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La escasez y la corrupción minan la sociedad

El desconcierto de los militantes chavistas en Venezuela

Par Loïc Ramirez  |  10 juillet 2016     →    Version imprimable de cet article Imprimer

A medida que la escasez se agrava, Venezuela se hunde en el caos económico. La derecha, que salió victoriosa en las elecciones de diciembre de 2015, intenta organizar un referéndum para revocar al presidente Nicolás Maduro, sucesor de Hugo Chávez. ¿Bastaría una victoria de los chavistas en un escrutinio semejante para que los militantes de izquierdas vuelvan a confiar ?

“¡No ! ¡No hagas eso !”, increpa una mujer a un hombre que acaba de pegar una patada a las cajas llenas de comida, exasperado porque tiene que esperar al Ministro de Juventud para que empiece el reparto de los alimentos. El impaciente abandona el local en el que están reunidos los miembros del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), casi exclusivamente mujeres.

Creado en abril de 2016, el comité tiene como objetivo luchar contra el desvío de productos alimenticios y contra la especulación, que, según el Gobierno venezolano, vacían las tiendas del país. A través de distintas organizaciones, entre las que se encuentran los CLAP, el Estado proporciona a cada habitante productos alimenticios básicos (arroz, harina, aceite…), que ya sólo se encuentran en el mercado negro a precios exorbitantes. El kilo de leche en polvo, que cuesta 70 bolívares (6,36 euros [1]) según el precio oficial, se vende treinta veces más caro en la calle.

Finalmente empieza el reparto. “Les dije que se empezara sin esperar al Ministro –nos cuenta Jesús Guzmán, un vecino del barrio–. Si no, la gente lo habría recibido con insultos”. Con los brazos cargados, los militantes comienzan la distribución de la preciada mercancía en este edificio de Hornos de Cal, en el centro del barrio San Agustín de Caracas.

“¿Para qué periódico trabajas ? ¿Formas parte de alguna organización política en tu país ? ¿Cuáles son tus primeras impresiones de Caracas ?”, pregunta de forma un poco insistente un rostro escondido tras unas grandes gafas. Yurami Quintero, viceministra de Juventud, parece otorgar a los periodistas extranjeros una confianza moderada. Sin esperar verdaderamente una respuesta, retoma el trabajo, en medio de un grupo de una media docena de personas. Planta por planta distribuyen, lista en mano, las bolsas de provisiones que se venden a precio fijo y reducido. En los pasillos, al dejar abiertas las puertas de las viviendas por donde asoman algunas cabezas infantiles, los residentes escuchan las intervenciones de los miembros del comité.

“Actualmente nos enfrentamos a una guerra económica –estalla Rodbexa Poleo, diputada del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que lleva puesta la camiseta de la selección nacional de fútbol–. Pero estamos aquí para mostraros que la revolución os defiende. ¡Estamos con el pueblo !”. A continuación llega el turno de Quintero, que adopta un tono más tranquilo : “Los CLAP no son la solución a todos los problemas, pero es un principio. Gracias a los CLAP estamos golpeando duramente a esta mafia que nos roba”.

¿“Mafia” ? Una referencia a los sectores patronales, a los que el Gobierno acusa de organizar el caos económico interrumpiendo la producción y, más problemático aún, las importaciones en un país que compra en el extranjero gran parte de lo que consume. Por ejemplo, el diputado del PSUV Ricardo Molina denunció por televisión, el 31 de mayo de 2016, la destrucción de 3 millones de huevos destinados a la venta por la empresa Ovomar. “¡Y la leche ! –añade Charles Ruiz, militante del PSUV–. Varias veces se han encontrados miles de litros derramados en las carreteras. Todo eso por orden de los patronos, con el fin de generar escasez”. En los comercios, faltan cruelmente productos de primera necesidad. En el mercado negro, los precios se disparan y avivan la inflación, la cual alcanzará el 700% en 2016 según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Las bolsas distribuidas esta mañana del 28 de mayo de 2016 contienen azúcar, leche, harina, aceite, arroz y pasta, por un precio total de 475 bolívares, es decir, menos de lo que cuesta un kilo de leche en polvo en el mercado negro.

