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GRANDES POTENCIAS, CLASE POLÍTICA Y CATÁSTROFES NATURALES

Haití, la tectónica de la miseria

Par Christophe Wargny  |  13 mars 2010     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Una conferencia internacional para la reconstrucción de Haití –donde el balance final de la catástrofe del doce de enero se estima en 217.000 muertos– se celebra este mes en Nueva York con el fin de coordinar los esfuerzos para hacer frente a las consecuencias del seísmo y preparar acciones a largo plazo. ¿Con o sin la participación del movimiento social haitiano ? Los “países amigos” no siempre han cumplido un papel positivo en la isla.

El seísmo que golpeó Haití ha matado a más de 200.000 personas y arrojado a más de un millón de refugiados a la calle y a los escasos espacios libres de construcciones. Haití, una historia poblada de flagelos no tan naturales como podría parecer (1). Una fuerte tormenta puede provocar muchas muertes y aislar un barrio. Destruir en Pétionville una escuela y enterrar a cinco niños. Una modesta tempestad sumergir un ferry de 400 plazas, ahogando a mil pasajeros (2). Un ciclón causa cientos de muertes ; el mismo que en Cuba o en Florida mata a cuatro o cinco personas.

En 2008 el país soportó cuatro huracanes que, en particular, engulleron la ciudad de Gonaives, ya golpeada en 2004. En cada caso el Estado se mostró ineficiente, inerte o corrupto. Un Estado que cuenta con la ayuda de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) para asegurar el mínimo bienestar social, y de las Iglesias, pentecostales y otras, para garantizar la resignación. Un Estado campeón de la sobriedad. De los cien países más poblados del mundo, es el que en 2003 gastaba menos en servicios públicos. ¡Haití, campeón del rigor social ! Las palabras y las imágenes expresan hasta qué punto pesa esta carencia.

Hace mucho tiempo que Haití se hunde en un desastre ecológico. La generalizada erosión da al campo un aspecto lunar, transformando cualquier chaparrón tropical en una lluvia torrencial. Las autoridades, que no tienen autoridad sobre nada, son a lo sumo inconscientes o impotentes espectadores de un universo comatoso. La placa tectónica, que hacía dos siglos que no se manifestaba, vino a agregar una dimensión apocalíptica al caos urbano. Antes del 12 de enero de 2010, Puerto Príncipe, cuya población se duplicó en medio siglo, ya no era una ciudad sino una aglomeración de barrios sin equipamiento, donde cada día se amontonaban 200 nuevos habitantes. Con una única regla urbanística : la ausencia de reglas. Okupas por todas partes. Los malos materiales se compran tan fácilmente como las derogaciones. Se construye en las hondonadas. Más del 50% de las villas miseria se instalan sobre pendientes o sobre pólderes de basuras, a orillas del mar. La pobreza extrema de las tres cuartas partes de los haitianos les impide cualquier inversión en vivienda.

¿El terremoto es una catástrofe natural ? A medias. ¿La culpa es del pueblo haitiano ? Ni hablar. ¿La fatalidad ? Demasiado fácil. ¿Una maldición ? Quizás. ¿Pero cuál ? ¿De dónde viene ? De lejos, de muy lejos. Haití sigue pagando a un precio muy alto las consecuencias de su nacimiento. Lo menos que podría decirse es que su advenimiento, entre 1802 y 1804, no fue deseado. Por no matar al recién nacido, los países occidentales, con Napoleón a la cabeza, intentaron asfixiar al hijo adulterino de la Revolución Francesa. Entonces el país conoció la peor sangría de su historia, incluso peor que la de 2010 : la de la guerra de la independencia. Haití, única revuelta de esclavos que parió un Estado, nació del rechazo al colonizador francés. Crimen de lesa majestad al Norte.

Francia no podía aceptar semejante derrota, inadmisible mancha en la leyenda napoleónica… y en el comercio exterior nacional : en 1789 Santo Domingo era considerada como la colonia más rica, productora de la mitad del azúcar mundial. La Europa del siglo XIX, que iba a colonizar la mitad del planeta, no podía tolerar semejante emancipación. En cuanto al naciente Estados Unidos, país propietario de esclavos, ¿cómo podía aceptar esa nación a sus puertas ? Para unos como para los otros, había una única solución : la ocultación. Borrar Haití de la memoria. Impedirle existir.

La operación fue un éxito gracias a la complicidad de las elites haitianas. En 1825 ellas aceptaron pagar a Francia para que “otorgara” la independencia. ¡Una suma enorme destinada a indemnizar a los colonos (3) ! Un rescate que durante mucho tiempo impedirá cualquier inversión. Los signatarios no obtuvieron mejor consideración. Haití cosechó allí apenas cuarenta lustros de cuarentena, interrumpidos por el intacto apetito del viejo colonialismo europeo y del joven imperialismo yanqui. Apoteosis entre 1915-1934 : veinte años de ocupación estadounidense, la introducción de un modelo económico inadaptado… y miles de víctimas. Primera tutela.

