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Transexualidad : Argentina en la vanguardia

Par Angeline Montoya  |  7 janvier 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

Hace unos años, Mauricio Macri, el actual presidente de Argentina, comparaba la homosexualidad con una “enfermedad”. Su tono ha cambiado : sabe que los doce años de la izquierda en el poder (2003-2015) han transformado el país, sobre todo en la cuestión de las identidades civiles y sexuales.

“Hoy es un día de inmensa reparación. […] Perdón por haber esperado tanto”. Estas palabras, pronunciadas el 2 de julio de 2012 por Cristina Fernández de Kirchner, entonces presidenta de Argentina, conmocionaron a la comunidad trans (véase el léxico). Fernández de Kirchner entregaba el primer documento de identidad que establecía un cambio de sexo : una persona que fue “asignada como hombre” al nacer y que solicitaba ser inscrita como “mujer”. Un procedimiento autorizado por la ley de identidad de sexo, votada el 9 de mayo de 2012 por el Senado (con 55 votos a favor y una abstención).

En la calle, ninguna protesta. En este país donde cerca del 80% de la población se define como católica, la Iglesia prácticamente no intervino en los debates. En enero de 2015 Diana Sacayán (1), funcionaria del Ministerio de Desarrollo Social, que sería asesinada en octubre, decía al pensar en la ceremonia : “Antes, el Estado nos perseguía. Ese día nos pedía perdón”.

La ley aprobada reconoce a cualquier persona el derecho a definirse como hombre o como mujer, independientemente del sexo que le fue “asignado” al nacer. Por lo tanto, se hace posible modificar, con una simple declaración en el registro civil, su nombre, su sexo, la foto de su documento de identidad, así como su partida de nacimiento. Todo sin tener que dar explicaciones, y mucho menos ver a un psiquiatra o pasar por el bisturí de un cirujano –lo que Francia sí impone–.

Entre las personas concernidas, muchos escogen conservar sus órganos genitales de nacimiento, prefiriendo definirse como trans más que como hombre o como mujer. Sin embargo, la obligación reflejada en la ley argentina de elegir uno u otro sexo no agrada a algunas personas, como Marlene Wayar, militante trans de 46 años. “Yo no quiero definirme como mujer –explica–. Modificaré mi documento de identidad cuando pueda marcar la casilla de trans o de cualquier otra opción que realmente refleje mi experiencia”.

Aunque imperfecta para algunos, la ley cuenta con la aprobación de casi toda la comunidad trans. Por ejemplo, prevé que el Estado cubra el conjunto de los gastos ligados a un posible tratamiento hormonal o a una operación de reasignación de sexo ; también autoriza a los menores a modificar su estado civil con el consentimiento de los padres. Así es como la pequeña Luana se convirtió a los 6 años en la primera niña en recibir sus papeles con su nueva identidad de género el 9 de octubre de 2013. Tres años después de la promulgación de la ley, los progresos resultan considerables en la vida cotidiana. “Comprar un teléfono móvil, ir a urgencias, efectuar cualquier trámite administrativo y que nos llamen por nuestro nombre de nacimiento cuando nuestra apariencia ya no se corresponde con éste era siempre un drama. Hoy presentamos nuestro documento de identidad y listo –explica Lohana Berkins, de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT)–. Este detalle tan insignificante pasó a ser fundamental. Comenzó a crear en nosotros la idea de ciudadanía y de democracia”.

Para las nuevas generaciones, que no han conocido esa “transfobia” común, “se abre todo un abanico de posibilidades que nosotros no tuvimos –se regocija Berkins–. Verlos pasear por la calle sin esconderse es un encanto. Nosotros a duras penas si no nos poníamos un burka para salir. La victoria era volver a casa vivas”. No depender ya del capricho de un juez después de pasar por una carrera de obstáculos para que la identidad escogida sea legalmente reconocida también se vive como una conquista. Desde 2012, 6.000 personas (de 41 millones de habitantes) han hecho que se modifiquen sus papeles.

¿Bastará la ley para hacer evolucionar la situación de los trans ? Según un estudio de la ALITT publicado en 2006, la esperanza de vida de una persona trans no supera los 35 años. Primera causa de muerte : el sida. Segunda causa : las intervenciones médicas, como las inyecciones de silicona, realizadas de manera artesanal en el 90% de los casos. Más del 80% de los trans no tienen otra opción que vivir de la prostitución. Ese índice, sin embargo, disminuye a medida que aumenta el nivel de educación : sólo el 33% de los trans que han obtenido un título universitario recurren a ella. No obstante, estos sólo representan el 2% de la comunidad. Apenas un 15% llega a finalizar el bachillerato. Y el 76% ha sufrido la violencia de la policía –tercera causa de muerte–.