En una pequeña plaza del barrio Marín, Martha González, trabajadora del sector cultural, ayuda a algunos amigos a pintar murales en las paredes ; una actividad cultural destinada a mantener, esperan, la movilización de los jóvenes en el ámbito artístico en periodo de crisis. “Los CLAP no funcionan en todas partes con la misma eficacia –señala mientras sonríe–. El problema del país es la corrupción. Y no sólo en las altas esferas de la Administración. Todo el mundo está implicado : los secretarios, los empleados de aduanas, los que hacen las entregas y desvían productos para revendérselos a amigos que, a su vez, los revenden en el mercado negro… En resumen, la corrupción concierne a todos esos venezolanos que les roban a los venezolanos”. A nuestro alrededor, los colores vivos de retratos y dibujos sirven de telón de fondo para un partido de baloncesto improvisado por chicos de la calle. “Y, sin embargo, el Gobierno no hace nada. Debido a la corrupción, además. Se está instaurando de forma progresiva un “sálvese quien pueda” general. Todo el mundo aquí conoce la historia del delincuente que, cuando el policía lo arresta, le ofrece 10.000 bolívares. El policía los rechaza y lleva al malhechor a la comisaría, para después verlo salir enseguida. ‘No eres muy astuto : ¡tu jefe me ha dejado salir por 5.000 !’”.

Víctor, miembro del colectivo Comando Creativo, trabaja junto a Martha. Ya ha pintado muchos murales que se pueden ver por aquí. Con una gran gorra roja combinada con una camiseta del mismo color –el de los chavistas–, se expresa haciendo aspavientos con los brazos, como un boxeador que se enfrenta a un adversario invisible. “Aquí hay de todo. Pero en negro. Y todo el mundo está involucrado. Una persona hace cola por la mañana temprano para comprar pañales el día en que, según el número de su documento de identidad, le toca comprar, ¡pero esa persona no tiene hijos ! Vacía el stock y lo revende en la acera de enfrente diez veces más caro”. Otro ejemplo que nos proporciona Ruiz : “La escasez obliga, el panadero compra la harina a los ‘bachaqueros’ [aquellos que se aprovechan de la especulación por la venta de productos regulados]. Como el precio está fijado por las autoridades, no la puede revender, a no ser que la use para hacer pan, el cual sí se puede vender muy caro”. Señalando una cola que se extiende ante una panadería, concluye : “Y los que compran pan lo saben”. “Eso mantiene una especie de huida hacia delante en el individualismo –retoma Víctor–. La gente no tiene la sensación de formar parte de una comunidad política”. Cuando se le pregunta por qué el Estado no reprime con mayor severidad semejantes prácticas, muy contrarias al proyecto socialista defendido por el presidente Nicolás Maduro y por su predecesor Hugo Chávez, Víctor responde, desengañado : “Es la pregunta del millón…”.

Otros, como el periodista del canal TeleSur Eduardo Rothe, avanzan algunos elementos de respuesta. A veces petrificantes. “Ni la producción ni las importaciones han descendido : los niveles son los mismos desde hace años. La distribución, en cambio, es otra cosa. Todo lo que no encuentras en las tiendas lo encuentras fuera de los ellas”. El paso del comercio tradicional a la ilegalidad hizo que naciera un inmenso mercado, del que muchos se benefician o dependen. “Es una cuestión colectiva –concluye Rothe–. Y este Gobierno no es una dictadura : no quiere perder a tanta gente”.

En la televisión se emite una y otra vez un anuncio financiado por el Estado. En un aula, una maestra les pregunta a sus alumnos qué quieren ser de mayores. Uno de ellos responde que va a ser “bachaquero” como su padre. El anuncio termina recordando el carácter ilegal e inmoral del contrabando, contrario al trabajo de la hormiga… Cuesta creer que este intento de concienciación sea suficiente para frenar la epidemia.

Porque la vulnerabilidad económica del Estado venezolano no es un fenómeno nuevo. Se basa principalmente en su dependencia de la renta petrolera (2). “Desde los años 1930, el economista Alberto Adriani invitaba a desarrollar la economía : la ganadería, la agricultura, la industria. Según él, había que ‘sembrar el petróleo’ –nos explica Carlos Mendoza Potellá, director de la revista del Banco Central de Venezuela, detrás de su escritorio, en el que se destacan muestras de petróleo y de azufre–. Nunca lo hicimos. ¿Cómo ‘sembrar el petróleo’ cuando los recursos son gigantescos ?”. Venezuela cuenta con las reservas petrolíferas verificadas más importantes del mundo, lo que, paradójicamente, desalienta las inversiones productivas. Al retomar su análisis de la versión caribeña del “síndrome holandés”, que traba el desarrollo industrial de un país dotado con inmensas riquezas en materias primas, Mendoza Potellá resume : “Estos ingresos del exterior aumentan nuestra capacidad de importación y, al apreciar nuestra moneda, reducen nuestra competitividad para las exportaciones”.

