos y venderlos si se pueden compartir copias. Esto no significa eliminar el derecho de autor. Mis ideas dependen del uso que se haga de la obra”.

Esta doble libertad de comunicación masiva y de expresión creativa social se va saldando con grandes movilizaciones contra los poderosos lobbies de las grandes multinacionales y con triunfos importantes, por ejemplo en el Parlamento Europeo. La especial idiosincrasia del recurso información y de sus formas de tratamiento va así consolidando grandes zonas de la industria cultural fuera de la apropiación capitalista y del mercado, pese a las ingentes presiones contra la denostada ‘piratería’, tan indestructible hoy como premonitora constituyente de la cultura de mañana. 

© LMD EDICIÓN EN ESPAÑOL

 

Notas :

(1) Diccionario de la Real Academia Española.

(2) Romano, V. y otros. “Apuntes sobre Comunicación y Cultura”, varios autores coordinados por el catedrático Vicente, Utopías nº 207/208, 2006.

(3) Estos conceptos no son nuevos : el 19 de marzo de 1474 el Senado de la República de Venecia aprobó la primera ley en el mundo que tutelaba las invenciones y los derechos de los inventores.

(4) Castells, M. The Information Age : Economy, Society and Culture (Blackwell Pub. 1996). Tomo I traducido como La Sociedad-Red por Alianza Editorial, 1997. Tomo II traducido como El poder de la Identidad por Siglo XXI, 2001. Tomo III traducido como Fin del Milenio por Siglo XXI, 2001. Castells crea el término ’informacionalismo’ para oponerlo a ‘industrialismo’, pero no a ‘capitalismo’.

(5) Heilbroner, R. Los límites del capitalismo americano, Editorial Hommes et Techniques, 1965.

(6) Cerf. V. “Entreviendo el futuro de internet” ; en “Horizonte 2025”, Novática nº 145 (especial, 25 aniversario), mayo-junio 2000. Cerf, fundador de la Internet Society y creador de los protocolos TCP/IP, tiene entre otros muchos un premio Príncipe de Asturias.

(7) Marcelo, J. “Del ‘homo typographicus’ al ‘homo intelligens’. Acta del Congreso Mundial Pressinfo (Prensa e Información) y Revista Chasqui, 1984. La esencia de la información se discutía ampliamente en medios progresistas en los años 1980 y no pocos cuestionaban la propia identificación entre la entropía negativa –que es simple– y la Información –que es compleja– y entre la objetividad o subjetividad de ésta.

(8) Papows, J. ‘Enterprise.com’. Lotus Development Corporation, 1998. Granica, 1999.

(9) Shiller, H.I. “El dominio de las redes electrónicas mundiales”, Le Monde diplomatique en español, agosto-septiembre de 1998.

(10) Nye, J.S. Jr. Dirigentes conectados en redes. El País 15 de marzo de 2009

(11) Castells, M. y otros. ‘Mobile Communication and society’. Edición española de Ariel y Fundación Telefónica, 2007.

(12) “Y el software democrático os hará libres”, El País, 13 de marzo de 2009.





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