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Una izquierda diferente como opción de gobierno

Par Cayo Lara  |  13 août 2011     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El 15M ha cuestionado los principales elementos de la transición española. Al menos en lo social. Criticó el modelo del consenso en España porque constituye una imposición al conjunto de la ciudadanía de los criterios fundamentales de las clases dominantes. El 15M puso también en evidencia todo el sistema de representación política, que se concreta muy especialmente en la Ley Electoral y la Ley de Partidos Políticos ; denunció el imperio del capital financiero sobre la economía, la cultura y la política, auténtico arco de bóveda del sistema ; negó la validez del modelo de relaciones laborales que ha dado lugar al llamado “precariado”, y criticó severamente la función asignada a la educación, y muy especialmente a la Universidad, entre otras cosas (1). Pero es cierto que el Movimiento del 15 de Mayo no ha generado aún una trascendencia política significativa, posiblemente por su propia autolimitación, y parece haber tenido una limitada repercusión electoral.

El fracaso de las políticas socialdemócratas en España, que venía siendo notable al menos desde el inicio de la crisis, se hizo más evidente con la derrota del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) el 22 de mayo pasado. Aunque nos equivocaríamos si de ahí dedujéramos el hundimiento del PSOE. Conserva el Gobierno de la nación, un número muy importante de votos, una gran cantidad de alcaldes y concejales, el control de los principales medios de comunicación públicos y excelentes relaciones con algunos privados, una óptima relación con el poder económico, y ha accedido a una situación de no beligerancia con los sindicatos de clase.

Pero su fracaso del 22M plantea una cuestión de fondo : ¿es estructural o transitorio ? José Félix Tezanos, director de la revista Temas para el Debate y socialdemócrata consecuente, se plantea en el nuevo número de su revista la misma cuestión (2). Estimo que no hay espacio para las políticas socialdemócratas, tal como se han entendido a partir de la Segunda Guerra Mundial porque no es posible la reconstrucción del pacto social que garantizaba al capital la autonomía en la obtención de sus beneficios y le obligaba más o menos, según los países, a repartir una parte de las rentas obtenidas. En España, ni eso : la diferencia en el gasto social es de 7 puntos menos con relación a la media de la Unión Europea (UE) y tenemos el nivel más bajo de empleados públicos en servicios sociales por habitante de la Europa de los 15 (UE-15). Desde Reagan y Thatcher, al principio de los años 1980, está claro que el poder financiero, o sea “los mercados”, ha decidido cancelar ese pacto y eliminar cualquier intromisión significativa de la democracia tanto en la obtención como en el reparto de la renta.

¿Pero, si no hay espacio para una política socialdemócrata por la realización del pacto social por parte de los sectores determinantes del capitalismo, cuál puede ser la utilidad y función de los partidos socialdemócratas ? El gran problema de esos partidos es que, desde hace algún tiempo, no hay articulación entre sus políticas neoliberales y los intereses de su base social. Eso, más pronto que tarde, lleva a una crisis profunda, y lo peor es que no se puede recuperar la Arcadia perdida. No hay base objetiva para la recuperación de las políticas de rentas de la socialdemocracia como núcleo fundamental del consenso social que justificaba la hegemonía del capitalismo. Éste necesita la apropiación de cada vez más excedente para solucionar la crisis de la tasa de ganancia (que es el fondo de la crisis actual), incluso a riesgo de deprimir la demanda hasta límites que impiden la recuperación. El neocapitalismo tiene que incorporar cada vez más prestaciones de los servicios públicos al mercado como mercancías y limitar las libertades democráticas vaciándolas de contenidos.

Por eso, hoy, muchas reformas ya no son funcionales con el desarrollo del capitalismo ni contribuyen a su consolidación. Un caso claro es la banca pública, fundamental en la reconstrucción europea de postguerra, hoy incompatible con las políticas neoliberales y los modelos de salida de crisis que éstas intentan imponer. No es posible volver al pacto social. O salida neoliberal de la crisis o salida anticapitalista. No queda espacio para otra vía.

Eso no quiere decir, todo lo contrario, que no haya que luchar por las conquistas y los contenidos del llamado Estado del Bienestar. Pero significa es que eso ya no será fruto del pacto social. Porque el capitalismo no quiere y, lo que es más determinante, porque no puede.

En esa nueva situación, sin el cemento que proporciona el poder, sin espacio para reconstruir el pacto de rentas con el capital para financiar el Estado de Bienestar (reforma fiscal progresiva, dotación de los servicios públicos fundamentales, reforzamiento de los sistemas de protección social y pensiones públicas, etc.), y con un previsible agravamiento y alargamiento de la crisis, las posibilidades de recuperación de la influencia electoral de los partidos socialdemócratas son muy discutibles. No es posible sostener indefinidamente una influencia electoral, política, cultural e ideológica determinantes entre la ciudadanía de izquierdas y hacer una una política de derechas.
Por tanto, el cambio de ciclo no es un episodio más de la alternancia. Si no hay reforma en España de la Ley Electoral, el PSOE concederá al PP un buen regalo : la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados sin necesidad de superar el 44% de los votos. Y, por añadidura, las posibilidades de acuerdos con la derecha nacionalista para remachar su control parlamentario.