Con la larga dictadura de François y luego Jean-Claude Duvalier (1957-1986), 30 años y 33.000 muertos, el país se habituó a una violencia que estructuró la sociedad política. Para Washington como para París, al anticomunismo militante, a poca distancia de Cuba, le convenía cerrar los ojos respecto de los derechos humanos y del desvío de la ayuda a favor de un clan. Existen humus en los cuales las catástrofes naturales brotan con mayor seguridad. La fuga de cerebros que empezó bajo Duvalier nunca se detuvo. Y ahora corre el riesgo de amplificarse, trabando cualquier despegue.

¿Maldición ? La que lanzó un Occidente triunfante produjo el efecto deseado. ¿Fatalidad ? Aquí la placa tectónica es en primer lugar la miseria indigna que se conjuga con indecentes desigualdades y con la obscena arrogancia de la oligarquía local. Hace décadas que unas y otras se inclinan sobre el enfermo, tras haberlo envenenado durante tres siglos. Medicamentos preferidos : la apertura de mercados que arruina la agricultura local, los planes de ajuste estructural que desaniman las inversiones sociales, el diálogo casi exclusivo con la clase dominante. Esa que incluso en Washington llaman “morally repugnant elite” –elite moralmente repugnante (4).

En 2009 Haití conoció un amplio movimiento social, el primero tras largo tiempo. La reivindicación de un salario mínimo diario de 200 gourdes [la moneda haitiana] –aproximadamente 3,50 euros– (5) en un país donde las tres cuartas partes de la población disponen de menos de 1,50 euros diarios. El presidente René Préval, preocupado por preservar el interés de los inversores, consideró que era demasiado. El año anterior, su Gobierno había dejado que aumentara el precio del arroz y del aceite, provocando motines por el hambre y una larga crisis política que originó el retraso de la ayuda exterior. En 2008 el nombramiento como primer ministro de Michèle Pierre-Louis, honesta y enérgica, pero sin base partidista, suscitó la sólida adhesión de la intelligentsia y de una parte del movimiento social. Dedicado a preparar los comicios electorales más importantes para 2010, Préval prefirió dejarla de lado.

Cerca de dos millones de haitianos reciben el Programa Alimentario Mundial (PAM). Dado que el crecimiento económico es en general inferior al aumento demográfico, hace 20 años que la relación Producto Interior Bruto/habitante no deja de disminuir. La ayuda internacional constituye la mitad de los ingresos del Estado. Junto con el dinero de la droga y el proveniente de la diáspora (¡tres veces el presupuesto del Estado !), ambos menguaron en 2009 debido a la crisis, constituyen los tres aportes esenciales de una economía tan moribunda como informal. Contraída esencialmente por Jean-Claude Duvalier, parte de la deuda fue colocada en cuentas europeas. Hace dos años que no se deja de anunciar la “elegibilidad” de Haití para dar por extinguida su deuda. Se siguen exigiendo cerca de mil millones de dólares (6). El Banco Mundial suspendió los reembolsos debidos y “trabaja en la anulación total”. No hay dudas de que trabaja duramente...

De manera rápida y masiva, la intervención humanitaria consecutiva al seísmo del 12 de enero se acompaña de una ocupación militar tan pronta como poderosa. Desde 2004 está presente la Misión de Estabilización de la Organización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), duramente golpeada en su personal dirigente. El principal contingente es brasileño. ¿Su misión ? Restaurar las funciones de regalía del Estado. Balance mitigado : elecciones exitosas, debilitamiento de las bandas, policía en vías de reconstrucción, lenta educación sobre derechos humanos, prisiones infrecuentables, justicia aleatoria. Cuando los símbolos del Estado desaparecen –Palacio presidencial, ministerios, tribunales de justicia, etc.–, se olvida que su eficacia era casi nula. Se habló mucho de la penitenciaría nacional y sus 4.000 reclusos prófugos, peligrosos bandidos que iban a agravar una inseguridad exagerada. En realidad, más del 80% son encausados sin abogado, que nunca vieron a un juez.

Al enviar a 13.000 hombres, Estados Unidos dispone in situ de una fuerza con un equipamiento superior, cuantitativamente igual al de la Minustah. Todos aprueban la ayuda estadounidense. El presidente Barack Obama se mostró particularmente reactivo frente al desafío humanitario y a las superadas autoridades haitianas, utilizando a fondo la enorme máquina logística que su país es el único en poseer. Incluso si sus errores en el terreno manifiestan arrogancia o la voluntad, por otra parte proclamada, de asegurar la dirección de las operaciones. Esta intervención militar es la tercera en dieciséis años. Las precedentes, en un siglo de permanente intromisión, no resolvieron nada.

