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La autonomía financiera de América Latina en la crisis económica mundial

Par Pedro Páez Pérez  |  20 mai 2010     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Pregunta : ¿En qué punto está el proceso de constitución del Banco del Sur ?

Respuesta : Ya han firmado el convenio constitutivo siete presidentes, pero como se trata de un tratado internacional tiene que ser ratificado por los congresos. Hasta ahora sólo lo ha ratificado el congreso de Venezuela y faltarían Ecuador, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina, pero en la última reunión de trabajo logramos el compromiso de todos los países por lograr lo más pronto posible esa ratificación.

 

P : Considerando el contexto económico internacional, ¿qué ventajas tiene la posibilidad de una autonomía financiera para la región ?

R : Pues justamente es la crisis financiera internacional la que genera los mayores problemas y las mayores amenazas sobre la estabilidad macroeconómica, financiera y democrática en la región. Por eso es tan importante avanzar con prontitud hacia la construcción de una nueva arquitectura financiera que permita crear un espacio de soberanía monetaria y financiera, cambiar la relación entre las finanzas y la producción, generar políticas domésticas de pleno empleo y de combate a la pobreza y tener un mejor manejo de los recursos, sobre todo movilizando los recursos internos sin tener que estar permanentemente a la defensiva frente a las posibilidades de ataques especulativos como los que ahora se han hecho públicos en el caso de Grecia y de la zona Euro. La nueva arquitectura financiera va a permitir contar con los medios necesarios para promover el desarrollo desde lógicas que no necesariamente se restringen a la de la rentabilidad del capital, sino que incluirían la posibilidad de viabilizar otro tipo de modalidades productivas en defensa de la economía de las familias y de las regiones.

 

P : ¿Se puede alcanzar esa autonomía financiera en América Latina y en qué medida ?

R : Yo creo que las condiciones están dadas. Ha habido un desmantelamiento sistemático de las capacidades del Estado durante los últimos treinta años, fortaleciendo solamente las facultades represivas de los aparatos estatales, pero debilitando todo aquello que tiene que ver con la soberanía económica de los países, dejando cada vez más a la intemperie la situación interna de la producción y sobre todo de los productores en la mayoría de nuestro continente. Lo que estamos tratando de ubicar es justamente cuáles son los mecanismos que permitirían, en medio de este desmantelamiento del aparato institucional, los nuevos diseños que permitan recuperar también tejido productivo y tejido social, que también se ha perdido fruto de esta ofensiva neoliberal. ¿En qué medida se lo puede hacer ? Pues yo creo que justamente uno de los elementos centrales de la crisis sistémica que vive el capitalismo a nivel mundial tiene que ver con la manipulación monetaria, financiera y macroeconómica que ha podido concentrarse en manos sobre todo del eje anglosajón, la city de Londres y Wall Street. La posibilidad de avanzar con un diseño integral hacia la nueva arquitectura financiera, esto es, tener moneda regional y el desarrollo de monedas locales además de la nacional ; la posibilidad de movilizar tanto la moneda regional como las monedas nacionales y como las monedas locales en procesos de financiamiento conjunto de nuevos proyectos de desarrollo con una perspectiva distinta al encajonamiento primario extractivista va a dar lugar, con el apoyo del Banco del Sur, una nueva banca de desarrollo, a marcar la pauta de un nuevo tipo de banca de desarrollo con las instituciones ya existentes. Estos dos pilares, la moneda y la banca de desarrollo, requerirán contar con una serie de componentes de un nuevo enfoque de banca central cuyo corazón estaría con el Fondo del Sur, una alternativa al Fondo Monetario Internacional, que recogería el funcionamiento nuevo de la banca central conectado en red, conectado en línea, formando un mercado virtual de valores, creando un sistema de seguros, con créditos de emergencia para la balanza de pagos y la caja fiscal, al igual que un fondo común de reserva y un sistema de gestión común de reserva. Estas tres patas, banco de desarrollo, monedas, locales y regionales, y el Fondo del Sur, este sistema de nueva banca central, podrían permitir un nuevo tipo de manejo institucional del crédito que permitiría el despliegue de otro tipo de políticas económicas con muchos mayores grados de libertad y con la posibilidad de articular de mejor manera el funcionamiento de la economía capitalista privada, de la economía capitalista del polo público, del Estado, y sobre todo con la incorporación de nuevos actores de la economía popular.

