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EL PAPEL DEL PERIODISMO INDEPENDIENTE ACTUAL

Quebrar la barrera del silencio

Par Amy Goodman  |  16 janvier 2011     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Del 8 al 13 de noviembre de 2010 tuvo lugar en la ciudad argentina de La Plata la 10ª Asamblea de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC), que contó con la asistencia de más de 700 representantes de todo el mundo. Una de las participantes fue Amy Goodman, periodista estadounidense de notable trayectoria independiente y bien ganado prestigio por el rigor y la valentía en el ejercicio de su profesión. Goodman conduce el programa diario Democracy Now !, que se difunde en alrededor de 800 radios y emisoras de televisión en todo el mundo. Con tal motivo, dio una charla en la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA). Transcribimos a continuación los fragmentos más significativos de su intervención.

Empecé mi carrera como periodista en Radio Pacífica, fundada hace 61 años, en 1949, en Berkeley, California. Un opositor a la guerra salió de un campo de concentración y se dio cuenta de que era necesario que hubiera un medio de comunicación que no fuera manejado por corporaciones que se estuvieran beneficiando por la guerra, sino por periodistas y artistas. Así nació Radio Pacífica, que tiene cinco emisoras en EEUU : en Berkeley y Los Ángeles (California), en Nueva York y Washington, y en Houston (Texas). La estación de Houston, KPFT, cumple este año su 40º aniversario. Con pocas semanas en el aire, fue una de las pocas estaciones de radio que el Ku Klux Klan hizo volar, dinamitando la base transmisora. Esta radio no tenía dinero suficiente para hacer publicidad entre su audiencia potencial. Pero con este acto la hicieron estallar en la conciencia de millones de personas. Los miembros de KPFT la volvieron a construir y el Ku Klux Klan la volvió a destruir. Pero volvieron a ponerse en pie.
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Es fundamental tener medios independientes en un momento de guerra. No hay decisión más importante para un país que iniciar una guerra contra otro país. Los medios pueden ser la mayor fuerza por la paz en el mundo, más poderosos que cualquier bomba, más poderosos que cualquier misil. Es la idea que explota en tu conciencia y que destruye tus prejuicios. Y eso es realmente importante hoy, porque ya no podemos costear el statu quo. Desde las guerras globales hasta el calentamiento global, desde la crisis económica mundial hasta la falta de un buen sistema de salud.
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En Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, los denominados “medios de comunicación de masas” están desinformando cuando se refieren a la guerra. Un ejemplo claro es la investigación que hizo un grupo de trabajo sobre medios de comunicación acerca de cómo los principales informativos cubrieron en su momento a Colin Powell en su discurso pro-guerra. En NBC, ABC, CBS y la televisión pública se transmitieron, durante dos semanas, 393 entrevistas a favor de la guerra. Adivinen cuántas de esas entrevistas fueron hechas a gente que estaba en contra de la guerra (y esto fue cuando la mitad de la población estadounidense estaba en contra de la guerra…) : ¡tres de casi cuatrocientas entrevistas ! Eso ya no se puede llamar medios masivos de comunicación ; esos son medios extremistas que están apoyando la guerra. La gente que se opone a la guerra y a la tortura, la gente que cree que todo el mundo debería tener atención médica pública, no es una minoría silenciosa, tampoco son una mayoría silenciosa, sino una mayoría silenciada por los medios corporativos, por eso necesitamos recuperarlos.
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Acabamos de pasar el noveno aniversario del 11 de Septiembre, que fue un momento horrible en donde se asesinaron tres mil personas en unos segundos en Nueva York (…). Pero el 11 de septiembre de 2001 no fue la primera vez que el terrorismo o el terror golpeó el suelo de EEUU. Pregúntenle a cualquier descendiente afro-estadounidense sobre la esclavitud, pregúntenle a cualquier indígena originario estadounidense qué pasó durante la conquista. Y tampoco el 11 de septiembre de 2001 fue el primer 11 de septiembre en el que hubo terror en el mundo. Ya lo fue el 11 de septiembre de 1973 en Chile. El 11 de septiembre de 1990, la activista guatemalteca Myrna Mack fue asesinada ; en 1977, Steve Biko, el padre del movimiento por la conciencia negra, fue asesinado en Sudáfrica… lo estaban golpeando ese mismo día en la parte de atrás de una camioneta.
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Necesitamos medios que sean libres para actuar. La historia de los trabajadores de los medios en Irak y Afganistán también es terrible. Han muerto muchos de ellos. Tariq Ayoub, un periodista de Al-Jazeera que vino de Jordania para cubrir la invasión de Irak, subió al tejado de la estación de televisión para poner la cámara –porque nadie se podía quedar ahí para tomar las imágenes– mientras el Ejército de EEUU atacaba las oficinas de Al-Jazeera, matándolo también a él.
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Pero ¿quién es el que está involucrado con el terrorismo ahora ? Es decir, si los periodistas y trabajadores de los medios de comunicación árabes se han enfrentado a terribles adversidades, también en Estados Unidos tenemos que luchar por la libertad de prensa mientras estamos tratando de cubrir estos temas.

