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Enfrentamiento entre la hija del ex dictador y un banquero de Wall Street

Perú : la derecha o la derecha

Par Amanda Chaparro  |  5 juin 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

¿Derecha reaccionaria o derecha ultraliberal, a veces inspirada por intelectuales locales como el economista Hernando de Soto ? El veredicto : el 5 de junio. La primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas ha marcado una nueva etapa del giro conservador en América Latina. En Lima, la formación encabezada por la hija del ex dictador Alberto Fujimori ya cuenta con una aplastante mayoría en el Parlamento.

En los suburbios de Lima, los muros están cubiertos con carteles electorales naranja, el color del movimiento Fuerza Popular de Keiko Fujimori. Se la ve triunfante, con una amplia sonrisa. La hija del dictador Alberto Fujimori y ex primera dama del país (1) obtuvo una amplia mayoría en el Congreso el pasado 10 de abril, día de las elecciones legislativas y de la primera vuelta de las presidenciales. ¿Su promesa ? El regreso del orden. Su rival en la segunda vuelta es Pedro Pablo Kuczynski, quien representa al ala más frenética de la derecha liberal.

Más allá de la hegemonía de las formaciones conservadoras, tanto menos discutida cuanto que molesta poco a los medios de comunicación, la campaña ha estado marcada por irregularidades y por sospechas de fraude. Un mes antes de la votación, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), la más alta instancia electoral de Perú, excluyó de la carrera al economista Julio Guzmán y al multimillonario César Acuña –al primero, por vicio de forma con respecto a las reglas de inscripción de los partidos ; al segundo, por haber distribuido dinero a comerciantes simpatizantes en dificultades en concepto de ayuda humanitaria–. Según las encuestas de opinión, estos candidatos de centroderecha podían aspirar a reunir juntos una cuarta parte del electorado.

Esta decisión provocó un seísmo político y sembró cólera y confusión en el país, dejando a millones de electores sin un candidato preferido. Los cinco integrantes del JNE aseguran haber aplicado la nueva ley electoral de manera rigurosa. En vigor desde enero de 2016, cuando la campaña ya había comenzado, ésta prohíbe la donación de dinero o de obsequios por un valor superior a 20 soles (aproximadamente 5 euros). “Entonces, ¿por qué no la aplicaron con el mismo rigor con los demás candidatos acusados de hechos similares, como la favorita Keiko Fujimori ?”, replican sus detractores. El pasado 14 de febrero, ésta asistió a un acontecimiento cultural en el cual donó dinero a los participantes.

La legitimidad del escrutinio se ve mermada. La Organización de los Estados Americanos (OEA), a través de su secretario general Luis Almagro, teme que tengan lugar unas elecciones “semidemocráticas” (tuit del 1 de abril de 2016). Una mala noticia para el país, que se alegraba del inicio del cuarto proceso electoral desde 2001. Por el contrario, la campaña revela las debilidades de la democracia peruana, envuelta en casos de corrupción y con instituciones deficientes. Esto no ayudaría a recuperar la confianza de los ciudadanos en su sistema, que ya se sitúa en los niveles más bajos del continente (2). Y con razón. En 2014, más de un centenar de candidatos para las elecciones regionales y municipales eran sospechosos de tener vínculos con el narcotráfico (una decena fueron condenados).

La batalla para permanecer en la carrera electoral ha ocupado casi todo el espacio mediático estos últimos meses, haciendo que prácticamente se olvidara el programa y el perfil de los candidatos, con diferencias ideológicas poco marcadas. Fujimori, Kuczynski, los ex presidentes Alan García y Alejandro Toledo defienden orientaciones económicas muy cercanas.

La única que propone un proyecto alternativo es la franco-peruana Verónika Mendoza, una joven parlamentaria de 35 años. A la cabeza del Frente Amplio, una coalición heteróclita de movimientos de izquierdas, logró un avance espectacular las últimas semanas antes del escrutinio, el cual permitió imponer temáticas de izquierdas (como la renegociación de los contratos de explotación del gas) hasta entonces ausentes en el debate. Con el 17,8% de los votos y 21 escaños en el Congreso, quedó tercera en la primera vuelta y se impuso como la principal fuerza de oposición en el Parlamento. Una sorpresa, cuando la ideología del liberalismo económico es hegemónica en Perú. El historiador Antonio Zapata (3) no duda en calificarlo de “país de derechas”, recordando que el único poder de izquierdas de la historia contemporánea fue el del Gobierno militar de Juan Velasco Alvarado (1968-1975), autor de la reforma agraria y de la nacionalización de los sectores estratégicos.