 

P : ¿Cómo opera, en la situación actual de América Latina, la actual política de la Reserva Federal de mantener baja la tasa de interés y el conjunto de medidas de la administración Obama para conjurar la crisis ?

R : Justamente uno de los riesgos mayores que se está viviendo y la premura de avanzar en esta construcción colectiva institucional viene de los efectos terribles que se generan desde el salvataje que se está produciendo en el norte. Mientras en el norte pueden hacer lo que quieran, prácticamente, debido al manejo monetario y macroeconómico asimétrico, en el sur se multiplican por un lado las presiones procíclicas ligadas al recorte presupuestario en la inversión social y en la inversión productiva, al deterioro de la capacidad de compra de la población, a la reducción de los salarios reales, a la destrucción generalizada de empleos, al aumento de las tasas de interés y a las presiones devaluatorias que pueden culminar en guerras comerciales entre nuestros países echando al traste los procesos de integración. Pero adicionalmente, la inyección gigantesca de liquidez para resolver de manera ilusoria una crisis que en el centro es una crisis estructural de solvencia, está en realidad exacerbando el comportamiento especulativo y hasta mafioso, que fue el que provocó la crisis. Son justamente los mismos canales oligárquicos que provocaron la crisis y con las mismas modalidades los que están recibiendo ese salvataje en cantidades astronómicas y que por razones políticas y de falta de oportunidad económica en el centro no se emplean en formar más burbujas allá, pero que están a la cacería en otras partes del mundo, sobre todo en los mercados de materias primas y en mecanismos de call credit, es decir, tomando prestados créditos a tasas de interés por debajo del 1% en el norte –con el pretexto de que son bancos demasiado grandes para caer– y prestando de manera abusiva a los países de la semiperiferia y de la periferia a tasas de interés cada vez más altas a partir de procesos de crisis fiscal provocados precisamente por la propia crisis o provocados, de manera sistemática y deliberada, por confabulaciones especulativas como la que acaba de ser denunciada por The Wall Street Journal en el caso griego, como un mecanismo de golpear a toda la zona euro.

P : ¿Salió el capitalismo de la crisis o vienen nuevas burbujas, como las que le dieron oxígeno durante las últimas décadas ?

R : Justamente el problema fundamental que provocó la crisis no se ha resuelto. La lógica del capitalismo actual, de la forma de ser del capitalismo en la actualidad, es el capitalismo financiarizado, marcado por un proceso de monopolización y de oligopolización enorme en el cual la jerarquía de las tasas de ganancia, el cortoplacismo y el rentismo marcan los horizontes y los ritmos de acumulación. En la medida en que eso no se está resolviendo, en la medida en que ni siquiera se puede implementar una superación de las políticas neoliberales con consistencia y autenticidad, los principales mecanismos de crisis, los principales comportamientos tóxicos, están presentes en los actores más poderosos y como habíamos conversado hace un momento ; nuevas burbujas están apareciendo en nódulos del sistema cada vez más estratégicos, como los que tienen que ver con la formación mundial de precios en el caso de los alimentos, de la energía y de los metales preciosos. La manipulación de los precios en estos tres capítulos tendrá consecuencias cada vez más feroces, más destructivas, sobre el funcionamiento coherente del conjunto de la economía en condiciones en que la provisión de cada producto se da en el marco de la globalización, es decir, de una logística planetaria tremendamente fragmentada y sofisticada en la que las señales y la coordinación desde el sistema financiero se vuelven vitales, de manera que el riesgo que se tiene sobre la provisión, por ejemplo, de alimentos para miles de millones de habitantes depende de la situación de dos o tres transnacionales que controlan una agricultura de contrato a escala mundial. Esto exacerba una situación de hambruna que ya se ha generalizado y que en lo que va de la crisis ha aumentado en más del 20% llegando en el último informe de la FAO a más de mil 200 millones de habitantes. Si a eso le sumamos la tremenda incertidumbre que esto provoca sobre los mercados de insumos, sumado al tema de la energía y la tremenda fragilidad del sector exportador de nuestros países, que depende básicamente de dos o tres productos, estamos planteando una situación de mucha incertidumbre entre los inversionistas y de exacerbación de las tendencias adversas al riesgo y defensivas, que nuevamente refuerzan las tendencias especulativas, cortoplacistas y rentistas en lugar de la producción de largo plazo, en lugar de los procesos de generación de empleo.

