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Una pieza clave de la vida política uruguaya

En el país de las conquistas sindicales

Par Christophe Ventura  |  5 octobre 2015     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Existen mil y una formas para mejorar las condiciones de vida de los asalariados. A menudo abandonados por los poderes políticos –incluidos los progresistas–, una de esas formas consiste en permitirles que se defiendan ellos mismos a través de sus sindicatos. Ésta es la vía que ha elegido el pequeño país latinoamericano, Uruguay. Con un éxito que, en la actualidad, va más allá de los lugares de trabajo.

El pasado 28 de febrero de 2015, la Plaza de la Independencia de Montevideo estaba repleta de gente. A pocas horas de la investidura del nuevo presidente, Tabaré Vázquez, miles de personas se concentran alrededor de la imponente estatua ecuestre de bronce de José Gervasio Artigas, el “libertador” de Uruguay, que domina el lugar y delimita la frontera entre el casco viejo y el centro. Todas las miradas están puestas en la Torre Ejecutiva, sede de la presidencia de la República, que bordea la plaza por el lado sur. Vázquez ya dirigió el país entre 2005, fecha de la primera victoria electoral de la coalición de centro izquierda Frente Amplio (1), y 2010. Esta vez ha derrotado al candidato del Partido Nacional (conservador), Luis Lacalle Pou, con el 53% de los votos.

Pero ahora, al pie de esta torre acristalada revestida con un paramento de piedra blanca, el presidente saliente José Mujica, también del Frente Amplio como Vázquez, va a pronunciar su último discurso público antes de que comience la celebración de su despedida (2). Oculto en poco tiempo entre la multitud, un kiosco todavía deja entrever las portadas de los periódicos, cuyos titulares se repiten una y otra vez. Se podrían resumir de la siguiente manera : ¿qué balance va a dejar el Presidente más popular de este discreto país de 3,5 millones de habitantes (de los cuales aproximadamente la mitad se concentra en la indolente ciudad de Montevideo) ?

Desde hace algunos años, Uruguay ha adquirido notoriedad internacional gracias a los avances sociales únicos en la región, incluso en el mundo : la legislación de la producción y de la venta de cannabis bajo control del Estado (3), la autorización del matrimonio homosexual, la despenalización del aborto (4), etc. El país también decidió recibir a seis ex prisioneros de la cárcel de Guantánamo con el estatus de refugiados humanitarios en diciembre de 2014. Pero uno de los mayores avances que se ha conocido desde la llegada al poder del Frente Amplio entusiasma menos a la prensa internacional : la nueva posibilidad para los trabajadores de negociar mejor “el precio de sus manos”, según la expresión de Mujica. ¿Cómo ? A través de la promoción del sindicalismo como un mecanismo clave de la vida política del país. Incluso cuando esto le complica la vida al Gobierno…

En el almacén de fibra óptica de la empresa Ebital, ubicado en el centro del barrio Reducto de Montevideo, Bruno Bertolio se muestra categórico en esta mañana de febrero de 2015 : “Hace diez años nunca habríamos podido ganar una batalla como ésta”. Una semana antes había estallado un conflicto entre la empresa pública de telecomunicaciones, la Administración Nacional de Telecomunicaciones (Antel), y sus subcontratistas, entre los que se encuentra Ebital. En todos los lugares de trabajo implicados acababan de tener lugar asambleas generales de empleados. El joven militante del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (SUNCA), de lejanos orígenes italianos, dirigía una de ellas.

