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EL G-20 SE REúNE EN Pittsburg

Nuevos danzantes en el ballet de los G

Par Bernard Cassen  |  2 septembre 2009     →    Version imprimable de cet article Imprimer

¿No revela la proliferación de los “G” –grupos de Estados ad hoc– el rechazo a afrontar globalmente la conmoción del sistema capitalista cuyas crisis financiera, monetaria, energética, alimentaria y medioambiental no son sino componentes ? El G-20, que se reúne el 24 y 25 de este mes de septiembre, pretende ser el nuevo directorio del planeta. Sin embargo, no tiene ni la legitimidad necesaria para tal pretensión ni un proyecto de recambio para un modo de organización del mundo que ha fracasado.

¿Para cuándo el siguiente G que venga a añadirse a una lista ya bien repleta, y que va, a fecha de hoy, del G-2 al G-192 si incluimos la Asamblea General de Naciones Unidas ? Esta proliferación es reciente. En efecto, tras la desaparición de la Unión Soviética los únicos reagrupamientos claramente visibles, y que recibieron este prefijo por comodidad mediática, eran, por un lado, el G-77 y, por otro, el G-7 convertido en G-8 (1). Sobre el papel, todo era mucho más sencillo : frente al grupo de los numerosos países denominados en vías de desarrollo se hallaba el compuesto por unos cuantos Estados que, bajo la autoridad de Washington y de su brazo armado –la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)–, decidían los asuntos mundiales, sin otro mandato que el que ellos mismos se otorgaban.

El G-8, guardián de un orden económico que se confunde con los intereses de las grandes empresas multinacionales y de las finanzas globalizadas, ha terminado por concentrar sobre sí mismo la hostilidad general. No sólo la de los Gobiernos que, aunque compartan la misma lógica política, quedaron excluidos, sino también y principalmente la de los movimientos sociales y ciudadanos que denunciaban la ilegitimidad de este club de los ricos. En julio de 2001, en Génova, la confrontación alcanzó su paroxismo con la violenta represión llevada a cabo por la policía de Silvio Berlusconi, que dejó tras de sí un muerto y cientos de heridos.

Ocho años y una crisis sistémica del capitalismo después, la cumbre del G-8 reunida de nuevo en Italia –y, muestra del descaro de Berlusconi (¡siempre él !), en la ciudad siniestrada de L’Aquila– no ha suscitado una gran movilización hostil. En efecto, todos se habían percatado claramente de que se había perdido de algún modo el control, y de que los asuntos mundiales debían discutirse desde ahora a un nivel más representativo. Por otra parte, los organizadores tomaron la precaución de invitar asimismo a otro G, el G-5 (China, la India, Sudáfrica, Brasil y México), para reunirse en formación de G-13 (8+5), convertido en G-14 con la incorporación de Egipto. Sin contar el encuentro con los dirigentes de cinco países africanos, y otro con Estados (Corea del Sur, Australia, Indonesia y Dinamarca) directamente implicados en las negociaciones que conducirán a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático prevista del 7 al 18 de diciembre próximo en Copenhague. En el intervalo, del 30 de noviembre al 2 de diciembre, se celebrará en Ginebra la séptima Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una especie de G-153 cuya ambición es llegar al final, en 2010, del ciclo de negociaciones comerciales iniciadas en 2001 en Doha (Qatar).

Al igual que su declive, hasta la desaparición del G-8 parece ineluctable dentro de un tiempo. Dos nuevos G pretenden retomar su papel de gobierno mundial : el G-20 y, de manera subrepticia, su núcleo duro, el G-2. El G-20 obedece a una estrategia de cooptación del G-8 : preservar contra viento y marea el modelo neoliberal a escala planetaria, adornándolo con nuevos hábitos y garantizándolo con una docena de nuevos Estados (2). Sus dos primeras cumbres de jefes de Estado y de Gobierno (celebradas en Washington en noviembre de 2008 y en Londres en abril de 2009) terminaron con declaraciones verbosas sobre los medios para detener la crisis, pero sin ninguna medida vinculante, en concreto acerca del asunto de los pagos indecentes de bonus a brokers de dudosa moralidad (3). Se reunirá de nuevo en Pittsburgh (Pensilvania) los días 24 y 25 de septiembre.

El G-2 (Estados Unidos y China) ha recibido su denominación periodística más recientemente. Si bien parece excesivo hablar a fecha de hoy de “Chinamérica” (4), no se debe sin embargo subestimar la importancia del cambio de denominación de los encuentros bianuales entre Washington y Pekín. Hasta su reciente reunión celebrada los días 27 y 28 de julio en la capital estadounidense, se trataba de un “diálogo económico estratégico”. Ahora ha pasado a ser un diálogo “económico y estratégico”. De ahí la presencia, junto al viceprimer ministro chino, Wang Qisham, no sólo del secretario del Tesoro, Timothy Geithner, sino también de la secretaria de Estado, Hillary Clinton. El “y” recientemente introducido marca toda la diferencia : el conjunto de dossieres mundiales está desde ahora sobre la mesa de negociaciones entre los dos gigantes. Y si este G-2 se pone de acuerdo, arrastrará tras de sí al G-20 sin demasiadas dificultades.

