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Rumores, mentiras y exageraciones

Desestabilización en Bolivia

Par Hernando Calvo Ospina  |  21 juillet 2010     →    Version imprimable de cet article Imprimer

En abril de 2009, el presidente estadounidense Barack Obama declaraba ante sus homólogos latinoamericanos : “Debemos aprender las lecciones de la historia [para] promover la paz”. La actitud de Washington durante el reciente golpe de Estado en Honduras indica que, a pesar de las promesas, las intervenciones estadounidenses podrían continuar en Latinoamérica, en algunas ocasiones conforme a modalidades inesperadas.

Además de la “zanahoria” económica y de los “gruesos palos” de la intervención militar (a los cuales el reciente golpe de Estado en Honduras acaba de ofrecer un inesperado baño de juventud), a Estados Unidos no le falta inspiración para contener las veleidades de emancipación política de sus vecinos del sur. Uno de los métodos consiste en apoyar las reivindicaciones de emancipación política de las elites locales, cuyas “identidades” serían cuestionadas por… las políticas de redistribución de los gobiernos progresistas. Una estrategia utilizada en Nicaragua a comienzos de los años 1980 (1). Y más recientemente, en Bolivia.

En diciembre de 2005, Evo Morales accedió a la presidencia de Bolivia. Apoyado por la pequeña burguesía urbana, el dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS) sedujo también a las organizaciones indígenas, en una campaña en la que le dio gran importancia al discurso identitario (2). Pero el Estado plurinacional promovido por el MAS pronto suscitó una reivindicación inesperada : la de las elites locales que defendían un “separatismo social”, al cual abre la vía, según ellos, el proyecto de una nueva Constitución –que “da validez a diferentes niveles de autonomía : indígena, municipal y regional, sin definir su articulación” (3)–. Todo esto lleva a que Estados Unidos sostenga un movimiento que va de la defensa de las minorías oprimidas… a la posibilidad de desestabilizar a las autoridades bolivianas.

Rápidamente, la estrategia estadounidense identificó al departamento de Santa Cruz como un objetivo prioritario : la economía de Bolivia depende de sus recursos naturales (especialmente los hidrocarburos, el oro y el hierro). Tan ricos en gas como en tierras fértiles, los departamentos de Tarija, Pando y Beni –que, junto con Santa Cruz, constituyen la región llamada de la “Media Luna”– se unieron en poco tiempo a las reivindicaciones de Santa Cruz, cuya capital –homónima del departamento–, se convirtió en el centro de la oposición a Morales.

Dos meses después de haber entregado sus cartas credenciales, el 13 de octubre de 2006, Philip Goldberg, el embajador estadounidense en Bolivia, inició conversaciones con la oposición de la Media Luna. De 1994 a 1996, en el momento de la guerra de los Balcanes, este diplomático había dirigido las oficinas del Departamento de Estado en Bosnia. Más tarde, de 2004 a 2006, fue “jefe de misión” en Pristina, capital de Kosovo, donde, según Morales, “apoyó el separatismo de esta región con la consecuencia de miles de muertos” (4). Semejante pedigrí anunciaba más que el simple apoyo de los estadounidenses a las organizaciones políticas de la oposición “separatista”.

En Bolivia, “su trabajo no era un secreto para nadie –afirma Hugo Moldiz, abogado y director del semanario La Época–. Tampoco se escondía. El plan establecido estaba dirigido a provocar un estado de falta de gobernabilidad a partir de acciones violentas y mortíferas, que comprometían a las Fuerzas Armadas y a la Policía, con el objetivo de lograr la renuncia del presidente y la convocatoria a elecciones en las cuales ganaran los candidatos cooptados por la embajada”.

La operación se apoyaba especialmente en la acción de la Unión de Jóvenes de Santa Cruz (UJS) cuyos miembros se lanzaron contra todo lo que representaba el Gobierno central, sin ninguna discriminación. Paralelamente, grupos de paramilitares asesinaron a cerca de treinta campesinos indefensos, en septiembre de 2008, antes de tomar posesión del aeropuerto de Beni, así como de los campos petroleros de Tarija y Santa Cruz. Sergio Espinal, oficial ya retirado, está convencido de que “su modo de acción permitía adivinar la existencia de consejos de expertos extranjeros así como la participación de paramilitares colombianos”. Peor aún, “la pasividad de las Fuerzas Armadas, que incluso se dejaron desarmar en los campos petroleros, demostraba que algunos de sus miembros formaban parte de la conspiración”.

Cerca de las elites de la “Media Luna”, los medios de comunicación privados no se quedaron de brazos cruzados : “la prensa informaba de todos estos hechos no para condenarlos, sino para contribuir a un clima de inestabilidad y de miedo –informa un campesino cocalero, hoy diputado, Sabino Mendoza–. El mensaje que se transmitía era que si ‘Evo’ no renunciaba, podría estallar una guerra, con la intervención del ejército de Estados Unidos. Rumores, mentiras y exageraciones apuntaban a sembrar la confusión en el espíritu de aquellos que, como yo, apoyaban al presidente”.

Desde julio de 2007, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) era acusada de canalizar fondos para los grupos de oposición. El Gobierno había logrado encontrar documentos que mencionaban la necesidad de financiar programas para “restablecer un gobierno democrático”. Un eufemismo bien conocido, explica la socióloga Cristina Guzmán : “Estas organizaciones, directamente o por intermediación de otras agencias, financian a varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG), a las estructuras de la pretendida ‘sociedad civil’ y a los partidos políticos para que, bajo la bandera de los derechos humanos, de la libertad de prensa y empresa, alienten la hostilidad contra el Gobierno”.

