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Intervención en la ceremonia de clausura de la Conferencia "Venezuela: por una política europea independiente"

París, 25 de octubre de 2008

Sábado 1ro de noviembre de 2008   |   Miguel Angel Martínez
Lecture .

Queridas compañeras y queridos compañeros:

  1. Ya han presentado sus informes los ponentes de cuatro de los seis talleres en que se ha dividido esta tarde nuestra Conferencia. Desgraciadamente yo voy a tener que marcharme a tomar un avión, de modo que dejaré el micrófono y la presidencia de la sesión en las buenas manos de nuestro amigo Bernard Cassen que seguirá presidiendo con el mayor acierto la sesión de clausura. Antes de marchar querría en primer lugar darles a todos y a todas las gracias por su participación, por su atención, por sus contribuciones y, sobre todo, por su solidaridad con una causa tan justa y cargada de esperanzas como lo es el proceso bolivariano que se está viviendo en Venezuela. Pero además, deseo compartir con Ustedes un par de reflexiones que he venido madurando escuchando unas y otras intervenciones.
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  3. Y lo primero que quiero comentar es algo que ya apuntaba yo en mis palabras de esta mañana, refiriéndome al tema mismo de nuestra Conferencia. Naturalmente que es necesaria una política independiente de la Unión Europea para con Venezuela. Para con Venezuela y, por cierto, para cualquier otra cuestión o para cualquier otro país. Pero eso no es suficiente. Hace falta que tales políticas, además de independientes, sean fuente de progreso. Porque yo les aseguro que en las circunstancias actuales que conozco bien, podría darse una política independiente de la UE que también fuera profundamente reaccionaria. Y no les hablo de ninguna hipótesis imposible: en estos momentos hay una reactivación de la derecha que está ganando poder en las Instituciones comunitarias y que no está detrás de nadie en cuanto a planteamientos conservadores.
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  5. Ahora bien para que la Unión Europea tenga políticas progresistas hace falta que se den dos condiciones que por el momento no son realidad. La primera condición es que la Unión Europea se consolide como entidad política capaz de operar como actor global fuerte e influyente en el escenario internacional de la mundialización. Eso requiere de nuevos Tratados y, desde luego, como marxista -o como "paleomarxista" que me dicen algunos- yo siempre pensé que Marx había superado a Hegel y a su idealismo. Y que por o tanto el Tratado que nos demos no podemos compararlo, para apoyarlo, con un ideal, sino con lo que tenemos por ahora, que es como no tener nada. Pero insisto, en todo caso: no habría políticas progresistas de la Unión Europea, mientras ésta no tenga un marco para operar en el mundo, y también para eso debería la izquierda entender que se está ante una prioridad inaplazable, en lugar de discutir soñando proyectos ideales mientras otros actores globales sí que son capaces de operar ya.
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  7. Pero además de contar con una Unión Europea como la que yo les apunto: actor global potencialmente eficaz, hará falta que sus políticas sean de izquierdas y para ello hace falta que las fuerzas de izquierda se consoliden como protagonistas en la mayoría de los 27 Estados comunitarios y no anden reculando como, desgraciadamente viene siendo el caso en los últimos tiempos. La crisis que estamos viviendo podría ofrecer la oportunidad de relanzar a la izquierda en nuestros países, si somos capaces de trasladar a nuestras opiniones públicas la responsabilidad de la derecha mundial y europea en el desastre que se nos ha venido encima.
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  9. Pero hay algo más: esa Europa consolidada como actor global y promotora de políticas de izquierdas -es decir, progresistas- necesitará imperiosamente de socios en el escenario mundial para cambiar las cosas en el sentido que muchos de nuestros oradores han apuntado. Y a mi modo de ver, esos socios prioritarios, la izquierda europea primero podrá encontrarlos en América Latina; en la América Latina que está en marcha y que busca los mismos objetivos, también de izquierda, incluso desde planteamientos distintos. Hace cuatro o cinco años lo que digo ahora hubiera sido mucho más utópico, pero ahora es una realidad, porque ahí veo yo a potenciales estupendos interlocutores en Cuba, en Venezuela, en Brasil, en Chile, en Panamá, en Bolivia, en Ecuador, en Uruguay, en Paraguay... Ya ven Uds., cuando iba apuntando nombres de países, se me ha acabado el papel en que he hecho esta lista, pero estoy seguro que algún otro podría añadir: acaso Guatemala y Costa Rica, para no ir más lejos.
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  11. Esa es mi esperanza y esa es mi hoja de ruta que es la de los hombres de izquierdas con muchos años y muchos combates a la espalda. Es esa trayectoria la que me impulsa a hacer mía la de la Venezuela de hoy que se va abriendo camino frente a una derecha muy cerril: una derecha que tiene algo en común con la de mi país; y es que tiene un concepto patrimonialista del poder y del Estado. Son gentes que no han entendido ni asumido que el Estado es de todos y el poder lo entrega el pueblo soberano a unos y otros para que lo administren. Pero ellos creen profundamente que el Estado es de ellos, es de su propiedad. Y si en un momento el pueblo -al que nosotros hemos contribuido a hacer soberano- decide que sean fuerzas nuestras las que alcancen el poder, la derecha interpreta que ese poder que les pertenece se lo hemos robado... Y, naturalmente, interpretan que pueden hacer cualquier cosa por recuperar algo que estiman de su propiedad. Evidentemente esa es una conducta y aún una conciencia reñida con lo más elemental de la democracia. Y es algo que habrá que hacer para que lo entiendan, o por lo menos para que lo aguanten. Pero en Venezuela está viviéndose un pulso muy duro y es necesario que en ese pulso estemos todos con nuestros amigos y compañeros venezolanos. Ese estar con ellos, asumiendo que su combate es nuestro combate, es el compromiso que en una reunión como ésta debería percibirse como nuestra principal conclusión, entiendo yo. Porque estar con ellos es lo que hace que ellos estén con nosotros y así todos seamos mucho más fuertes. Tanto como nos hará falta, también en Europa para recuperar posiciones, y acaso entusiasmos, perdidos. Yo marcho de la reunión con la confianza que desde el otro lado del Atlántico me reverdecéis los aquí reunidos. Y dándoles las gracias, les reitero que me encontrarán en mi puesto también en esta pelea. Gracias por su esfuerzo y como dije hace unos días ante una reunión de jóvenes: "no sólo es que "venceremos", es que ya "estamos venciendo". Y aún nos queda lo mejor.




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