Esto para gran perjuicio de las superestructuras de la Unión Europea (UE), que bien querrían que el G-2 se transformase en G-3… Lo que sin duda alguna el peso económico de la UE justificaría, pero que su incapacidad estructural para hablar políticamente a una sola voz impide. Por otra parte, sus principales Estados miembros están plenamente satisfechos de pertenecer al G-8 y al G-20. No tienen ningunas ganas de preocuparse de las opiniones de Estonia, República Checa, Polonia, etc., que practicarían una demagogia atlantista, como recalcaba recientemente el secretario de Estado del Ministerio de Interior alemán, el cristianodemócrata Peter Altmaier : “Los países de la ampliación se han unido a la Unión Europea por razones económicas, pero toman las decisiones políticas con los norteamericanos” (5).

Si hay un punto que concita la unanimidad entre los miembros del G-2, del G-8 y del G-20, éste es precisamente la voluntad de excluir a la agrupación más numerosa y la única plenamente legítima a escala internacional : el G-192, es decir, los 192 Estados miembros de la ONU. Se ha producido recientemente una espectacular demostración al respecto con el sabotaje organizado a la iniciativa del presidente (durante un año y hasta septiembre de 2009) de la Asamblea General de la Organización, el padre Miguel d’Escoto, de celebrar en junio de 2009 en Nueva York una Conferencia de Naciones Unidas sobre la Crisis Financiera y Económica Mundial y su Impacto sobre el Desarrollo (6). Así pues, ésta era una reunión sobre un tema central y además se había preparado a partir de un informe realizado por una comisión presidida por el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Por lo que había motivos para atraer a los jefes de Estado y de Gobierno, en primer lugar los del G-20, invitados a participar…

Sin embargo, a pesar de que la Conferencia se aplazó tres semanas, con el fin de asegurar la presencia de los dirigentes, ninguno de éstos encontró tiempo para asistir. En concreto Nicolas Sarkozy, quien no obstante algunas semanas más tarde sí que cruzó el Atlántico para asistir en Nueva York al concierto de su esposa Carla Bruni. Es evidente que los grandes medios de comunicación han sido partícipes de esta conspiración del silencio. Todo transcurre como si esta conferencia nunca hubiera tenido lugar, aunque se supone que sus conclusiones son el orden del día de la próxima sesión de la Asamblea General de la ONU, prevista del 15 de septiembre al 2 de octubre. Un no acontecimiento, esto es lo que ya se dice en los Ministerios de Asuntos Exteriores de los grandes Estados…

El origen de este boicot se debe en parte al informe Stiglitz, que, a pesar de que no se salía de los límites de un liberalismo bien temperado, se equivocó especialmente al denunciar “la creciente disparidad de las rentas en la mayoría de los países” como una de las causas principales de la crisis. Así, se planteaba la cuestión tabú : la relativa a la explosión de las desigualdades, en primer lugar en Estados Unidos, epicentro de un seísmo cuyo mecanismo ha sido descrito detenidamente en estas columnas (7). Podemos resumirlo de la siguiente forma : es el estancamiento o la disminución de los ingresos del trabajo –la “deflación salarial”– en este país, a la vez que la necesidad política de mantener a toda costa el crecimiento, lo que ha hecho que los hogares hayan recurrido de forma masiva al endeudamiento, en concreto para la adquisición de viviendas. Mediante la titulización de los créditos hipotecarios (subprime), asistimos a diseminación transfronteriza de activos que las entidades financieras sabían de entrada que eran “tóxicos”. Lo que pasó a continuación ya se sabe : explosión de la burbuja financiera ; quiebra de los bancos más expuestos, y su posterior reflotamiento a expensas del contribuyente ; contaminación del conjunto de los mercados financieros mundiales, y después de la economía real –muy particularmente en los países que habían adoptado el “modelo” estadounidense (España, Irlanda y el Reino Unido)– ; recesión ; repunte del paro ; planes de reactivación, etc.

Si el origen del incendio de la crisis es imputable a las subprime, y si los banqueros y los brokers se comportaron –y continúan igual– como pirómanos, hay que remontarse a mucho antes para comprender las razones profundas del ardimiento general. Éstas no se deben únicamente a comportamientos individuales, por muy escandalosos que sean, sino a un marco ideológico, político y reglamentario que las ha permitido, incluso fomentado, y que se encuadra entre los dos pilares del neoliberalismo : el librecambio y la libertad de circulación de capitales. Por medio del primero se han explotado, en concreto a través de las multinacionales, los diferenciales de normas sociales, fiscales y ecológicas entre los países (incluidos los de dentro de la Unión Europea) y regiones del mundo, además de haberse deslocalizado unidades de producción de los países desarrollados hacia países con salarios inferiores, lo que ha inducido a una presión permanente a la baja de la remuneración del trabajo ; la segunda, en particular mediante los paraísos fiscales, ha actuado como vector de propagación del siniestro.