“Somos periodistas, libérennos”
Quiero compartir con ustedes mi experiencia en la Convención Republicana, el 1 de septiembre de 2008 en St. Paul, Minnesota. Era el primer día de la Convención y la jornada anterior a que empezara hubo una enorme protesta de diez mil personas marchando a favor de la paz. La manifestación estaba encabezada por militares con sus uniformes, que clamaban “No a la guerra”. En Estados Unidos nadie habla sobre el alto nivel de resistencia dentro del Ejército en contra de la guerra. Hay miles de soldados que se están negando a pelear en Irak y Afganistán. El Pentágono tiene los números, pero no los quiere hacer públicos. En aquella manifestación también había miles de personas de la sociedad civil marchando en contra de la guerra, y Democracy Now ! estaba cubriendo el evento. La marcha siguió, yo me fui al recinto a cubrir la Convención Republicana que estaba empezando y mis colegas se quedaron cubriendo la manifestación que estaba ocurriendo afuera. Después de unas horas, uno de los productores de Democracy Now !, Mike Burke, me llama al móvil y me dice que vaya a la calle Séptima & Jackson, una esquina de St. Paul, porque Nicole y Sharif, periodistas de Democracy Now !, habían sido arrestados. Mike también me dijo que los habían agredido, así que salí corriendo de la Convención y fui a esa esquina.
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Yo tenía todas mis acreditaciones, que me daban permiso para entrevistar a presidentes, diputados, senadores ; a toda la gente que estaba en la Convención. Fui hasta la policía, que tenía toda el área ocupada, le expliqué quién era y le pedí hablar con el jefe de la policía en ese momento. Le expliqué que tenían arrestados a dos periodistas que tenían las mismas acreditaciones que yo, que trabajaban conmigo y que necesitábamos que los liberaran. Ni un segundo después me agarraron a mí también, me metieron tras la línea de la zona ocupada por la policía, me pusieron los brazos por detrás, me esposaron, me tiraron contra la pared, contra el suelo y me arrestaron. Dijeron que estaba molestando a un oficial de la paz. ¡Ojalá hubiera habido un oficial de la paz en ese momento ! Yo exigí ver a Nicole y Sharif. Sólo podía ver a Sharif a través del estacionamiento, estaba esposado. Exigí que me llevasen con él y por suerte lo hicieron. Sharif tenía todas las acreditaciones igual que yo, estaba esposado y le sangraba el brazo. Exigimos que nos liberaran, diciendo : “Somos periodistas, saben que somos periodistas, libérennos”.
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Después vino un miembro del servicio secreto y nos sacaron todas las acreditaciones que teníamos colgadas. Me llevaron dentro de la camioneta de la policía, donde estaba Nicole, también esposada y con todas sus credenciales puestas. Le sangraba la cara. Me contó rápidamente lo que había pasado. Estaba cubriendo la protesta cuando la policía se acercó rápido hacia ella, gritándole : “¡Abajo, tírense abajo !”. Estaba filmando y les dijo “soy de prensa”, mostrando su credencial, pero la empujaron al suelo. La cámara se cayó y le sacaron la batería. Si acaso se preguntan por qué y cómo la arrestaron, bueno, ahí está la filmación. La tumbaron en el suelo, boca abajo, por eso la sangre en su cara, aplastándola para que no se pusiese de pie. Mientras tanto, Sharif intervino y le dijo a la policía antidisturbios que se calmara. Lo empujaron contra la pared, le pegaron en el pecho, le hirieron en la cara y lo arrestaron.
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Después de esto me llevaron a un garaje de la policía donde habían puesto jaulas para encerrar a la gente que estaba participando en la manifestación. Sharif y Nicole fueron llevados a la cárcel. La respuesta a nuestra detención fue enorme : miles de cartas, e-mails y comunicaciones pidiéndole a la policía nuestra liberación. Fueron los medios comunitarios los que nos liberaron esa noche. Incluso Sharif fue liberado antes que el periodista de Associated Press. Durante la Convención la policía arrestó a más de 40 periodistas.
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Cuando volví a la Convención me entrevistaron y me preguntaron qué había pasado. Yo estaba en el skybox de la NBC, y cuando el reportero apagó la cámara y terminó la entrevista, me dijo “¿Pero por qué a mí no me arrestaron ?”. Yo le pregunté : “¿Tú también estabas cubriendo las protestas en la calle ?” Y él me respondió : “No”. Entonces yo agregué : “A mí tampoco me arrestaron mientras estaba en el skybox cubriendo la Convención”.
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La masacre de Timor
Quiero concluir contándoles un poco sobre mi experiencia en Indonesia y Timor Oriental, por la importancia del día de hoy. Este día, 12 de noviembre, hace 19 años, el Ejército indonesio perpetró una masacre en Timor Oriental. Una masacre de la que yo sobreviví, junto con un colega, pero más de 270 timorenses no... Esta historia es especialmente relevante en el día de hoy porque el presidente Obama estuvo en Indonesia esta semana.