Chávez intentó en vano corregir este mal estructural durante su presidencia (1999-2013). Potellá nos cuenta : “Un amigo agrónomo iba hace algunos años a la zona agrícola más productiva, en el estado de Barinas, en el centro del país. Tenía que efectuar un largo trayecto en helicóptero. Desde el cielo, de repente ve manchas amarillas y verdes. Desciende para ver qué es. Se trataba de enormes terrenos en los que había tractores abandonados. Las manchas verdes eran de la marca John Deere y las amarillas, Caterpillar. ¿Qué significa eso ? Se habían usado créditos agrícolas, se habían comprado tractores. Pero no funcionó…”. Por lo demás, sigue nuestro interlocutor, “las financiaciones agrícolas se transformaron en especulación inmobiliaria en Caracas”.

Entonces, ¿no tendría el carismático presidente fallecido en 2013 ninguna responsabilidad ? Nuestro interlocutor sonríe : “¿Qué hace Chávez cuando llega al poder en 1999 ? No se concentra primero en la economía, sino en la urgencia social : la desnutrición, la vivienda. No se lo reprocho ; es lo que pedía la solidaridad humana. Pero no es así como se desarrolla la producción nacional”. Comprensible, esa decisión conlleva graves consecuencias. A imagen y semejanza del consumo de calorías, en aumento gracias a la redistribución de riquezas, las importaciones de alimentos no han parado de aumentar desde la llegada al poder de Chávez. Según el investigador Carlos Machado Allison, pasaron de 1.400 millones de euros en 2000 a 6.500 millones en 2013 (3). Desde entonces las necesidades de la población no han disminuido, pero el valor del Bolívar se ha desplomado, agravando aun más el problema.

Ni la “guerra económica” ni las prioridades sociales del chavismo bastan para explicar la escasez, según Mendoza Potellá, que pone el ejemplo del azúcar. “El Gobierno posee todas las centrales azucareras : las expropió. Pero la producción ni siquiera alcanza el nivel del consumo nacional. Está todo parado, la caña no se cosecha. ¿Sabotaje, ineficacia ? No lo sé. Usted dirá que hablo como un partidario de la oposición, pero la corrupción está en todas partes”. Según un estudio realizado por la empresa Ecoanalítica, “alrededor de 70.000 millones de dólares fueron malversados a través de las importaciones entre 2003 y 2012. El 20% de las importaciones realizadas por empresas privadas y el 40% de aquellas llevadas a cabo por agencias o por empresas dirigidas por el Gobierno eran fraudulentas” (4). Y Mendoza Potellá concluye : “No reemplazamos la racionalidad capitalista por otra, socialista, sino por la de administradores corruptos”.

“Corrupción” : no hubo una charla en toda nuestra visita al país en la que no se pronunciara la palabra. Hasta tal punto que muchos le reprochan al Gobierno su “falta de firmeza” en la lucha contra esta calamidad. “No se quiere mostrar demasiado severo por miedo a dañar la popularidad del Presidente –considera Fermín Sandoval, responsable de una radio de barrio en Petare–. Reprima o no, los medios de comunicación van a decir igualmente que Venezuela es una dictadura”.

Un llamativo todoterreno aparece por una calle que bordea la Plaza Bolívar, bautizada así en homenaje al Libertador Simón Bolívar, a quien Chávez hizo uno de sus héroes. Preguntamos a dos mujeres jóvenes vestidas de rojo sentadas en la terraza de un café : ¿se trata del coche de un miembro de esas “elites” que denuncian los revolucionarios bolivarianos ? Miran al cielo : “¡Más bien es el coche de un ministro o el de un dirigente del PSUV !”. ¿Será así ? Imposible saberlo. Pero todos los testimonios lo confirman : la diferencia entre el modo de vida de algunos dirigentes chavistas y el de su base militante abrió otra brecha, pero política.

