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MITHLY, PRIMERA REVISTA GAY DEL MUNDO ÁRABE

Los homosexuales salen del armario en Marruecos

Par Ilya U. Topper  |  21 juillet 2010     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El artículo 489 del Código penal marroquí castiga con hasta tres años de cárcel la homosexualidad. Pese a ello, la Asociación Kifkif de defensa de los LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales) decidió publicar, en abril pasado, sin autorización oficial y en la clandestinidad, la revista Mithly que marca un nuevo hito en la lucha por las libertades en Marruecos.

Clandestinos pero luchando a cara descubierta. Denostados por la mayor parte de la sociedad, pero arraigados en la tradición. Sujetos a una ley que los amenaza con cárcel, pero punta de lanza del movimiento por los derechos civiles. Así son los homosexuales de Marruecos.

Samir Bargachi, 23 años, nacido en Nador y residente en Madrid, es una de las cabezas visibles del movimiento. Preside Kifkif, la asociación gay-lesbiana marroquí fundada hace cinco años y muy activa, pese a no haber sido legalizada. Lo mismo ocurre con Mithly (palabra que significa a la vez “gay” y “como yo”), la revista mensual de veinte páginas que se distribuye desde el 1 de abril pasado en todo Marruecos. Una primicia : es la única revista regular árabe sobre este tema. La tirada no supera los 200 ejemplares, pero encarna un desafío : Mithly, también accesible en internet (1), es clandestina. “Es imposible conseguir un permiso de impresión para una revista que defiende un delito”, admite Bargachi.

El artículo 489 del código penal marroquí castiga con penas de seis meses a tres años de cárcel a quien cometa “actos obscenos o antinaturales con una persona del mismo sexo”. Según Bargachi, desde la independencia del país en 1956, unas 5.000 personas han sido encarceladas por este motivo, y ahora mismo “hay centenares de detenidos” en virtud de esta ley, pero prácticamente nadie será condenado : el procedimiento típico se limita a detener a los sospechosos y volver a soltarlos poco después, sin juicio. 

Esta manga ancha de la policía se extiende también a los activistas : Samir Bargachi viaja a menudo a Marruecos sin ocultar su identidad. En la web de Kifkif se ofrecen correos electrónicos para contactar con los miembros de la asociación que distribuyen la revista en Tánger, Marrakech, Casablanca o Rabat. ¿No sería fácil que la policía se infiltrase ? “La policía nos conoce perfectamente y podría localizarnos en dos o tres días”, responde Bargachi, “nuestro trabajo tampoco es tan secreto”.

Y de eso se trata, precisamente : salir a la luz. Abdellah Taïa lo tiene claro : “Ya no podrán decir que no existimos”, resume este escritor marroquí de 37 años, residente en París pero toda una figura en el ambiente de las letras magrebíes. Y también en el otro “ambiente” : en junio de 2007, Taïa –tras presentar la traducción árabe de su novela Le tarbouche rouge, en la que hablaba sin tapujos de sus vivencias eróticas– posó para la portada del semanario marroquí francófono TelQuel bajo el titular ‘Homosexual’. Su madre, de una modesta familia de la muy conservadora ciudad de Salé, dejó de dirigirle la palabra, pero Taïa sigue creyendo que “la verdad que se encuentra en mi libro debe expresarse también fuera del libro”.

En noviembre del mismo año, un intento de linchamiento de homosexuales en Alcazar Kebir, pequeña ciudad del norte de Marruecos, despertó las conciencias. “Es nuestro Stonewall”, asegura Taïa, en referencia a las revueltas gays de 1969 en el Greenwich Village de Nueva York ; “hubo debates en televisión y Marruecos no hablaba de otra cosa”. En enero de 2008, la asociación Bayt al Hikma lanzó una campaña para defender a los ciudadanos “con gustos u opciones de vida considerados ‘desviados’ y acusados de ‘ofender los sentimientos de los musulmanes’”, en clara alusión a los homosexuales. Entre las primeras 800 firmas aparecían desde el laureado escritor Tahar Ben Jelloun a ex ministros socialistas, músicos, periodistas estrella, empresarios y cineastas.

