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DE LOS ESCÁNDALOS SEXUALES AL ’CASO URDANGARIN’

Críticas contra la monarquía española

Par Pascual Serrano  |  3 janvier 2012     →    Version imprimable de cet article Imprimer

El escándalo en el que se halla implicado Iñaki Urdangarin, duque de Palma, esposo de la infanta Cristina de Borbón y yerno del rey Juan Carlos I, atrae de nuevo la atención sobre los negocios ocultos de la familia Real. Una cuestión hasta ahora tabú en los medios de comunicación de España. Según la Constitución española : “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.” Por eso sin duda la prensa mantiene una omertá de silencio en torno a los asuntos de la monarquía. En cambio, entre los libros sobre Juan Carlos, destacan trabajos serios que critican aspectos de la vida del rey con argumentos documentados y aportan luz sobre la extravagante trayectoria de la familia Real.

Hace más de veinte años, en mayo de 1998, el periodista Jon Lee Anderson, escribió en The New Yorker un amplio perfil del rey Juan Carlos I. El artículo fue censurado en España, algo que dejó desconcertado a Anderson. En su opinión “la actitud de los directores de medios y la percepción de un círculo muy pequeño de que la democracia española era frágil, hacía que se censuraran las noticias”. Hubo que esperar hasta 2006 para que se publicase, pero incluido en un dossier editado por la Asociación de la Prensa de Aragón con motivo de la asistencia de Jon Lee Anderson a un Congreso en Huesca.

Lo curioso es que lo escrito por Anderson no era en absoluto crítico ni con la figura del Juan Carlos I ni con la monarquía en general. Su principal fuente era el servicio de prensa de la Casa Real y no recogía ni un sólo comentario de algún opositor a la institución monárquica. Sin embargo, en el texto se aprecian elementos que cualquier español hubiera identificado como “impublicables” en España : recuerda, por ejemplo, que Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos I, tras su derrocamiento en 1931, “vivió una vida de playboy, mujeriego, era aficionado al juego y la caza” ; destaca la estrecha relación entre Franco y Juan Carlos, y se hace eco de algunos de los escándalos sexuales y económicos.

A diferencia de otras monarquías, como la británica, la española sigue blindada a la crítica. Se trata de un caso de censura apoyado por los directivos de la prensa y la mayoría de los periodistas, incluso los no españoles. John Carlin, por ejemplo, periodista británico colaborador del diario El País, hasta se jacta de esa falta de libertad. En su artículo “Reyes, guiñoles, ingleses y democracia”, publicado en 2000 con motivo del 25 aniversario de la monarquía, afirma : “A diferencia de lo que ocurre en el Reino Unido, en España existe una conspiración de silencio en la que participan todos los medios de comunicación en torno a la familia real. Y tiene su razón de ser”.

Ante esta situación en la prensa, ha sido en los libros donde la omertá de silencio ha podido agrietarse. Muchos son los libros sobre la familia Real, el monarca o su consorte. Casi todos laudatorios. Sin embargo, cada vez más, comienzan a editarse trabajos que se posicionan críticamente contra la monarquía.

Uno de los primeros fue Un rey golpe a golpe. Biografía no autorizada de Juan Carlos de Borbón (2000). Va firmado con un pseudónimo, Patricia Sverlo, y editado por Ardi Bertza, un sello del entorno de la izquierda abertzale que acabaría clausurado por las autoridades. El libro no se vendió en librerías ; se distribuyó por los circuitos de la revista Ardi Beltza donde se agotó. La obra es contundente en la exposición del entramado de la sucesión tras la muerte de Franco ; destaca la fortuna de Juan Carlos I, sus oscuros negocios en el petróleo, el tráfico de armas, la especulación financiera, la trama inmobiliaria y sus amistades con una elite económica que terminó enjuiciada por corrupción. También se repasan los escándalos sexuales del rey que suelen ser comentados en numerosos círculos privados pero nunca saltan a las páginas de la prensa española. Incluso se insinúa que Juan Carlos tuvo conocimiento de la creación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), aparato clandestino de guerra sucia contra ETA creado bajo el gobierno de Felipe González. Hoy el libro es difícil de conseguir y su difusión se realiza básicamente por Internet.