En el barrio 23 de Enero esto se aprecia mejor que en cualquier otra parte. Bastión histórico de la izquierda venezolana, epicentro de la resistencia popular durante el periodo insurreccional de los años 1960 y durante las décadas que le siguieron, en el “23” ganó la oposición en las legislativas del 6 de diciembre de 2015, marcadas por una importante derrota nacional del chavismo (5). “¡Por sólo veinte votos de diferencia !”, insiste Juan Contreras, figura política de primera línea en el barrio. Nos recibe en la sede de la radio comunitaria Al Son del 23, donde trabaja para la Coordinadora Simón Bolívar. “Nuestros locales se encuentran en una antigua comisaría en la que se torturaba a los jóvenes de izquierdas en los años 1960. Para nosotros era importante recuperar lugares como éste”. En la fachada del edificio, ahora se pueden ver los rostros de Ernesto “Che” Guevara y de Bolívar, o graffitis a favor de la causa palestina. Para muchos, Contreras era el candidato natural del barrio. Sin embargo fue apartado por la dirección del PSUV, que puso a un candidato nombrado de improviso. Un “error”, considera humildemente el militante.

Procedimientos como ése explican el revés de diciembre de 2015, según Eduardo Rothe, que recuerda que el PSUV sufrió más el hundimiento del voto chavista que la avalancha a favor de la oposición. “Las elecciones transcurrieron de forma regular –subraya–. Ningún chanchullo. Pero el partido, demasiado burocrático, se perjudicó a sí mismo al rechazar a los candidatos que propuso la base”. En el “23”, muchos dicen haberse abstenido en señal de protesta.

Ahora, el chavismo cierra filas. El 1 de junio de 2016, una manifestación de apoyo al Gobierno reunía a la juventud chavista en la capital. En un ambiente festivo, centenares de alumnos y estudiantes de todas las edades desfilaban a lo largo de las avenidas coreando consignas a favor del poder y agitando banderas del PSUV de Venezuela e incluso de Cuba. Cuando llegó al Palacio de Miraflores, la multitud fue recibida por el presidente Maduro. Apretones de manos, aclamaciones…

Al igual que Fidel Barbarito, profesor en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE), algunos chavistas sacan conclusiones esperanzadoras : a pesar de las importantes manifestaciones que tienen lugar también por parte de la oposición, semejante movilización, según ellos, sugiere que si hubiera un referéndum revocatorio (6), ganarían. “Estamos en un periodo de radicalización : ya no hay máscaras. La derecha, desesperada y preocupada por defender las prioridades de Estados Unidos, ha cambiado de guión. Es una auténtica guerra”.

Sandoval nos cuenta un incidente que considera revelador de la situación actual. “Esta semana, hubo un ataque armado contra las fuerzas del orden, ¡aquí, en Petare ! Unos tipos enmascarados disparaban con metralletas –paramilitares–. Era una prueba. El objetivo era ver si, en un contexto de escasez, una escaramuza podía generar un estallido social. Por el momento, la mayoría de la población no se suma, porque sabe quién provoca todo esto ; pero yo creo que la gente se va a cansar”. Sin poder disimular su preocupación, añade : “En casos así, ¿cómo puede ser que se llame a jóvenes agentes de la Policía ? ¿Por qué el Gobierno no manda unidades especiales ?”.

A modo de respuesta, Barbarito, que fue ministro de Cultura en el primer gabinete de Maduro, recuerda la creación de las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP), dirigidas por las Fuerzas Armadas Bolivarianas en el verano de 2015. “Estas operaciones tienen como objetivo desmantelar las organizaciones paramilitares. No retrocedemos ante el combate físico”. Aunque nadie quiere ver a Venezuela caer en manos de los paramilitares, la creación de las OLP no deja vislumbrar verdaderamente un horizonte apacible para la revolución.

Militante asociativo en Petare, Rubén Pereira también se muestra confiado en cuanto al resultado de un posible referéndum revocatorio. Pero duda de que esta posible victoria sea suficiente : “Un referéndum no arreglaría nada. Nosotros les ganaríamos, ¿y después qué ? La oposición va a seguir estando ahí”. ¿Qué solución prefiere ? “Una Asamblea Constituyente. Si estuviese en el lugar de Maduro, arriesgaría mi mandato, así como también el de esta Asamblea Nacional de derechas. ¡Hay que volver a empezar de cero !”. Según él, un nuevo “giro a la izquierda” debería tener como objetivo reforzar el poder popular, esas instituciones paralelas al Estado tradicional, que se supone que desarrollan la participación ciudadana (7)… Ahí, otra vez, surge una duda : ¿cuenta Maduro con el apoyo necesario para un proyecto semejante dentro del PSUV, del cual todo el mundo admite que está ampliamente gangrenado por la corrupción ?