La operadora ejecuta un proyecto emblemático del Gobierno : el equipamiento con fibra óptica de todo el territorio nacional, una prioridad industrial y tecnológica. La dirección de Antel, con el anuncio –para sorpresa general– de su intención de volver a extender sus inversiones más allá del calendario inicialmente previsto para 2015 y 2016 –y, por lo tanto, de reducir su actividad inmediata–, hizo que cundiera el pánico entre las empresas que trabajan para dicha administración. Unas horas después de que la decisión hubiera sido notificada, éstas últimas anunciaban, a su vez, que una tercera parte de los empleados que se suponía que participarían en los trabajos –es decir, alrededor de mil trabajadores– serían despedidos. Una reacción en cadena que llevó a un duro conflicto entre el SUNCA, Antel y la Central Única, Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores (PIT-CNT). “Duro” porque los sindicatos ya no estaban desarmados como antes de la llegada al poder del Frente Amplio.

“Nosotros llegamos a los negocios en 2005, en el paroxismo de la crisis económica, social y política más grave que jamás haya atravesado nuestro país”, nos cuenta Mónica Xavier, presidenta del Frente. En la oficina que ocupa en la sede nacional de la coalición, las paredes hablan. Cuadros y retratos del general Líber Seregni, fundador del Frente en 1971 y candidato por la coalición a las elecciones presidenciales organizadas el mismo año, recuerdan cuarenta años de historia política, de los cuales once (1973-1984) fueron de dictadura civil-militar (véase “¿Proximidad o complicidad ?”). “Fuimos elegidos para construir una sociedad a partir de sus escombros”, declara la senadora. La afirmación no es excesiva.

Entre 1999 y 2004, cerca de una tercera parte de la población se hundió en la pobreza debido al efecto combinado de las políticas del Gobierno conservador de Jorge Batlle (2000-2005) y a la deflagración económica y financiera de las crisis argentina y brasileña (2001-2002). Estos dos grandes mercados constituían entonces las salidas casi exclusivas de la economía uruguaya, esencialmente basada en la exportación de materias primas : carne, soja, cereales, productos lácteos, etc.

El periodo marcó el punto culminante de un proceso que, como en otros países, tenía como objetivo una reorganización neoliberal de la economía del país : desindustrialización, presión sobre los salarios a través del desempleo, auge del trabajo informal, etc. Sin embargo, existía una particularidad uruguaya : la intensidad de la ofensiva gubernamental y patronal para socavar un mercado laboral más estructurado que en otros países de la región. Para hacerlo, el Estado había suspendido, sobre todo, la convocatoria de los Consejos de trabajadores en la mayoría de los sectores de actividad. Estas instancias de negociación colectiva tripartita entre Estado, empleadores y sindicatos constituyen la piedra angular de las relaciones sociales y laborales en Uruguay desde 1943. La idea de dejarlas inactivas tenía como objetivo la limitación de la influencia y de la unidad del PIT-CNT, obligado así a negociar empresa por empresa en un contexto de una bajada continua de efectivos.

Sin embargo, esto no impidió a la Central participar activamente en potentes movilizaciones sociales contra los proyectos de privatización del agua y de desmembramiento de la sanidad pública. Estos movimientos prepararon la victoria de la izquierda en las elecciones presidenciales de 2004, mientras que se iniciaba un ciclo económico expansivo que favorecía a los países exportadores de materias primas y de recursos naturales, como Uruguay, “un acontecimiento extraño en la historia de la izquierda en el poder”, subraya Xavier. En esas condiciones, el Frente se encontraba en buena situación para redistribuir una parte importante del ingreso nacional a los estratos populares (5) –el porcentaje de los gastos sociales en el total del gasto público pasó del 60,9% al 75,5% entre 2004 y 2013–. Y lo consiguió sin atentar contra los intereses de los inversores extranjeros y de las elites autóctonas, sobre todo de los grandes terratenientes.

Los dos Gobiernos del Frente –sobre todo el primero, dirigido por Vázquez– se mostraron audaces en términos de democracia social. Entre 2005 y 2014 adoptaron cerca de cincuenta leyes que reforzaban el derecho laboral, la negociación colectiva, la libertad sindical, la protección social, la responsabilidad en caso de desempleo o de enfermedad, etc. Algo nunca visto en los últimos sesenta años (véase “Ráfaga legislativa”). El movimiento sindical se fortaleció en sus sectores tradicionales y se expandió en aquellos en los que antes no estaba implantado : comercio, supermercados, servicios, policía, trabajo doméstico (3.500 afiliados en 2014 frente a 50 el año de su fundación en 2008), etc. La cantidad de afiliados a los sindicatos se cuadruplicó entre 2003 y 2015, pasando de 110.000 a más de 400.000 en una población activa de alrededor de un millón y medio de personas.