En febrero de 2008, la Asociación Marroquí de los Derechos Humanos (AMDH) pidió sin rodeos la abolición del artículo 489. Un caso único en el mundo árabe y poco popular incluso entre los defensores de los derechos humanos. Pero eso no le importa a la Presidenta de la asociación, Khadija Ryadi : “No somos un partido político que necesite votos. Hablamos de derechos humanos universales, que son nuestra referencia, incluso cuando van en contra de nuestras costumbres”. Pero reconoce que no todo el mundo lo ve tan claro y que muchos intelectuales, aun cuando exhiben un espíritu humanista, creen que “hay cosas más importantes que hacer” y que la homosexualidad “no es una prioridad”. 

Otros prefieren trabajar en silencio. La Asociación de la Lucha contra el Sida (ALCS) tiene programas de prevención para “hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, los llaman así porque no se atreven a decir homosexuales, pero hacen una gran labor”, asegura Bargachi, recordando que esa asociación “es una entidad casi pública, por sus numerosos convenios con el Ministerio de Sanidad” (2).

Pero si los chicos gays pueden moverse con cierta soltura en un ambiente en el que la vigilancia policial es laxa y no cuesta encontrar bares, plazas o cafés en los que entablar relaciones, mucho más duro se presenta la vida para las chicas. “Hay un silencio real, un tabú respecto a la homosexualidad femenina”, estima Ibtissame Lachgar, psicóloga en Rabat. “Ya se habla de los gays, pero de las lesbianas aún no”, porque el ‘problema’ no se reduce al código penal, sino a toda una serie de condicionantes culturales y religiosos. Lachgar asocia este silencio al tabú que reina respecto a la libertad sexual de la mujer en general y a la actitud machista de los hombres : “La lesbiana comete un doble pecado : nacer mujer y ser homosexual”.

Lo cual no impide, según Samir Bargachi, que Kifkif se haya fundado “gracias a las chicas : el primer equipo lo formaron lesbianas. En Marruecos hay muchas organizaciones feministas, muy activas, encabezadas por lesbianas”, observa. Eso sí, hasta ahora ninguna ha posado para la portada de una revista.

Tampoco Abdellah Taïa quiere separar la lucha gay-lesbiana de la reivindicación de la libertad sexual : la ley prohíbe igualmente, con penas de un mes a un año de cárcel –raramente aplicadas pero siempre amenazantes– las relaciones heterosexuales sin matrimonio. “Nadie tiene la posibilidad de pertenecerse a sí mismo. Uno pertenece al Poder, a la familia, o bien una mujer pertenece al hombre con el que se va a casar. Nadie en Marruecos tiene libertad de disfrutar de su sexualidad”, remacha el escritor.

La creciente influencia de los sectores islamistas no facilita un cambio de mentalidad. Hace pocos años, los teólogos oficiales aún pedían públicamente “la hoguera” para los homosexuales, y hoy, Attajdid, diario cercano al partido Justicia y Desarrollo (PJD, islamista moderado) sugiere al Gobierno que ponga en pie un programa de lucha contra la homosexualidad similar al que dirige contra el terrorismo, porque los “desviados” representan un “grave error para el futuro de la nación”.

Pero la nación lleva muchos siglos conviviendo en paz con esta opción sexual. “Marruecos es un país con una tradición homosexual histórica”, asegura Samir Bargachi. De muestra, un botón : la romería de Sidi Ali ben Hamdush, cerca de Mequinez, a la que acuden cada año homosexuales de todo el país. Hasta 2007 había gays que durante la fiesta se paseaban por las callejuelas del pueblo en caftán –un atuendo femenino– o incluso en pijama ; hoy se limitan a señalar su identidad poniéndose una capucha (3). No se exponían a burlas : se les consideraba poseídos por Lala Mira, un espíritu femenino juguetón y seductor, y en la cultura popular marroquí, ser presa de los ‘yinn’ –una especie de genios de la naturaleza omnipresentes– exculpa cualquier actitud díscola. Una leyenda según la cual Lala Aicha, una amiga del santo enterrado en el mausoleo, fue convertida en hombre para protegerla contra una violación, también sirve de justificación para el cambio del rol sexual.