Es de justicia indicar que los principales escándalos fueron recogidos anteriormente en otra obra que, si bien no se centraba en la figura de la monarquía, sacó a la luz una valiosa información sobre las corrupciones en torno a las finanzas de la realeza. Se trata de El negocio de la libertad (Foca, Madrid, 1999), de Jesús Cacho. A diferencia del de Patricia Sverlo, éste fue un gran éxito de venta, pero los escándalos que en él se destapaban –y que afectaban a una parte del sector político y económico de la España de Felipe González– eran tantos que los del rey no destacaban entre el panorama. Como Jesús Cacho no es un periodista antimonárquico militante, ello hacía que sus denuncias tuvieran credibilidad. Por ejemplo, cuestionaba el papel de Juan Carlos, presentado casi como heroico, en el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Basándose en unas declaraciones de la reina difundidas por la periodista Pilar Urbano, el autor afirma que “el Rey había jugado a dos bandos en las fechas previas al 23-F”.

También sostiene que, tras conseguir la Corona, Juan Carlos I habría comenzado a amasar su fortuna y a embolsarse comisiones. Otra vía para enriquecerse : utilizar su cargo para pedir a algunas petromonarquías del Golfo y al Sha de Persia ayuda económica personal para “defender a España del socialismo”. El autor incluso publica la carta que habría enviado el rey al Sha.

Jesús Cacho expone una imagen bastante patética del soberano : “El Rey no lee libros ni periódicos : se limita a hablar por teléfono las veinticuatro horas del día, lo cual conforma en ocasiones en su coronada testa un galimatías morrocotudo. Cuantas veces y voces han pretendido dotarle de algún tipo de asesoría o consejo de notables, una simple tertulia con la que reunirse de forma periódica para hablar con cierta profundidad de algunos temas, han fracasado. Al Monarca le interesan más los tipos divertidos, alegres, simpáticos, ricos mejor que pobres, hábiles en el trato con las mujeres y en los negocios”.

Ramón Akal, editor de Cacho, recuerda que el libro fue encargado por otra editorial pero que ésta, tras leerlo, decidió pagarle al autor la cantidad estipulada como adelanto negándose a publicarlo.

En España, ni siquiera la “prensa seria” ha informado de los escándalos financieros de Juan Carlos I a pesar de que sus socios han protagonizado portadas, juzgados y hasta prisiones. Ni la prensa amarilla, tan popular, ha prestado atención a sus devaneos amorosos y sexuales. Cuando la revista italiana Oggi anunció, en 1989, la existencia de una hija ilegítima del monarca con la condesa italiana Carla Olghina Robiland (1), el silencio fue total en España. Y cuando la condesa confirmó esa relación y publicó las “cartas de amor” de Juan Carlos I (que ya estaba comprometido con Sofía de Grecia), su difusión fue muy limitada.

Sobre los escándalos de faldas del rey (2) trata David Garrido en Los hijos silenciados de los Borbones (Arco Press, 2005). Otro autor que destaca es el coronel Amadeo Martínez Inglés, oficial expulsado en 1990 de las Fuerzas Armadas. Sus obras se caracterizan por su carácter provocador y polémico. En 23-F. El golpe que nunca existió (Foca, Madrid, 2001) implica a Juan Carlos I en el intento de golpe de Estado. En Juan Carlos I, el último Borbón (Styria, Barcelona, 2008) no duda en calificar al sistema político de “dictadura en la sombra por parte del monarca español”. Y en La conspiración de mayo. El “Alzamiento Nacional” que preparó la derecha castrense para el 2 de mayo de 1981 y que frustró el 23-F (Styria, 2009) de nuevo implica al rey en el golpe del 23-F. 