En 1994, después de tres años de ineficaz embargo –pero que desestabilizó la frágil economía haitiana– contra los golpistas que habían derrocado al jefe de Estado Jean-Bertrand Aristide (7), desembarcaron 20.000 GI’s para terminar con la Junta Militar del general Raoul Cédras, a quien para alejarlo hubiera bastado con fruncir el ceño. El presidente William Clinton restableció a Aristide, a quien el Gobierno de George Bush padre y la Central Intelligence Agency (CIA) habían contribuido a derrocar. Dos reflejos guiaron en especial a las tropas estadounidenses : establecer un cordón de protección alrededor de los barrios residenciales de Pétionville y transferir a lugar seguro una parte de los archivos haitianos, sustrayéndolos así a cualquier investigación. En 1995, la Minustah tomó el relevo militar. Diez años más tarde, nueva intervención de Washington con la colaboración de París. Esta vez se trataba de terminar con Aristide, su deriva despótica y el riesgo de enfrentamiento entre bandas armadas. La Minustah, sin estadounidenses y con predominio latinoamericano, sucedió a la fuerza de invasión. Antes de la elección de Préval en 2006, los occidentales impusieron el gobierno provisional de Gérard Latortue. Tan venal, clientelista y calamitoso como sus predecesores. Además de revanchista.

La dimensión humanista de Obama, que queremos creer que es real, no impide recordar la constancia de la política estadounidense en el arco antillano. La doctrina Monroe –América para los americanos– se aplica allí con más celo que en el resto del “hemisferio oeste”. Toda agitación a mil kilómetros de Miami y cerca de Cuba se considera peligrosa. Todo hundimiento de Haití, por cualquier motivo, puede engendrar un flujo incontrolado de refugiados –una de las dimensiones que decidieron la intervención de Clinton en 1994–. ¿Se trata de la misma apreciación ? ¿O Estados Unidos sostendría, por primera vez en su historia, el renacimiento de un vecino, paradigma de la injusticia venida del exterior ?

¿Es que la movilización internacional seguirá sosteniendo el coraje y la solidaridad de los haitianos ? Por naturaleza la máquina mediática es versátil y las sumas a movilizar son considerables. ¿Quién va a asegurar la dirección de las operaciones ? ¿Estados Unidos ? ¿La ONU ? ¿Una nueva organización especialmente dedicada a este tipo de cataclismo ? ¿Qué transformaría Haití en “huérfana de la humanidad”, como propone el filósofo Régis Debray en nombre de la fraternidad ? (8). Para salir del “statu quo existencial” (9). ¿Lógica de futuro, contrapartida de la pasada violencia que Francia y Estados Unidos ejercieron sobre la patria de Toussaint Louverture ? (10). ¿Cómo abrir ampliamente las fronteras a los haitianos ? ¿Fijar en la provincia ese éxodo de una capital hipertrofiada ? ¿Cómo, por último, otorgar todo su espacio a todos los haitianos y no siempre a los mismos ? Incluir a los de abajo, siempre humillados, y a los de la diáspora, seguros de sus competencias. Revolucionar las mentes. ¿Cómo metamorfosear el Estado filibustero en Estado estratega y protector ?

Estados Unidos, República Dominicana, Canadá, Francia en ese orden son los principales países que acogen la diáspora haitiana. Brasil y el Caribe están implicados desde hace mucho y la Unión Europea es uno de los acogedores más importantes. Cualesquiera sean sus proyectos, ningún plan reconstruirá el país si no se basa en todos los compartimentos de la sociedad haitiana. Si no recuerda que el siniestro a reparar no data del seísmo de 2010. Y que el urbanismo es tan sólo una dimensión.
¿Reconstruir Puerto Príncipe y sus alrededores o construir Haití ? 

 

Notas :

(1) Léase Ignacio Ramonet, “Aprender de Haití”, Le Monde diplomatique en español, febrero de 2010.

(2) Del naufragio del Neptune en 1993 a las decenas de balseros ahogados en 2009.

(3) Teóricamente pagadero en cinco anualidades, incluso con su reducción a 90 millones en 1838, la deuda se terminó en 1893 y los últimos agios corrieron todavía a comienzos del siglo XX.

(4) La expresión viene del New York Times, en la década de 1980.

(5) No aplicable a la gran masa de empleados domésticos. En la actualidad es de 120 gourdes.

(6) Principales prestamistas, en orden decreciente : Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo Monetario Internacional (FMI), Venezuela, Taiwán, Banco Mundial. A través de Dominique Strauss-Kahn, su director general, el FMI acaba de anunciar que suspendía el reembolso de la deuda… por cinco años, y predica un plan Marshall.

(7) Primer presidente democráticamente elegido en 1990, con el 67,5% de los votos.

(8) Le Monde, París, 20 enero de 2010.

(9) René Depestre, “Adresse aux Haïtiens d’aujourd’hui”, Le Monde diplomatique, París, abril de 2004.

(10) Político y militante haitiano (1743-1803). Caudillo del movimiento insurgente, combatió a los franceses desde el lado español de la isla.





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