Así las cosas, en la nueva época política que se anuncia después de los resultados de las elecciones municipales y que se abrirá, de hecho, tras las próximas generales, aparecen condiciones nuevas y más favorables para disputar la hegemonía en el seno de lo que podríamos definir como ’ciudadanía de izquierdas’. No me estoy refiriendo a sobrepasar electoralmente al PSOE, que sería una versión esquemática y superficial de lo que creo que está en juego. Se trata de la hegemonía en el sentido profundo de ese concepto en Gramsci. Parte de la imposibilidad de recuperar la socialdemocracia e incluye también el combate frente al individualismo, la xenofobia y la antipolítica, herramientas ideológicas con las que la extrema derecha intenta penetrar actualmente entre los trabajadores.

Este es el factor estratégico crucial para Izquierda Unida en los próximos años. Y las reglas de esa batalla están definidas en la teoría y comprobadas en la práctica. La hegemonía es siempre de clase, se expresa por la superación de la contradicción entre la práctica (las condiciones de explotación) y la teoría (la concepción general del mundo) y se concreta en la iniciativa política, primero, y en el ejercicio del poder político, después, cuando se logra. La hegemonía ha de ser construida y su resultado es la consolidación y el desarrollo del bloque social que hace suya y sustenta esa iniciativa política. Creo que esa es la tarea prioritaria de lo que nuestros clásicos han denominado el ’intelectual colectivo’.

Para avanzar en esa dirección, una herramienta importante es la iniciativa de Convocatoria Social, que permita concretar programáticamente una alternativa sólida de superación del capitalismo, con medidas claramente opuestas a las políticas neoliberales. La iniciativa política que debemos sustentar ofrece propuestas que no pueden calificarse de reformistas porque hoy son inasumibles por el neoliberalismo, como consecuencia de la propia evolución del capitalismo. Por poner tres ejemplos : la jornada de 35 horas, la banca pública o el fortalecimiento del sistema público de pensiones…

No puede mantenerse el pacto de la socialdemocracia con su electorado. Ese pacto consistía en que el elector entregaba su voto, y el partido, a cambio, le ofrecía una razonable seguridad en el trabajo, y le proporcionaba educación, salud y pensión. Esa relación se ha quebrado como consecuencia de las políticas neoliberales y de la subordinación al llamado “consenso de Bruselas”. Se afirma : “los mercados lo exigen” y los partidos socialdemócratas, el PSOE entre ellos, intentan recomponer su espacio electoral sobre cierta radicalidad cívica y el uso del miedo ante una derecha más extremista y contundente en el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Pero se trata de una estrategia de dudoso éxito.

Esa desagregación del voto del PSOE, sin embargo, no se ha traducido en un ascenso equivalente para la izquierda alternativa. No podría ser de otra forma porque la seguridad perdida por las bases electorales decepcionadas por el PSOE todavía no la ofrece, en suficiente medida, Izquierda Unida. ¿Alguien entre los que consideran este avance como irrelevante, había previsto un crecimiento mayor ? Resultaría ventajista hacer un ejercicio crítico a posteriori. La realidad es que pocas organizaciones de la izquierda alternativa europeas han conseguido unos resultados electorales similares a los cosechados en España por una IU que, además, ha logrado revertir su tendencia de voto en un sentido positivo. Por otro lado, la experiencia de una crisis semejante en profundidad a ésta, la de 1929, habla más de una polarización política que de un trasvase del voto hacia soluciones alternativas, que no se materializa hasta seis años después, en la etapa de los Frentes Populares (1935-36). En España, desde el inicio de la crisis (septiembre de 2008), llevamos algo menos de 3 años.

He afirmado que no hay posibilidad de retorno a las políticas socialdemócratas. Este es un debate necesario en el campo de la izquierda. Sectores que han comenzado a abandonar al PSOE aún no son conscientes de que el pacto para el Estado de Bienestar ya no es posible y que ese modelo socialdemócrata tampoco es necesario. Esto no significa, todo lo contrario, renunciar a las conquistas que ha representado el Estado de Bienestar. Significa que la izquierda alternativa ni los puede lograr ni los debe plantear a través de un pacto de rentas. Ese es nuestro gran desafío programático, político y organizativo.

Pero ese desafío no es exclusivo de IU. No tenemos, ni queremos tener, el monopolio de la propuesta. Se trata de construir de la forma más abierta posible un nuevo paradigma. Pero no podemos tirar por la ventana lo avanzado, lo construido y lo organizado. Si no nos respetamos a nosotros mismos es difícil generar credibilidad y confianza sobre nuestro respeto a los demás.