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En 1991 tuve la oportunidad de ir a Timor Oriental con mi colega Allan Nairn. (…) Miles de personas estaban marchando por las calles de Dili. Era como hacer un recorrido por la geografía del dolor ; en muchos de esos edificios mucha gente había sido torturada, asesinada o violada. Y ellos estaban manifestándose. Había niñas y niños con uniformes de la escuela católica, mujeres ancianas con sus vestimentas tradicionales. Todos llegaron marchando hasta el cementerio, que estaba lleno de personas muy jóvenes que habían sido asesinadas durante la invasión de Indonesia.
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Allan y yo les preguntábamos : “¿Por qué están marchando con el Ejército indonesio al lado ?” “¿Por qué arriesgan sus vidas ?”. Y decían : “Por mi madre, por mi padre, que fueron asesinados, por mi pueblo que ha sido ‘desaparecido’”. Y después nos fijamos y pudimos distinguir que los soldados estaban viniendo desde la misma dirección de donde había venido la manifestación. Ellos también venían hacia el cementerio donde la gente se estaba congregando.
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Entre 12 y 15 soldados se alinearon en posición lista para disparar, con sus M-16 fabricados en Estados Unidos. Allan y yo nos pusimos frente a la multitud, porque aunque sabíamos que este Ejército había cometido muchas masacres en el pasado, nunca lo habían hecho ante periodistas occidentales. Nosotros siempre escondíamos nuestros equipos cuando entrevistábamos a la gente de Timor, porque temíamos que los atraparan, los mataran o los “desaparecieran”. Pero en ese momento queríamos mostrarles claramente a los soldados quiénes éramos. Yo levanté mi micrófono y lo sostuve como una bandera, me puse los audífonos y Allan puso la cámara sobre su cabeza. Así nos dirigimos hacia el frente de la multitud y los soldados marcharon hacia nosotros. La gente no tenía hacia dónde escapar porque había muros altos por todos lados. Los soldados pasaron por nuestro lado, rodearon a la multitud, volvieron a nuestro lado y, sin ninguna advertencia, sin ninguna vacilación, sin que nadie los provocara, abrieron fuego hacia la muchedumbre. Empezaron a disparar a la gente de derecha a izquierda. Las personas estallaban ante nuestros ojos.
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Después vino un grupo de soldados hacia mí, me golpearon y me tiraron al suelo usando las culatas de sus rifles y sus botas. Allan había tomado una foto de los soldados disparándole a la multitud. Cuando vio que me estaban atacando, se tiró encima mío para protegerme. Los soldados indonesios agarraron sus M-16 estadounidenses y los usaron como bates de béisbol contra la cabeza de Allan hasta que le fracturaron el cráneo. Quedamos los dos en el suelo, Allan con la cabeza sangrando, mientras los soldados mataban a toda la gente a nuestro alrededor. Nos apuntaban con las pistolas, mientras otros soldados le disparaban a la multitud. Ya nos habían quitado todo lo que traíamos, y los soldados gritaban “¡Indonesia !”, y yo les contestaba “¡Estados Unidos !”, y entonces nos gritaban “¡Australia !”, pensando que nosotros éramos de Australia.
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Sabíamos que nos preguntaban si éramos de Australia porque cuando Indonesia había invadido Timor Oriental 15 años antes, hubo seis periodistas australianos cubriendo la invasión. Cinco de ellos fueron localizados y ejecutados inmediatamente (…). El Gobierno australiano apenas protestó. Creemos que una de las razones está relacionada con que años después Australia e Indonesia firmaron un tratado para dividirse el petróleo de Timor Oriental. El petróleo es fuente de mucho dolor en el mundo.
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Así que mientras estábamos en el suelo, Allan con la cabeza cubierta de sangre y con los soldados apuntándonos, gritábamos : “¡Somos estadounidenses !”. Finalmente dejaron de apuntarnos, creemos que porque éramos del mismo país de donde venían sus armas. Si nos mataban iban a tener que pagar un precio que no tenían que pagar por matar a la gente de Timor. También nos gritaban “¡Política !”, refiriéndose a que también éramos testigos políticos. Y ése es nuestro trabajo como periodistas, ir hacia donde esté el silencio. Sólo ese día, el 12 de noviembre de 1991, mataron a más de 270 timorenses.
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Nos fuimos en el primer avión ; no podíamos parar las matanzas dentro de Timor, pero nos dimos cuenta de que si le avisábamos al mundo sobre la situación íbamos a poder hacer algo desde afuera. Después de esta masacre creció un movimiento de presión en todo el mundo sobre Indonesia para parar la salvaje represión y para que se retirara de Timor Oriental. El 20 de mayo de 2002 todo terminó y el pueblo de Timor Oriental festejó su independencia, después de que se votara en la ONU un referéndum para su libertad y se convirtieran en la nación más joven del mundo. Allan y yo pudimos volver a Timor Oriental ese día y ser testigos de este momento histórico en que 100.000 timorenses se reunieron en la Capital.

 





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