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El efecto Syriza

Par Christophe Ventura  |  14 de febrero de 2015     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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¿Desencadenará un tornado político en Europa el batir de alas de Syriza? Cualesquiera fuere la evolución futura, la lista de efectos que en pocos días ha producido la clara victoria de la organización conducida por Alexis Tsipras, asombra.

En Grecia, el bipartidismo político cimentado en la aplicación del liberalismo ha explotado. Es el primero en Europa. La social-democracia (Pasok) cómplice destruido de la derecha en su aplicación de la hoja de ruta austeritaria, se ha empequeñecido electoralmente en favor de una nueva fuerza de izquierda (Syriza) [1]. Las posiciones del movimiento anti-austeritario europeo se han visto fortalecidas y las fuerzas políticas que lo reclaman aumentan su influencia en os países de la periferia continental (Grecia, España. Irlanda). En toda Europa – y hasta en los EEUU – muchos debates entre las élites económicas, políticas y mediáticas sobre que es lo que conviene hacer se centran en favor del acontecimiento Syriza; ¿Son sostenibles y legítimas las deudas soberanas de los Estados? Son necesarias políticas rigurosas o por el contrario como pareciera desearlo el presidente Barack Obama hoy en día cuando afirma “No es posible seguir presionando a los países que se hallan en plena depresión” y que convoca a una “estrategia de crecimiento” ¿Qué hacer con el euro y con la Unión europea?

Es imposible no imaginar el alivio del pueblo griego ultrajado durante cinco largos años de super-austeridad, luego del anuncio de las primeras medidas sociales –“humanitarias” – tomadas por el nuevo gobierno; aumento del salario mínimo, revaloración de las jubilaciones y supresión de las disposiciones referentes a la edad jubilatoria, reconsideración de las medidas de austeridad en materia de salud pública ( derecho de asistencia en los hospitales y pago de recetas médicas), reincorporación de miles de empleados y de personal técnico que habían sido despedidos, detención de las privatizaciones , y puesta nuevamente en marcha de los marcos legales de las negociaciones colectivas de trabajo [2].

Decidiendo razonablemente de oponerse a las nuevas sanciones de la UE contra Rusia en el expediente ucraniano, el gobierno de Tsipras muestra al mismo tiempo como un país voluntarioso independientemente de su peso económico, político y militar, puede introducir tensiones en todo el edificio institucional de la UE. En todos los campos en que, en la toma de decisiones europea, reina la unanimidad, Grecia tiene un enorme poder. Puede bloquear e imponer una inédita relación de fuerzas sobre los temas que le interesan como acaba de demostrarlo en las negociaciones del tratado transatlántico [3]. Fue famoso el “Lo que quiero señor Palmer (nombre del periodista del The Guardian, John Palmer) es muy sencillo: quiero que se me devuelva mi dinero” (“I want my money back”) de Margaret Thatcher en 1979. Hoy en día la Grecia de Alexis Tsipras podría decirle al periodista del The Guardian: “ Lo que quiero señor Palmer, es muy simple: quiero que se me devuelva mi soberanía democrática” (“I want my democracy back”),

Las perspectivas que se abren ante esta nueva situación histórica son numerosas. Pero nadie podría, en estos momentos garantizarle a una Grecia anti-austeritaria, democrática y rebelde que le serán mecánicamente exitosas.

En el plano externo la pulseada con Alemania apenas ha comenzado. Syriza apuesta a la aplicación de su programa dentro de un euro que impone a los Estados miembros drásticas obligaciones en materia presupuestaria y fiscal. El partido de M. Tsipras pretende en cambio obtener, en estas condiciones, una reestructuración sustancial (incluso una anulación) de la deuda pública griega estimada en más de 320 mil millones de euros (175% del PBI) y una eliminación de los programas de austeridad. Por su parte Alemania, sintiéndose acorralada por esta estrategia tan osada como incierta no parece dispuesta a aceptar una medida que se convertiría, más allá del impacto que le produciría a sí misma, en una eventual absorción financiera del default griego o sea abrir una caja de Pandora de la que inmediatamente surgirían España, Irlanda, Italia y Portugal para exigir también una reestructuración y especialmente el fin de la austeridad y del dogma monetarista.