Para la Confederación Sindical Internacional (CSI), Uruguay es hoy en día el país más avanzado de América Latina en materia de respeto de los “derechos fundamentales del trabajo, en particular la libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva y el derecho a la huelga tanto en la ley como en la práctica”. Y la actuación no se detiene en las fronteras regionales : la institución, que representa a cerca de 330 organizaciones de trabajadores de 162 países, sitúa en el mismo lugar a Uruguay y a Dinamarca, en la posición número uno en una clasificación mundial que incluye a 139 países (6).

El SUNCA, ligado al Partido Comunista de Uruguay, se ha convertido en uno de los principales motores del PIT-CNT. Emite un programa de radio semanal, ‘La voz del SUNCA’, y financia de forma directa una cadena de televisión autónoma y profesional, Replanteo TV, que propone análisis políticos y sociales, entrevistas, reportajes sobre la clase obrera, etc. Sus efectivos se decuplicaron en diez años, pasando de 4.000 en 2004 a 42.000 en 2014, lo que sin duda explica por qué, cuando los empleados de Ebitel alzaron la voz, Antel aguzó el oído y, más tarde, se mostró flexible. Tal y como destaca maliciosamente Bertolio, “sin movilización, la ley no es nada. O, más bien, se implementa cuando los sindicatos la defienden”.

Con el pulgar levantado, muchos empleados saludan al sindicalista en el breve trayecto que los lleva a su lugar de trabajo : “Con el poder con el que contamos hoy en día, estamos otra vez en condiciones de reforzar la influencia de los asalariados en las decisiones económicas”. ¿Una muestra de este poder de negociación ? “Esta mañana –prosigue el joven– decidimos, tanto aquí como en todas las empresas afectadas, que se detuviera el conflicto”. Apoyado en un torno, explica las razones de esta decisión, no sin mostrar cierto orgullo : “En unos pocos días movilizamos todas nuestras fuerzas y mostramos, mediante acciones sectoriales y coordinadas, que estábamos preparados para una huelga nacional ilimitada. Ante la magnitud de nuestra reacción, Antel retrocedió”. Para él, no cabe ninguna duda : “El Gobierno entendió el mensaje”.

Unos días más tarde, una noche de finales del verano austral de 2015, bajo los castaños que dan sombra al barrio de Cordón, en la capital. El 1283 de la avenida Jackson es el teatro de una efervescencia inhabitual. Mujica y su homólogo boliviano, Evo Morales, van a dar conjuntamente una conferencia que se titula “América Latina en transformación”. Han elegido para tal acontecimiento la sede del PIT-CNT.

En ese mismo lugar nos citó Milton Castellano, director del Instituto de Investigación y de Formación del PIT-CNT. “Cuando el Frente llegó al Gobierno, su programa se inspiraba directamente en muchas propuestas del sindicato. Tradicionalmente, gran cantidad de sus militantes y de sus altos cargos vienen del sindicalismo. En la actualidad, cerca de la mitad de sus diputados han salido de ahí, así como también varios ministros.” Para el periodista Raúl Zibechi, figura del semanario de izquierda Brecha, “el movimiento sindical está hoy más presente en toda la sociedad, tanto en el mundo de la producción como en el aparato del Estado. Su capacidad de presión nunca ha sido tan fuerte. Ningún Gobierno se atrevería a ignorarlo, sea de izquierdas o de derechas”.