 

P : Usted integra el comité de expertos convocado por Naciones Unidas a propósito de la crisis. ¿Las recomendaciones formuladas cayeron en saco roto ?

R : Ese comité de expertos cerró con el G-192, es decir, la asamblea general de 192 plenipotenciarios a mediados del año pasado convirtiéndose en un hito histórico, porque se trata de la instancia legal más alta que se ha dado en un tema tan trascendente. Lastimosamente se ha intentado hacer oídos sordos a los mandatos de esos 192 plenipotenciarios, incluyendo a Estados Unidos y Gran Bretaña, por ejemplo, e instancias de las propias Naciones Unidas como el Fondo Monetario Internacional han desoído, han desobedecido ese mandato por lo cual se debería demandar sanciones administrativas para los funcionarios y las autoridades de esa institución. No obstante, los principales elementos que están presentes en el reporte de la Comisión Stiglitz y luego en el outcome document de la Asamblea General que le siguió han implicado una ruptura epistemológica y axiológica respecto tanto al diagnóstico de la crisis cuanto a los lineamientos generales de salida a la crisis, entre ellos el tema de la regulación financiera. No han pasado muchos meses de intentar desviar y de diluir esa presión internacional, por ejemplo, en torno a la re-regulación financiera que ya el propio Fondo Monetario Internacional y las autoridades políticas y económicas de Europa, por ejemplo, a pesar de no ser precisamente coincidentes con el pensamiento progresista, están buscando alternativas que permitan retomar muchos de los temas que se discutieron en la Comisión Stiglitz, como son el impuesto a las transacciones financieras y el avanzar a un proceso de regulación. Una victoria mucho más temprana puede ligarse a la emisión de los derechos especiales de giro, que había sido vetada por los Estados Unidos durante cuarenta años y que en algunos medios académicos, sobre todo conservadores, sobre todo aquellos decisivos en la gestión de la política, era totalmente desprestigiada y despreciada como técnicamente poco robusta. En los hechos se demostró que cuando Fuenteovejuna se reunió, cuando el G-192 y el espectro de acción colectiva se impuso, la correlación de fuerzas cambió, los países emergentes, sobre todo China, adoptaron otra posición respecto a los países centrales y eso obligó a que los Estados Unidos dieran la luz verde para que el Fondo Monetario Internacional en dos semanas acredite millones de dólares a los bancos centrales miembros, que en muchos casos no solamente no sabían de dónde les caía la plata sino que hasta ahora no saben qué hacer con ella. Esa es una primera victoria y uno de los elementos que todavía requiere la lucha social, que todavía requiere la movilización de la ciudadanía, es la utilización adecuada de esos derechos especiales de giro ; por ejemplo, podría ser utilizada, en el caso de Estados Unidos, de Europa y Japón, que no necesitan derechos especiales de giro en absoluto porque tienen monedas duras perfectamente convertibles en los mercados internacionales y podrían utilizarse esos recursos, 150.000 millones de dólares anuales, para cumplimentar en parte esa promesa largamente postergada de 0,7% del producto interno bruto para el desarrollo sin ningún tipo de presión inflacionaria, sin ningún tipo de costo financiero, sin ningún tipo de disputa presupuestaria al interior de esos países. Estos recursos podrían ayudar a resolver los problemas que han sido exacerbados por la crisis, básicamente desde los atropellos y los abusos del norte, cuyos efectos son dramáticamente soportados en el sur, como son aquellos ligados a la hambruna que ya mencionamos, a la exacerbación de la extrema pobreza y al agudizamiento de los efectos de la crisis climática. Solamente en estos tres ámbitos, ligados a los objetivos del milenio, las Naciones Unidas tienen hecho un estudio según el cual con 80.000 de esos 150.000 millones de dólares anuales, durante diez años, podrían hacerse inversiones que hagan un cambio significativo, cualitativamente diferente, en la evolución de las tendencias estructurales.