Marruecos no es una excepción : las sociedades islámicas han aceptado durante siglos las tendencias gay y lesbiana como una parte integrante del erotismo ; los manuales de sexología árabes anteriores al siglo XVIII abundan en referencias, y uno de los poetas árabes más leídos de todos los tiempos, Abu Nawas (siglo VIII) es famoso por cantar el amor de los efebos. La primera vez que una editorial árabe decidió extirpar los versos demasiado explícitos fue en 1932.

Hoy, el islam rígido de nuevo cuño, nacido en Arabia Saudí, importado a través de la televisión por satélite y popularizado en Marruecos en las últimas dos décadas, está dando al traste con la tolerancia. Las autoridades intentan contemporizar con ambos bandos, presentando Marruecos como un país abierto y moderno, a la vez que aplican leyes defensoras de una moral pública islámica. El año pasado hubo un cordón policial alrededor de la romería de Sidi Ali y se cerraron varios colegios en los alrededores para encerrar allí a los homosexuales –o quienes parecían serlo– durante la fiesta. “Aquello parecía Gaza”, resume Samir Bargachi.

Represiones similares se han registrado recientemente contra otros blancos favoritos de los islamistas, como los misioneros cristianos o los detractores del ramadán obligatorio. Hay quien justifica el intento de sustraer munición electoral a los islamistas y hay quien teme que éstos ya han ganado la batalla si el Estado se pliega a su visión particular del mundo.

Una última anécdota : la protesta de Attajdid contra la presencia del cantante Elton John en el festival Mawâzine en Rabat, por su notoria homosexualidad. Réplica de Réda Allali, músico y columnista de TelQuel : “¿Exigirán pronto un certificado hetero para cruzar la frontera ?”. Pero añade que “no hay que alarmarse ; los islamistas cumplen su papel : si no saben de qué hablar, recurren a la homosexualidad, como otros al fútbol” (4). Lo que está claro es que la lucha electoral no favorecerá el activismo. “Tendremos mucho cuidado e incluso intentaremos silenciarnos porque no les queremos poner fácil la victoria a los islamistas” en las elecciones de 2012, anuncia Bargachi.

Khadija Ryadi confirma que las elecciones perjudican seriamente la salud del debate. “Los partidos buscan votos y a nadie se le ocurre hablar de derechos humanos durante una campaña electoral”, constata. Pese a que algunos diputados apoyan entre líneas al movimiento gay, ningún partido propone despenalizar la homosexualidad. “Imposible”, estima Ryadi. “Los partidos no tienen valor para eso. Se les tacharía de antirreligiosos... Hay causas mucho más sencillas que ésta y tampoco las defienden”.

La lucha se queda, como tantas otras, en el espacio de las asociaciones de derechos humanos y la prensa vanguardista, encabezada por revistas como TelQuel o el recién clausurado Journal Hebdomadaire y diarios como As-Sabah, mientras que los partidos, todos, parecen esperar una señal proveniente de Palacio para decidirse a mover ficha.

Abdellah Taïa lo resume : “El cambio está ahí, pero en lugar de tener políticas a la altura de este momento histórico, el poder va hacia atrás. Deja el campo libre a los que se oponen al progreso. El cambio de la mentalidad no se acompaña con un cambio de la legislación. Es un drama”.

 

© LMD en español

NOTAS :

(1) Web de Kifkif : www.gaymaroc.net/fr/mithly

(2) ALCS : www.alcsmaroc.ma/public/index.php ?o...les&catid=34:alcs

(3) Zineb El Rhazoui. ‘Sidi Ali, le Moussem du libertinage’. Le Journal, 29 de marzo de 2008. www.mediterraneosur.es/mar_musemlibertino.html

(4) Réda Allali : ‘Zakaria Boualem’. TelQuel, nº 420, 17 de abril de 2010. www.telquel-online.com/420/zb_420.shtml





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