Durante todo ese tiempo, la oficina de Morales mantenía la descabellada cercanía… de una antena de la CIA, dentro mismo del palacio presidencial (vestigio de una época en que los Gobiernos se preocupaban menos por la soberanía que por las buenas relaciones con Estados Unidos). “Era un servicio administrado por un general de la policía, denominado Centro de Operaciones Policiales Especiales (COPES), ¡que dependía directamente de la embajada de Estados Unidos !”, precisa Jorge Cuba, director de la Agencia Boliviana de Información (ABI).

Habiendo observado que un viento de internacionalización derechista soplaba sobre las brasas del separatismo local, Morales hizo desmantelar esa antena. Por otra parte, el 3 de noviembre de 2008 anunció que, por razones de “dignidad nacional”, la agencia ya no era bienvenida en Bolivia. La víspera había expulsado a la organización estadounidense de lucha contra el narcotráfico, la Drug Enforcement Administration (DEA), al observar que sus prerrogativas parecían haber sido ampliadas con el apoyo de la oposición secesionista de la Media Luna, sin que eso entrara de ninguna manera en el marco de su misión oficial. Para terminar, el 11 de septiembre de 2008, en un momento en que la situación era extremadamente tensa entre el Gobierno y la oposición, el presidente Morales declaró persona non grata al embajador de Estados Unidos.

Expulsión del embajador, límites impuestos a la USAID, partida de la CIA y de la DEA : extrañamente, la fiebre separatista dio signos de apaciguamiento, sin contar que Morales sigue obteniendo importantes éxitos electorales. Los más radicales abandonaron rápidamente toda reivindicación política y pasaron, sin pestañear, de la pretendida “defensa de la democracia” al proyecto de magnicidio. En efecto, para ellos había una sola opción : terminar con ese “indio” en la presidencia, así como con su vicepresidente, Álvaro García Linera.

La operación fue conducida por el hombre de negocios Branco Marinkovic. Hijo de un paramilitar croata refugiado en Bolivia, presidía en ese momento el Comité Cívico pro Santa Cruz (CPSC) (5) y dirigía el Movimiento Nación Camba de Liberación (MNCL) que reclama la “independencia” de la Media Luna. En el sitio de Internet del MNCL puede leerse : “Antes de que llegue la sangre al río, ¿no sería mejor separarnos como amigos para que cada nación gestione sus propios recursos y solucione sus propios problemas ?”. A pesar de estos propósitos dulzones, Jorge Cuba piensa que, según Marinkovic, “la solución era transponer el escenario racista, religioso y secesionista de la guerra de los Balcanes a Bolivia”.

Precisamente, de esa región del mundo hizo venir Marinkovic a Eduardo Rózsa, que había participado en el conflicto desde las fuerzas croatas ultranacionalistas. Acompañaban a Rózsa : Michael Dwyer (irlandés), Arpád Magyarosi (rumano-húngaro), Elod Tóasó (húngaro) y Mario Tadic (croata), casi todos veteranos de la guerra de los Balcanes. “El plan se desarrollaba perfectamente, relata Cuba, hasta que un policía, ‘un indiecito’, como dirían ellos, se infiltró en el grupo. El 16 de abril de 2009, la policía llegó al hotel donde se encontraban y tres, que se negaron a entregarse, fueron abatidos, incluyendo a Rózsa. Esa noche también murió el último proyecto de división de Bolivia”. En ese contexto, Marinkovic prefirió huir, encontrando una tierra para su asilo en Estados Unidos.

Una tela de araña de fundaciones y de ONG se aprovechaba así de su imagen de miembros intocables de la “sociedad civil”, para desestabilizar Gobiernos (véase el recuadro). La historiadora Villegas no lo duda : “Todas demostraron, en diferentes situaciones a través del mundo, que podían ser más eficaces que un ejército de la OTAN [Organización del Tratado del Atlántico Norte]”.

Probado en Bolivia, hoy el método parece haber sido adoptado también en Ecuador y en Venezuela. “Más allá de la Media Luna boliviana –analiza la historiadora ecuatoriana Adriana Villegas–, en Venezuela alientan a los que desean la independencia del estado de Zulia –que dispone de una de las más importantes industrias petroleras del mundo– y en Ecuador a los que tienen el mismo proyecto para la provincia de Guayas, principal puerto y centro económico del país. Además, al igual que Santa Cruz atrajo a su causa a otros tres departamentos (Beni, Pando y Tarija), el estado de Zulia hace lo mismo con los de Táchira y Mérida y en Ecuador el de Guayas con Manabí”.

© LMd, París.

NOTAS :

(1) Véase Maurice Lemoine, “L’autonomie perdue des Miskitos du Nicaragua“, Le Monde diplomatique, París, septiembre de 1997.

(2) Los indígenas representan, oficialmente, el 60% de la población boliviana.

(3) Franck Poupeau y Hervé Do Alto, “L’indianisme est-il de gauche ?”, Civilisations, 58-1, 2009, http://civilisations.revues.org/ind...

(4) El Mundo, Madrid, 11 de septiembre de 2008.

(5) Institución regionalista implementada por el departamento de Santa Cruz, con gran influencia del empresariado local.





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