Adicionalmente se podría orientar parte de esos recursos, de los derechos especiales de giro, para que funcionen como prestamista de última instancia de los esfuerzos regionales que puedan establecerse también con la formación de derechos especiales de giro regional y la estructuración de nuevas arquitecturas financieras como las mencionadas para el caso de América Latina. Obviamente, en cada situación conforme a las condiciones políticas, económicas, culturales de cada región, de manera de avanzar hacia la construcción de un mundo multipolar, en la recuperación no solamente de la representatividad y del peso político en la arena internacional, sino también en la recuperación de la coherencia productiva, consultiva, que reduzca los tremendos riesgos del comercio de larga distancia y de una cadena de valor tan fragmentada y tan dispersa en el mundo como lo que ya se ha mencionado.

 

P : Una moneda regional, que en un comienzo pueda desprender las transacciones comerciales entre los países de América Latina, como usted ha propuesto, ¿qué beneficios tiene ?

R : El primero es el hecho de que nuestros países podrían ahorrarse una buena cantidad de divisas que se han convertido en la angustia permanente de los ministros de economía y de los gobiernos de turno, independientemente del signo político que tengan. La construcción de esta dependencia monetaria y financiera ha correspondido a una política sistemática de parte del imperio para crear esas condiciones de escasez permanente y la ruptura de Bretton Woods en 1971, la crisis de la deuda en los años 1980, las reformas estructurales del Consenso de Washington en los años 1990 y una serie de mecanismos de desregulación financiera y de erosión de las funciones de la moneda nacional han sido parte de este proceso. La recuperación de este espacio de soberanía monetaria permitiría movilizar recursos propios, crear nuevos mercados, auspiciar y financiar la participación de nuevos actores, con nuevos productos e influjos de comercio que espontáneamente no se dan en el marco de este mercado mundial oligopolizado, controlado por las transnacionales y basado en el uso del dólar. Hoy por hoy, por ejemplo, una transacción entre Colombia y Perú no se hace en ninguna de las monedas nacionales sino que se la tiene que hacer en dólares. Una compra de 100 millones de Colombia a Perú tiene que pasar por el banco corresponsal privado en los Estados Unidos a través del mecanismo de switch, pasar por la Reserva Federal hacia el banco corresponsal colombiano, para que finalmente se haga el pago en Colombia. Estos elementos podrían ser ahorrados, dilatando el uso del dólar y permitiendo la generación de un crédito recíproco entre bancos centrales, como es el diseño que hoy tenemos con el SUCRE, Sistema Unitario de Compensación Regional.

 

P : ¿En qué plazo podría concretarse ese proyecto ?