Ni el G-8 ni el G-20, ni tan siquiera el informe Stiglitz, rebasan sin embargo la línea roja del cuestionamiento de estos dos pilares ideológicos. Muy al contrario, ¡los presentan como dos factores de salida de la crisis ! Abogan así por nuevos acuerdos de liberalización para la próxima conferencia ministerial de la OMC que entrañarían, entre otras consecuencias nefastas, un aumento del volumen de los intercambios comerciales y, por consiguiente, del transporte y de las emisiones de gas de efecto invernadero (8). Con un comportamiento totalmente esquizofrénico, se muestran simultáneamente a favor de que la Conferencia de Copenhague sobre Cambio Climático, cuyo objetivo es precisamente limitar estas mismas emisiones, tenga éxito…

Aquí medimos el grado de incoherencia de dirigentes incapaces de percibir globalmente problemas interdependientes. Durante décadas, la utopía de un mercado autorregulado por la “competencia libre y no falseada” (Tratado de Lisboa) ha sido lo que, bajo la tutela de los mercados financieros internacionales y de los grupos industriales, les ha servido de brújula política, aunque si la situación lo exigía hacían excepciones. Se han dado cuenta de que, en su actual forma, el capitalismo ha agotado su fuerza de propulsión e incluso podría autodestruirse. Antes que intentar elaborar otro modelo, necesariamente más igualitario, más solidario y sobre todo menos nocivo para la biosfera, se esfuerzan en mantenerlo a flote. Suponiendo –audaz hipótesis– que tuvieran la voluntad y la capacidad de llevarlo a cabo, reconozcamos que su tarea no sería nada fácil debido a que las presiones ejercidas sobre ellos para que nada cambie son gigantescas. Por eso, en el incesante ballet de los G, un grupo de danzantes saca fuera rápidamente a otro, pero siempre para hacer circunloquios por las mismas ramas neoliberales.

Sólo el G-192, la Asamblea General de Naciones Unidas, podría permitir que se escuchase una voz disidente alternativa, la única que, a escala gubernamental, rompe con los cánones de los otros G : la de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA) (9). El conjunto de los nueve Estados que la componen tiene indudablemente un peso modesto a nivel mundial, pero ya se ha convertido en un polo de referencia, e incluso de atracción, en las Américas. Para evitar todo contagio a otros continentes, más vale que sólo se le ofrezcan el mínimo de tribunas… 

© lmd edición en español

Notas :

(1) El grupo de los 77 es una coalición de países en vías de desarrollo fundada en 1964 durante la sesión de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Cnuced). El G-77 creció y cuenta actualmente con 130 miembros. El grupo de los 8, el de las ocho economías más poderosas del mundo, fue originariamente de seis (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia) y, en 1975, se amplió a Canadá y después, en 1998, a Rusia. Su última cumbre se celebró en Italia, en L’Aquila, en julio de 2009.

(2) El G-20, además de los Estados del G-8, está compuesto por Sudáfrica, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, la India, Indonesia, México y Turquía, así como por la Unión Europea en calidad de tal. De hecho, el G-20 se creó en 1999, al margen de la cumbre del G-7 de Washington, pero, hasta noviembre de 2008, sólo tenía reuniones de ministros de Economía y de gobernadores de los bancos centrales. Desde ahora, con un gran guirigay mediático, reagrupa a los jefes de Estado y de Gobierno.

(3) Léase a Pierre Rimbert, “Banques, bonus, bénéfices : le paradoxe des parasites” : http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2009-08-07-Banques

(4) Léase a Martine Bulard, “Le fantasme de la Chinamérique” : http://blog.mondediplo.net/2009-07-29-Le-fantasme-de-la-Chinamerique

(5) Extraído de Le Monde, 17 de julio de 2009.

(6) Léase “Grand silence sur le G192” : http://www.medelu.org/spip.php?article225

(7) Léase a Jacques Sapir, “Ignorantes o falsarios”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2009.

(8) Desde esta perspectiva, la caída actual del comercio internacional (de más del 10% según la OMC) es una excelente noticia. Otra consecuencia positiva es que se ha cuestionado el modelo de crecimiento basado en las exportaciones (Alemania, China, la India, Japón, etc.) y se ha favorecido el consumo interno, la puesta en marcha de redes de protección social allí donde no las hay e incluso las relocalizaciones.

(9) En el ALBA se agrupan nueve Estados : tres de América del Sur (Bolivia, Ecuador, Venezuela) ; dos de América central (Honduras y Nicaragua) ; y cuatro del Caribe : Cuba, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, estos tres últimos de lengua inglesa. La Alianza está basada no sobre el principio de competencia sino sobre los de cooperación y complementariedad teniendo en cuenta las asimetrías existentes entre los países miembros. Está en vías de dotarse de un instrumento monetario común. Leer “El ALBA pondrá en marcha el SUCRE antes de finales de 2009” : http://www.medelu.org/spip.php?article211





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