Sin embargo, la cercanía entre las organizaciones sindicales y el poder no siempre garantiza la defensa de los intereses de los trabajadores. En efecto, ocurre que el diálogo tripartito organiza, sobre todo, la sumisión del mundo del trabajo a las exigencias de la patronal. ¿Solidaridad o duplicidad ? ¿Proximidad o complicidad ? Por esta difícil senda camina el PIT-CNT, intentando reconocer las trampas : “Somos independientes, pero no indiferentes”, afirman al unísono todos nuestros interlocutores, ya sean del Frente, del sindicato o del Gobierno. Para Zibechi, esta definición describe fielmente la situación : “Cada cual conoce su papel y lo defiende”. Tal y como lo ilustra el conflicto relacionado con Antel…

Aunque el PIT-CNT no dudó en demostrar su autonomía, de forma puntual, con respecto a Mujica, lo hizo con más ímpetu aún frente a su predecesor, surgido del ala liberal de la coalición. En 2006, el PIT-CNT se movilizó contra el Gobierno cuando éste buscaba la celebración de un tratado de libre comercio integral con Estados Unidos después de haber firmado ya un acuerdo para la protección de las inversiones. En ese momento, Vázquez tuvo que renunciar a su proyecto. Hoy aparecen nuevas tensiones : a algunos sectores del Gobierno Vázquez II, reagrupados en torno al influyente ministro de Economía Danilo Astori, les gustaría que el nuevo Presidente hiciera entrar al país en las negociaciones del Tratado sobre el Comercio de Servicios (TISA por sus siglas en inglés) (7), al igual que Paraguay, otro país del Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

Según Zibechi, “la crisis de los Gobiernos progresistas de la región da fuerza a los sectores más conservadores del poder y a una parte de la oligarquía en su proyecto tradicional de hacer de Uruguay un punto de apoyo de Estados Unidos en América del Sur”. Se trataría de alejar a Montevideo del MERCOSUR –que une a Argentina, Brasil, Paraguay, Venezuela, Uruguay y Bolivia (en proceso de adhesión)–, considerado demasiado a la izquierda desde la llegada de Caracas, y de favorecer más bien su acercamiento a la Alianza del Pacífico, una zona de libre comercio creada en 2011 por Chile, Perú, Colombia y México. En estas condiciones, continúa Zibechi, “las tensiones entre el sindicato y el nuevo Gobierno seguramente van a aumentar en el futuro. No habrá ruptura, pero el PIT-CNT, gracias a su nueva posición en la sociedad, puede convertirse en la actualidad en la principal fuerza opositora. Más que la derecha”.

Para eso, la combatividad sindical tendría que perdurar. Ahora bien, observa Zibechi, “la prosperidad adquirida en estos últimos años no ha hecho que todo el mundo tenga ganas de ir más lejos en la transformación de la sociedad”. En otras palabras, vivir mejor no necesariamente llevaría a querer vivir de otra manera. Pero entonces, ¿al servicio de qué proyecto hay que negociar mejor “el precio de sus manos” ? Se ve despuntar el riesgo de un horizonte reivindicativo que se limitaría al aumento del poder adquisitivo y a la integración de todos en el sistema capitalista, el cual sabe demasiado bien cómo mantener el sueño de movilidad social en quienes domina. Si éste fuera el caso, se pondría en duda toda la capacidad de la izquierda para transformar la sociedad.

Volvemos a la sede del Parlamento, al salón de la presidencia durante la noche de la despedida del presidente Mujica. “El proyecto de los sindicatos ya no puede limitarse a la cuestión de los salarios”, zanja el nuevo Presidente de la Cámara de los Representantes, Alejandro Sánchez. Con 35 años, el que es apodado “Pacha” se ha convertido en uno de los dirigentes más prometedores del Movimiento de Participación Popular (MPP), el partido de Mujica. Este hijo de albañil estuvo en boca de todo el mundo debido a su condena del “corporativismo” de algunos sindicatos públicos. “Sí, yo dije eso –nos confirma, divertido–. Lo que quise hacer entender a mis hermanos de lucha es que, por supuesto, uno puede ser trabajador y seguir siendo pobre y seguir estando dominado, que uno puede endeudarse para consumir, en un sistema que te quita con los precios lo que te da con el salario”. Y el hijo del departamento de Lavalleja, en el sudeste del país, añade : “Tenemos que comenzar una nueva etapa. La alianza entre el Gobierno, el Frente y el movimiento sindical tiene que llevar al cambio de nuestro modelo de desarrollo y a la democratización de la economía. También hay que hacer todo lo posible para “desmercantilizar” las relaciones sociales”.