R : El SUCRE ya ha sido también firmado por los presidentes de los países del ALBA como convenio constitutivo y está esperando la ratificación de los respectivos parlamentos. En el caso de Cuba y de Venezuela esa ratificación ha sido ya dada y en los hechos, en el natalicio del libertador Antonio José de Sucre, en cuyo homenaje el sistema tiene un acrónimo, el 3 de febrero se hizo la primera transacción. Estamos todavía madurando las condiciones económicas para ir dando cada vez mayores funciones al SUCRE, en condiciones en las que se vayan cubriendo más y más transacciones y se vayan cubriendo más y más actores.

 

P : ¿Requiere su instrumentación otro tipo de proceso de integración regional que el que se vino dando hasta ahora ?

R : Yo creo que es al mismo tiempo producto y proceso. El SUCRE va a permitir impulsar otras dimensiones de la integración regional, va a permitir propiciar otro tipo de lógicas productivas pero también otro tipo de lógicas en los flujos entre nuestros países que van a orientar un desarrollo de nuevo tipo, que van a orientar una integración de nuevo tipo.

 

P : Estos acuerdos macroeconómicos, habida cuenta de las asimetrías regionales, ¿no atan a los países más pequeños a las políticas económicas decididas por los grupos económicos de los más aventajados en términos de desarrollo ? Dicho de otro modo, ¿no limitan la soberanía en materia de política monetaria, como en el caso del Euro, por ejemplo ?

R : Por el contrario. El diseño del SUCRE en lugar de restringir los grados de libertad de las políticas domésticas los aumenta, en la medida en que no son excluyentes de otros tipos de medios de pago las propias monedas nacionales, pero inclusive propicia el desarrollo de monedas locales como en el caso ecuatoriano, que lo hemos hecho, y al mismo tiempo está reduciendo la dependencia, la angustia permanente por obtener excedentes en dólares para completar el mínimo técnico cotidiano en las transacciones tanto comerciales como financieras. Estos mayores grados de libertad van a permitir que, no importa cuál sea el signo político del gobierno de turno en cada país, se pueda contar con un mayor espacio de política y un mayor horizonte de sustentabilidad en los programas macroeconómicos, pero al mismo tiempo, como mencionábamos hace un rato, hay un contenido adicional, una perspectiva adicional, que se refiere a la posibilidad de incorporar a nuevos actores sociales con nuevas lógicas, con nuevos mercados y nuevos productos al comercio exterior regional y a la formación y el cultivo de una dinámica de esos mercados regionales que permita sustentar un régimen de acumulación de nuevo tipo.

 

P : Según su opinión, ¿qué papel tienen los movimientos sociales en esa estrategia de independizar a la región de la órbita del dólar y avanzar en el proceso de integración ?

R : Hasta ahora, lastimosamente, la mayoría de los debates se han dado en el plano tecnocrático. Mientras las negociaciones se den entre cuatro paredes siempre hay el riesgo de que estos procesos se desnaturalicen. Yo creo que es fundamental no sólo el papel de los movimientos sociales en la vigilancia de esta estrategia transformadora sino también y de manera fundamental el papel de la academia. El déficit del pensamiento alternativo es hasta ahora verdaderamente dramático. No se pueden llenar los vacíos técnicos, los vacíos del rigor científico debidos a las presiones del mercado y a las presiones del capital reputacional, que le llamaría Bourdieu, con incienso. Yo creo que es fundamental el hacer el análisis objetivo de la realidad concreta para establecer con mucha creatividad, con mucho rigor, con mucha responsabilidad, las alternativas, en las cuales lo que se ha avanzado hasta ahora en el tema de la nueva arquitectura financiera regional puede marcar la pauta de lo que se podría seguir haciendo, pero siempre desde un balance crítico en el que es importante la participación colectiva y es importante una actitud autocrítica permanente.

 

Notas :

Páez Pérez, Pedro 2010 “La autonomía financiera de América Latina en la crisis económica mundial” en Observatorio Social de América Latina (Buenos Aires : CLACSO) Año XI, Nº 27, Abril. Entrevista realizada por Carlos Abel Suárez y Guillermo Almeyra.





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