Hay quienes plantean que la “izquierda carece de horizonte” y que, lógicamente, ellos pueden aportarlo. Sin petulancia y con toda modestia, en Izquierda Unida si tenemos horizonte. Y ese horizonte es compartido por unas decenas de miles de afiliados y afiliadas que trabajan por los objetivos que contiene. En él se reconocen 1,7 millones de personas que nos dan un respaldo electoral, que aunque es limitado, nos convierte en la 3ª fuerza política de este país, aun bajo una Ley Electoral injusta. No es mucho, pero no tiene por qué ser menos. Eso es lo que ponemos a disposición de los demás.

En cuestión de “horizontes” hay los que hay y no son muchos. En el fondo hay que agradecer la sinceridad de los que plantean el problema. Porque el problema del “horizonte” es la cuestión ideológica. Estoy de acuerdo en que un agrupamiento de la izquierda transformadora debe respetar la pluralidad ideológica. Pero “el horizonte” se define por un criterio ideológico, democráticamente decantado a través de la hegemonía.

En el momento actual ese proceso de decantación democrática es aún insuficiente, por eso Izquierda Unida ha aprobado la iniciativa para una Convocatoria Social (3). Ahí podemos estar todos. Pero no es aceptable ningún proceso de deconstrucción de la izquierda alternativa más fuerte que hoy existe.

Un Frente de Izquierdas podrá ser una opción interesante en el futuro, pero hoy es prematuro. El Frente de Izquierdas, más o menos amplio, que algunos proponen, no es la refundación, ni de la izquierda ni de IU, es un concepto más profundo y estratégico que el de frente electoral. Por tanto, es necesario discutir ese Frente en sus propios términos, sin confundirlo con el proceso de refundación. Tal vez un primer paso, realmente útil, sea que, una vez celebradas las elecciones generales, hubiera un acuerdo de coordinación parlamentaria que permitiera crear las condiciones para el futuro.

Construirse como izquierda alternativa quiere decir, esencialmente, construirse como alternativa de Gobierno con un objetivo de transformación radical. Nadie se construye como alternativa de oposición. Pero, frente a lo que piensan algunos, éste es un concepto vinculado mucho más a la hegemonía que al institucionalismo. Mucho más a la movilización y a la organización que a la representación electoral. La presencia en las instituciones debe estar al servicio del proyecto estratégico.

La naturaleza y profundidad de la crisis ha sobrepasado la teoría de las dos orillas. Se enunció con una expresiva metáfora que hoy ha perdido su sentido. Lo crucial no es quién está en cada orilla, sino hacia dónde va la corriente del río. IU no se referencia en la otra orilla para construirse, sino en la fuerza, la profundidad y los obstáculos que encuentra la corriente. Porque nuestro objetivo es hacer navegar nuestro barco en ese río, atracar en los puertos que nos convienen y garantizar al pasaje el éxito del viaje.

En Izquierda Unida hay que superar el complejo de fuerza subalterna del PSOE ; subalterna cuando se le sigue, pero también subalterna cuando se le confronta. El debate sobre si el PSOE es de izquierdas no tiene mucho sentido así planteado. En este artículo he intentado dar algunas claves sobre este asunto. Una fuerza política, como una persona, es lo que hace y, desde luego el PSOE no hace políticas ni antineoliberales ni anticapitalistas. Pero lo operativo para nosotros es que el 75% de sus electores actuales se sienten y definen como de izquierdas, y que la derecha es el PP (también CiU, PNV y otros). Las discusiones bizantinas sobre estos aspectos sólo nos llevarán a un enredo y un entretenimiento como el de Penélope, que tejía y destejía esperando a Ulises. No tenemos tiempo. La sociedad no tiene tiempo como para enfrascarse en esas diatribas. IU debe reforzar su autonomía, ser soberana y avanzar para ofrecer una alternativa de izquierdas real, seria y solvente.

Por eso son decisivos los meses próximos. Por eso es trascendente el ciclo político que ya está abierto. Por eso es imprescindible que quienes nos reclamamos de la izquierda alternativa rescatemos la hegemonía como instrumento político democrático. Por eso es clave un grupo parlamentario coherente con el discurso de Izquierda Unida y con su horizonte estratégico. Con la coherencia del bambú que aporta firmeza y flexibilidad en cualquier estructura. 

 

(1) Léase, "Palabras de indignados", Le Monde diplomatique en español, julio de 2011.

(2) José Félix Tezanos, "La sucesión de Zapatero", Temas, Madrid, julio de 2011.

(3) Léase, "Convocatoria Social para un nuevo programa político de la izquierda", http://www.izquierda-unida.es/node/9024





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