“Si no entramos en estos procesos, la derecha nos va a hacer caer, como pasa siempre cuando la izquierda no profundiza en los cambios que impulsa –continúa, mientras comparte su mate–. Hasta ahora lo único que hemos hecho ha sido administrar el capitalismo”. El porcentaje de los salarios en la riqueza nacional (menos del 35%) no ha evolucionado desde 2005. “Es cierto que logramos distribuir mejor los recursos que han surgido del aumento de la actividad económica, pero no hemos modificado la estructura ni la distribución de la riqueza, que sigue estando ampliamente concentrada en manos de los mismos grupos sociales”. Así, el PIT-CNT recuerda que, a pesar de los avances de estos últimos años, “el 20% de los más ricos todavía tiene el 47% de la riqueza y el 20% de los más pobres sólo se reparte el 7%”. Al mismo tiempo, 690.000 trabajadores (cerca de la mitad de la población activa) siguen viviendo con menos de 15.000 pesos (alrededor de 500 euros) al mes, una cantidad considerada incompatible con una vida decente (8).

Mientras que el nuevo equipo de Gobierno multiplica las señales a favor de una política más acorde con las exigencias del sector empresarial y financiero, ¿son realistas las aspiraciones de Sánchez de profundizar en las transformaciones económicas y sociales del país ? Jean-Paul Sartre sugería a sus lectores que no les diera vergüenza pedir la luna. Cuando finalmente nos encontramos con él, el presidente Mujica se muestra igual de ambicioso : “Con el Gobierno y con el Frente hemos trabajado bien, incluso aunque sólo estemos a mitad de camino. Lo que queda por hacer es inmenso : superar el capitalismo. Su cultura consumista nos anestesia a todos, individual y colectivamente, y nos lleva a aceptar finalmente el sistema, a defender el statu quo frente a las fuerzas económicas y financieras”. ¿Cuál es, según él, la principal herramienta para llevar a cabo este combate ? “Sin duda, los sindicatos tendrán que desempeñar un papel muy importante. Van a tener que estar a la altura”. 

NOTAS :

(1) El Frente Amplio agrupa a 27 formaciones políticas, entre las que se encuentra el Movimiento de Participación Popular (MPP) –el partido de José Mujica fundado por los ex guerrilleros Tupamaros–, y a comités de base implantados en todo el territorio.

(2) Desde el 1 de marzo de 2015, Mujica es miembro de la Cámara de Senadores.

(3) Véase Johann Hari, “¿Por qué Uruguay legaliza el cannabis ?”, Le Monde diplomatique en español, febrero de 2014.

(4) Cuba, Guyana, Puerto Rico y la ciudad de México también autorizan el aborto durante las doce primeras semanas de gestación.

(5) Cf. “Las relaciones laborales en Uruguay. Diez años de cambios”, Instituto Cuesta Darte, Montevideo, 2015.

(6) “El índice CSI de los derechos en el mundo. Los peores lugares en el mundo para los trabajadores y las trabajadoras”, Confederación Sindical Internacional, 19 de mayo de 2014, www.ituc-csi.org

(7) Véase Raoul Marc Jennar, “Cincuenta Estados negocian en secreto la liberalización de servicios”, Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2014.

(8) “Astori anunció un combate ‘sin tregua’ a la inflación”, El País, Madrid, 26 de abril de 2015.





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