“Tengo 40 años, soy una superviviente –decía Sacayán antes de su asesinato–. De quince años que estuve en situación de prostitución, desde que me fui de casa a los trece años, pasé por lo menos cinco de ellos en la cárcel. A veces estábamos dos semanas encerradas, nos soltaban y al día siguiente nos volvían a arrestar, invocando decretos policiales, hoy anulados, que prohibían el travestismo”. De los malos tratos, de los golpes, de las violaciones en la cárcel ella sólo hablaba a cuentagotas. Prefería subrayar lo que la ley había cambiado para ella : “Tengo la impresión de tener por fin una patria. La bandera argentina me envuelve y me protege”. Murió apuñalada el 13 de octubre.

La aprobación de la ley también ha precipitado numerosas evoluciones institucionales : cada Ministerio cuenta con su oficina de género, de diversidad sexual, o con su “guía de buenas prácticas” con respecto a las personas LGBTQI (lesbianas, gays, bi, trans, queer, intersexuales). El Ministerio de Trabajo, por ejemplo, firma acuerdos con centros educativos para la inclusión de personas trans ; otorga becas de formación, reembolsa durante un tiempo una parte de los salarios abonados o de las cargas sociales cuando estas personas son contratadas. También trabaja con una unión intersindical de 80 organizaciones con vistas a la introducción de cláusulas de no discriminación en los convenios colectivos. En septiembre, el Parlamento de la provincia de Buenos Aires aprobó un proyecto de ley que impone una cuota del 1% de trans entre los funcionarios.

Menos del 15% de las personas trans ha terminado la enseñanza secundaria. Para tratar de remediar esta situación, en 2012 se creó una escuela que preparaba para finalizar el bachillerato gracias a una iniciativa privada : la escuela Mocha Celis. “Queríamos un lugar para las personas trans que no habían podido terminar el bachillerato porque se sentían discriminadas en los otros establecimientos”, explica Francisco Quiñones, su director, quien precisa que, sin embargo, los trans no representan más que el 40% de los alumnos en este establecimiento.

La primera promoción de veinte alumnos del Mocha Celis recibió su titulación el 5 de diciembre de 2014. Pablo Gasol estaba entre ellos. “Esta escuela me dio la posibilidad de ser yo mismo”, declara este autor y director de 30 años. A ésta le siguieron otras iniciativas, como la de la Universidad Nacional de Avellaneda, con un programa que permitía a los trans terminar la educación primaria y la secundaria y la posibilidad de seguir en la universidad.

¿Cómo explicar que un país católico haya legalizado, de forma consecutiva y casi sin ningún tipo de debate, el matrimonio entre personas del mismo sexo (2010), el reconocimiento del derecho a la identidad de sexo (2012) y la reproducción médicamente asistida para todas las mujeres (2013) ? Abogado y miembro del Frente Nacional para la Identidad de Género, Emiliano Litardo, proporciona una explicación : “En Argentina, estos últimos treinta años, las ‘abuelas de Plaza de Mayo’ han creado la idea de que la identidad es un derecho humano –explica–. El movimiento por la diversidad sexual se inspiró en esa lucha, dándole otro significado : allí donde las ’abuelas’ ven la identidad en términos biológicos y esencialistas, los trans la interpretan como una construcción social y una elección personal”.

Después del final de la dictadura (1976-1983), las “abuelas de Plaza de Mayo” se pusieron a buscar a cerca de 500 niños robados por los militares y que crecieron ignorando su verdadera identidad –sin mucho apoyo institucional en un primer momento– : los sucesivos presidentes pusieron más empeño en votar leyes de amnistía que en esclarecer los crímenes cometidos. A medida que pasaba el tiempo y que los niños crecían, su estrategia cambió. A comienzos de los años 1990 empezaron a dirigirse a los adultos en los que mientras tanto se habían convertido a través de carteles y de anuncios que los interpelaban directamente : ¿Tienes dudas sobre tu identidad ? Contacta con nosotros”. En 1992 se creó una Comisión por el Derecho a la Identidad. Así se construyó la idea de identidad como un derecho, poco a poco retomada por diversos colectivos, como los de los pueblos indígenas. Y por Néstor Kirchner, quien, desde su llegada al poder en 2003 (su esposa, Fernández de Kirchner, lo sucedió en 2007), hizo de la defensa de los derechos humanos y del castigo de los crímenes cometidos durante la dictadura uno de los pilares de su política : las leyes de amnistía fueron anuladas ; centenares de militares se vieron en los tribunales.

Así pues, el reconocimiento por parte de Fernández de Kirchner de la responsabilidad del Estado en la “transfobia” se asemejó a las disculpas de su marido y predecesor por los años de plomo de la dictadura. Y esa estrategia política del recurso a la identidad alcanzó su objetivo ante los parlamentarios. “Las ’abuelas’ pusieron el derecho a la identidad en el centro del sistema normativo argentino, en el sentido legal pero también moral”, observa Mauro Cabral, codirector del Global Action for Trans Equality (GATE).