Varias razones explican la debilidad histórica de la izquierda, comenzando por la difícil renovación de su discurso marxista-leninista tras el colapso de la Unión Soviética. Los años de violencia durante las décadas de 1980 y 1990 terminaron de destruirla. “Su posición ambivalente frente al movimiento maoísta Sendero Luminoso (4) empañó durante mucho tiempo su imagen”, mientras que el “fujimorismo” “fue rompiendo sus estructuras partidarias y sus anclajes locales a medida que el poder perseguía a dirigentes políticos y sindicales”, explica la politóloga Stéphanie Rousseau.

La elección del ex militar Ollanta Humala en 2011 con un programa progresista pudo hacer creer en el regreso de la izquierda. Una ilusión que duró poco. Al abandonar rápidamente sus promesas, Humala eligió el camino de la continuidad con sus predecesores. Terminó su mandato sin apoyos, con apenas el 20% de la opinión pública ­favorable y con una minoría en el ­Congreso, tal y como lo refleja la de­sintegración de su partido, el Partido Nacionalista Peruano, que ni siquiera se encontraba en condiciones de proponer un candidato para las presidenciales. Durante su presidencia, el país pasó por siete Gobiernos en cinco años, debido especialmente a su incapacidad para resolver los numerosos conflictos sociales y medioambientales (5), que en su mayoría enfrentaban a las poblaciones locales con las industrias mineras.

Aunque su eslogan de campaña, “El agua antes que el oro”, debía haber sido el leitmotiv de su actuación política, Humala se dedicó en cambio a apoyar todas las grandes obras mineras, especialmente el mayor proyecto de extracción de oro del continente, en Conga, en el norte del país, y el de explotación de cobre en Tía María, en la región de Arequipa. Aún peor : la represión de los movimientos sociales y la criminalización de las protestas le hicieron quedar como un traidor a ojos de sus antiguos seguidores : 66 personas murieron durante protestas bajo su presidencia y otras miles resultaron heridas (6).

Aunque algunos analistas le reconocen avances en educación (becas de formación, reforma universitaria) y programas sociales (pensiones de jubilación, ampliación de la cobertura sanitaria), así como una reducción del índice de pobreza, que pasó del 27,8% al 21,8% entre 2011 y 2015 (7), el balance es muy pobre en lo que respecta a la buena salud económica de estos últimos años. “Su mandato, en el mejor de los casos, pasará inadvertido”, señala el analista político Santiago Pedraglio.

Humala se enfrenta a un creciente descontento con respecto a la delincuencia (8), al narcotráfico (9) y al resurgimiento local de grupos de Sendero Luminoso. Esto constituye la fuerza de Fujimori, percibida como la mejor posicionada para combatir la criminalidad. La reaparición del apellido ilustra para algunos la amnesia colectiva que sufriría Perú. Alberto Fujimori abandonó el poder en 2000, y los más jóvenes no han vivido los años de autoritarismo. Para muchos de ellos, su nombre no significa nada ; para otros, está asociado a la lucha contra el terrorismo.

Egresada de la Universidad de Columbia (Nueva York), Fujimori entró en el Congreso en 2006 ; en 2010 fundó su partido. Para llegar a la segunda vuelta y ampliar sus bases, tradicionalmente circunscritas a los sectores populares del norte del país y de la costa (especialmente de la capital), puso en marcha una operación de atracción a la vez que mantenía su discurso de firmeza con respecto a la seguridad ciudadana ; promete, entre otras cosas, el regreso de la pena de muerte y la construcción de cárceles de máxima seguridad.

Decepcionada por el fracaso de la campaña de 2011 donde había defendido íntegramente la herencia paterna, esta vez se distanció públicamente de ella. Se dedicó a ofrecer una imagen menos conservadora y autoritaria y a encarnar una derecha más liberal y democrática, sin dudar en deshacerse de la antigua guardia del “fujimorismo”, como Martha Chávez, ex presidenta del Congreso. Para mejorar su imagen, recibió el asesoramiento del publicista Jacques Séguéla, del grupo Havas.