Menos optimista en cuanto al resultado del referéndum, Martha González se niega sin embargo a hundirse en la tristeza. ¿La bofetada de las legislativas de 2015 ? “Sobre todo, una derrota de la boliburguesía [los funcionarios que se aprovecharon del movimiento revolucionario]. Eso no me preocupa, ya que lo que se obtuvo, las misiones, los programas sociales, todo eso queda en la memoria de la gente. No se van a dejar desvalijar. Y después, a pesar de la guerra económica, el chavismo obtuvo cinco millones de votos. Ese es su núcleo duro ; es enorme”.

La pregunta, según ella, es la siguiente : ¿qué van a hacer los que votaron a la oposición pensando que acabaría con la escasez ? Con respecto a este tema, los chavistas no dudaron en ironizar con respecto al título del vídeo de campaña de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD, coalición de los partidos de oposición), “La última cola”, en el que se veía a gente haciendo cola “por última vez” para votar, echar a los chavistas y terminar con la escasez.

“Con tantos escaños, se podría haber esperado que la oposición, al llegar a la Asamblea, aprobara leyes populares en materia de economía y de seguridad –remarca Rothe–. ¡Pero no ! ¡Lo primero que hicieron fue votar una ley de amnistía !”. Este texto, que excluye las diligencias judiciales para todo el periodo del 1 de enero de 1999 a la entrada en vigor de la ley, exculpa a los autores de crímenes o de delitos como las “difamaciones e injurias” contra funcionarios o la participación en los “acontecimientos del 11 de abril de 2002 y de los días siguientes”. En esa fecha, la oposición, la patronal y los medios de comunicación orquestaron un golpe de Estado (que fracasó) (8). “Preguntemos a los que votaron a los candidatos de la oposición con la idea de que les iban a cambiar la vida –se divierte Pablo Artiage, militante comunitario de Petare–. No creo que nos encontremos con una ola de entusiasmo”. Pero ¿ha tenido la oposición verdaderamente la oportunidad de gobernar ? Apenas instalada en la Asamblea, el presidente Maduro decretó el estado de emergencia económica para poder continuar con sus políticas.

Los muros y las fachadas de Caracas reflejan la situación política del país : se encuentran en una lucha constante. Los carteles que resaltan los méritos de bebidas gaseosas o de cadenas de restaurantes de comida rápida se disputan el espacio con consignas revolucionarias o con murales que representan los ojos de Chávez. Hasta ahora, “el umbral mínimo de conciencia del pueblo” del que hablan los chavistas ha logrado evitar un estallido social, en gran parte gracias al trabajo diario de la base militante. Por la mañana temprano se forman colas de decenas de personas en las aceras. Delante de las panaderías, de las farmacias, de las tiendas, de los bancos, en calma, leyendo el periódico o charlando con el que está al lado, los habitantes de Caracas esperan. ¿Hasta cuándo ? 

 

NOTAS :

(1) La moneda venezolana circula con un valor mucho menor en el mercado negro. A esa tasa de cambio paralela, 70 bolívares equivalen a 0,14 céntimos de euro.

(2) Véase Gregory Wilpert, “Venezuela y el exceso de petróleo”, Le Monde diplomatique en español, noviembre de 2013.

(3) Libération, París, 24 de junio de 2013.

(4) William Neuman y Patricia Torresmay, “Venezuela’s economy suffers as import schemes siphon billions”, The New York Times, 5 de mayo de 2015.

(5) La oposición obtuvo 111 escaños en la Asamblea Nacional, frente a 55 para el PSUV, sobre un total de 167. Véase Gregory Wilpert, “Aviso de tempestad en Venezuela”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2016.

(6) Exigido por la oposición y aprobado en abril de 2016 por la Asamblea Nacional, un referéndum revocatorio requiere, entre otras cosas, la firma del 20% del cuerpo electoral. El 7 de junio de 2016, el Consejo Nacional Electoral (CNE) validó la mayoría de las firmas (el Gobierno había denunciado fraudes). Ahora, el CNE debe verificar el 1% de las firmas, para lo que los signatarios tienen que confirmar su decisión en persona.

(7) Véase Yoletty Bracho y Julien Rebotier, “La revolución bolivariana desde su base”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2016.

(8) Véase Maurice Lemoine, “Golpe de Estado abortado en Caracas”, Le Monde diplomatique en español, mayo de 2002.

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