El señor Tsipras y su gobierno saben que su estrategia comporta un importante riesgo político. En efecto si quiere alcanzar los objetivos anunciados, no puede aceptar ninguna concesión cara a cara de la Troika con la cual ha afirmado el nuevo ministro de finanzas Yanis Varoufakis, no quiere volver a negociar. Porque este último sabe que Syriza deberá quemar sus naves en esta batalla. No existe estrategia intermedia. Un retroceso sobre el tema de la deuda o sobre la detención del programa de austeridad y el gobierno de Syriza será triturado por la finanza internacional y rechazado por quienes lo han elegido ampliamente para resolver una aguda crisis económica, política y social.

Por su parte en Alemania , que Angela Merkel mantenga su intransigencia – nada de borrar la deuda griega – y el espectro de una forzosa salida del euro para Atenas volverá a resurgir. Serían muy pesadas las consecuencias para Grecia como también para la misma supervivencia de la eurozona. ¿Tiene Alemania verdadero interés?.

Syriza está jugando fuerte y deberá enfrentar internamente numerosos obstáculos. Como nos lo enseña la historia de las experiencias de la izquierda en el poder, conquistar el poder del Estado –el gobierno, el parlamento, los ejecutivos locales –es esencial… pero no es suficiente. Las fuerzas de izquierda sufren un handicap cuando acceden al poder en períodos de graves crisis económicas y sociales, (parcialmente) del poder del Estado. En el gobierno sufren la acción radical de las fuerzas del sistema que siguen disponiendo de mucho poder en el Estado y en la sociedad. Las fuerzas interiores dominantes son capaces, por inercia o, según sus históricas configuraciones, por la activa hostilidad de la administración estatal, del sistema mediático, del sector privado y bancario, de debilitar y hasta de desestabilizar – como sucede en América Latina (Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela) – el gobierno transformador elegido y sus propuestas programáticas para imponerle un compromiso favorable al mantenimiento del anterior orden social y político [4].

Para que Syriza pueda tener la oportunidad de poner en marcha su proyecto y abrir de ese modo una nueva ruta para Europa, va a necesitar del apoyo solidario de todas las fuerzas políticas, sociales y ciudadanas progresistas del continente. Estas últimas por ejemplo, podrían tomar la iniciativa de convocar a una gran reunión ciudadana europea incluso internacional dedicada al tema de la deuda y de la recuperación democrática. Pero en lo inmediato, se trata de desarrollar en Grecia un poderoso movimiento del que necesitará Syriza para ayudarla a enfrentar las reiteraciones de la ”troika” y de las clases dominantes europeas derrotadas en las urnas el 25 de enero.

Taduction : Susana Merino

A lire sur Rebelion : http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195518

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Notas

[1] Leer el análisis de Fabien Escalona« En Grèce, l’agonie du Pasok et la victoire historique de la gauche radicale », Mémoire des luttes.

[2] Conviene agregar a este primer tramo de medidas económicas y sociales las decisiones anunciadas en materia de inmigración. Para el nuevo gobierno se tratará de actuar “facilitando la naturalización de los inmigrantes y especialmente de sus hijos” nacidos en territorio griego.

[3] El nuevo ministro del sector público y del área administrativa, Georgios Katrougkalos ha declarado: “ Les puedo asegurar que un parlamento en el que Syriza detenta la mayoría no ratificará jamás el acuerdo de libre comercio. Es un gran favor que se le hace no solo al pueblo griego sino también al pueblo europeo en su conjunto” Leer « Le gouvernement de Syriza veut faire sombrer le TTIP », Euractiv, 3/02/2015.

[4] Ventura, Christophe, “Gauche captive”, Mémoire des luttes.





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