Para él, es difícil exportar la experiencia argentina porque ese derecho no es percibido de la misma manera en otros países. “Noruega o los Países Bajos aparecen como los campeones de los derechos LGBT, pero se exige la esterilización de los trans en casi veinte países europeos –señala Cabral–. Habría que poder exportar esa retórica de la identidad sexual como un derecho, pero esos países no están muy acostumbrados a importar ideas. No vacilan en señalar con el dedo a los países del Sur, pero les cuesta admitir que sus propias políticas atentan contra los derechos humanos”.

Los avances de los derechos de las minorías sexuales también fueron facilitados por el hecho... de que no socavan la dominación masculina –contrariamente a la legalización del aborto, aún penalizado, que daría una mayor autonomía a las mujeres–. “El macho argentino siempre está presente. Sólo está oculto en su guarida, y en cuanto se mencionan los derechos de las mujeres, en particular el aborto, sale para dar un zarpazo”, resumía Sacayán. El sociólogo Eric Fassin ve en estos grandes avances promovidos por países que, por otra parte, prohíben el aborto (Malta adoptó una ley similar en abril) una “forma barata de parecer moderno” (2).

Por lo demás, si Kirchner (que falleció en 2010) era un defensor de los derechos LGBTQI, Fernández de Kirchner, por su parte, siempre ha repetido una y otra vez su oposición a la legalización del aborto (3), el cual parece haber servido de moneda de cambio entre la Iglesia y el Gobierno. A cada avance legislativo sobre los derechos de las minorías sexuales o de los derechos reproductivos le ha correspondido un mensaje tranquilizador del Ejecutivo garantizando que la ley que penalizaba el aborto no sería modificada. Y aunque este último siempre ha sido considerado por la clase política como piantavotos (“que hace perder votos”), es exactamente lo contrario en lo que respecta a la defensa de los derechos de las minorías sexuales, ámbito en el que políticos hombres y mujeres rivalizan para mostrar que son los más abiertos en esta cuestión.

La lucha de los trans para poder vivir de forma normal dista de haber llegado a su fin. Además de que la “transfobia” y la violencia se siguen imponiendo, numerosas leyes basadas en la diferencia sexual aún deben ser modificadas. “¿Van a dar una baja por maternidad a un hombre trans reconocido como tal por el registro civil ?”, se pregunta Berkins. De hecho, un trans que había conservado sus órganos reproductores femeninos obtuvo un subsidio por embarazo en febrero, mientras que sus papeles nuevos indicaban que era un hombre. Por otra parte, un proyecto de ley tiene como objetivo atribuir una pensión a las personas víctimas de violencia policial debido a su identidad de sexo. También aquí, los militantes trans se han inspirado en las pensiones otorgadas a los ex prisioneros políticos de la dictadura.

Como consecuencia, los trans siguen su camino hacia una mayor inclusión. “Pero no olvidemos que la legalización del aborto es el próximo gran combate que hay que llevar a cabo en Argentina –recalcaba Sacayán–. Las feministas apoyaron el nuestro ; es hora de que hagamos nuestra su lucha”. Ya es seguro que una ley que despenalizaría la IVE (interrupción voluntaria del embarazo) no hablaría de “mujeres embarazadas” sino de “personas que tienen la capacidad de llevar a cabo una gestación”, con el objetivo de incluir a los hombres trans. Así es como se ha redactado un texto publicado en abril por el Ministerio de Sanidad. 

 

NOTAS :

(1) Todas las personas son designadas aquí según la elección que hicieron de su identidad de sexo.

(2) Citado por Carlos Bonfil, “La convivencia en la modernidad. Entrevista con Eric Fassin”, La Jornada, México, 10 de enero de 2008.

(3) Que está prohibido, salvo cuando están en peligro la vida y la salud de la mujer o como consecuencia de una violación.

RECUADRO

Léxico

Travesti : designa a una persona que tiene la apariencia del otro sexo y que se viste con ropa tradicionalmente atribuidas a éste.

Trans : persona cuya identidad de género no corresponde al sexo “asignado” al nacer e inscrito en su estado civil. Anteriormente llamadas transexuales, las personas concernidas rechazan esta designación ; no se trata de sexualidad sino de identidad, arguyen. Por lo tanto, prefieren el término “trans”.

Identidad sexual : la manera en la que un individuo se considera y quiere ser percibido. Las identidades de sexo no son binarias. Sus variedades pueden ser definidas por las iniciales LGBTQI : lesbiana, gay, bi, trans, queer (“extraño”, “estrafalario”, que no se reconocen en las categorizaciones binarias del sexo), intersexual (cuyos órganos genitales no son ni masculinos ni femeninos).





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