Otro libro interesante es del periodista Iñaki Errazkin, Hasta la coronilla. Autopsia de los Borbones (Txalaparta, Tafalla, 2009), cuya principal aportación es un riguroso repaso a los antecedentes históricos de los Borbones en un capítulo titulado “Los muertos de Juan Carlos Primero”. El autor afirma : “La degeneración que causa la continua endogamia, la soberbia y la impunidad inherentes al poder, ya sea absoluto o relativo, son elementos que no ayudan precisamente a forjar un carácter virtuoso, y los Borbones no son una excepción”. La contundencia del texto es indiscutible, Errazkin presenta un capítulo de la vida del monarca silenciado en las biografías oficiales : el disparo de pistola con el que Juan Carlos mata, siendo niño, a su hermano mayor Alfonso, y que le catapulta al primer lugar de la línea sucesoria, y el rechazo absoluto del padre a que se realice autopsia alguna o investigación. No falta un repaso a los hijos del monarca y sus consortes, donde se encuentra : drogadicción, suicidio, secretos silenciados a golpe de talonario con fondos públicos y sexo.

Por último : la obra del senador Iñaki Anasagasti, ex portavoz del Grupo Parlamentario Vasco en el Congreso, Una monarquía protegida por la censura (Foca, Madrid, 2009). El autor denuncia la “conspiración de silencio, en la que participan políticos, personalidades de todo tipo y medios de comunicación social, en torno a la familia real para seguir diariamente manteniendo la convención de que es ésta la única fórmula válida en la actualidad para que España no se rompa o para que no acabemos a garrotazos los unos contra los otros”. El senador vasco afirma que escribe este libro porque “es preciso ir diciendo que el rey está desnudo, que su legitimidad de origen no es democrática, por más que aparezca en títulos y artículos de una Constitución aprobada democráticamente en 1978 ; que su vida privada no es nada ejemplar ; que sus gastos y sus relaciones de amigos comisionistas son impropios, y que su falta de responsabilidad ante el delito es algo único en una Europa democrática”.

Todo esto vuelve a plantearse desde que estalló el “escándalo Urdangarin” en el que se halla implicado el yerno de rey a través de su empresa de asesoría Nóos en el “caso Palma Arena” y la “operación Babel” (3). Al parecer, Iñaki Urdangarin impulsó la actividad y contratos de Nóos, que por sus estatutos carecía de ánimo de lucro, y presentó al cobro facturas de su firma Nóos y de la inmobiliaria Aizoon, cuya propiedad comparte con su esposa la infanta Cristina de Borbón. En cinco años, la cifra de negocios de Nóos rondó los 10 millones de euros, según la contabilidad del complejo entramado de asesorías y empresas organizado, que Fiscalía Anticorrupción ha examinado. Se ha identificado a una firma del grupo que transfirió cerca de medio millón a una cuenta de una sociedad en un paraíso fiscal. Fiscalía Anticorrupción ha detectado también un agujero de un millón de euros, en partidas no justificadas. Esta es la base para la acusación penal de supuesta “malversación de caudales públicos”. Y la pregunta que muchos observadores se hacen es : ¿en qué medida el rey Juan Carlos estaba al corriente de estas operaciones ? ¿Cómo es que nadie, en la familia Real, se interrogó sobre los orígenes del colosal y rápido enriquecimiento del esposo de la infanta Cristina ?

Muchos elementos en torno a la familia Real despiertan indignación y cada vez cuesta más silenciarlos : denuncias financieras y de corrupción, fortuna personal de oscuro origen, la burla de que sus viviendas, yates, vehículos, etc... sean de titularidad del Estado para que sea el dinero público el que deba mantenerlos y repararlos, oscurantismo en su financiación pública de la que no debe rendir cuentas, desmanes sexuales...
 
Todos estos elementos, ocultos en los medios de comunicación, salen a flote sólo gracias a algunos libros que han logrado ser la única válvula de escape a las críticas y denuncias contra la monarquía.

 

 

(1) En su número del 13 de septiembre de 1989, Oggi recogió la siguiente declaración de la Condesa di Robilant : “El Rey de España es el verdadero padre de mi hija. Hoy puedo declarar tranquilamente que habría podido arrastrar a Juan Carlos a los Tribunales, pero hubiese comprometido su futuro”.

(2) Hace poco la francesa Maríe-José de la Ruelle vió rechazada por los Tribunales de Burdeos su demanda de convertirse en hija natural de Juan Carlos I (y de Maria Gabriela de Saboya).

(3) Léase El País, Madrid, 11 de noviembre de 2011.





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