El pasado mes de septiembre, invitada a la Universidad de Harvard en Estados Unidos, sorprendió a todos los observadores declarándose a favor de la unión civil de personas del mismo sexo (a la que más tarde se opuso) –lo que conllevó la dimisión de algunos altos cargos del partido–. Una estrategia que culminó en el debate televisivo anterior a la primera vuelta, durante el cual hizo en directo su profesión de fe, jurando que respetaría incondicionalmente la democracia, la libertad de prensa y los derechos humanos.

Pero su estrategia de atracción deja escépticos a muchos peruanos, que sólo ven en ésta puro oportunismo. El núcleo duro del “fujimorismo” aún está allí y sus miembros siguen estando muy cerca de los sectores más reaccionarios, como el Opus Dei y las organizaciones evangélicas ultraconservadoras. Aunque condenó en Harvard algunos “errores” de su padre, como las esterilizaciones forzosas, evitó calificarlos de delitos o de crímenes y nunca ha renegado de su herencia. En 2011, seguía declarando que su Gobierno había sido el mejor de la historia de Perú.

Frente a ella, Pedro Pablo Kuczynski, de 77 años, intenta presentarse como el garante de la democracia contra el autoritarismo –algo que no carece de ironía, ya que acompañó a la candidata en 2011 para frenar a Humala, percibido como una amenaza para los inversores privados–. De padres judíos europeos que emigraron a Estados Unidos y más tarde a Perú y ministro de Economía durante el Gobierno de Toledo, el ex banquero de Wall Street propone un programa económico similar al de su adversaria : promoción de las inversiones privadas, reducción de impuestos, flexibilización de los trámites administrativos, etc. Esto en un contexto de desaceleración del crecimiento, después de más de una década de aumento de una media del 6%. El país depende en gran medida de las materias primas, que representan el 60% de las exportaciones : en 2015, era el segundo productor mundial de plata, el tercero de zinc y de cobre, el sexto de oro –sin olvidar las explotaciones de gas y de petróleo–. Poco industrializado, Perú sufre la reciente caída de las cotizaciones. Kuczynski apoya así toda una serie de megaproyectos, que van desde presas hidroeléctricas hasta aeropuertos, pasando por explotaciones mineras, lo que hace temer un agravamiento de los conflictos con las poblaciones locales.

Es el candidato de las elites y los empresarios, cuya conferencia anual (CADE 2015) lo consagró con el 84% de aprobación, superando ampliamente a todos los demás candidatos –Fujimori quedaba en segunda posición–. Sin embargo, tendrá dificultades para captar el voto del interior del país. Muchos no le perdonan sus palabras racistas con respecto a los habitantes de Los Andes, a los cuales les reprochaba en 2006 que no “les llegaba suficiente oxígeno al cerebro”. Además, de resultar electo, deberá lidiar con el “fujimorismo”, que actualmente controla el Congreso (73 congresistas de 130).

Independientemente del candidato que gane, el horizonte político y económico no debería cambiar demasiado estos próximos años. La diferencia radicará en saber si será o no autoritario. 

 

NOTAS :

(1) Fujimori se inició en la política junto a su padre, de 1994 a 2000, con el estatus de primera dama, tomando el papel de su madre.

(2) Según el Latinobarómetro, los peruanos son, junto con los hondureños y los mexicanos, los que tienen la peor imagen de su democracia.

(3) Cf. Antonio Zapata, Pensando a la derecha, Planeta, Lima, 2016.

(4) El conflicto armado entre el Estado y la guerrilla de Sendero Luminoso causó alrededor de 70.000 muertos en veinte años, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación (www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php).

(5) Según el último informe mensual de la Defensoría del Pueblo, existen 211 conflictos en curso ; una cifra constante desde hace cinco años (www.defensoria.gob.pe/informes-publicaciones.php).

(6) Informes anuales publicados en la página web de la Defensoría del Pueblo : www.defensoria.gob.pe/informes-publicaciones.php

(7) Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), www.inei.gob.pe

(8) Según el INEI, el 30,8% de los peruanos mayores de 15 años que viven en zonas urbanas fueron víctimas de la delincuencia en 2015 (en su mayoría, robos), un 10% menos con respecto a 2011, www.inei.gob.pe

(9) Después de Colombia, Perú es el mayor productor de cocaína según un informe del Departamento de Estado estadounidense de 2015, www.state.gov





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